Identidad lectora en infancias racializadas

… o lo que aprendí de Alvin Irby

Alvin Irby es un emprendedor social, speaker, cómico y autor estadounidense que quizás conocéis por su precioso proyecto Barbershop Books, que instala pequeñas bibliotecas en barberías, del que hablaré un poquito al final del post. Yo tuve el gusto de escucharle hace unos meses en las jornadas online de EveryLibrary. Entre todo el material digital para consumir durante esta pandemia, el título de su charla Small Windows and Broken Mirrors: Cultivating the reading identity of Black Boys (“Ventanas pequeñas y espejos rotos: cultivando la identidad lectora de los chicos negros”), me llamó especialmente la atención.

Imaginé que pondría el acento en las infancias negras al ensayo que, en 1990, publicó Rudine Sims Bishop Mirrors, Windows, and Sliding Glass Doors («Espejos, ventanas y puertas correderas de cristal»). Este ensayo fue importante en los 90s para que los editores lanzaran literatura infantil “más diversa”, bajo la premisa de que “si los niños y niñas blancos solo ven reflejos de sí mismos, crecerán con con sentido exagerado de su propia importancia y su valor en el mundo, un etnocentrismo peligroso”. Alabando lo positivo que es leer “libros ventana” que ayuden a comprender la naturaleza multicultural del mundo en el que viven y su lugar como miembros del mismo, así como sus conexiones con todos los demás seres humanos. Y cómo es importante «libros espejo» para que los niños racializados encuentren referentes positivos en sus lecturas, se vean reflejados y se sientan protagonistas. Para mí no deja de ser interesante trasladarlo a las bibliotecas de una España cada vez más diversa, como ya vimos en este otro artículo que les dediqué a las “Bibliotecas antirracistas” en plena explosión del Black Lives Matter de 2020 y del despertar antirracista que estamos viviendo.

¿Cómo podemos inspirar a los niños negros para que se identifiquen como lectores?

Pero volviendo Alvin Irby, su charla de EveryLibrary no iba exactamente de esto, sino más específicamente sobre cómo hacer para que los niños-varones negros se identificasen como lectores. Basado en su experiencia personal, profesional y en su proyecto Barbershop Books, que también podéis escuchar de aperitivo en esta charla TED, donde lo cuenta con el arte de los storytellers de este país:

El 85% de los niños estadounidenses negros de 10 años no tienen suficiente competencia lectora

Partiendo de esta alarmante estadística, Alvin Irby apunta cómo estos datos de analfabetismo en población racializada (principalmente, negra o latinx) no son otra cosa que un problema sistémico de racismo institucional. Esta epidemia se debe a muchas de las causas que nos imaginamos, como la falta de acceso a los libros y a modelos de lectores relevantes. Esto es, de hombres negros de su entorno familiar que les den un ejemplo positivo y lector -muchos son criados sólo por sus madres, en condiciones de pobreza, etc.- y también en su entorno comunitario, por ejemplo, ausencia de profesores o bibliotecarios que sean varones negros y que les inspiren esa confianza y confort de no sentirse juzgados. Explicaba en ese punto cómo, además, muchos de estos niños negros, se desenvuelven en espacios en los que les están señalando que la manera en la que hablan, se mueven o se comportan está mal. Existe una hiper-visibilización hacia los cuerpos negros que les lleva a sentirse más vigilados, más amonestados, más sospechosos, más criminales. No voy a entrar mucho en el punto de la presencia de policía en bibliotecas, o en el School to prison pipeline, y en cómo repercute en las vidas de la población más marginalizada, sobre esto y sobre la maravilla de justicia restaurativa basada en el no-castigo y en soluciones más terapéuticas, también escribí en Infobibliotecas y hay muchísima información en Internet (¡hasta en la Vogue!) que os animo a investigar y leer.

Traumas con la lectura

Además de vivir estas experiencias traumáticas de racismo institucional en los lugares públicos donde deberían sentirse seguros, también pueden darse otros traumas más específico relacionados con la lectura, algunos ejemplos:

  • Quizás un profesor que les obliga a leer en voz alta cuando no saben correctamente.
  • Quizás fueron ridiculizados leyendo.
  • Quizás fueron castigados a leer.
  • Quizás les echaron de la biblioteca.
  • Quizás fueron forzados a leer libros que no les interesan, libros con los que no conectan o no son relevantes.

Si bien la representación que encuentran en los libros de las bibliotecas es importante, Alvin Irby lo matizó desde un lugar bien interesante, explicando cómo muchas veces, con la mejor de las intenciones, los niños negros encuentran con una representación demasiado dramática (biografías, personajes pobres, refugiados, esclavos, etc.) y pone el acento en comprar libros divertidos, que hagan reir y que no sean tan trascendentales. 

