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Narrativas transmedia: cuando todos los medios cuentan

Narrativas transmedia: cuando todos los medios cuentan¿Cómo retratar a una criatura multiforme que se agita seductoramente ante nosotros mientras crece y se transforma a ojos vista? Difícil. El intento nos ofrecerá una aproximación a la criatura en un momento concreto, aunque la imagen estará algo movida y seguramente mañana tendrá una pierna nueva o algún otro apéndice que le dará un aspecto diferente.

Este es el intento que Carlos A. Scolari ha hecho en su libro Narrativas transmedia: cuando todos los medios cuentan. Un retrato amplio, intenso y muy asequible de la nueva manera en que los ciudadanos se acercan a la experiencia lectora, cuando leer se entiende como la acción de sumergirse en un universo narrativo, sin importar si es a través de un texto impreso, una película en DVD o un juego online interactivo.

 ¿Qué son las narraciones transmedia? ¿Cómo se expanden los relatos a través de los medios? ¿Qué rol desempeñan los espectadores? ¿Cuáles son las principales estrategias de expansión narrativa? ¿Qué modelos de financiación y gestión siguen este tipo de proyectos?

A estas y otras preguntas se responde en este libro, visual y práctico, sobre las historias contadas a través de diferentes medios y con la participación de los usuarios.

La obra de Scolari es un extenso análisis del panorama actual de las narrativas transmedia o, tal y como se las llamaba hasta hace unas décadas, los productos cross media. Es decir, esos universos discursivos que se expresan y se expanden a través de los libros, el cine, la televisión, la web o los teléfonos móviles, entre otros medios. Las dimensiones del presente trabajo abarcan desde los intentos por consensuar una definición del objeto de estudio hasta las experiencias menos conocidas del periodismo transmedia o el fenómeno de la gamificación de la industria del entretenimiento.

El autor comienza avisando sobre la naturaleza cambiante del panorama mediático en el que nos encontramos y reconociendo el valor de las investigaciones con las que sus alumnos le han ayudado a profundizar en diversos aspectos del universo transmedia.

Posteriormente la obra se divide en siete grandes secciones temáticas a lo largo de las cuales trata sobre qué son las narrativas transmedia, cómo se producen y cómo se consumen; presenta numerosos ejemplos de proyectos transmedia de ficción y no ficción; comenta las peculiaridades del branding y el merchandising en las narrativas transmedia; y finalmente avanza las nuevas fronteras y desafíos de las narrativas transmedia.

Son dignas de destacar las numerosas entrevistas que se incluyen en la obra, ofreciendo testimonios de primera mano desde casi todos los peprfiles del mundo transmedia: teóricos e investigadores, productores audiovisuales, guionistas y directores, desarrolladores de videojuegos o responsables de proyectos interactivos en diferentes corporaciones multimedia. Tanto en las entrevistas como en los proyectos transmedia citados como ejemplo hay una presencia destacada del ámbito iberoamericano.

Tras la despedida se incluye un apéndice con las referencias bibliográficas y online de cada capítulo y un glosario con los términos más destacados del mundo transmedia. Esto último se agradece especialmente ya que durante todo el texto se emplean palabras como crowdfunding (financiación colectiva) o mashup (mezcla de vídeos de diferentes fuentes) que conviene manejar con soltura antes de continuar leyendo. Tanto en el glosario como a lo largo del libro el autor nos ayuda a delimitar conceptualmente muchos de los neologismos que ya aparecen con frecuencia en los medios de comunicación, como spin off (narrativa secundaria que se desgaja de una principal y se hace autónoma), machinima (animación realizada con imágenes de los videojuegos), prosumidor (consumidor que también produce contenidos) o mobisodio (episodio para dispositivos móviles), por citar algunos. Sólo de vez en cuando se escapa algún término en inglés que podría ser sustituido fácilmente por su equivalente en castellano (utilizando argumento en lugar de plot, por ejemplo).

