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Documentación cinematográfica

Documentación cinematográficaLa documentación y el cine mantienen una estrecha relación, aún no suficientemente conocida. En la producción de una película intervienen diferentes equipos, y cada uno de ellos tiene unas determinadas necesidades de información, desde el guión al vestuario o la localización. Este libro muestra cuál es el papel del profesional de la documentación inmerso en una producción cinematográfica, donde se convierte en un creativo más del proyecto.

Crítica personal:

Suelo decir que los libros de esta colección son pequeños manuales universitarios imprescindibles para conocer el tema enunciado en su título. Pero éste de Elena de la Cuadra excede sobradamente tal límite, puesto que al menos una cuarta parte del volumen compendia las fases, tareas y profesionales implicados en la creación de un filme. Ofrece también unas líneas básicas pero suficientes para comprender el lenguaje cinematográfico mediante el análisis del espacio, el movimiento y el tiempo.

Resultan sumamente instructivas —aunque acaso no suficientemente clarificadoras— las disquisiciones terminológicas en torno a conceptos básicos, y muy especialmente al perfil profesional del que se ocupa. Partiendo de la premisa de que documentación cinematográfica no es sinónimo de documentación audiovisual, De la Cuadra trata de distinguir al film researcher, especialista en archivos audiovisuales y gestión de derechos —perfil del que se ocupa López de Solís en la misma colección— del documentador —término escogido por la autora para distinguir al documentalista cinematográfico del creador de documentales—, profesional que maneja cualquier tipo de información que puedan precisar los creativos de una película. Con una estructura acertadamente didáctica, la autora señala y define las funciones específicas del documentador:

  • Documentar el proyecto durante la redacción guión mediante la elaboración de diferentes tipos de dosieres según las líneas argumentales con una estructura formal adecuada.
  • Corregir todas y cada una de las versiones del guión, comprobando que se ajusta a lo que guionista y director desean transmitir, que no tiene por qué ser real ni verdadero.
  • Obtener y proporcionar todo tipo de información que necesite cualquier miembro de un equipo, empleando todo tipo de fuentes, desde las más tradicionales a las más sorprendentes.
  • Gestionar el flujo de la información para evitar incongruencias o duplicidad de esfuerzos.
  • Analizar y conservar la información aplicando las debidas normas internacionales, como la Minimum Data List —el enlace ofrecido en la p. 84 no se encuentra operativo en el momento de escribir esta reseña— o el ISAN.

Obviamente, esta simple enumeración está enriquecida con la mención de tareas, instrumentos y procedimientos, por lo que la perspectiva que se nos ofrece resulta muy completa. Pero quiero llamar la atención del lector sobre la última de las funciones mencionadas, con la que el documentador describe la película resultante, toda vez que el correcto análisis documental de un film convierte éste en una nueva fuente de información.

Concluye este manual ocupándose de las film commisions [comisiones fílmicas], organismos que intervienen ante las productoras cinematográficas para atraer rodajes a su localidad, donde pueden llegar a dejar casi el 30% del presupuesto total de la película. Dichas entidades facilitan las localizaciones, intermedian entre la productora y las autoridades y empresarios locales e incluso proporcionan profesionales técnicos y de oficios con el objetivo de facilitar el rodaje, para lo que es imprescindible contar con documentalistas que gestionen el flujo de información preciso para ofrecer estos servicios de la mejor manera posible. Y es aquí donde De la Cuadra critica acertadamente las comisiones fílmicas españolas, incapaces siquiera al parecer de mantener actualizadas unas mínimas bases de datos, utilísimas para la captación de productores cinematográficos.

Queda al descubierto en estas páginas un nicho profesional tal vez insuficientemente explotado por los documentalistas españoles y, desde luego, un ámbito profesional imprescindible para la industria cinematográfica española, cuya calidad en muchas ocasiones queda mermada al despreciar el valor de una adecuada documentación. Pero, además, esta pequeña obra es imprescindible para el amante del cine, que en sus páginas encontrará nuevos elementos para “leer” las películas.

