La relación de la ciudadanía española con las bibliotecas en lo que va de siglo

En una anterior entrada exploramos los datos y observaciones que sobre lectura ofrece la última publicación de la Encuesta de Hábitos y Prácticas Culturales en España 2024-2025. Pendiente quedó hacer un repaso a lo que dicha encuesta dice acerca de las bibliotecas y los archivos, en esta segunda entrega la dedicaremos a las bibliotecas; para no alargar demasiado cada entrada y, como no hay dos sin tres, en otra tercera y última centraremos la atención en los archivos. Para resituarnos frente al estudio, recordemos que corre a cargo del Ministerio de Cultura del Gobierno de España, que lo elabora desde 2002, aunque con una regularidad variable, adquiriendo un carácter bienal desde su última edición.

Como comentamos en la entrada precedente, se trata de una encuesta que toma como base la población de 15 años en adelante de todo el territorio español, una muestra que alcanza la cifra de dieciséis mil personas en su última entrega. Sondea la participación y hábitos culturales de la población española, y en este sentido, recoge datos e impresiones acerca del uso y la consideración que los españoles y españolas tienen de entidades como las bibliotecas y los archivos, aspectos sobre los que vamos a poner el foco en este post.

¿Qué nos dice la EHPC sobre la asistencia y el uso de las bibliotecas?

Respecto al acceso físico o electrónico en su conjunto

La encuesta muestra que un 28,6% de la población encuestada declara haber acudido físicamente a una biblioteca o accedido a sus servicios a través de internet en el último año; un periodo muy amplio, sin duda, que no comporta ninguna frecuencia, puede tratarse de una visita puntual o de una asistencia regular. 

Como era de esperar, la cifra merma si se acorta el periodo y desciende al 18,5% si se habla de quienes visitaron presencial o electrónicamente una biblioteca en el último trimestre. Los mayores porcentajes de estas visitas físicas o electrónicas a las bibliotecas en el trimestre inmediatamente anterior al sondeo se dieron entre las personas residentes en Canarias (24,1%), Navarra (23,9%), Cataluña (23,5%), Castilla y León (22,7%) y Ceuta y Melilla (21,2%).

En situación de no haber tenido nunca o casi nunca contacto con la biblioteca, ni en su vertiente física ni en la electrónica, está el 43,9% de la población encuestada, cerca de la mitad de la muestra.

Salvando las diferencias entre un estudio y otro, estos resultados resultan muy parejos con los que arroja el Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros en España 2025 presentado el 22 de enero de 2026, sobre el que hemos informado recientemente en Biblogtecarios. Según este otro informe, la asistencia a las bibliotecas alcanzó en 2025 el 29,8 %, un punto más que lo que se registraba en el anterior barómetro correspondiente a 2024. Estos datos confirman que prosigue la línea de ascenso tras la caída experimentada durante la pandemia. En cuanto a valoración, también de acuerdo con los contenidos del Barómetro 2025, las personas usuarias de las bibliotecas en todo el territorio, sin distingos de CC.AA., otorgan a los servicios bibliotecarios un notable, con una nota media de 8,1 sobre 10.

Respecto al acceso a las instalaciones físicas de la biblioteca

Siguiendo con los datos de la EHPCE, en este apartado se reduce el porcentaje respecto al bloque anterior: el 22,4% de la muestra accedió al espacio físico de alguna biblioteca durante el último año. No obstante, esta cifra supone un progreso, pues está 7,4 puntos porcentuales por encima del índice de visitas físicas recogido en la edición anterior de la encuesta. En cuanto a las visitas a las bibliotecas en el último trimestre La cota se reduce hasta el 13,6%. Y, finalmente, el mayor porcentaje lo registra el grupo de población que nunca o casi nunca ha pisado una biblioteca, que supone el 48% del conjunto de la muestra.

