Apocalipsis documental: El uso de información pseudocientífica

Apocalipsis documental: El uso de información pseudocientífica

Sí, lo reconozco, a veces he visto Cuarto Milenio … Generalmente, los días que lo he visto ha sido porque trataba algún tema relacionado con el libro o la historia, pero eso sí, con su particular visión de la ciencia (o mejor dicho, pseudociencia), generalmente relacionada con conspiraciones planetarias y demás elementos de suspense que agregan al espacio un elemento entre misterioso y cómico. Desde luego, no me negaréis que en ocasiones entretiene… Sin embargo, el programa encierra un elemento algo confuso, al menos, desde el punto de vista de un documentalista. Os comento:

Luna llena

Luna llena

Hace pocos días me quedé levantado -aunque a veces se me cerraban los ojos- dispuesto a descubrir desde este programa un nuevo misterio sin resolver sobre un cometa y los efectos que ese y otros astros podrían tener sobre la tierra. Apasionante tema, sí señor, pero como casi siempre, sin ninguna base científica, por supuesto. Bueno, pensé, a ver qué cuentan…

En la mesa, además de nuestro querido capitán de la nave del misterio se encontraban dos personas: una de ellas, director de una revista de corte “paranormal” por definirla de alguna manera; el otro, un científico y televisivo personaje que, de televisión en televisión, se dedica a dar la batalla a toda clase de agoreros, iluminados y demás gentecilla del mundo paranormal que tanto abunda por nuestra televisión.

Pues veréis, resulta que estos señores estaban discutiendo sobre el influjo que tenían los astros, e incluso un pequeño asteroide, sobre la tierra (en particular sobre el clima) cuando uno de ellos, por lógica el más osado y rey de las teorías apocalípticas, hizo una afirmación que me pareció curiosa. Dijo más o menos:

“Esto no me lo invento, esto está contrastado y es ciencia porque lo publicó tal científico en tal revista científica”.

Y fue ahí cuando mi querido amigo dejó de tener (si es que alguna vez lo había tenido) algún tipo de argumento válido en su explicación.

Y es que la valoración de las fuentes de información no es baladí. De lo que no se estaba dando cuenta es de que en la ciencia no vale todo, que el conocimiento acumulativo de la ciencia está basado en fuentes fiables y contrastadas, que una revista de “vaya usted a saber qué” universidad no cuenta con el misma reputación ni publica con los mismos estándares de calidad que otras revistas de prestigio. Entonces, ¿cuál es el peso que puede tener un artículo científico de un investigador, digamos, poco reconocido, que aporta un trabajo muy discutible y con fuentes poco contratadas? Pues la respuesta es bastante clara: Muy poco o nada. Algo que este invitado no tuvo en cuenta a la hora de poner nombre y apellidos a su fuente (por cierto, sorprende también que fuera solo una fuente y no muchas fuentes en las que basar sus argumentos, qué cosas…).

Evaluar y distinguir la calidad de las fuentes de información para poder hacer uso posterior de la misma, bien sea en una investigación, en un trabajo universitario o en un programa televisivo en que se va a defender una determinada idea científica, debe de jugar un papel más importante que el papel que le había asignado este contertulio, pensando que la simple publicación de un profesor en una revista va unido a una idea de calidad de información (sin importar trayectoria del docente, la trayectoria de la revista, ni las citas o el impacto que haya podido tener dicho trabajo en la comunidad internacional, además de los trabajos previos en los que pudiera estar basado dicho estudio), una equiparación totalmente errónea.

Pero, ¿cuál pudo ser el fallo que indujo a pensar que ese estudio sería válido? Pues no os puedo contestar con seguridad, pero me atrevería a decir que internet tiene mucha culpa de este tipo de errores de bulto, y más concretamente, Google. La facilidad con la que se puede buscar información (que no encontrarla) es uno de los motivos por los que alguien puede llegar a pensar que desde Google puede acceder a toda la información, y como consecuencia, dar con determinada publicación a través de la red que, sin ningún tipo de contrastación ni de peso en el ámbito científico, pueda hacer creer al osado tertuliano televisivo que aquel artículo supone un nuevo hito en la investigación mundial, cuando en realidad es un artículo marginado dentro de la comunidad científica. Es posible que se acceda a mucha información a través de buscadores como Google, pero nadie puede garantizar la veracidad, la idoneidad, ni la calidad, de los documentos que podamos encontrar a través de ellos, como sí lo hacen las bases de datos y las revistas científicas de renombre que cuentan con fuertes controles de calidad, o como lo hacemos los bibliotecarios o documentalistas encargados de filtrar ese tipo de información y ofrecer al usuario una información pertinente y de calidad para sus investigaciones.

Nos encontramos en una época peligrosa para la información, pues es tan abundante y tan sencilla su difusión que la calidad se pierde entre una inmensidad de bits. El criterio que acaba imponiéndose en las búsquedas es la posición en tal o cual buscador y no la calidad y veracidad de la información que hay detrás de la publicación, dejando al mismo nivel una publicación de un fulano vidente o una investigación seria que tras diez o veinte años es dada a conocer a la comunidad internacional. En fin, una auténtica locura.

Sin duda, programas de televisión como este, pueden ofrecer una visión deformada de la realidad científica y del trabajo de los investigadores que hay detrás, y el espectador debe tener presente siempre hasta qué punto una determinada información ofrecida desde determinados ámbitos debe ser tenida en cuenta o ser considerada verdadera. Pero más peligroso todavía es pensar que Google u otros buscadores, o herramientas tecnológicas de información general, pueden discernir la calidad de la información que indexan y que ponderan, de forma que uno debe tener la capacidad crítica suficiente para diferenciar unos contenidos de otros. Y para los que no puedan hacerlo, bueno, siempre tendrán a su bibliotecario cerca, ¿no?

Y vosotros, ¿Qué opináis del tema?

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Victor Villapalos

Director Gerente at SEDIC
Mi bitácora pretende ser un punto de encuentro para estudiantes y profesionales del sector y, por supuesto, para todos aquellos interesados en este ámbito del conocimiento. Desde esta pequeña ventana asomarán pensamientos y reflexiones sobre todos aquellos temas que, relacionados con la Biblioteconomía y la Documentación, merezcan una buena pincelada de bits. Estáis invitados a participar activamente en él con vuestros comentarios y/o sugerencias. Podéis conocer más sobre mi en www.victorvillapalos.es

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