Solidaridad cultural: libros y bibliotecas para los refugiados - BiblogTecarios

Solidaridad cultural: libros y bibliotecas para los refugiados

El drama de los refugiados ya ha sido tratado anteriormente en Biblogtecarios de la mano de los compañeros Rafael Ibáñez Hernández (“Servicios bibliotecarios para refugiados“, septiembre 2015) y Sandra Clemente (“Libros para refugiados en Oinofyta“, noviembre 2016).

En esta ocasión, me sumo al debate de este interesante tema enfocándolo, nuevamente, desde el punto de vista de la solidaridad cultural hacia este colectivo, con la cual se contribuye a paliar parte de las deficiencias que están sufriendo, demostrando también que el papel de los libros y las bibliotecas sigue teniendo un carácter universal que va más allá de las guerras y que, en situaciones como esta, cobra un valor inusitado.

Para ello, expondré tres ejemplos de distintos ámbitos geográficos nacionales e internacionales en los cuales la voluntad de las personas sobrepasa el poder del dinero y las decisiones políticas, enfatizando nuestro lado más humano al tratar de ayudar a través del compromiso de no negarles su derecho universal de acceso a la cultura.

En Barcelona hemos disfrutado de la exposición “Refugiados para qué?” (Fundació Palau de Caldes d’Estrac, Maresme), en la cual se analizó el concepto de refugiado, que supone mucho más que el simple hecho de que las personas dejen atrás su acervo y se enfrenten a numerosos problemas y dificultades en su particular periplo hacia otra vida mejor.

La sociedad barcelonesa, ampliamente implicada y concienciada en este drama migratorio, ha potenciado esta actitud receptiva y crítica a través de las instituciones culturales públicas y privadas, fruto de lo cual fue la colaboración de la Biblioteca Can Milans, que cedió una amplia bibliografía para esa exposición con el fin de ponerla al servicio de los visitantes con el carácter de lectura complementaria de la temática tratada, buscando sopesar los beneficios socioculturales que tiene la migración y el sufrimiento de quien la padece.

Al otro lado del océano Atlántico, los compañeros de la Oficina Regional del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) para el Sur de América Latina también inauguraron una exposición el pasado diciembre junto a la Biblioteca Nacional Mariano Moreno en Buenos Aires (Argentina), titulada “#RefugiArte: la crisis de refugiados a través de la mirada de cuarenta artistas latinoamericanos“, más concretamente en la plaza del Lector Rayuela y en la Sala María Elena Walsh  de dicha biblioteca.

Paneles con la exposición #RefugiArte ((Fotografía Acnur / Analía Kim)

Paneles con la exposición #RefugiArte (Fotografía Acnur / Analía Kim)

La muestra, que se puede visitar aún hasta el próximo abril, está contribuyendo a crear conciencia entre los asistentes y vuelve a incidir en los padecimientos, los miedos, la incertidumbre, el hambre y la deshumanización de quienes se ven violentados a dejar sus hogares, teniendo en cuenta que la sociedad argentina se ha nutrido de población emigrante procedente de Italia, Alemania, Austria e Inglaterra, entre otros países.

En este caso, la Biblioteca Nacional de este país ha puesto sus instalaciones al servicio de esta causa para apoyar este proyecto, no solo con la referida sala, sino convirtiendo su espacio en una especie de plaza pública para que se escuchase la voz en favor de estos desfavorecidos, de ahí que la inauguración de esa exposición tuviese como uno de los actos centrales una conferencia y una mesa redonda en dicha institución en relación a esta temática.

Pero este tipo de solidaridad no solo está destinada a los refugiados que llegan por el Mediterráneo, sino también con otras poblaciones que están en las situaciones de desamparo muy parecidas o semejantes. Uno de esos casos es el del pueblo saharaui, hacinado en ese vertedero llamado Campamentos del Tinduf (Argelia), donde malviven a la espera de volver a su tierra y descolonización de la misma por parte de Marruecos y Mauritana.

La asociación Parres Kinshasa (Parres, Asturias) organizó el pasado diciembre lo que denominó “Mercalibro”, consistente en recaudar anualmente fondos para el famoso proyecto Bubisher, cuya cuantía ascendió a más de seiscientos euros, destinados a la promoción y sostenimiento de las bibliotecas y bibliobuses en los campamentos de refugiados saharauis. La implicación vecinal fue fundamental, pues los libros fueron donados por ellos y el precio final de cada uno de ellos lo decidía el propio comprador.

Detalle del interior de la Biblioteca Karibuni (fotografía de la Web de la Fundación Javier Oriol Miranda)

Bien es cierto que esta asociación es de marcado carácter religioso y que se podría entablar la continua discusión del enfrentamiento entre laicidad y religión a la hora de poner en marcha proyectos culturales y sociales por el componente de adoctrinamiento que suele conllevar la segunda, pero también que su iniciativa ha permitido actuar en regiones tan deprimidas como África Central, fomentando el acceso a la cultura a quienes hasta esos momentos se han visto sometido a crueles guerras y la explotación laboral.

En este sentido, Parres Kinshasa participa a través de diversos proyectos en la República Democrática del Congo, apoyando la labor de la Institución Teresiana (asociación internacional de profesionales laicos de la Iglesia) en Kinshasa, la cual promueve desde 1999 la Biblioteca Karibuni (su significado es “Bienvenido/a” en swaili), donde se realizan talleres de alfabetización y animación tanto para población infantil y juvenil de los barrios de Kinshasa, además de contar con una sala de estudio y la práctica de talleres de formación donde se tratan los derechos humanos, el desarrollo, etcétera.

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Francisco Javier León Álvarez

Soy licenciado en Geografía e Historia y trabajo en la Biblioteca Pública Municipal de La Orotava (Tenerife). Actualmente, colaboro en prensa y gestiono un proyecto editorial de autoedición, y me interesan todos aquellos aspectos sociales y culturales relacionados con las sociedades en desarrollo y los mal llamados países del tercer mundo. La creatividad se potencia cuando vas a contracorriente como las truchas para no sucumbir a las normas de lo cotidiano, y disfruto haciendo postres porque la vida y el trabajo bibliotecario son una mezcla de ingredientes, olores y sabores de resultado incierto.

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