Respecto al acceso a la biblioteca vía internet

Sobre el acceso a los servicios bibliotecarios a través de internet, la encuesta estima que el 14,7% de la muestra lo hizo en el último año, un 9% en el último trimestre del mismo y una gran mayoría, el 73,4%, nunca o casi nunca ha accedido a las bibliotecas por vía electrónica. Esto supone casi tres tercios de la población de un país como España, en el que se registran 42,26 millones de usuarios de smartphone en 2024, con una disponibilidad de móvil muy próxima a la universalidad en las edades adultas, según los informes oficiales.

En la Encuesta de Hábitos y Prácticas Culturales 2024‑2025 no se recoge información específica sobre el uso de eBiblio ni de otras plataformas concretas de préstamo digital, ya que el cuestionario solo distingue formatos (papel, digital, audiolibro) y vías de acceso (compra, descarga, préstamo de biblioteca), pero no nombra servicios concretos. Sí permite inferir el contexto del préstamo digital: se mide la lectura de libros en formato digital, el uso de Internet para acceder a bibliotecas y el porcentaje de personas que obtienen libros por préstamo bibliotecario, pero sin separar qué parte corresponde a plataformas públicas de préstamo digital.

¿Realmente interesan las bibliotecas a la mayoría de los españoles y españolas?

Como hemos visto, la Encuesta de Hábitos y Prácticas Culturales recoge en su último informe un aumento de 7,4 puntos porcentuales en la asistencia a las bibliotecas respecto a su anterior entrega, aumento a celebrar, sin duda. Lo antedicho sería la cal, según la expresión castellana, y la arena vendría en los resultados que arrojan las respuestas sobre el interés que las bibliotecas despiertan entre la población española.

En este sentido, veamos qué datos aporta la encuesta cuando interroga a las personas entrevistadas acerca de su grado de interés por asistir a las bibliotecas, independientemente de que lo hagan ya o no lo estén haciendo. Lamentablemente, las respuestas realmente no parecen muy halagüeñas ni de ellas se puede inferir ningún propósito de enmienda que haga repuntar las cifras de la noche a la mañana ni en un horizonte medio. La encuesta pide estimar el grado de interés que la persona tiene por asistir a la biblioteca valorándolo en una escala del 1 al 10.

Aquí vemos que por debajo del valor 5 encontramos al 67,4% de la muestra. Una más que clara mayoría de la población que se constituye por un 11,6% que sitúa su interés entre el 3-4 y un 55,8% que enfría las cifras hasta los valores del 2 al 0, lo que demuestra un claro y nítido desinterés hacia las bibliotecas.

La parte dulce la pone la presencia de un 32,6% de la muestra que sí declara, en mayor o menor medida, interés por las bibliotecas. El grupo lo conforman 14,9% que estima de una forma comedida su grado de interés, entre 5-6, y un 17,7%, más entusiasta, que cifra su interés entre los valores 7-10.

Detectamos, además, cuatro puntos entre la cifra del 32,6% de personas interesadas en las bibliotecas y el 28,6% que la encuesta dice que ya las visitan. Seamos optimistas y confiemos en que ese interés cuaje entre este grupo y que, con el tiempo, esas personas puedan desplazarse desde el limbo de los interesados y potenciales usuarios hacia el lado de quienes hacen uso activo de las bibliotecas.

Por otra parte, no se observan diferencias sustanciales respecto a esta variable en los diferentes territorios del Estado, aunque sí, como en otros aspectos en relación con el tipo de municipio en el que se habita. En este sentido, las bibliotecas despiertan un mayor grado de interés entre quienes viven en las capitales de provincia y poblaciones con mayor número de habitantes, interés que decrece de manera directamente proporcional a medida que también lo hace la población del lugar de residencia.

¿Qué obstáculos se interponen entre la ciudadanía y las bibliotecas?

En relación con el bloque anterior, la propia encuesta aporta alguna luz en relación a estos muros y frenos que existen entre las bibliotecas y la ciudadanía. Una de las preguntas que componen el cuestionario del estudio interroga acerca de las barreras que impiden la asistencia a las bibliotecas a las personas encuestadas.

Dos grandes variables concitan el 66,4% de los casos, a saber, uno de carácter intrínseco a la persona, la falta de interés que aduce el 33,3% de las respuestas; otro de carácter extrínseco, la falta de tiempo, factor al que se suma el 33,1% de la muestra.

