Abordamos la tercera y última entrega que dedicamos a la Encuesta de Hábitos y Prácticas Culturales en España, ahora con el foco puesto en los archivos. Como ya hicimos en la anterior entrada sobre las bibliotecas, en este caso hacemos un repaso a los datos y consideraciones que en torno a los archivos se hacen tanto en la última publicación de la encuesta, la referida al periodo 2024‑2025, como en el conjunto de la serie de la EHPCE, que desde 2002 a la actualidad cubre prácticamente el primer cuarto del siglo XXI.
Desde sus inicios, este informe ofrece un bloque estadístico específico sobre archivos, que se integra en el capítulo de museos y monumentos. La EHPCE incluye los archivos como equipamiento cultural junto a museos, monumentos y yacimientos arqueológicos; al igual que en el caso de las bibliotecas, a través de las personas encuestadas se indaga acerca de la percepción que la ciudadanía tiene de los archivos, así como de su grado de conocimiento y uso. Aunque no se trata de un estudio específico y riguroso sobre el tipo de usuarios de los archivos, arroja información de interés sobre la imagen que de ellos tiene el conjunto de la población y el porcentaje de la ciudadanía que los ha visitado en el periodo auscultado.
Igualmente, en relación con lo antedicho, resulta ilustrativo observar la tendencia que se traza a través del conjunto de la serie de la EHPC a lo largo de lo que va de siglo.
La información se presenta en tablas específicas dentro del capítulo dedicado a “Museos, monumentos y archivos”. En esta entrada nos limitaremos a destacar los datos más relevantes, pero se puede obtener información más específica y cruzada, ya que los resultados de la encuesta se desglosan en relación con variables como el género, la edad, nivel de estudios, situación laboral, comunidad autónoma y tamaño del municipio de residencia.
¿Qué nos dice la edición 2024‑2025 de la EHPCE sobre el nivel de uso de los archivos?
- El indicador básico que tomamos como referencia es el porcentaje de personas de 15 y más años que acudieron o visitaron archivos en el último año, que fue el 7,6% de la población total en este último periodo analizado.
- En relación con la satisfacción de estas personas que acudieron a los archivos en el periodo referido, resulta significativa la buena nota que les otorgan. En este grupo se registra un índice medio de satisfacción de 7,1 puntos sobre 10.
- En la otra cara queda el porcentaje de población que según estos datos permaneció ajena a los archivos, el 92,4% de la muestra.
- Este nivel de acercamiento directo a los archivos es claramente inferior al que se recoge respecto a museos o monumentos, que se tratan en el mismo bloque. No obstante, sitúa los archivos como un equipamiento utilizado de forma minoritaria pero significativa dentro del mapa global de las prácticas culturales de la ciudadanía española.
¿Cuál es el perfil sociodemográfico de los usuarios de archivos que traza la EHPCE 2024‑2025?
- Respecto a la edad, la asistencia a archivos concentra el mayor número de usuarios en la edad activa, de 25 a 64 años, con un 32,5%. No obstante, los valores más altos se observan en la franja de 15 a 24 años, coincidiendo con etapas de formación. En tramos más altos de edad las cifras caen, registrando descensos a partir de los 65 años (7,7%).
- En relación con el nivel educativo, el uso de archivos se asocia claramente a niveles de estudios medios y superiores; las personas con educación superior constituyen el grupo más nutrido (32,4%), seguido de aquellas que terminaron la Secundaria (25,4%) y con porcentajes de asistencia más bajos entre quienes solamente tienen estudios de Primaria o ESO (25,4%).
- En lo relativo a la situación laboral, los archivos son utilizados sobre todo por personas pertenecientes al segmento de población activa, trabajando o en el paro (16,5%); le siguen quienes se presentan como estudiantes (12,7%), mientras que el uso disminuye entre quienes se ocupan de tareas domésticas no retribuidas (4,3%) y jubilados (4%).
- En cuanto al lugar de residencia, las diferencias territoriales no son tan marcadas como en otros equipamientos culturales. Aunque la visita a archivos es algo mayor en capitales de provincia (8,6%) y disminuye en tanto que decrece la población; en municipios de más de 50.000 habitantes (7,6%) y en menos poblados (6,9%). En cuanto a CC.AA., el rango se define entre los valores de Extremadura (4,3%) y el de Cataluña (9,5%).
¿Cómo y para qué se visitan y utilizan los archivos?
- A diferencia de las asistencias a otro tipo de equipamientos culturales, en el caso de los archivos el indicador se centra en el hecho de haber asistido o no, sin desagregar tanto como en otros casos las formas y objeto de la visita.
- Por tanto, la encuesta no entra en el detalle de los motivos de la visita (investigación histórica, trámites administrativos, consulta genealógica, etc.) ni desglosa el uso de archivos en línea (portales de archivos como PARES o acceso online a unidades concretas), que quedan subsumidos en las secciones generales sobre uso cultural de Internet.
¿Qué relaciones se establecen con la lectura y las bibliotecas?
- Al compartir el mismo cuestionario, es posible cruzar el uso de archivos con los bloques de lectura y bibliotecas; al respecto, los datos muestran que las personas que acuden a los archivos generalmente se encuadran en grupos de población con tasas de lectura de libros y de uso de bibliotecas más altas que la media de la población.
- A la luz de esta observación, se puede interpretar que quien acude o utiliza los servicios de los archivos engrosa un perfil de alta participación cultural, de tal modo que la lectura de libros, las visitas a museos y exposiciones, el uso de bibliotecas y la asistencia a los archivos, entre otras prácticas culturales, se refuerzan mutuamente.
¿Cuál es la evolución general que se observa en el primer cuarto del siglo XXI?
En las siete ediciones de la Encuesta de Hábitos y Prácticas Culturales en España realizadas en lo que va de siglo, los archivos aparecen de forma continuada, como parte del bloque de equipamientos culturales. Dentro de esa constante, se observa una variación positiva en su tratamiento a partir de una mención relativamente discreta en la primera encuesta; posteriormente, los archivos se tratan con una mayor integración respecto al resto de entidades analizadas y con un desglose sociodemográfico más fino que el inicialmente planteado.
En todas las ediciones, la visita o utilización de los archivos se mantiene como práctica minoritaria respecto a otros equipamientos, si bien, asociada de manera estable a los perfiles con mayor capital educativo y alta participación cultural.
La relación que la ciudadanía establece con los archivos que se muestra a lo largo de la serie completa de la EHPCE nos permite establecer una línea de progreso sobre los datos básicos que se recogen, como se observa en la siguiente tabla:
PERIODO |
VISITAS EN EL ÚLTIMO AÑO |
GRADO DE INTERÉS POR LOS ARCHIVOS (0-10) |
|
|
Sí |
No |
||
|
2024-2025 |
7,6% |
92,4% |
3 |
|
2021-2022 |
3,5% |
96,5% |
3,3 |
|
2018-2019 |
7,1% |
92,9% |
2,8 |
|
2014-2015 |
5,6% |
94,4% |
2,6 |
|
2010-2011 |
5% |
95% |
2,7 |
|
2006-2007 |
3,9% |
96,1% |
2,5 |
|
2002-2003 |
3,5% |
96,5% |
— |
Tabla elaborada a partir de los datos que aportan los siete informes de la EHPCE
A modo de conclusión, podemos formular unas consideraciones básicas a partir del conjunto de datos que la encuesta ofrece a lo largo de este primer cuarto de siglo:
- En primer lugar, que los resultados que muestra el conjunto de informes apuntan a una participación de la ciudadanía española en relación con los archivos estructuralmente baja, pero constante. Si bien los archivos nunca alcanzan las tasas de visita de museos o bibliotecas, sí muestran una notable estabilidad.
- Así lo constatamos en el comportamiento del indicador de visitas a los archivos que recoge la tabla anterior. En el primer informe, la población que expresa haber acudido a algún archivo en el año precedente representa un 3,5% de la muestra. A lo largo de la serie, vemos cómo esta cifra se incrementa paulatinamente, hasta el 7,6% que alcanza en la última edición de la encuesta.
- A tenor de estos datos, se observa que a lo largo de los primeros veinticinco años del presente siglo, el número de personas que visitan los archivos experimenta un crecimiento constante, que solo se ve truncado en el periodo 2021-2022, coincidiendo con la pandemia del COVID-19. Así, al término de estos veinticinco primeros años del XXI, el incremento de la población española que se acerca a los archivos es de 4,1 puntos.
- Por otro lado, a lo largo de la serie se mantiene una vinculación clara y persistente del grupo de población más próximo a los archivos con perfiles de alta implicación cultural, lo que refuerza el papel de estas unidades de información como recurso especializado dentro del ecosistema cultural español.
¿Hay coincidencia entre lo que la EHPCE muestra y lo que las publicaciones especializadas del sector de archivos señalan?
No hay muchas encuestas específicas sobre la “imagen social” de los archivos en España, pero a partir de los enfoques empíricos y teóricos disponibles se puede trazar una razonable caracterización de los diferentes perfiles de usuarios/as que acuden a los archivos de forma regular. Es, por otra parte, una caracterización cuyo trazo grueso podemos hacer coincidir con los datos de la encuesta anteriormente revisada.
