¿Puede que la historia de “Bruno y (mi otro) yo” sea una de las que más me ha costado digerir de los libros de David? Diría que sí. No penséis que es por su extensión o por su complejidad conceptual, creo que el hecho de que el eje central se desarrolle en el entorno de un grupo de adolescentes autistas me ha supuesto un reto. Un respeto que otros temas no me han despertado. Esta reflexión podría deberse a que, aunque creo que conozco el autismo, en gran parte, gracias a que David siempre lo ha mostrado y visibilizado desde la cotidianeidad que vive con Sergio. De repente, sentí que no sabía nada y que no quería equivocarme en la interpretación. Sin embargo, dejé que el poso de la historia se asentase y me di cuenta que quizás no hay nada que saber, sólo sentir.

Así que me he dejado llevar por la historia que han escrito entre los dos, David y Sergio, e intento ponerme en la piel de Bruno, que busca su lugar en un entorno nuevo y desconocido y en la de Oliver, que lucha contra su “otro yo”, su parte sensible, que a veces le hace perder su centro y se desborda como un río, con fuerza y sin fijarse en lo que arrastra a su paso. Aunque la intención genuina de Oliver es la de querer acoger a su nuevo compañero, Bruno. Oliver siente que algo cambia a su alrededor y que es absolutamente imprevisible y la reacción de Bruno tan ruidosa y violenta no ayuda a que la calma aplaque los ánimos.
Estas emociones que experimentan Oliver y Bruno es lo que les mueve por dentro, pero también les desequilibra, les desordena esa parte del universo que habitan y se convierte en una situación inmanejable. ¿No nos hemos sentido todos alguna vez así? La vida se descontrola a cada instante y no siempre sabemos afrontar esos vaivenes. ¿Será que no somos tan distintos? Quizás tenemos otras herramientas para estas situaciones, pero Oliver y Bruno ponen todo de su parte para que la tranquilidad vuelva a ellos. Para ello, acuden a los mismos recursos a los que acudimos en el día a día, cualquiera de nosotras: meditación, respirar, parar y si no eso no es suficiente, aceptar la debilidad, la tristeza, el enfado igual que aceptan la alegría, la sorpresa. Siempre estará el abrazo salvador y sanador de un amigo, familiar o compañero.
Cuando entras en la web de la editorial te encuentras la siguiente nota sobre este título: “Una historia que nos ayuda a entender la realidad del autismo en el entorno escolar, y nos recuerda la importancia de comprender, respetar y acompañar los ritmos y formas de cada persona.”
Comprender, respetar, acompañar… son pilares fundamentales de la convivencia en el entorno escolar y en la vida de cualquiera. Y si ya es complicado, muchas veces, encontrar el equilibrio en determinadas situaciones para personas no diagnosticadas de un trastorno del espectro autista, imaginad lo que debe ser para éstas, que se caracterizan, en diferentes grados, por el déficit de habilidades sociales. Sin dudas son luchadores, valientes y se enfrentan a su realidad con tenacidad y esfuerzo para que todo sea un poco mejor.
Con “Bruno y (mi otro) yo”, Sergio y David hacen un ejercicio de visibilización del autismo y de la adolescencia, etapa ya de por sí complicada. Esta vez, vemos desde la mirada y las palabras de Sergio esa realidad que para ellos es cotidiana y para muchos otros nos es ajena. Aunque si le dedicáis tiempo a la lectura de este álbum os daréis cuenta de que la historia de Bruno y Oliver no es muy distinta a las situaciones diarias que vivimos el resto.
Sinopsis
Historia autobiográfica en la que Oliver intenta comprender a su nuevo compañero de clase, Bruno. Desde la llegada de este último todo ha cambiado. A Bruno le cuesta adaptarse y se enfada con facilidad. Oliver intenta ponerse en su lugar, pero siente que algo dentro de él se agita y le cuesta controlarlo.
A través de estas páginas descubrimos la dificultad y la importancia de entender a los demás… y a uno mismo.
Entrevista a los autores
He aprovechado la ocasión para ahondar un poco más en el proceso y en la historia de creación de “Bruno y (mi otro) yo”. Así que, le lancé unas preguntas a David con la esperanza de que Sergio también respondiese, pero con total desconocimiento de si querría hacerlo. Spoiler: lo hizo “con interés e ilusión”, directamente proporcional a la que me hizo a mi al recibir el cuestionario de vuelta.
¡Allá van!
Esta vez habéis decidido que la autoría de este álbum sea de los dos ¿De dónde surgió la idea de escribir esta historia entre los dos? ¿Quién lió a quién?