A mucha distancia de esos dos grandes frenos se identifican otras variables de diferente índole, en orden de mayor a menor incidencia:

  • 6,9% Horario limitado.
  • 6,9% Prefiero acceder a ella a través de internet.
  • 5,2% No existencia en la zona.
  • 3,3% No encuentro lo que me interesa.
  • 2,0% Problemas sensoriales (vista, oído).
  • 2,1% Tienen pocas prestaciones.
  • 2,0% Desconocimiento de su funcionamiento (horarios, precio, etc.).
  • 1,3% Problemas de accesibilidad física al recinto.
  • 1,8% Desconocimiento de que existan en la zona.
  • 1,8% Son incómodas.

Independientemente de su peso en la encuesta, resulta interesante identificar estos factores para tomar conciencia de dónde pueden encontrarse muros que impidan o frenen el acceso de la población a las bibliotecas. Igualmente, nos pueden servir para iniciar o profundizar en el necesario ejercicio de autoevaluación constante que también requieren las bibliotecas de cara a dar respuesta a la comunidad diversa y cambiante en la que se insertan y a la que se dirigen.

Interrogarnos en qué medida nuestra biblioteca puede estar sometida, en mayor o menor grado, a uno de estos frenos puede ser un ejercicio de gran valor para actuar sobre ello y limar o eliminar, si se puede, dichos obstáculos. También acerca de condicionantes externos a la biblioteca, frente a los que, si bien puede resultar más difícil o imposible actuar directamente, seguro que se pueden tomar medidas proactivas ante a ellos que incidan favorablemente en la mejora de los vínculos entre la biblioteca y su comunidad.

 ¿Quiénes acuden a las bibliotecas y para qué, según la EHHPC?

Volvemos ahora la atención hacia la cara de la moneda para acercarnos a la caracterización que la Encuesta de Hábitos y Prácticas Culturales hace de quienes acuden a las bibliotecas, ya sea a través de sus espacios físicos o de su presencia en la esfera digital. Respecto a ello, a tenor de los datos, resultan determinantes factores como el sexo, la edad, la situación de estudiante y el propio nivel de estudios.

En relación con estos factores, podemos trazar estas pinceladas a partir de lo observado en el informe:

¿Quiénes?
  • Las cifras más altas en cuanto a visitas a las bibliotecas se dan entre las mujeres, que alcanzan una tasa global del 31,4%.
  • Por edad, el máximo se observa en los más jóvenes, de 15 a 19 años, con un 60,5%, cifra que desciende a niveles más bajos en la población de mayor edad.
  • Coincide este factor de edad con la condición de estudiante, segmento que registra los mayores niveles de asistencia, a gran distancia de otros.
¿Cuánto?
  • En cuanto a la frecuencia de las visitas, aquellas personas que fueron a las bibliotecas en el último trimestre lo hicieron por término medio 8,6 veces cada uno y en el caso de los accesos vía internet fue de 8,4 veces.

¿Cuándo?

  • La primera parte de la semana parece más propicia para hacer uso de las instalaciones y servicios de las bibliotecas, lo que resulta un tanto lógico. Así, la mayor parte de quienes fueron a la biblioteca lo hicieron entre lunes y jueves, un 85,6%.
  • A partir del cuarto día de la semana la cifra de asistentes cae de manera drástica. Por lo que se ve, la biblioteca no es para los viernes, que registran tan solo un 7% de las visitas.
  • El fin de semana, periodo durante el que la mayoría de los servicios bibliotecarios no están disponibles en su dimensión física, aunque sí permanece hábil la opción virtual, las cifras se mueven torno al 7,3%.
¿Por qué?
  • Respecto a la motivación, entre quienes acuden a las bibliotecas de forma regular a lo largo del trimestre, los principales motivos que aducen para ello están relacionados con el préstamo de libros, con un 29,8%, o estudiar, que le anda a la zaga, aunque con una inferior cifra que ronda el 26,5%.
  • Los datos de la encuesta muestran también que el 60,3% de quienes acuden a las instalaciones de las bibliotecas no llevan libros propios, lo que no quiere decir que necesariamente hagan uso de las colecciones, recursos y equipos que en ellas se ofrecen, ya que pueden acudir con sus propios dispositivos digitales.
¿Cómo?
  • Entre las personas que van a la biblioteca o quienes acceden a ella por vía electrónica, un 12,9% ha utilizado el servicio de préstamo de libros en su modalidad de préstamo digital.