En la literatura sobre el tema también se destaca la tendencia de progreso y cambio apuntada en la serie de informes de la EHPCE. Igualmente, se aportan posibles explicaciones a la distancia observada entre los archivos y esa alta proporción de la población española que vive de espaldas a ellos, así como las variables que actúan y determinan en ese distanciamiento.
Para complementar lo comentado en anteriores apartados, valgan unas breves pinceladas acerca de lo que profesionales del sector expresan sobre estos temas. En este sentido, en la publicación Usuarios en diferentes contextos informativos: aspectos teóricos y prácticos encontramos una contribución de Isabel Villaseñor Rodríguez que resulta ilustrativa al respecto. Se trata de una publicación en la que la autora pasa revista al conjunto de investigaciones sobre usuarios de archivos en España. En ella, Villaseñor identifica un conjunto reducido pero significativo de estudios, especialmente desde el año 2000, que analizan las necesidades de información, comportamiento de búsqueda y satisfacción con los servicios archivísticos, tanto en archivos históricos como municipales.
Uno de los aspectos destacables que podemos encontrar en los trabajos citados es la constatación de que los archivos en España están inmersos en un proceso de cambio en dirección a una mayor apertura y ampliación del espectro de quienes los frecuentan y hacen uso de ellos. Así, la literatura profesional reciente coincide en afirmar que se ha producido un desplazamiento desde el “usuario investigador” tradicional hacia un abanico más amplio de ciudadanos/as que acuden por razones administrativas, jurídicas, personales o culturales.
Brecha de percepciones entre especialistas y ciudadanía
Según se recoge en algunas de las publicaciones citadas, la imagen que de los archivos tiene la ciudadanía en su conjunto refleja una visión dispar, que incluso pudiera parecer contradictoria, y que varía según el cristal con el que se miran estas unidades documentales. De un lado, se sitúan las opiniones y experiencias de usuario que nos trasladan una imagen general del archivo asociada a servicios poco visibles, y de otro, las voces que destacan el importante papel de estos servicios, como entes e instrumentos clave en relación con los derechos individuales y la memoria colectiva.
En conjunto, puede decirse que los ciudadanos españoles que no han tenido contacto directo con archivos tienden a verlos, cuando en ellos piensan, como lugares lejanos y especializados, vinculados a “papeles viejos” o a temas sensibles de memoria. Esa porción amplia de la población se correspondería con la aquella que la encuesta de hábitos y prácticas culturales identificaba como ajena a los archivos. Un amplio sector de la ciudadanía que apenas tiene una representación concreta del archivo como institución diferenciada y compleja en su concepción integral; en la que la imagen del archivo está cercada por un halo de institución “técnica”, poco amigable y con normas rígidas, ligada a oficinas o registros administrativos.
Entre quienes los usan, la imagen es más concreta, definida y funcional; los archivos son considerados como espacios indispensables para resolver trámites, probar derechos o documentar la historia personal y colectiva; también como servicios infradotados y no siempre fáciles de usar.
Respecto a la ciudadanía en general, los estudios de usuarios muestran que quienes acuden a archivos históricos o municipales lo hacen, sobre todo, para resolver problemas concretos (pensiones, propiedades, genealogía, trámites locales) y valoran la utilidad práctica cuando obtienen respuesta. En muchos casos descubren el valor del archivo “a posteriori”, a través de esa experiencia puntual.
Para investigadores, activistas de memoria y profesionales, los archivos se perciben como elementos críticos para la investigación histórica, la transparencia y la defensa de derechos. En este grupo la imagen es claramente positiva, aunque muy crítica con los déficits de recursos y de política archivística.
Cambios recientes: de depósito cerrado a servicio público de información
La lectura en clave de cambio que hacíamos de los datos que la serie de los informes EHPCE encuentra su parangón en los análisis empíricos que aportan una radiografía de las dinámicas y uso de los archivos históricos, municipales o universitarios en España.
Estos estudios coinciden en afirmar que la consideración del archivo como herramienta indispensable para el derecho a la verdad gana terreno y fuerza en pugna con la tradición; un pasado en el que la concepción de los archivos estaba fuertemente ligada a la opacidad, a papeles escondidos en instituciones poco accesibles, a las trabas legales y las prácticas restrictivas en el acceso a determinado tipo de documentación; también a las dificultades derivadas de la escasez de recursos de los archivos, aspecto, este último, que a pesar de los avances aún persiste.
