¿Somos prescriptores? Las bibliotecas como intermediarias en la era digital - BiblogTecarios

¿Somos prescriptores? Las bibliotecas como intermediarias en la era digital

Planteo la pregunta tras la lectura de la crónica de una reciente mesa de debate celebrada en el marco de la pasada 73ª Feria del Libro de Madrid. El acto en cuestión estuvo organizado por Babelia.com, y el formato, un coloquio en torno a estas preguntas: ¿crítico, bloguero, tuitero o librero? ¿Quién es el prescriptor cultural en la era digital? Entre los convocados, críticos, periodistas y libreros, pero ni rastro de bibliotecarios. Esta ausencia me causó extrañeza y me llevó a pensar si  realmente es tan ajena la biblioteca a este cometido en la era digital. A tenor de lo que se desprende de casos como este, para ciertos medios culturales, ciertamente, la biblioteca parece no tener mucho que decir como mediadora y prescriptora de lecturas. A pesar de ello, la tarea de recomendación y orientación en materia de lectura es una de las constantes más marcadas en las funciones de la biblioteca y de las labores más valoradas y demandadas por los usuarios.

Lectoras de la Biblioteca de Muskiz recomiendan en Pinterest

Lectoras de la Biblioteca de Muskiz recomiendan en Pinterest

Cierto es que el ámbito de alcance de la acción de la biblioteca es el que es, pero también lo es que no resulta nada desdeñable el porcentaje de la población española usuaria de la biblioteca, que según datos de 2013 se situó en el 43,6%, en claro ascenso desde el 39,2% registrado en 2010. Así, tres de cada siete españoles disponen de carné de usuario de una biblioteca, lo que supone en cifras, que en torno a las bibliotecas públicas se mueve un total de 20,38 millones de personas (16,32 millones de adultos y 4,06 millones de niños). No quiero plantear la anécdota de partida para hacer un mero canto laudatorio de la biblioteca, sino que el caso puede ser una buena excusa para revisar cómo la biblioteca está ejerciendo este papel y repensar los planteamientos de los que partimos, las estrategias que definimos y las fórmulas que implementamos de cara a valorar si tienen validez o no en el contexto actual en el que se mueve el lector.

En la tertulia abierta en Lectyo como complemento a la tercera jornada de las Conversaciones líquidas entre editores y bibliotecarios celebrada días pasados, el profesor José Antonio Cordón plantea en torno a esta cuestión una serie de interrogantes respecto a los cuales sería conveniente reflexionar seriamente. Cordón nos invita en su intervención a plantearnos cómo se desarrolla esta labor de asesoramiento y recomendación de lecturas en la biblioteca, qué alcance tiene, a conocer su impacto y a valorar la adecuación de esta acción al entorno digital, para lo que formula estas preguntas: “¿Cómo se prescribe? ¿Qué metodología se desarrolla? ¿Con qué resultados? ¿Se contemplan los nuevos sistemas de prescripción por parte de editores y bibliotecas? ¿Se trabaja suficientemente con los metadatos? ¿Cuál es el nuevo rol de intermediario en un contexto digital?” Rescato a un primer plano estas consideraciones porque una de las funciones tradicionales de la biblioteca es, sin duda, el asesoramiento y la ayuda al lector a la hora de escoger lecturas, tanto de carácter informativo como de ficción. En mi experiencia con público adulto, con niños y jóvenes y con mediadores, padres, docentes y otros bibliotecarios así ha sido así y el grado de confianza hacia las recomendaciones de la biblioteca siempre lo he percibido como alto entre sus usuarios directos. Pero no podemos olvidar, sin duda, las limitaciones de alcance e impacto en el conjunto de la sociedad que tienen nuestras acciones, que en la mayoría de los casos se reducen a los círculos de usuarios y lectores más próximos a la biblioteca.