Conociendo al autor:

Elena de la Cuadra es profesora de Documentación en la Universidad Complutense de Madrid y ha trabajado como documentalista para diversas productoras audiovisuales. Ha escrito varios artículos sobre la materia en diferentes revistas especializadas.

¿Es consciente de haber elaborado un pequeño manual sobre la producción cinematográfica?

Sí. La intención al hacerlo es completar la formación de un profesional de la documentación. Quedan aún muchas cosas por explicar: la producción cinematográfica es mucho más compleja y aborda muchos más temas de los que trato en el libro; pero creo que es necesario que un documentalista (“documentador”, si utilizamos el término que empleo en el libro) sepa manejar la misma jerga que van a usar sus compañeros en un rodaje. Creo que su trabajo será más completo y más eficaz si no tiene qué preguntar “qué es” cuando un director le encargue buscar un plano nadir, o una panorámica. O que sepa diferenciar un zoom out de un retro-trávelin. Aun así, quedan muchos conceptos económicos y empresariales sobre la producción cinematográfica en los que no se ha profundizado.

¿Qué haría posible que el documentador fuese debidamente reconocido en la industria cinematográfica, y particularmente en la española?

Sería una buena idea comenzar por encontrar un nombre que nos defina, y que estemos todos (profesionales, estudiosos, profesores) de acuerdo. En cada congreso, en cada encuentro profesional, se habla de lo mismo: la necesidad de asociarnos (aunque ya existen asociaciones muy activas) y darnos a conocer. Quizá se podría incrementar la presencia en congresos y jornadas destinadas a profesionales del cine, además de en los círculos de bibliotecarios y documentalistas.

Considerando imprescindible aportar siguiera nociones de documentación cinematográfica en los estudios de Documentación, ¿no sería igualmente conveniente al revés, es decir, incluir la materia en los planes de formación de los futuros profesionales de la Comunicación Audiovisual y las Artes Cinematográficas?

Existen materias como “Documentación Audiovisual” o “Gestión del patrimonio documental audiovisual” en los estudios de Grado en Comunicación Audiovisual. Pero (hasta donde yo sé) creo que no existe nada relacionado con la Documentación en las escuelas de cine. Sí, coincido en que sería muy conveniente incluir la materia en los estudios de cine, y no solo para guionistas, que es lo más evidente: como vemos en el libro, cualquier equipo puede necesitar documentación.

La escasa presencia documental en las comisiones fílmicas, ¿es responsabilidad de los profesionales del cine o de los documentalistas?

Mitad y mitad. Los profesionales del cine aún no son conscientes de lo importante de mantener una base de datos activa y actualizada, y de conservar la información. Y los documentalistas (no todos, siempre es negativo generalizar) no suelen conocer a fondo la industria cinematográfica y sus peculiaridades. Por ejemplo: en España se da mucho un tipo de empresa de “producción discontinua”, es decir, que permanece inactiva entre un rodaje y otro. No hay costumbre ni fondos suficientes para mantener a un profesional de la documentación, ni para mantener los documentos, entre un rodaje y otro. Las Comisiones Fílmicas son instituciones recientes en España; esperemos que con los años, y con nuestra insistencia en los foros adecuados, cuenten con los documentalistas de una forma más activa.

Editorial: Editorial UOC

Autor: Elena de la Cuadra

Referencia bibliográfica: Cuadra, Elena de la. Documentación cinematográfica. Barcelona : Editorial UOC, 2013. ISBN 978-84-9029-773-5

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Como inmigrante digital, en ocasiones siento cierto vértigo ante las aportaciones de los colegas que se hallan a años luz de mi experiencia (y de otros muchos bibliotecarios) en el ámbito de las nuevas TIC. Creo que será bueno tomar, de vez en cuando, algún respiro y poner los pies en el suelo, proporcionando un toque de la realidad cotidiana de muchos de nosotros a las valiosísimas aportaciones de nuestros inquietos y afortunados compañeros. Será nuestro grano de arena para luchar contra la creciente brecha digital que se está abriendo entre los bibliotecarios.

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