¿Quién fue el primer bibliotecario de la historia?

El Museo Británico ha dedicado una exposición al rey Asurbanipal y a su gran imperio. El último gran emperador asirio era un déspota cruel y sanguinario. Sin embargo, tuvo interés de aprender a leer y a escribir (algo tremendamente inusual en la época: siglo VII a.C.) y se vanagloriaba de sus conocimientos matemáticos, del manejo de saberes de diferentes disciplinas y de su destreza literaria. Semejante vocación tuvo como resultado la formación de una inmensa biblioteca en uno de los pisos altos de su palacio en la ciudad de Nínive. Se considera la primera biblioteca creada con el propósito de albergar todo el conocimiento disponible en una época bajo un mismo techo. En escritura cuneiforme se guardan fórmulas para obtener la inmortalidad, manuales de astronomía, libros de gramática, obras literarias (algunas tan importantes como el Código de Hammurabi, la Tableta del Diluvio o los poemas de Enuma Elish y de Gilgamesh) o la descripción de ritos iniciáticos. Más de 30.000 textos que llevan a preguntarse que alguien tuvo que organizar, clasificar, sistematizar, velar por su conservación y buscarlos para el emperador o sus sabios cuando los requiriesen.

¿Nacería en este momento el primer bibliotecario? O más bien, ¿los primeros bibliotecarios?

Es difícil establecer quién fue la primera persona que ejerció el oficio  pues en épocas anteriores sería necesaria la figura que organizase y mantuviese en orden tablillas de cera o ladrillos de barro cocido y papiros. Sin embargo, si se puede decir que dado el tamaño requerirían la especialización del personal y, por tanto, se consolidaría como profesión.

Habría bibliotecarios también en las bibliotecas rivales de Pérgamo y Alejandría – fundada a comienzos del siglo III a. C. por Ptolomeo I Sóter, y ampliada por su hijo Ptolomeo II Filadelfo -, esta última con un acervo que llegaba a más de 900.000 ejemplares  en la que trabajaron Zénodot de Efeso, Calímaco de Cirente, Andrónico de Rodas, Eratóstenes de Cirene, Aristófanes de Bizancio, Apolonio Eidógrafo o Aristarco de Samotracia. Cada uno influyó de manera decisiva en su desarrollo bien creando nuevos sistemas de clasificación o diseñando la selección de obras.

Con respecto a cuál fue la primera biblioteca pública. No está muy claro si fue la Biblioteca pública de Atenas, construida en el 330 a.C. o fue la biblioteca de Asinio Polión (político, orador, poeta, dramaturgo, crítico literario e historiador de la época del nacimiento del Imperio Romano), fundada en Roma en el año 39 a.C. en el Atrium Libertatis, también construido por él, que adornó con estatuas de héroes como Alejandro Magno o Escipión el Africano. Si bien, la idea de la creación de una biblioteca pública en Roma es de Julio César. Su muerte, asesinado en el 44 a.C., frena el proyecto, que no se materializa hasta la llegada de Polión. La biblioteca estaba conformada por obras maestras de la literatura griega y romana – hasta entonces la mayor parte de los fondos de las bibliotecas de época republicana eran obras griegas -, de poesía y de historia, así como tratados militares y científicos. Tras su retiro de la vida pública, Polión organizó sesiones de lectura en las que los autores leían sus propias obras.

En el cénit del Imperio Romano aparecieron las bibliotecas privadas en las casas aristocráticas y los grandes dignatarios comenzaron a considerar la creación de bibliotecas académicas como modo de acrecentar su fama y dejar un legado a la posteridad. Si bien ambos hechos propiciaron la aparición de bibliotecarios especializados el personal que trabajaba en las bibibliotecas podía desempeñar otros oficios o funciones simultáneamente.

Por ello, otros autores consideran que el primer bibliotecario fue un monje de elevada cultura llamado Anastasio. Este monje, conocido como Anastasio el antipapa o Anastasio el Bibliotecario fue el archivero jefe de la Iglesia de Roma en el siglo IX y recibió el título de “bibliothecarius”.

 

Inma Herrero

Documentalista, lectora voraz, curiosa empedernida. Intento aprender algo nuevo cada día y me encantan los retos. Mis áreas de interés crecen porque no hay nada que me guste más que el mundo en el que habito.

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