Hace unos días llegó, a través de un hilo de correo de DOCMA, la Asociación de Cine Documental de España, de la que formo parte, la información del documental “La duna de Chinguetti”. Actualmente somos más de 400 socios y siempre hay proyectos interesantes circulando en las conversaciones. Cuando leí el tema del que trata el documental no lo pensé dos veces y conecté la comunidad de DOCMA con esta otra comunidad, la de BiblogTecarios. Como ya habréis intuido, o quizás no, el proyecto aborda la historia de una biblioteca, pero ésta biblioteca tiene ciertas peculiaridades, una de ellas, es que está en una ciudad de Mauritania, en medio del desierto.
Las bibliotecas de Chinguetti
El documental sobre la bibliotecas, que partiendo de la ciudad de Chinguetti, urbe que algunos denominan como “La Sorbona del Desierto” por el vasto y antiguo patrimonio bibliográfico que atesora, recorre otras en otros lugares de Mauritania. El fondo documental está formado mayoritariamente por manuscritos antiguos. Algunos se conservan allí desde hace más de 10 siglos. Muchos de esos documentos se remontan a la época andalusí y las temáticas que abordan son muy variadas. Algunos son interpretaciones de la ley islámica, otros son tratados científicos sobre matemáticas, astronomía, agricultura o transcripciones de cuentos e historias de la tradición oral de esas y otras zonas… Es por ello que esconden el pasado y las raíces de muchas personas a lo largo de más de 1.000 años. Personas, que en muchos casos, no han permanecido en Mauritania y ni siquiera conocen el contenido de los manuscritos, ni los relatos que las vinculan a esa tierra árida.

La importancia de Chinguetti y del resto de ciudades similares se debe a que, históricamente, han sido enclaves y centros neurálgicos a nivel económico, religioso y cultural en Mauritania y probablemente, en los territorios limítrofes: Sahara Occidental, Mali, Senegal y Argelia.
La ciudad de inicio, Chinguetti, es una de las llamadas «ciudades sagradas» de Mauritania, en la que se localizan las bibliotecas, que se ubicaban en lugares cercanos a los cauces de los ríos, actualmente secos, donde se producían intercambios comerciales, gracias a que eran puntos de encuentro y descanso para las caravanas de camellos que transportaban de materias primas: sal, oro, especias o marfil, de un lugar a otro. Como las estancias en esos lugares podían alargarse durante días o semanas, el intercambio cultural también era muy importante.
Esas estancias servían para el intercambio de materiales, pero también de historias, cuentos y conocimiento de manera oral. Aunque en estos grupos de comerciantes era habitual la presencia de algún escriba que copiaba manuscritos o transcribía esos relatos. Documentos que, a menudo, no querían o no podían transportar en sus largos viajes por el desierto. Así que esos manuscritos, se “depositaban” en casas familiares de esa población antes de continuar con su periplo hasta la siguiente parada. Así, la familia que recogía el manuscrito iba conformando esos centros de conocimiento que han perdurado durante siglos formando parte de esos mismos núcleos familiares durante generaciones.
Históricamente, han sido las propias familias las que se han ocupado del cuidado y la conservación de los manuscritos. Sin embargo, en la actualidad, algunos de esos bibliotecarios ven con pena y nostalgia como puede que ese legado se pierda ya que las siguientes generaciones están abandonando sus lugares de origen en busca de nuevas oportunidades y una vida mejor, en parte, por el abandono al que están sometidas estas zonas. Como una suerte de “Mauritania vaciada”, si me permite el símil con lo que sucede en el territorio rural de España.
A pesar de la relevancia que tienen este tipo de bibliotecas, las administraciones públicas del país no se han preocupado por la preservación y conservación de las mismas. Aunque en los últimos años, diferentes organizaciones y administraciones públicas y privadas, ONGs, han tomado cierta conciencia de la importancia de la preservación de este legado oculto en el desierto y han decidido invertir, seguramente insuficientemente, en ellas.
A través del documental, sus autores y todas las partes implicadas en él, quieren lanzar una especie de mensaje de auxilio para que haya una mayor implicación de las administraciones y que consiga conservar el legado bibliográfico que durante tantos siglos han permanecido allí.