En esta línea de evolución que experimentan los archivos podemos situar variables importantes que inciden en el caso, como la política de memoria democrática y las agendas de transparencia; ambos factores de peso soplan en España a favor de los archivos y refuerzan su visibilidad como instituciones claves para la verdad, la justicia y la participación ciudadana, aunque esta nueva imagen aún no se ha generalizado del todo en el imaginario social.
Los derechos reconocidos por la Ley 19/2013, de transparencia, acceso a la información pública y buen gobierno, y por la Ley 20/2022, de Memoria Democrática, son impracticables sin sistemas de archivos fuertes, profesionalizados y dotados de recursos suficientes. El acceso efectivo a la información y a la verdad histórica exige, en efecto, sistemas de archivos sólidos para el desarrollo de sus funciones y mecanismos eficaces que refuercen la comunicación con los distintos grupos de usuarios que los demandan en el conjunto de la ciudadanía española.
Esta transformación se ve reflejada en las dinámicas que adoptan muchos archivos y en las acciones que desde ellos se emprenden en relación con la difusión, la programación de exposiciones, la oferta de actividades educativas y la presencia en el plano digital. Todo ello contribuye a modernizar la imagen del archivo, acercarlo a públicos diversos, darle visibilidad, en definitiva, como actor en la construcción de memoria colectiva, desplazando la imagen atávica de almacén oculto y sustituyéndola por la de agente cultural y de participación.
Los análisis sobre archivos en el siglo XXI subrayan este cambio de discurso institucional: del archivo concebido como depósito especializado para historiadores a la idea de servicio público abierto al conjunto de la ciudadanía, en conexión con políticas de transparencia, gobierno abierto y memoria histórica, como apuntábamos anteriormente.
Así lo reflejan estudios recientes como el de María del Olmo Ibáñez, orientado a redefinir los archivos históricos en el siglo XXI. La directora del AHP de Alicante reflexiona en este artículo sobre el papel actual de los archivos históricos, su transformación en centros culturales y espacios de memoria, y sobre el cambio en los perfiles de usuarios.
Acceso y Estadísticas Digitales
Antes de cerrar esta entrada y con ello la terna dedicada a la EHPCE, apuntar finalmente la incidencia en el devenir de los archivos del proceso de transformación digital en el que están inmersos en el conjunto de la Administración española. Este aspecto impacta de manera crucial en todos los procesos que se llevan a cabo, tanto en los archivos de oficina, intermedios como históricos, y en la comunicación con sus usuarios y usuarias, internos y externos a las organizaciones en las que se insertan.
En consonancia con todo ello están las cifras que ofrece la Estadística de Archivos Estatales gestionados por el Ministerio de Cultura y por el Ministerio de Defensa. Los datos, que figuran dentro de Anuario de Estadísticas culturales 2025, nos hablan también de un crecimiento de las cifras de los servicios de los archivos; por ejemplo, el trabajo en sala más las consultas realizadas por teléfono, correo postal y electrónico en los archivos estatales se duplicaron entre 2020 (46.783) y 2024 (89.515). Por otro lado, el papel que juegan los archivos en la esfera digital es igualmente creciente; en el caso de los servicios en línea los datos de 2024 apuntan a un crecimiento de 1,5 puntos respecto al año anterior, registrándose un total de 3.485.405 sesiones de trabajo que posibilitaron la consulta de 42.203.401 de páginas a través de los espacios digitales de los que disponen los archivos estatales.
Finalmente, también hay que tener en cuenta las plataformas como PARES, el Portal de Archivos Españoles, que permite la consulta remota de millones de documentos digitalizados. Esta plataforma de difusión del Patrimonio Histórico Documental Español, creada y gestionada por la Subdirección General de los Archivos Estatales del Ministerio de Cultura, facilita el acceso en línea a millones de documentos digitalizados y descripciones procedentes de los archivos estatales y de otros archivos integrados en el sistema.
Las estadísticas de PARES ponen de manifiesto el crecimiento en la oferta y en el uso de esta plataforma en los últimos diez años, que ha multiplicado por siete sus usuarios/as. Los datos de 2015 recogen 544.581 usuarios que pasan a ser 3.966.552 en 2025; ejercicio este en el que se registraron 5.788.604 sesiones de trabajo y se consultaron 29.586.047 de páginas a través de la plataforma.
Y con esta entrega concluimos el repaso a los contenidos de la serie de la Encuesta de Hábitos y Prácticas Culturales en España en términos de LECTURA, en su primera entrega, BIBLIOTECAS, en la segunda, y ARCHIVOS, en la presente.