David: En esta ocasión creo que fui yo quien lió a Sergio. Aunque, siendo sinceros, él para estas cosas de escribir se deja liar fácilmente. Todo empezó con un dibujo que hizo en una de sus sesiones de terapia. Y es que Sergio se expresa mucho a través de las imágenes. Ese dibujo en particular reflejaba su lucha interna con lo que él llama su “yo sensible”.
No era un dibujo más; había algo ahí que hablaba de cómo él procesa lo que vive, de esa parte suya tan sensible que a veces se ve superada por situaciones que para otros pasan inadvertidas. Esa imagen condensaba un conflicto interno muy profundo, y yo sentí que detrás había una historia que tenía que ver la luz. No una historia inventada, sino una historia verdadera sobre cómo un chico con autismo se relaciona con su entorno, con sus emociones y con los desafíos a los que se enfrenta día a día.
Le propuse escribirla juntos porque me parecía una buena oportunidad para dar voz a eso que él suele expresar mejor a través de imágenes que con palabras. Y él dijo que sí enseguida. A partir de ahí, el proceso fue muy natural; él iba contándome, yo preguntando y así, poco a poco, la historia se fue construyendo entre tiras y aflojas. Yo diría que Sergio se dejó liar.
Sergio: Escribir juntos me ayuda por si me equivoco en alguna palabra. Aparte en compañía se está mejor. Cuando escribo con mi padre siento que me ayuda a reflexionar sobre todo lo que quiero escribir.
La escritura, como la lectura, ¿se ha convertido en una vía de comunicación que tiende puentes para solventar esas dificultades que puede tener un niño como Sergio? ¿Os ayuda la escritura en vuestra relación padre-hijo? Y a Sergio, ¿le facilita la comunicación con sus compañeros, amigos y resto de familiares?
Para nosotros esto no es algo nuevo, llevamos años escribiendo juntos. Lo que sí ha cambiado es la forma en la que la escritura se ha ido convirtiendo en ese puente al que me haces referencia. Ahora ya no solo escribe para dar rienda suelta a su creatividad, sino que también lo hace para intentar expresarse desde lo emocional: cómo está, qué le preocupa, qué le ha pasado en clase,…
Con el tiempo, Sergio ha encontrado en la escritura un espacio seguro para ordenar lo que siente, para expresar esas cosas que a veces le cuesta hablar cara a cara. Y eso, para nosotros, es una herramienta increíble que nos permite comprenderlo mejor, acompañarlo sin que se sienta invadido y darle un lugar donde pueda explicarse a su ritmo.
En cuanto a su relación con los demás, esto no deja de ser una herramienta más que le está ayudando, junto a otras tantas que venimos trabajando desde hace tiempo.
Para mí, como padre, escribir con él es un regalo. Bien es cierto que me encantaría tener más tiempo para disfrutar de esos momentos tan especiales. Sentarme con Sergio implica parar el reloj, sumergirme en su mundo interior sin prisas, sin ruidos que nos distraigan, con los oídos y todos los sentidos bien abiertos… La situación no merece menos, pero los ritmos laborales y familiares nos complican muchas veces encontrar ese preciso momento. Sergio me reclama y me reclama y yo me siento fatal hasta que no logro sacar el hueco para darle el espacio que él necesita.
Ese espacio en el que escribiendo juntos siento que lo acompaño, intento comprenderlo y aprendemos los dos a entendernos un poco mejor.
¿Quién ha puesto más de sí mismo en esta obra? Intuyo que es Sergio, pero seguro que cada uno le ha dado un matiz especial a la historia, ¿nos lo contáis?
Sergio: Seguramente seré yo, porque la historia de Bruno está basado en lo que ocurrió a principios de septiembre de 2023, antes de que yo cumpliera los 15 años. Todo esto comenzó cuando un compañero de clase cogió una fuerte rabieta y se puso a insultarnos a los que estamos en el aula TEA.
David: Pues parece que Sergio lo tiene claro, jajaja. En realidad, creo que este álbum viene marcado por cómo hemos entrelazado nuestras dos miradas. Sergio aporta su vivencia en estado puro: lo que sintió, lo que pensó, lo que le pasó por dentro cuando ocurrió aquel episodio en clase y lo que vino después. Es decir, ofrece la verdad desnuda, sin filtros, y esa verdad es la que sostiene toda la historia.
Por mi parte, mi papel fue complementario. Intervine en el relato para que pudiera convertirse en una historia con la que cualquier persona pudiera sentirse identificada de alguna u otra manera. Mientras él se aferraba a la experiencia tal cual la vivió, yo trataba de hacerla más universal para que fuese comprendida por el mayor número posible de lectores y lectoras. Ese trabajo no fue fácil, ¡os lo juro! Sergio es muy inflexible y, cuando quiere decir o contar algo, lo tiene muy claro.
