La falacia de los libros más prestados

Nuevamente, con el cambio anual en el calendario llegó ese momento en que los medios pretenden recopilar instantáneas de los gustos de los ciudadanos a partir de las preferencias que han incorporado a sus hábitos de consumo a lo largo del año que finaliza, especialmente en el ámbito del entretenimiento cultural. Así, hace ya algunas semanas conocimos la relación de canciones más escuchadas a través de Spotify en 2018, encabezada por God’s Plan, una creación del canadiense Drake, encumbrado así como máximo exponente del género con mayor presencia en esta lista: el rap. Sin embargo, pese a vivir en un mundo cada vez más global, continúa siendo imprescindible tener presente determinados sesgos a la hora de considerar una lista como ésta, de los que tal vez el más importante sea la localización geográfica del consumidor. Tanto que el mencionado tema ni aparece entre los diez más escuchados en España a través de la popular plataforma, dominada por los ritmos latinos cantados en español. Más uniforme parece el caso de las películas más taquilleras, sin duda por el enorme peso de la industria norteamericana en las carteleras españolas. Títulos como Infinity War, El reino caído o la secuela de la exitosa Increíbles pugnan, aunque con diferente fortuna, por ocupar los primeros lugares. Por nuestra parte, las preferencias del público español han descartado títulos como Black Panther, que ocupa el segundo puesto en la lista general, y han incorporado al listado de las películas con mayor recaudación en las salas españolas otros, entre los que figura una única producción nacional: Campeones.
Libro gruesoTampoco pueden faltar, claro está, las listas de los libros más vendidos. Es una práctica que medios y comercializadoras —cadenas de librerías y plataformas de venta en línea— mantienen a lo largo de todo el año, pero que en estas fechas adquiere un interés peculiar en consonancia con el hito del calendario. A la vista del resultado para el pasado 2018, resulta evidente que la producción literaria nacional es trascendental para la industria editorial española, hasta el punto de que solo tres de los libros de ficción más vendidos han sido traducciones de obras de autores extranjeros. Semejantes listas, además, alimentan el interés de lectores y curiosos por los títulos que aún no han adquirido, animándolos a sumarse a la corriente mayoritaria, lo que incrementará la venta de esos mismos títulos al menos hasta que se lancen al mercado los volúmenes de la nueva temporada de ventas.

Siguiendo esta corriente de difusión literaria, son muchas las bibliotecas que elaboran y difunden sus propias listas de libros más prestados: la Red de Bibliotecas de Hellín ha publicado en su blog una relación de títulos de libros infantiles y para adultos; el Centro de Desarrollo Sociocultural de Peñaranda de Bracamonte ha hecho lo propio con los libros más prestados en su sala de adultos de su biblioteca; Biblioteca Municipal de Burgos ha comentado su lista de novelas más prestadas; la Biblioteca para Jóvenes Cubit ha difundido mediante hilos en Twitter sus listas de obras más prestadas… ¿Son realmente útiles estos listados? ¿Hasta qué punto resultan fiables sus datos? ¿Puede realmente compararse con los rankings de libros más vendidos? Aunque con objetivos claramente dispares, si las listas que se elaboran a partir de los “mejores libros” están siendo cada vez más contestadas incluso por el propio gremio de la crítica literaria, como quedó patente en un reciente artículo de Laura Fernández en El País, podría parecer que las creadas a partir de simples datos de ventas son mucho más fiables. Al fin al cabo los números cantan. ¿Por qué no van las bibliotecas recurrir a una metodología similar, aparentemente tan simple, para averiguar y dar a conocer los gustos de sus usuarios lectores?

