¿Quién conservará el patrimonio digital en el S.XXI?

¿Quién conservará el patrimonio digital en el futuro? ¿Podremos consultar los vídeos tal y como fueron publicados originalmente o sólo las versiones modificadas? ¿Quién se está encargando actualmente de preservarlos?¿Qué pasará con las listas de suscriptores, comentarios o los metadatos? Y, ¿qué ocurriría si una plataforma desapareciera?

Desde BiblogTecarios se ha tratado el tema de la preservación digital, recientemente tenemos esta entrada de la firma invitada José Carlos Cerdán que habla sobre el Archivo de la Web Española, un proyecto de la Biblioteca Nacional de España muy interesante donde se explica qué se está haciendo en materia de preservación digital y los desafíos que comporta preservar el contenido digital. 

 

Todas estas preguntas llevan rondando en mi cabeza desde hace unos meses. Como bibliotecarios, dedicamos tiempo, esfuerzo, recursos y conferencias en hablar sobre la preservación tangible; es decir, del patrimonio cultural (bibliográfico, documental y audiovisual en formato físico). Sin embargo, la preservación del patrimonio intangible o digital presenta una serie de desafíos que deberíamos empezar a plantearnos.

Esta es la Era de la información. Para hacernos una pequeña idea, tan sólo la plataforma de YouTube, recibe sube una media 20 millones de vídeos diarios. Y aquí se presenta la dicotomía; nunca antes la humanidad no había producido tanta información y, al mismo tiempo, había dependido de empresas privadas para almacenar y acceder a ella.

Como bien sabéis, existen proyectos maravillosos como PADICAT, o la Wayback Machine, donde se capturan imágenes de millones de páginas web. El primer proyecto está limitado al ámbito catalán y el segundo es más generalista. Gracias a iniciativas como estas podemos acceder a páginas que ya no existen o analizar la evolución de las páginas web visualizando sus primeras versiones.

Sin embargo, la situación cambia en las plataformas actuales. En aplicaciones como Tik Tok, Instagram, YouTube o X, capturar es insuficiente, puesto que una publicación incluye elementos multimedia, comentarios, reacciones, vídeos en directo, reels, recomendaciones, metadatos, etc. Como se ha comentado anteriormente, en youtube se sube una media diaria de 20 millones de vídeos y, al mismo tiempo, por ejemplo, en España se eliminaron entre enero y marzo del 2026 un total de 46.485 vídeos por diferentes razones, como: acoso, contenido inapropiado, bulos, etc. A estos datos también hay que sumar las reclamaciones o strikes que reciben ciertos vídeos por infracciones de derechos de autor.

Es en este punto donde quería centrarme. Cuando YouTube amonesta un vídeo, el creador recibe una notificación indicando que se le ha bloqueado el contenido, el motivo y las instrucciones para recuperarlo que, normalmente, consiste en eliminar el fragmento penalizado. Por tanto, el contenido ya está alterando y deja de ser el mismo vídeo.

También sabemos que el uso de determinadas palabras consideradas tabú en YouTube pueden provocar restricciones, desmonetizaciones e incluso la eliminación del propio vídeo o emisiones en directo; por tanto, el contenido puede desaparecer inmediatamente de la plataforma y dejar de ser accesible al público. Palabras, como: vacuna, covid, suicidio…

Esto plantea otra cuestión: ¿deberían considerarse los tweets, reels, posts, vídeos, etc. patrimonio cultural? En caso afirmativo, ¿quién debería asumir la responsabilidad de descargar, catalogar y preservar ese contenido? ¿Las propias plataformas? ¿Los bibliotecarios? La tarea es peliaguda, pues no es simplemente descargarse el vídeo. Además, surge otra cuestión legal: ¿a quién pertenecen esos datos, al creador o a la plataforma? Aunque dispusiéramos de la tecnología para almacenar todo este contenido, legalmente no podríamos descargar y redistribuir todos los vídeos, ya que están protegidos por los derechos de autor. ¿Qué vídeos deberían preservarse? ¿Los de carácter institucional? ¿Los de carácter académico? ¿Todos?

Como consumidora de YouTube, tengo que decir que últimamente se está incorporando la inteligencia artificial para realizar ciertas tareas y esto está provocando errores, por ejemplo, en el recuento de espectadores, en los “me gusta”, en las suscripciones, etc. Ante estos cambios me pregunto, ¿hasta qué punto la IA o los cambios introducidos en las plataformas pueden influir en la eliminación de contenido y en su permanencia?

Para finalizar este post, tengo que decir que estas dudas posiblemente se disipen en los próximos años con la evolución de la tecnología y la aprobación de leyes relacionadas con el patrimonio digital. Sin embargo, el principal reto será decidir qué se preservará y cómo se gestionará el creciente volumen de información. La preservación de este patrimonio comporta retos ambientales y de infraestructura. Recordemos que los centros de datos y de redes de comunicación requieren dos bienes muy preciados: agua y terreno (suelo); así como energía y refrigeración, elementos que también tienen un impacto ambiental.

Tal y como señala la empresa Iberdrola:

Por su parte, visualizar 30 minutos de vídeo en Youtube emitiría aproximadamente 3 gramos de CO2 y la transmisión de un programa de una hora en Netflix liberaría de 56 a 114 gramos de CO2.

Espero que os haya gustado esta reflexión y dejadme en comentarios qué pensáis al respecto. ¡Nos vemos en el siguiente post!

 

Ester Angulo

Colaboradora en BiblogTecarios Bibliotecaria con ganas de descubrir más sobre la biblioteconomía y documentación. Apasionada de las redes sociales e Internet. Esperando ver una revolución.

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