Tablones Pinteres de la biblioteca de Concentaina

Tablones Pinteres de la biblioteca de Concentaina

Las cuestiones sobre las que Cordón llama la atención resultan pertinentes para no perder esa tradición de la biblioteca como orientadora de lecturas, tomar posiciones en el nuevo contexto y abrir nuevas vías de relación con los lectores, de tú a tú y de forma colectiva, explorando canales y formatos de comunicación efectivos. Y desde luego, si la biblioteca quiere seguir ejerciendo este papel en el contexto digital tiene que echar mano a todo un conjunto de datos y herramientas para desplegar estrategias acordes a los modos y maneras en los que los lectores establecen sus relaciones en el presente, intercambian sus opiniones y comentarios y transmiten sus gustos y preferencias. El modelo que se construye hoy de biblioteca pública es claramente deudor del tradicional, no surge de la nada sino que es producto de una evolución que traza una línea de continuidad sobre la esencia de los servicios bibliotecarios públicos, pero en el tema que nos ocupa como en otros aspectos, es preciso plantearnos dónde está la biblioteca actualmente y dónde queremos que esté de cara a conseguir situarnos en una posición cercana al usuario. Sólo desde esa proximidad podremos ejercer de manera eficaz esa tarea de sugerir, recomendar y facilitar el acceso a informaciones y lecturasConversacionesLiquidas14. Como apuntaba Javier Valbuena en la Jornada Biblioteca Digital que organizó E-Lectra el pasado abril, “el papel primordial de la biblioteca es diseñar interacciones para generar conversaciones”. Comparto esa idea de sentarse junto al lector, codo a codo y sin mostradores por medio, en abierta charla y propiciando la comunicación, entre los propios lectores y entre ellos y la biblioteca. Es una idea que Valbuena también destaca en una reciente entrevista en el Norte de Castilla en la que sostiene que “hay que aprovechar la posibilidad que el lector tiene de interaccionar con el texto (compartiéndolo en redes sociales, por ejemplo) así como la posibilidad que las aplicaciones y lugares de lectura social ofrecen para conversar con otros en diferentes escenarios, tanto físicos como virtuales.” Además, la redefinición de funciones, cambios en los procesos y revisión de procedimientos en las bibliotecas, librerías y editoriales genera una especial atmósfera, difumina las lindes entre estos espacios tradicionalmente muy caracterizados y desmonta las relaciones asentadas entre ellos, los esquemas tradicionales se pulverizan, saltan al aire las partículas de estos agentes culturales y en ese ir y venir por el aire se entremezclan, funden y confunden.

Este “revuelo de partículas” es propicio a la simbiosis, como ponen de manifiesto las nuevas relaciones que se establecen entre estos sectores, como queda patente en las crónicas de las jornadas de Conversaciones líquidas, segundas entre libreros, y terceras entre editores y bibliotecarios organizadas por la Fundación Germán Sánchez Ruipérez y la Junta de Castilla y León.

También a través de documentos como Prospectiva 2020, elaborado a instancias del Consejo de Cooperación bibliotecaria, se perfila el futuro de una biblioteca ágora, plaza pública propicia para los intercambios y conversaciones, ese tercer lugar entre los espacios familiar y laboral. La biblioteca se configura así como eje vertebrador de Servicios bibliotecarios para el s.XXIsu comunidad, espacio de participación ciudadana y creación en el que compartir y experimentar. En la misma onda, se manifiestan los expertos convocados para redactar el informe Liburuklik: Servicios bibliotecarios para el siglo XXI, en el que se resalta que en el futuro “el valor de las bibliotecas no será tanto facilitar el acceso a materiales como seleccionar, orientar y poner en valor materiales de calidad.”. En ese sentido, pronostican el incremento de las actividades en torno a la lectura en nuestras bibliotecas, y se mencionan de manera especial las actividades colectivas y de lectura compartida, así como las iniciativas de orientación o asesoramiento sobre lecturas, para las que se reclaman fórmulas que superen las guías de lectura tradicionales.

No quiero cerrar esta reflexión sin traer a colación una muestra de esas nuevas formas de sugerir y recomendar lecturas, ejemplos que ponen de manifiesto cómo la biblioteca se reinventa, se acerca a los lectores y abre nuevas vías de participación a sus usuarios. Como los tablones en Pinterest desde los que invita a leer la Biblioteca de Cocentaina o desde los que directamente recomiendan las lectoras de la Biblioteca de Muskiz; las vídeorecomendaciones en el entorno de la biblioteca escolar de profesores como Francesc o alumnos como Marco; o las Fotorrecomendaciones de stiu de las Bibliotecas de Barcelona. Ejemplos todos de cómo la biblioteca busca su lugar en el nuevo contexto para seguir compartiendo con los lectores selecciones de lecturas a través de Guías de múltiples caras, que se mueven entre el papel y los formatos electrónicos legibles en diferentes dispositivos, adaptándose así a todos los bolsillos.

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Luis Miguel Cencerrado

De formación bibliotecario y maestro, entre el ámbito público y privado, la esfera real y virtual, las bibliotecas infantiles y escolares, la promoción de la lectura, la literatura infantil y juvenil y la crítica, evaluación y selección de materiales de ficción e información para niños y jóvenes.

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