No seré yo quien se oponga a la elaboración de listas de libros más prestados en las bibliotecas públicas, Dios me libre. Pero sí me gustaría invitar a los bibliotecarios que las realizamos y los usuarios que las leen a reflexionar siquiera sobre algunos detalles que me llevan a cuestionarme su validez y utilidad. Y es que, en primer lugar, un listado de libros más prestados en una biblioteca no es en absoluto comparable con un ranking de libros más vendidos. La razón es bien sencilla: como norma general, si un libro obtiene buenas ventas el editor imprimirá cuantos más libros mejor, porque esa apuesta aumenta sus ganancias; en cambio, el bibliotecario no siempre puede comprar los ejemplares que necesita para atender la demanda de sus usuarios de un título de éxito —es decir, para facilitar el aumento del volumen de préstamos de un título determinado—, puesto que a más ejemplares, mayor gasto.

Esta particularidad no es en absoluto baladí, puesto que la venta de un ejemplar es un acto único en el que apenas intervienen un proveedor (el librero) y un destinatario (el lector) —si acaso, a esta ecuación se sumará un comprador intermediario si el libro se adquiere para obsequio o regalo—, mientras que en el préstamo bibliotecario la ecuación es más compleja por cuanto intervienen un proveedor (en este caso, el bibliotecario) y numerosos destinatarios (tantos como usuarios de la biblioteca proceden a retirar el libro en préstamo). Por si esto no fuera suficiente, el préstamo bibliotecario depende de otros factores que inciden de manera directa en el valor de los datos, desviando los resultados y dificultando incluso el análisis comparativo del préstamo entre bibliotecas, redes o sistemas. El más evidente de estos factores —ya lo hemos apuntado— es el número de ejemplares disponibles de un mismo título. Cuantos más sean los ejemplares de los que dispone la colección de una biblioteca de un título determinado, mayores son las posibilidades de que varios usuarios estén disfrutando al mismo tiempo de su lectura, con lo que las posibilidades de rotación del préstamo de ese título serán lógicamente mucho mayores que las de otro título del que únicamente se disponga de un único ejemplar. Obviamente, el bibliotecario puede actuar sobre la rotación del préstamo, aunque con efectos muy limitados, mediante la política de préstamo, puesto que con plazos más reducidos resulta más sencillo que los ejemplares retornen pronto a disposición de otros usuarios, es decir, se facilita que en un mismo periodo de tiempo sean más los usuarios que accedan al préstamo de esos ejemplares. La posibilidad de renovación es otro factor que afecta no solo a la rotación del préstamo, sino incluso a su propia contabilidad, porque no será lo mismo computar dicha renovación como una extensión temporal —que, por ende, limitará el acceso a ese ejemplar para otros usuarios— o como un nuevo préstamo. También la extensión de las obras impide que sean comparables: indudablemente, siendo ambos títulos de Dostoievski, un ejemplar de Noches blancas sin duda tiene más posibilidades de una mayor rotación que uno de Los hermanos Karamázov.

¿Significa esto que debemos renunciar a elaborar relaciones de los libros más prestados en nuestra biblioteca? Creo que no de una manera absoluta, por cuanto invitan a nuestros usuarios a conocer títulos que de otro modo quizá se les escapen. De algún modo, estas listas son también herramientas de curación —de curaduría— de contenidos en la biblioteca. Pero debemos ser plenamente conscientes de sus limitaciones y desviaciones. Aplicar criterios de corrección (tales como la división del total de préstamos por el número de ejemplares disponibles), considerar otros valores (como el número de días que un ejemplar ha estado prestado en lugar del número de préstamos) o combinar simultáneamente varios ajustes podrían ayudarnos a obtener una imagen más fiable de los intereses de nuestros lectores y más fácilmente comparables. Pero aun así continuarán interviniendo otras variables, entre las que se encuentra —y no es menor— la composición misma de la colección: difícilmente se va a prestar un ejemplar de una obra del que la biblioteca no dispone.

Rafael Ibáñez Hernández

Colaborador en BiblogTecarios Bibliotecario en la Biblioteca Municipal. Curioso de las nuevas tecnologías (aunque ya no sean tan nuevas), pero empeñado en mantener los pies sobre el suelo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *