¿Estamos fallando como sociedad al permitir la censura de libros?

«El abad había albergado la esperanza de que la citación tuviera relación con el destino de le niñe. – He decidido que debo iniciar mi aprendizaje con les maestres de la naturaleza forestal en el Tensorado-respondió Sonami en voz baja, con las manos cruzadas.

-¿Ah, sí? Le niñe se miró los pies. -No lo ha dicho así directamente. Pero madre posee métodos para hacer saber sus deseos.»

Así comienza la novela Las mareas negras del cielo, de Neon Yang, publicado por Duermevela, finalista de los premios Hugo, Nebula y World Fantasy como mejor novela corta y recientemente censurada en la Biblioteca Municipal de Oropesa, junto a otros muchos títulos.

¿Cómo que censurado? ¿Eso no es algo propio de otro época o de comunidades que se rigen únicamente por  la religión? ¿No estamos acaso en una sociedad plural y libre?

Pues al parecer, cuanto más intentamos avanzar como sociedad, más se empeñan algunos y algunas en volver a tiempos de represión y censura. Por desgracia, esta noticia de Oropesa no es un hecho aislado. La eliminación de ciertos títulos en las bibliotecas municipales o en colegios e institutos viene siendo un continuo en los últimos años, especialmente en ayuntamientos o municipios liderados con participación de la ultraderecha, siguiendo la estela del más puro Tea Party norteamericano. 

En septiembre de 2023,  la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Burriana (Castellón), ordenó retirar los libros de temática LGTBI+ con «contenido sexual» del área infantil y juvenil de la biblioteca municipal. Vox argumentaba que debía «proteger a los menores de contenidos pornográficos y escandalosos». La idea es que estos libros pasaran directamente a la zona para adultos de la biblioteca. Es decir, asocian todo lo que tiene que ver con personas del colectivo a algo «de mayores» y de lo que los niños deben estar alejados. Por suerte, gracias a las protestas y la acción vecinal, no se llevó a cabo tal propuesta.

Pero el pasado junio la historia volvió a repetirse e incluso se llegaba más allá: la desaparición de la sección LGTBI de la biblioteca municipal de Oropesa, un material que ha sido retirado y guardado en cajas fuera del alcance de los usuarios. 

Libros tales como Las mareas negras del cielo, el que mencionábamos al principio del texto, Chicas salvajes o los cómics muy conocidos de Heartstopper, el de la española Sara Soler centrado en la transexualidad, Us, o el premiado manga El marido de mi hermano. Todos con algo en común: personajes que se alejan de la heterosexualidad y que presentan otras realidades existentes. Porque mostrarlas no es hacer apología, es simplemente… presentar la verdad.

Y es aquí donde me quiero detener. En una época en la que se supone que tenemos más información que nunca a nuestro alcance, parece que algunos se empeñan en que el conocimiento permanezca en la sombra. Mucho se habla de que hoy día tenemos una «sociedad de cristal» que se ofende por todo. Pero esta censura sólo nos demuestra que los que se ofenden son los que no aceptan la realidad: el hecho de que hay gente diferente a lo que está establecido  y que cada persona es un mundo complejo que puede encajar, o no, con lo que venimos definiendo como «normal». Y no pasa nada.

Guste más o menos, somos una sociedad plural e intentar ocultarlo, no va acabar con ello. Ahora es más necesario que nunca que las y los peques vean distintas realidades desde la naturalidad. Diferentes familias, diferentes razas, diferentes maneras de entender el amor o la sexualidad. Educar es la única manera de comprenderse a uno mismo y a los demás. 

Quién no se ha preguntado en su adolescencia, y sufrido por ello, ¿pasa algo malo conmigo? ¿soy el único al que le pasa esto? ¿qué es ser un hombre o una mujer? Y yo me pregunto: ¿de verdad queremos que las y los peques sigan pasando por esta angustia en soledad? ¿no es mejor que vean referentes que les ayuden a pasar y comprender su circunstancia?. En nuestro proceso de crecimiento son muy importantes los referentes. Y cuantos más variados mejor, porque más fácil será que encontremos algo con lo que coincidir y saber que no estamos solos y solas nos ayudará a encontrar nuestro propio lugar en el mundo.

Si tenemos libros para ayudar con las matemáticas, o para explicar la inmigración o para hablar sobre la adopción o el divorcio (algo que hasta hace unos años también despertaba críticas), ¿por qué no podemos tener libros que hablen de género, de transexualidad, de feminismo o de igualdad a todos los niveles? Se trata de conocimiento, de sentirse comprendido y de saber que no eres el único con dudas o qué está pasando por un proceso difícil de entender.

No pongamos las cosas más difíciles a personas que ya de por sí están pasando por un proceso complicado. O a familias que sólo quieren entender mejor qué le pasa a su hijo o hija. Recomendemos que al igual que se forman en geografía, se formen en empatía con el resto de seres humanos. 

Por suerte, cada vez se publican más libros y cómics con protagonistas de toda índole. En algunos, la representación LGTBIQ+ no es lo más importante de la trama, sino algo totalmente secundario, como en el álbum ilustrado para peques Las gallinas del Sr. Watson. En otros casos, se convierte en algo central de la trama el cómo luchar contra lo que se espera de uno mismo, como en el cómic El príncipe y la modista o el libro joven adulto Rojo, blanco y sangre azul.

Pero hay personas que prefieren cerrar los ojos a la realidad y atacar a uno de los pocos espacios en la sociedad que aboga por la gratuidad, la educación y la pluralidad: las bibliotecas públicas.  Un sitio donde sin importar género, raza, tendencia política o nivel adquisitivo, eres bienvenido.

La lectura ayuda, y mucho. En mis muchos años como bibliotecaria, he visto de todo. Chicos y chicas que cogían libros y cómics marcados con la bandera arcoíris con miedo o vergüenza, incluso a escondidas de sus padres. Otros que sólo lo podían leer en la sala, porque no querían que nadie se enterase de que «eran diferentes». Otros que se emocionaban con un nuevo tomo de Heartstopper… Hay infinitas realidades y nuestro deber como bibliotecarios, y como sociedad, es no fallarles a ninguno de los niños y niñas que conforman nuestra sociedad. 

Porque tal y como termina el libro con el comenzaba este artículo:

«El amor era lo único que les había sustentado cuando eran niñes. Amor y nada más, Con eso les bastaba. Con amor, había esperanza».

 


Aida Santos. Bibliotecaria, community manager y documentalista. Llevo trabajando en bibliotecas toda mi vida.

Actualmente trabajo como Técnica de Biblioteca en UDIT (Universidad de Diseño, Innovación y Tecnología). También me encargo de la sección de cómics y audiovisuales del Blog de ocio familiar Bebé a Mordor, así como del Pódcast #PorCulpaDeBaM.

Apasionada de la lectura, pero sobre todo de almacenar libros que sé que no me va a dar tiempo a leerme en mil vidas. Pero lo que más me gusta del mundo es aprender cosas nuevas, y eso intento hacer todos los días.

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¡Gracias, Aida, por compartir estas necesarias reflexiones!

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