Si queremos que se identifiquen como lectores, tenemos que cambiar sus creencias para que se conviertan en acciones. ¿Qué experiencias de lectura estamos proveyendo? 

Estas experiencias traumáticas les pueden hacer pensar que tienen que escoger entre quiénes son y la lectura. Una dicotomía que les lleva a no identificarse como lectores, y un niño que no se considera lector ¿por qué iría a una biblioteca además de para usar Internet? Pero para los niños que tienen un trauma lector, ¿crees que la biblioteca es un lugar al que quieren ir? ¿Cómo eso les impacta a la hora de pensar que es algo para ellos? Muchos dirán, “eso de leer, puedes quedártelo, voy a ser yo, voy a ser quien yo soy”. 

Y es que la lectura, según Arvin Irby, puede ser una mezcla de dos variantes: competencia cultural y toma de decisiones. Al final se trata también de decidir si en su tiempo libre van a la biblioteca, si cogen un libro, si dedican tiempo a leer… muchas de esas decisiones están basadas en lo que creemos que es posible. Eso está influido por las experiencias que tenemos, si la experiencia que el niño tiene es limitada lo que creen que es posible es limitado también. Con algunas excepciones, los deseos están limitados por el entorno.

Sesgos implícitos o «yo no soy racista»

En este punto, Arvin Irby pedía a los bibliotecarios y educadores humildad para reconocer que no sabemos hacerlo, que no hemos sabido hacerlo hasta ahora. No hemos sabido conectar, hacer el espacio para estos públicos, para saber qué es importante para ellos. Y preguntaba cuestiones como: ¿cuándo fue la última vez que le preguntaste a un niño negro qué le gusta leer?  ¿Cómo confeccionamos las recomendaciones?  La diversidad en los bibliotecarios es un reto, pero ¿tienes amigos que no sean como tú? ¿Que no sean de dónde tú eres? ¿Que no piensen como tú? ¿Cómo van a encontrar un libro que les guste si no existe ninguna de esas condiciones? 

Arvin contaba en este punto cómo, en ocasiones, educadores o bibliotecarios niegan esta experiencia, afirmando eso de “yo veo a todos los niños iguales, no veo pobreza, género, raza…” Y es que es un esfuerzo aceptar que, quizás, estamos discriminando aunque sea involuntariamente, que existen los llamados “sesgos implícitos”. 

Los sesgos implícitos son aquellos prejuicios automáticos, inconscientes, basados en creencias y estereotipos que cometemos sin darnos cuenta; los hemos normalizado al crecer en sociedades machistas, racistas o lgtbifóbicas. Por ejemplo, muchas veces algunos profesores de matemáticas no son conscientes de que dan la palabra a más niños que niñas, eso ocurre por diferentes razones: porque levantan más la mano, porque son más disruptivos, porque son más ruidosos. De este modo, las niñas no se identificarán tanto con esta materia o pensarán que no valen tanto como sus compañeros. Así son las injusticias cotidianas que suceden en el aula y que nos construyen. Cuando pensamos en discriminación pensamos en la discriminación intencional, sabemos que ser racista está mal, pero tendríamos que examinar cuáles son los sesgos inconscientes, cuáles son las respuestas fisiológicas que experimentamos al interactuar con personas diferentes, aceptar que quizás tenemos miedo o rechazo hacia el otro. Sólo una vez nos reconozcamos como racistas, podremos comenzar a cambiar nuestra manera de relacionarnos con esa otredad, con el subalterno.

Barber Shop Books

Acabo este post compartiendo el proyecto de Barber Shop Books que promueve Alvin Irby por diferentes estados, que consiste en instalar una pequeña biblioteca en barberías.

Las barberías afroamericanas son lugares donde el concepto de “comunidad” del que nos apropiamos desde las instituciones culturales cobra vida. Y es bonito que en este lugar que frecuentan con asiduidad los niños se encuentre un punto de lectura, confeccionado con libros recomendados por otros niños y, además, que el barbero te de un descuento por leer un libro en voz alta mientras te hacen un recorte. Recordemos que son muchos los casos en los los niños no han visto a un hombre negro adulto leyendo o que les anime a la lectura, por lo que la experiencia que se genera es bastante única:

Iniciativas con las que aliarnos, que copiar desde instituciones educativas o culturales, al tiempo que nos examinamos, reconocemos que no somos libres de sesgos, que quizás no sabemos cómo hacerlo, luchamos por recursos y eliminamos barreras. O eso creo yo. 

Irene Blanco

Analítica Web y Coordinación Web en BiblogTecarios. Documentalista, apasionada de Internet y del marketing online. En BiblogTecarios reflexiono sobre gestión cultural, las nuevas profesiones digitales, el marketing y las bibliotecas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *