Reseña de «Biblioteconomía de guerrilla»

Biblioteconomía de GuerrillaEs muy habitual comentar entre algunas compañeras de BiblogTecarios que los posts que escribe Evelio Martínez requieren de una lectura pausada, fuera de ese ajetreo de las redes, de las lecturas diagonales, del retweet rápido. Decimos esto porque Evelio suele arrojar en sus artículos temas de ferviente actualidad -no exentos de polémica- y son muchas las veces que acompaña sus planteamientos con referencias, símiles científicos y filosóficos, como muchos de vosotros sabréis. Esta lectura requiere de concentración y, por qué no decirlo, de respeto por parte del lector, el mismo respeto con el que Evelio siempre aborda cuestiones tan complejas como el perfil del bibliotecario o la naturaleza de la biblioteca. Por todo esto, cuando UOC y El Profesional de la Información anunciaron que editaban en forma de libro una recopilación de artículos que Evelio había publicado en su blog personal y en BiblogTecarios, me pareció todo un acierto y me lancé a reseñar este libro con un título tan sugerente.

En la introducción de “Biblioteconomía de guerrilla”, el lector ya percibe que se está adentrando en temas que pueden resultar desafiantes o, incluso, llegar a incomodar si se identifica o se deja llevar por algunos “discursos bibliotecarios más mediáticos” relacionados con la innovación, la identidad bibliotecaria, las relaciones con los usuarios y, por supuesto, la biblioteca social. Y es que, además de poner sobre la mesa estos temas candentes, quizás, otra de las intenciones que tiene este libro es, precisamente, la de agitar al mundo bibliotecario y que a través de la lectura de sus capítulos se cuestione otras maneras de entender la profesión y la biblioteca, si se permite leerlo con mente abierta y con predisposición al cambio de opinión. Todo un riesgo que merece la pena correr en un “esfuerzo por indagar, por comprender cómo es el mundo, por indagar nuestra parcela de realidad”.

“Biblioteconomía de Guerrilla” se lee rápido, se subraya, se analiza. Porque cuando tienes este libro entre manos, sabes que vas a tener que releerlo para entender esa idea mejor, para debatir aquella otra o para afirmarte en la de más allá. Porque en cada uno de estos artículos el autor reflexiona generosamente sobre importantes debates para la profesión, que creo muy necesarios para los bibliotecarios que están en las trincheras y tienen la responsabilidad de dar coherencia a un espacio público tan importante como la bibliotecas.

A lo largo de la lectura, Evelio Martínez lejos de proponer modelos, definiciones rígidas o soluciones estándares a seguir, arroja diferentes preguntas que llevarán al lector hacia nuevas preguntas en un debate interno de lo más suculento y emocionante. Algunas de las cuestiones podrían ser:

“Biblioteconomía de guerrilla” es una invitación al lector a colocarse en un campo de batalla contra pensamientos hegemónicos.

¿Estamos estereotipando al bibliotecario tradicional con sesgos relacionados con la edad? ¿Son los bibliotecarios mayores aquellos que impiden la innovación en bibliotecas? ¿Por qué asociamos innovación con la tecnología? ¿Qué tiene de malo el aburrimiento? ¿Por qué asumimos que leer no es divertido? ¿No se puede innovar desde el mundo offline? ¿Por qué nos empeñamos en crear comunidad desde las redes sociales? ¿Cómo de complejo es crear comunidad online y offline? ¿Es una misión de la biblioteca el crear comunidad? ¿Por qué las bibliotecas silenciosas se están denostando? ¿Cuál es el límite de la biblioteca social? ¿Tienen los bibliotecarios que intervenir como trabajadores sociales? ¿Tiene sentido hacer un espacio maker en la biblioteca? ¿Nos estamos ahogando en la justificación de estadísticas? ¿Tiene sentido evaluar la rentabilidad de la biblioteca o aplicarle lógicas neoliberales? ¿Las bibliotecas tienen que ser centros de información? ¿tenemos que ser responsables ante la infoxicación? ¿Un bibliotecario ha de ser experto en sus fondos? ¿Debemos ser prescriptores? Y muchas más.