¿Cuál es la evolución general que se observa en el primer cuarto del siglo XXI?

Por último, nos proponemos trazar una cierta línea de tiempo que nos permita apreciar cuál ha sido la evolución de la relación de la población española con las bibliotecas en el conjunto de la serie de publicaciones que abarca esta encuesta. Son siete los informes disponibles, que arrancan del primer periodo analizado, 2002-2003, hasta el último, 2024-2025, cubriendo prácticamente el primer cuarto del presente siglo.

Sin pretender realizar un rastreo intensivo, centramos la atención en tres aspectos para ver cambios y constantes según el diagnóstico que la encuesta ha realizado en los siete periodos sobre los que se ha realizado el sondeo y sometidos a análisis sus resultados.

Asistencia y uso de las bibliotecas

Se puede decir que los datos que a lo largo de la serie se ofrecen respecto a la asistencia anual a bibliotecas o su acceso virtual se mantiene en un rango próximo a un cuarto o un tercio de la población. El primer informe de (2002-2003) registra una cota del 24,5%, que vemos superada en 4 puntos en último de (2024-25), en el que se alcanza un 28,6%.

La progresión en el conjunto del periodo ha sido ascendente salvo dos pinchazos, uno en el periodo (2006-2007), que baja al 22,2% y otro descenso más acusado hasta el 18,4% en el periodo (2021-2022), en el que se incluye la crisis sanitaria de la pandemia del COVID-19 con sus consabidas consecuencias.

Como constante se observa también que el uso es más intenso entre mujeres, jóvenes, estudiantes y personas con niveles educativos medios y altos, mientras que la participación de mayores de 65 años y de quienes tienen menor formación sigue siendo reducida en todas las ediciones.​

Acceso presencial y digital a las bibliotecas

A lo largo de la serie, la encuesta va incorporando la distinción entre presencia física y acceso por Internet, observándose un crecimiento progresivo de los accesos virtuales a bibliotecas, especialmente a partir de 2014‑2015 y más acusados tras la pandemia.​

En 2024‑2025 se podría hablar de una cierta consolidación de un modelo híbrido, en el que una proporción creciente de la población combina la visita presencial con el uso de servicios digitales bibliotecarios, aunque la encuesta no desagrega por plataformas concretas como eBiblio o eLiburutegia.​

Tendencias de fondo en lectura y bibliotecas

Las siete ediciones reflejan que la lectura de libros se mantiene como una de las prácticas culturales más extendidas, con ligeros avances globales y una creciente diversificación de soportes, pero con desigualdades estructurales ligadas al nivel educativo y a la edad, como ya comentamos en la anterior entrada dedicada a esta encuesta.​

Respecto a las bibliotecas se puede afirmar que conservan su papel como infraestructura básica de acceso a la lectura y a la información, pero como reflejan los datos, su uso continúa siendo minoritario respecto al conjunto de la población. Igualmente, este uso se manifiesta muy dependiente del perfil sociodemográfico, pese al impulso de la lectura digital y los programas de fomento de la lectura desplegados en estos años.​

en modo interrogativo para terminar

Tras este repaso a los datos que la Encuesta de Hábitos y Prácticas Culturales en España 2024-2025 arroja sobre las bibliotecas y dándoles el valor relativo que tienen, no vendría mal adoptar el modo interrogativo de cara a reflexionar en torno a una serie de cuestiones que, sin duda, nos pueden ayudar a tomar una mayor conciencia de la realidad. Un ejercicio, y sus acciones derivadas, que pueden redundar en un recorte de las distancias entre la biblioteca y la ciudadanía, especialmente en el caso de aquellos grupos de población para los que las bibliotecas tienen poco o ningún peso, usuarios/as potenciales, en todo caso.

Porque los esfuerzos por visibilizar las bibliotecas, del tipo que sean, siempre son pocos. Dentro de las comunidades en las que se insertan, educativas o sociales, nunca hay que dar por sentado nada, ni bajar la guardia en relación con los esfuerzos por comunicar e informar, de manera regular, clara y adecuada, conectando con cada tipo de público y adaptando el mensaje a las características de los diferentes canales que se pueden utilizar para llegar a la gente. Se trata, al cabo, de informar de su existencia, de las múltiples posibilidades que encierran, de los servicios que ofrecen, tanto en el plano físico como en el digital y de qué manera las bibliotecas pueden resultarles útiles y ayudarles a su desarrollo personal, académico, laboral o social.

¿Cuántas de las personas que conforman la comunidad en la que se asienta nuestra biblioteca desconocen su existencia? ¿Cuántas saben de que disponen de acceso a un importante acervo en tan solo unos “clics” a través de las plataformas públicas de préstamo digital como eBiblio o eLiburutegia o de recursos digitales que las bibliotecas ofrecen como eFilm, entre otros? ¿Qué idea tienen de las bibliotecas y qué información disponen sobre las bibliotecas de hoy? ¿Qué saben sobre lo que las bibliotecas les pueden aportar como espacios de acceso a la información y la lectura, de encuentro y socialización, de participación y creación?

Suma y sigue …

adenda final

Para cerrar esta segunda entrega en torno al último informe de la EHPCE, os invito a leer, si no habéis hecho ya, otra reciente entrada de este blog relacionada con el tema nos ocupa en esta serie: Lectura(s) del Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros 2025. Por otro lado, coincido plenamente con mi colega Luis Miguel Macías, director de la Biblioteca Pública de Salamanca Casa de las Conchas de Salamanca, que en dicho artículo reclama políticas culturales con planteamientos sólidos y actuaciones permanentes que fortalezcan la lectura y apuesten claramente por las bibliotecas.

Así se recoge en las declaraciones y directrices del Consejo del Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (CERLALC), del que forma parte España. Esta organización supranacional, en su último Consejo Ministerial Iberoamericano del Libro y la Lectura de 12 octubre de 2025, emitió el Comunicado de Río de Janeiro «Nuevas políticas para nuevos escenarios de la cultura».

En este documento se afirma que la lectura, la escritura y la oralidad son derechos educativos y culturales fundamentales, estrechamente vinculados a la ciudadanía, el pensamiento crítico, la inclusión social y el aprendizaje a lo largo de la vida.

En este marco, sigue la citada declaración, se otorga a las bibliotecas un papel estructural, no accesorio: dejan de concebirse únicamente como equipamientos culturales para ser reconocidas como infraestructura clave de las políticas de lectura, al servicio del ejercicio efectivo del derecho a leer y escribir, hasta el punto de que se las considera condición necesaria para que dicho derecho pueda hacerse realidad en la práctica.

 

Si queréis aportar datos, impresiones o experiencias en torno al tema, abierta queda, como siempre, la opción de los comentarios para entablar conversación. No os quedéis con las ganas … ¡Y nos vemos en la tercera entrega de la serie EHPCE con los archivos bajo el brazo!

 

Luis Miguel Cencerrado

Coordinador de reseñas en BiblogTecarios Bibliotecario, formador, asesor y apptekario navegando en los mares de la lectura analógica y digital, su promoción, las bibliotecas públicas, infantiles y escolares.

2 respuestas a «La relación de la ciudadanía española con las bibliotecas en lo que va de siglo»

  1. ¡Una gran entrada, LuisMi! Coincido plenamente contigo: por muchos «buenos» datos que tengamos a priori, si después no nos interrogamos para conocer en qué fallamos o qué podemos mejorar, no tendremos futuro.

    1. Así es Luismi, el modo interrogativo es el modo natural, como dijo Alfredo Manguel en la presentación de su obra «Una historia natural de la curiosidad» que hizo precisamente en la biblioteca Casa de las Conchas hace años. Sin preguntas, ya se sabe, no hay respuestas 😉

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