Así que sí, digamos que Sergio puso su experiencia y su perspectiva. Y yo aporté la escucha, el orden de los hechos y la traducción a lenguaje escrito, intentando no borrar su voz, su tono y su intención. Un equilibrio difícil, pero que creo que funcionó. Al menos, a mí me lo parece. Y a Sergio le gustó el resultado final cuando tuvo el álbum entre las manos.
Después de esta experiencia, ¿os planteáis seguir publicando libros juntos? o ¿preferís que cada uno desarrolle su carrera (porque ya se puede considerar carrera) por separado?
Sergio: Si yo tuviera que elegir uno, sería hacerlo juntos, entre padre e hijo. De hecho, vamos a escribir dos historias más sobre cosas que me han pasado. La primera ya la tenemos escrita y mi padre esta buscando editorial. Ojalá tengamos suerte. Y la segundo trata sobre otro compañero mío de mi época en el Instituto. Este compañero me provocaba TOC mental y desorden y necesitaba ayudarlo por su propio bien y por el mío.
También estoy terminando mi segundo libro de cuentos. En este momento me faltan dos cuentos por escribir que están en mi cabeza.
David: Como dice Sergio, nuestra colaboración sigue adelante. Tenemos muchas cosas que contar juntos, algunas han pasado ya y otras seguirán pasando. De hecho, como él os cuenta también, ya tenemos escrita una segunda historia con el mismo protagonista y en la misma línea que el álbum de Bruno y Oliver. Y hay otra más, todavía en pañales, que también nació a partir de otro dibujo de Sergio. Creo que este camino que hemos abierto juntos tiene mucho por andar y contar, y confío en que el mundo editorial y los lectores y lectoras le dé el espacio que merece.
Al mismo tiempo, continúo escribiendo mis propias historias, casi siempre relacionadas con la diversidad en un sentido amplio. Ahora estoy especialmente contento porque acabo de firmar un nuevo contrato con una editorial que me entusiasma. La historia que verá la luz tiene mucho de Sergio y de mi experiencia como padre con él. Además, trabajo en paralelo en dos proyectos más de los que todavía no puedo decir gran cosa, pero con los que estoy aprendiendo muchísimo.
Después de una etapa algo más desanimada, vuelvo a sentir esa motivación que me empuja a escribir, a explorar y a dar rienda suelta a la creatividad. Incluso la pintura, que tenía aparcada desde hace tiempo, empieza otra vez a llamarme. Quizás mi cuerpo me esté pidiendo calma y un poco de evasión.
Y algunas preguntas para Ainhoa Rodz
Dada la importancia que tienen los dibujos en la historia y las ilustraciones en el libro, no he podido evitar hacerle algunas pregunta a Ainhoa Rodz, que ha respondido y que os dejo a continuación.
La primera, puedes explicar el uso del color azul en muchos de los elementos, los fondos… y sobre todo, ¡en Bruno!
Ainhoa: Aunque empecé a hacer bocetos con muchos colores terminé quedándome con una paleta reducida y contrastada de naranjas, azules, amarillo y negro. El azul es uno de mis colores favoritos, también me gusta mucho el amarillo, no tanto el verde, te habrás dado cuenta que no aparece en ninguno de los tres álbumes que he ilustrado hasta ahora. Para «Bruno y (mi otro) yo» utilicé el color a nivel simbólico y psicológico. Bruno es azul y no solo porque este sea el color representativo del autismo. El primer contraste cromático se observa entre Óliver y Bruno, el protagonista y su antagónico, con quien tiene el conflicto. El resto de personajes mantienen una armonía convivencial con Oliver, representada mediante una analogía cromática de amarillos y naranjas.
David y Sergio me han contado que la historia nació de una experiencia que después Sergió plasmó en un dibujo. ¿Tuviste acceso a ese dibujo? ¿Te sirvió de base?
Ainhoa: No, no tuve la oportunidad de ver los dibujos de Sergio referidos a esta historia antes de ilustrarla. Sólo después, en la presentación que hicimos del libro, su terapeuta me enseñó uno de los dibujos y me impresionó bastante, porque había ilustrado una doble página del álbum con sillas volando y el dibujo de Sergio me la recordó mucho. Me hizo ilusión pensar que no estaba tan alejada mi forma de plasmar la historia…
Esto es una apreciación personal, pero no sé si puedes contar algo sobre ello, el uso de elementos de la naturaleza: plantas y animales, para acompañar a Oliver en sus reacciones. El contrapunto entre el caballo desbocado transmite paz y el lobo en actitud feroz cuando él acepta y se calma.
Ainhoa: Efectivamente, hay una metáfora principal que atraviesa todo el libro, es la representación gráfica de las sensaciones y emociones a través de las plantas. Algunas tienen pinchos, otras son trepadoras o cuelgan, algunas hasta tienen frutos, hay plantas que crecen en los bolsillos, en la cabeza o en otros lugares.
También aparecen animales como el lobo o el caballo simbolizando emociones intensas, incluso una locomotora para reflejar la hiperacusia.
¿Puedes contarnos cómo ha sido el proceso y qué técnica has empleado para las ilustraciones?
Ainhoa: La técnica es digital, al principio quería emplear técnicas manuales pero los gustos del editor y la practicidad de lo digital me llevaron a decantarme por esta técnica.
Aunque la historia se desarrolla en el ámbito escolar, he preferido abstraer a las personas de este entorno, que solo aparece dibujado al principio del libro y al final. En este libro tienen mucho peso los vacíos y el blanco del papel, lo que permite una mayor focalización en los personajes.
Quería decir que disfruté mucho creando el personaje de Gael. Como no está determinada su personalidad en el texto, me permitió romper estereotipos de género y mostrar la diversidad sexual y de género como algo relativamente frecuente en las personas con autismo.
Y por último, ¿tienes algún otro proyecto en marcha con alguno de estos dos autores? ¿y con otros? o algún otro proyecto personal como el de «Climática».
Ainhoa: Creo que David y Sergio están interesado en continuar con las historias de Oliver, mejor pregúntale a él, si salieran adelante, yo encantada de seguir colaborando.
Por otro lado, estoy muy contenta porque acaba de publicarse «Vientos verdes. Genias de la poesía. Antología ilustrada» (Pintar-Pintar editorial) que es una antología preciosa de mujeres poetas en la que he participado junto con otras ilustradoras.
Y tengo algunos proyectos personales en marcha, pero aún no los he enviado a editoriales, así que no puedo decir mucho más.
Los autores:
David Gómez ya había escrito una historia relacionada con un niño con TEA, Leo no es un extraterrestre, donde el protagonista es un niño con autismo no verbal, y también El vuelo de Sofía, la historia de una libélula donde había mucho de Sergio.
Gaditano de nacimiento y granadino de adopción, nuestro compañero de BiblogTecarios, compagina su trabajo en el Observatorio de la Infancia y Adolescencia de Andalucía con la escritura y el activismo social.
Su obra literaria se centra en sensibilizar la diversidad, en general, y el trastorno del espectro autista, en particular. Sus historias son inclasificables y muestra desde esa libertad las distintas maneras de ser y estar en el mundo.
Desde 2018, David ha publicado varios álbumes ilustrados con distintas editoriales, entre ellos “Sami se mueve como pez en el agua”, “¡Ana, dónde vas!”, «La playa de los cangrejos violinistas», “La Compañía de Nicoleta”, “Solo”…
Sergio Gómez Quintero
Nacido en Granada, en 2008, es un joven sensible, apasionado lector y, desde hace algunos años, un incansable creador de historias maravillosas. La escritura de cuentos es una de sus grandes pasiones, junto a la creación de cómics y la cocina. Sus relatos están llenos de humor, fantasía y acción, surgen de un universo muy personal y auténtico.
Es una persona con autismo, una condición que atraviesa su vida y que aporta una perspectiva única a sus creaciones. Antes de “Bruno y (mi otro) yo”, también ha publicado otro libro “Mi universo azul. De zombis, monstruos y personajes imaginarios” (Allanamiento de Mirada), era una colección de cuentos que tendrán pronto continuación con un segundo volumen, que pronto será editado por la misma editorial.
La ilustradora
Ainhoa Rodz
Pontevedresa de nacimiento y actualmente, habitante del Este andaluz. Combina su trabajo como socióloga con la ilustración, ambos le apasionan por igual. Le gusta reflexionar sobre temas sociales, y a menudo lo hace ilustrando álbumes como “Bruno y (mi otro) yo”, “La Compañía de Nicoleta” o “Climática”, que además escribió. También ha ilustrado guías y manuales con mirada de género y de infancia como “Viaje por la salud de las mujeres y las niñas migrantes” (2022), además de cuentos, fanzines y carteles reivindicativos. Sus dibujos han sido expuestos en España y fuera de nuestras fronteras, como en Emiratos Árabes o Serbia.
Ahora sólo me queda deciros que espero que recojáis esta invitación a la lectura del álbum “Bruno y (mi otro) yo”.
Y cierro el post agradeciendo a la editorial La Maleta por el envío del álbum, a David, Sergio y Ainhoa su tiempo para responder a mis preguntas y por su generosidad por compartir con todos esta historia.
Referencia bibliográfica.
Bruno y (mi otro) yo / David Gómez y Sergio Gómez; Ainhoa Rodz (ilustraciones). Llanera (Asturias: La Maleta Ediciones, 2025. 36 pp. ISBN 9788418232787. Más información.