Por todo esto, esta lectura es todo un must para bibliotecarios guerrilleros, que no tengan miedo a cuestionarse ideas masivamente aceptadas por un grueso del gremio, a ser honestos y a hacerse preguntas incómodas. Esto me parece especialmente necesario en esta época donde, en ocasiones, todo parece blanco o negro y encontrar una gama de grises, fuera de tabúes y que, además, no aleccionen, es toda una revolución.

Entrevista con el autor

Tras esta lectura tan llena de preguntas una se queda con ganas de debate, de sentarse con los compañeros, de escuchar diferentes voces y, por supuesto, de seguir hablando con el autor de esta “Biblioteconomía de guerrilla”. Vamos allá con una entrevista con Evelio Martínez, que seguro disfrutaréis.

¿Cómo definirías “la esencia” de la biblioteca?

No estoy seguro de que sea posible definir la esencia de la biblioteca. Es la búsqueda de eso que José-Pablo Gallo llamó bibliotecidad, un término que me parece muy acertado. Escribía José-Pablo en su artículo al respecto que podemos identificar centros muy diferentes en periodos de tiempo también diferentes como una “biblioteca” porque pensamos que todas comparten un cierto espíritu.

Creo que una definición muy restrictiva de lo que es la bibliotecidad podría ser presa fácil de los contraejemplos: centros que no cumplirían la definición, o sólo parcialmente, pero que identificamos sin problema como una biblioteca. En cambio, una definición demasiado amplia haría que otros centros pudieran ser identificados como una biblioteca, a pesar de que puedan existir entre ellos diferencias evidentes.

Así que en lugar de buscar una definición de una vez por todas, creo que lo que determina la esencia de la biblioteca es una serie de (yo las llamo) fuerzas, las cuales mantienen constante en el tiempo lo que de manera intuitiva captamos como la esencia de la biblioteca.

Yo pienso en tres fuerzas: el “culturalismo”, la idea de que la cultura es valiosa en sí misma o como un medio; la intermediación del conocimiento, la idea de que el conocimiento puede y debe ser gestionado por profesionales competentes; y el bien común, la idea de que hay cosas que se comparten por y en beneficio de toda la comunidad.

En la práctica las fuerzas se expresan con actividades con las que todos estamos familiarizados, por ejemplo: el desarrollo de colecciones de documentos y su gestión profesional; la recomendación cultural; los proyectos en favor de grupos sociales concretos; …
Cuantas menos de esas actividades se lleven a cabo en una biblioteca más corre el peligro de que se debiliten las fuerzas que mantienen su esencia, y por ello parecerse cada vez más a otro tipo de centro: un centro cívico o una casa de la cultura, por ejemplo.

Sé que puede sonar un poco abstracto, pero como digo creo que refleja bien nuestra experiencia cotidiana con las bibliotecas, su devenir histórico y el momento de incertidumbre que parecemos vivir.

¿Crees que se puede integrar la llamada “biblioteca social” sin que la biblioteca pierda esta esencia?

Sí, creo que se puede. Integrar nuevos modelos en la concepción de la biblioteca pública moderna no hace necesariamente que se pierda su esencia: es la dejación de funciones lo que lo hace.  Pongamos un ejemplo: una biblioteca en la que se prioricen proyectos como la ayuda con los deberes de la escuela, la cesión de salas para llevar a cabo actividades como exposiciones y charlas, las actividades grupales,… en detrimento de actividades como la recomendación lectora, la exposición de documentos, la búsqueda y difusión de información y otras, ¿sigue siendo una biblioteca?