Los protagonistas
Dice Jerónimo Carrillo, médico cooperante de la ONG Human Coop y productor del documental, que las verdaderas protagonistas del documental son las bibliotecas, los manuscritos y los bibliotecarios y sus familias, pero para vehicular la historia de las bibliotecas de Mauritania, Jerónimo y Almeida, los artífices primigenios de esta aventura, eligen a dos personas reales: Bahía Awah y Suilma Aali, amigos y ambos de origen saharaui, pero con una historia común que descubren por casualidad y por sorpresa gracias a un documento hallado en una de estas casas familiares llenas de manuscritos ancestrales. Ese descubrimiento causal les servirá de billete y pasaporte para iniciar un viaje a las profundidades de la biblioteca que les llevará a sus propias raíces comunes.
El equipo
- Jerónimo Carrillo, productor
- José Manuel Martín Almeida, productor
- Lidia Peralta García, guionista y codirectora
- Germán Nieto Maeso, codirector, guionista y director de fotografía
- Adrián Cecilio, montaje y 1º AD
- Olga Orellana, asistente de dirección, script y dirección de arte
- Eduardo Jesús Peralta, asistente de cámara
- Diego Esquivel, segunda cámara
- Martín Romero, sonido directo
- José Antonio Hergueta, productor ejecutivo
- Leticia Salvago, productora ejecutiva
La producción de la película corre a cargo de dos productoras: Maesso Films y MLK Producciones y una distribuidora internacional Paul Tiltges Distribution.
La sinopsis
¿Qué pasaría si un día tu mejor amigo te llamara por teléfono para decirte que ha descubierto que no solo eres saharaui, sino que también tienes raíces mauritanas y que, además, desciendes de un célebre poeta-guerrero beduino del siglo XIX, Kefia Uld Buseif, una auténtica leyenda del desierto?
Podría parecer un relato inverosímil, pero es una historia real. La de Suilma Aali y Bahía Awad, dos amigos que viven en Madrid —ella, cantautora; él, poeta y antropólogo—, que tras descubrir un vínculo ancestral deciden emprender juntos un viaje al corazón del desierto mauritano y sus legendarias bibliotecas en busca de respuestas.
A lo largo del camino surgen revelaciones que brotan tanto de manuscritos centenarios como de la memoria viva de las gentes que habitan este paisaje ancestral. Así nace La Duna de Chinguetti, un documental que se construye en tiempo real, dejando que las emociones guíen la narrativa.
En él, sus protagonistas descubren que la identidad no es un destino fijo, sino una travesía que puede transformarse para siempre al contacto con los secretos del pasado.
Paisaje, aventura, cultura, poesía, música, personajes locales inéditos y las últimas caravanas de sal africanas se entrelazan con los recuerdos más profundos de estas dos almas saharauis en el exilio, cuyas vidas conmueven y remueven por igual.
Quiero dar las gracias a Germán Nieto, que fue el primero al que asalté con mis dudas, y a Jerónimo Carrillo, que me han enviado un montón de información para dar forma a este post, que espero que sirva para que su historia se conozca entre nuestros lectores con sensibilidad hacia las bibliotecas, el conocimiento, la preservación y la cultura.
Crowdfunding, el último empujón
Por último, si habéis llegado hasta aquí, os dejo el enlace a la recogida de fondos que tiene abierta en Goteo, para que hagáis una aportación para que este documental termine y se estrene a lo largo de 2026, Todo sea porque estas bibliotecas sigan vivas.
Si queréis más información
Web del proyecto: La duna de Chinguetti
Teaser
Entrevista en «La Ventana» de la Cadena SER con Jerónimo Carrillo: «No conocemos bien nuestra historia…»
Aprovecho este post para mencionar el trabajo de otros compañeros de Biblogtecarios que ya escribieron sobre bibliotecas localizadas en diferentes desiertos, como en el Alto Atlas de Marruecos y la Camel Library en Kenia, la del Monasterio de Santa Catalina en el monte Sinaí, la Andalusí de Tombuctú o la de Busbisher.