La atractiva estructura gráfica del libro, que incluye numerosas fotografías en cada capítulo y cierra cada apartado con las ya citadas entrevistas, incorpora además esquemas, diagramas e iconos que hacen la obra bastante agradable a la vista a pesar de estar impresa en blanco y negro. Sin embargo, algunos gráficos aumentan la extensión sin añadir demasiado a lo ya expuesto en el capítulo, y la rigidez de la estructura obliga a segmentar en varios capítulos la exposición de temas que habrían quedado mejor sin interrupciones (los dedicados a los componentes del proyecto transmedia, por ejemplo)

Con todo, la obra tiene un valor innegable por su tratamiento de algunos de los temas más candentes de la producción transmedia: la necesidad de una “biblia” o guía del mundo narrativo, la problemática de la financiación en los diferentes modelos de negocio, o las peculiaridades de las diferentes estrategias de desarrollo de un proyecto transmedia. Pero también hay que destacar el acercamiento a los efectos que las narrativas transmedia están provocando ya en la sociedad: la huella de los nuevos medios interactivos, la gamificación de todo tipo de narrativas y, especialmente, la redefinición del concepto de autoría afectado por la relación entre los prosumidores y los propietarios legales de los mundo narrativos.

Sin duda hará falta otra obra donde se añada más profundidad a los bocetos que sobre estos temas quedan hechos y donde se respondan a las muchas preguntas que se dejan abiertas.

Aún así, ésta que nos ocupa se convertirá probablemente en una obra de cita obligada, sobre todo en el panorama editorial hispanoamericano. Los investigadores de la comunicación encontrarán en ella una puerta de entrada a múltiples mundos en los que seguir profundizando. Los trabajadores del mundo audiovisual y del entretenimiento hallarán numerosas pistas para desarrollar sus propios proyectos. Los bibliotecarios nos asomaremos a una industria que, aunque parece que acaba de llegar, lleva ya mucho tiempo entre nosotros y está cambiando la forma en que los ciudadanos utilizan su tiempo libre tanto para entretenerse, como para informarse o para aprender. Este libro nos ayudará a estar mejor preparados para cumplir nuestra misión de facilitar el acceso al ciudadano a las diferentes formas de conocimiento.

 

Hablando con el autor

Carlos Alberto Scolari es profesor e investigador de la Facultat de Comunicació de la Universitat Pompeu Fabra (Barcelona). Se ha doctorado en Lingüística Aplicada y Lenguajes de la Comunicación por la Università Cattolica di Milano, y se ha especializado en el estudio de los medios digitales de comunicación y la nueva ecología mediática desde una perspectiva semiótica. Ha dictado conferencias, cursos y talleres sobre comunicación digital, semiótica de las interfaces y diseño interactivo en varias universidades e instituciones de América y Europa. En el 2004 ganó el Premio Eusebi Colomer de Ensayo de la Fundación Epson Ibérica – Gedisa.

Le hemos preguntado sobre algunos aspectos de su libro en relación con la lectura y las bibliotecas.

¿Cómo se imagina una biblioteca pública volcada realmente en las narrativas transmedia?

De la misma manera que los relatos se expanden hacia otros medios y plataformas, las bibliotecas deben dejar de ser “monomediáticas” y abrirse a otros soportes y lenguajes más allá de lo escrito. Evidentemente esta transición ya está en marcha desde el momento en que las bibliotecas, además de libros, comenzaron a incluir publicaciones periódicas y, más adelante, materiales audiovisuales e interactivos. Sin embargo, las narrativas transmedia también incluyen a las obras de los usuarios (los llamados “contenidos generados por los usuarios”), los cuales suelen circular en las redes digitales o en publicaciones de baja tirada (fanzines). Creo que las bibliotecas, en su gran debate sobre la digitalización de sus archivos, no deberían dejar de lado la preservación de estos textos generados por los usuarios. En otras palabras, las bibliotecas no deberían limitarse a las producciones oficiales o al canon de obras reconocidas por los acádemicos e intelectuales; preservar estas textualidades a menudo consideradas bastardas o marginales también debería ser función de las bibliotecas.

¿Que relación existe entre la relectura de un clásico literario y la expansión transmedia de un mundo narrativo contemporáneo? La búsqueda de expansiones narrativas de los lectores actuales, ¿podría considerarse como el sustituto de la relectura tradicional en el sentido de prolongar o reproducir la convivencia con unos personajes o un mundo con el que tenemos especial empatía?

Si bien asistimos a una pérdida de definición de las fronteras que separan a la producción del consumo (no es causal que se hable de “prosumidores”), creo que la relectura -no sólo de un clásico, sino de cualquier texto- es un fenómeno independiente de la producción de contenidos “expansivos”. Seguramente los fans que crean nuevas historias han releído las obras del canon una y otra vez, pero esto no significa que la post-producción a cargo de los usuarios desplace a la relectura tradicional. Todavía se puede releer a Borges sin la necesidad de colgar en YouTube un final alternativo para el Hombre de la Esquina Rosada…

El libro electrónico apenas aparece citado en su obra, a pesar de sus evidentes ventajas para facilitar el acceso a contenidos audiovisual y online desde el contenido textual (sobre todo con las tablets actuales). ¿Es un formato que nació muerto?

El libro electrónico admite diferentes formatos, algunos puramente verbales -por ejemplo las obras en formato Kindle- y otros donde confluyen muchos medios y lenguajes -por ejemplo los libros creados con la aplicación iBook Author de Apple-. Si nos referimos a este segundo tipo de libro electrónico, el concepto de “multimedia” se presta mejor para describirlo. En las obras multimedia diferentes lenguajes confluyen en el mismo soporte: es un proceso de convergencia de sistemas semióticos (verbales, icónicos, audiovisuales, etc.) en un soporte interactivo. Este modelo no es nuevo, ya que nace en los CD-Roms de los años 1990 y encuentra su forma más avanzada en la web. De frente a ellos la lógica transmedia propone un camino diverso: el relato explota y se expande a otros medios. Un proceso -el multimedia- es centrípeto, convergente, mientras que el otro -el transmedia- es centrífugo, divergente. Me parece que ambos modelos tienen mucho para decir en la nueva ecología de los medios.

Los productores se preocupan de proteger legalmente sus contenidos para que no sean violados sus derechos pero ¿qué sucede cuando estos productores emplean ideas o líneas argumentales de los prosumidores sin remunerarles económicamente? ¿Es suficiente para los fan-prosumidores el mero reconocimiento público?

La gran mayoría de los contenidos generados por los usuarios se crean bajo las banderas de la distribución libre y gratuita y el espíritu del Creative Commons. Hasta ahora los productores, salvo alguna excepción, han sido bastante refractarios a recuperar estas narrativas e incorporarlas en sus obras. Yo creo que es un error: los productores y creadores que trabajan para la industria deberían dialogar más con sus fans y, llegado el caso, abrir la puerta a los productos de los usuarios. Ahora bien, en ese caso se abre un interesante debate sobre el modelo de negocios y los derechos de los prosumidores… Cuando en los años 1960 Ted Nelson teorizó el primer sistema hipertextual (posteriormente llamado Xanadú) él ya preveía un sistema de micropagos cada vez que el creador de un nuevo texto recuperara o enlazara textos producidos por otros autores. La circulación textual por las redes digitales, entre otra cosa, obliga a repensar un modelo de negocios gutenberguiano basado en el derecho del autor único y el copyright.

La importancia de los prosumidores en las narrativas transmedia ¿avanza una posible dilución de la autoría a largo plazo?

El debate sobre la disolución del autor ya se dio cuando el hipertexto digital emergió a finales de los años 1980. Autores como George Landow por entonces hablaban explícitamente de una transferencia del poder del autor al lector. Las narrativas transmedia son otra parte de ese proceso que ha llevado a una redistribución del poder y a una reconfiguración del proceso de creación y lectura. No creo en la disolución de la figura del autor sino en la emergencia de muchos autores, diferentes entre sí (algunos muy vinculados a la industria, otros al mundo de los fans, sin descartar muchas otras figuras intermedias), y que forman parte de una ecología mediática mucho más polifónica.

 

Editorial: DEUSTO – GRUPO PLANETA
Autor: Carlos Alberto Scolari
Referencia bibliográfica: SCOLARI, Carlos A. Narrativas transmedia: cuanto todos los medios cuentan. Barcelona: Grupo Planeta, 2013. 342 p.
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