No hay un modo definitivo de afirmarlo, porque no hay una línea de separación que nos permita decir: en este lado hay una biblioteca, en este otro ya no. Las funciones pueden convivir y se pueden mezclar. Pero creo que nuestra biblioteca del ejemplo, si sigue en esa dinámica, con el tiempo puede parecerse cada vez menos a lo que solemos considerar como una biblioteca, porque se debilitan las fuerzas que mantienen su bibliotecidad. Y por ello estaríamos legitimados a referirnos a ese centro con otro término que lo describa mejor, en lugar de “biblioteca”. Con todo lo que ello implica.

¿Por qué crees que cuesta tanto definir un modelo bibliotecario a seguir?

Porque las apuestas por unos modelos en concreto están basadas en las creencias y valores de quien los defiende. Es un poco como la política: en última instancia, las simpatías por un partido político o por una tendencia política no se basan tanto en argumentos sino en los valores y las creencias, en definitiva, en los sentimientos de cada cual.

En el mundo bibliotecario hay quien está especialmente sensibilizado con quienes perciben como los más necesitados de la comunidad, y por ello quizá su modelo bibliotecario tienda a la biblioteca social e incluso al activismo; otros se sienten atraídos por las posibilidades de la tecnología en la sociedad, y por eso pueden orientar su modelo ideal hacia la integración de las tecnologías más punteras; otros como yo se sienten más inclinados hacia las ideas y al legado cultural, y por ello apostamos por modelos basados en la creación y difusión de información y conocimiento. En definitiva: nuestras preferencias personales pueden dictar los tipos de modelos que defendemos. Las preferencias no se modifican sólo porque haya debate, y por eso en ocasiones da la sensación de que hay un diálogo de sordos. Ello no quiere decir, claro está, que tengamos que asumir que todo vale, porque todo no tiene porqué estar igual de bien justificado.

¿Qué es lo que más te gusta de ser bibliotecario?

El contacto con los documentos. Me permite mantener activa la curiosidad y las ganas de aprender, dos cosas fundamentales en mi vida. Y relacionado con ese contacto, la oportunidad de pensar acciones para aprender y difundir el conocimiento, el saber, el arte y la creatividad que contienen.

¿Propondrías algún cambio en las funciones “oficiales” de los bibliotecarios?

Creo que gran parte de la jornada de los bibliotecarios se dedica a actividades administrativas, de gestión: poner y quitar etiquetas, forrar libros, hacer carteles, pasar por el lector códigos de barras, poner y quitar sillas de las salas de actos, … Son necesarias, pero puestos a desear me gustaría que se invirtiera menos tiempo en ellas y más a pensar, a reflexionar, a idear acciones para difundir la colección, o al menos más tiempo a interesarse por lo que ésta contiene. Las colecciones son la médula de las bibliotecas: no pueden ser nuestras grandes desconocidas.

Como usuario de bibliotecas, ¿qué esperas de las mismas?

Que sean un lugar que me despierte la curiosidad y las ganas de aprender, a la vez que un refugio del ajetreo cotidiano que me permita estar un rato conmigo mismo.

¿Cómo te gustaría que fuesen las bibliotecas en 15 años?

Siempre me he mostrado escéptico ante las predicciones de futuro. No es que crea que no son útiles: es sólo que cuanto más incierto es el ámbito, menos posibilidades hay de que la predicción tenga algún valor. Así que para ser consecuente no me voy mojar demasiado. Sólo espero que en lo esencial sean como decía en la pregunta anterior: un lugar que despierte la curiosidad y el aprendizaje y que, por qué no, nos permita desconectar por unas horas del día a día.

Si estas cuestiones te parecen pocas, te invito a que leas el libro y dejes tu reflexión personal, tu pregunta o tus pensamientos sobre la biblioteconomía de guerrilla, las bibliotecas o la profesión en un comentario.

Referencia bibliográfica

Martínez, Evelio. Biblioteconomía de guerrilla. Barcelona: UOC, 2019. 124 p. ISBN 9788491805342.

Irene Blanco

Analítica Web y Coordinación Web en BiblogTecarios. Documentalista, apasionada de Internet y del marketing online. En BiblogTecarios reflexiono sobre gestión cultural, las nuevas profesiones digitales, el marketing y las bibliotecas.

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