Hace un año se publicó el Plan de Derechos Culturales. En una entrada en este mismo blog, titulada Discapacidad y accesibilidad en el Plan de Derechos Culturales, exponía cuál era el contenido relacionado con la accesibilidad y las bibliotecas de dicho plan. Concretamente, las acciones relacionadas con este ámbito se engloban bajo el objetivo operativo 1.1.3 «Alcanzar la accesibilidad universal en las políticas, programas y espacios culturales estatales» y, más específicamente, dentro de la Medida 7. Estrategia integral para la accesibilidad cultural.
Para cumplir con dicho objetivo, las bibliotecas tienen que contar con los recursos (económicos, personales, etc.) y con herramientas suficientes que faciliten su consecución. Entre estas últimas, podemos encontrar la Guía de identificación y catalogación de recursos accesibles en bibliotecas, publicada hace unas semanas por CERLAC en colaboración con el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes, y la Biblioteca Nacional de Colombia.

La Guía está dividida en los siguientes apartados: introducción, dos apartados principales que se corresponden con el propio título de la obra (Capítulo 1: Orientaciones para la identificación de recursos accesibles y Capítulo 2: Orientaciones para la catalogación accesible de recursos), un anexo y un glosario. En la propia introducción encontramos cuál es la importancia que tendrá esta guía y su objetivo principal:
Su objetivo es brindar orientaciones prácticas para que las bibliotecas identifiquen en sus colecciones recursos accesibles e incorporen metadatos de accesibilidad en la catalogación, con el fin de dar precisión en su descripción, facilitar la consulta por parte de los usuarios y fortalecer los servicios y las experiencias de mediación de lectura con personas con discapacidad. A la vez, se busca promover el intercambio de información sobre los recursos accesibles disponibles entre bibliotecas de Iberoamérica para el desarrollo de programas cooperativos que amplíen el acceso a estos contenidos y, en un nivel superior, articular agendas conjuntas en la región.
A partir de esto, es necesario saber qué podemos entender por recurso accesible, obteniendo la propia definición al comienzo del documento. Para aquellos que utilicen esta guía como referencia, los recursos accesibles
serán aquellas obras, formatos o sistemas de comunicación que por sus características facilitan la navegación, comprensión y lectura sin ningún tipo de barrera de acceso a la información, ofreciendo mayor autonomía a personas que transitan dificultades en la aproximación al texto impreso. Estos recursos incluyen, entre otros aspectos, diseño y estructura clara, lenguaje sencillo y directo, tipografía legible, alto contraste cuando sea necesario, texto alternativo y maneras de interacción diversas con el contenido.
A partir de aquí, el primero de los apartados principales, Capítulo 1: Orientaciones para la identificación de recursos accesibles, hace hincapié en los recursos que podemos encontrar en función de cómo se perciben, es decir, en función de las personas usuarias que harán uso de ellos a priori. Dividido en varias secciones en función de la tipología, todos tienen una misma estructura compuesta por una descripción del recurso, la práctica lectora, el público destinatario, los soportes y la forma de conservación del recurso.
Las diferentes secciones que se incluyen en este primer apartado son las siguiente, donde encontramos distintos tipos de recursos:
- Recursos de acceso táctil: son aquellos que permiten al lector acceder al contenido a través de su contacto con la piel. Por ejemplo, recursos en braille, recursos con repujado y altorrelieve, y recursos sensoriales.
- Recursos de acceso mediante texto alfabético: son documentos que incluyen algún tratamiento específico del texto para hacerlo más accesible. Por ejemplo, recursos en macrotipo, recursos en OpenDyslexic, lectura fácil, lenguaje claro, y recursos digitales con texto fijo o fluido,
- Recursos de acceso visual asociados con la lengua de señas: aquellos recursos en los que el sistema de comunicación utilizado es la lengua de signos o señas. Por ejemplo, vídeos con y en lengua de señas, y recursos con secuencia fotográfica en lengua de señas.
- Recursos de acceso visual basados en narraciones gráficas: a partir de imágenes, textos o convecciones se crea una narración. Por ejemplo, narración gráfica silente, lenguaje pictográfico, y recursos en visagrafía (sistema de escritura a partir de convecciones que plasman elementos propios de una lengua de signos).
- Recursos de acceso auditivo: por ejemplo, audiovisuales con audiodescripción.
El segundo de los apartados principales, Capítulo 2: Orientaciones para la catalogación accesible de recursos, recoge una serie de orientaciones que habrá que utilizar a la hora de catalogar los recursos. Para ello, se encuentran dos tipos de elementos: por un lado, aquellos elementos descriptivos que son esenciales, es decir, indispensables, y, por otro, aquellos que se pueden tener en cuenta para tener una descripción mucho más completa. En cualquier caso, se aconseja que todos estos elementos se adapten a cada biblioteca en función de sus necesidades y procesos internos.
Todos estos elementos siguen el formato MARC 21, por lo que en cada uno de ellos encontraremos las diferentes etiquetas, indicadores y subcampos necesarios a la hora de catalogar. Concretamente, a la hora de mencionar los elementos descriptivos esenciales, las etiquetas son 341 (forma de acceso al contenido: táctil, textual, visual, auditivo), 521 (público destinatario), 532 (notas específicas sobre las características de accesibilidad) y 655 (términos de materia género/forma). En cuanto a otros campos que pueden utilizarse, ya sean obligatorios u opcionales, para aportar información sobre el recurso accesible, estarían la descripción física (300), el tipo de contenido (336-338) o la nota de lengua (546), por nombrar algunos.

Una vez visto el contenido principal de esta guía, en el Anexo se encuentra una tabla donde encontramos los diferentes tipos de recursos accesibles y las características del público objetivo. Por ejemplo, los recursos en braille tendrían como personas destinatarias aquellas que tienen algún tipo de discapacidad visual, estén completamente ciegas o tengan una baja visión. Por último, el glosario enumera aquellos términos especializados que están recogidos en la propia guía, lo que permiten comprenderlos de una forma mucho más fácil.
En definitiva, la importancia de esta obra no solo radica en que puede ser una guía y una ayuda a la hora de reconocer recursos accesibles y cómo se debe proceder a la hora de catalogarlos y, en último término, ponerlos a disposición de nuestras personas usuarias, sino que es una gran introducción a todas aquellas personas que se quieren aproximar a la accesibilidad universal y no saben por dónde empezar. Gracias al glosario que incorpora y a la explicación de términos importantes que encontramos en los pies de página, podemos profundizar en aspectos como qué se puede entender por código, lengua o práctica lectora en el ámbito de la accesibilidad. Asimismo, como bien se recoge en la introducción, con esta publicación se pretender promover la colaboración entre las diferentes bibliotecas gracias al marco teórico que se crea, común, salvo pequeñas diferencias (por ejemplo, a la hora de utilizar una lengua de signos en función del país), entre distintas regiones.
