Cuando viajé por primera vez a la ciudad de Nueva York lo que más me enamoró fue la diversidad de sus calles e instituciones. Esa belleza de mirar a tu alrededor y encontrarte con diferentes razas, culturas, acentos y, también, mucho estilo.
Quizás pienses que no se puede esperar menos de un país o una ciudad levantada por inmigrantes – aunque desde que volvió Trump y el ICE campa a sus anchas, se esté viviendo unos momentos de miedo y peligrosidad en Estados Unidos para cualquier persona cuyo acento o apariencia no case con esa que Hollywood diseñó del “estándar americano”. Nunca el inmigrante del sur global lo ha tenido fácil en sus destinos migratorios, digan lo que digan.
Cuando mi hija nació en la ciudad de Nueva York, automáticamente era americana, con su seguridad social, su pasaporte y todo lo demás. Y pensé en cómo en mi país, España, eso no sucede con los hijos de inmigrantes. Y luego seguí pensando en cómo eso se traduce en el resto de realidades para la comunidad migrante de España. Y automáticamente pensé en cómo impacta esto en las bibliotecas. La maternidad da para pensar mucho, no os creáis tampoco eso del mom brain.
Ius Sanguinis: lo que significa para los hijos de inmigrantes en España
Cuando hablamos de la nacionalidad y de cómo las personas pasan a formar parte de un país, existen diferentes formas de obtenerla. Como decía, en algunos países, como Estados Unidos, basta con nacer en el territorio para ser ciudadano. Esta regla se llama ius soli, que en latín significa “derecho de suelo”. Sin embargo, en España y muchos otros países de Europa, lo que cuenta no es dónde naces, sino de quién eres hijo. Esto se llama ius sanguinis, que significa “derecho de sangre”.
Dicho de otro modo: si tus padres no son españoles, aunque nazcas en España, tampoco serás considerado español de manera automática. Lo que sucede es que heredas la nacionalidad de tus padres. Esto tiene muchas consecuencias para los hijos de inmigrantes, tanto en su vida cotidiana como en cómo se sienten parte (o no) de la sociedad.
¿Por qué importa tanto la ley del ius sanguinis?
Imagina que naciste y creciste en España. Tus amigos del colegio son todos españoles, hablas español perfectamente, y probablemente ni siquiera conoces el país de donde vinieron tus padres. Pero cuando vas a hacer ciertos trámites, como sacar el DNI o viajar fuera de Europa, descubres que para el sistema español, no eres realmente “de aquí”. En lugar de un DNI español, tienes que pedir permisos especiales o renovar papeles extranjeros aunque, insisto, nunca hayas pisado ese país.
Esto puede afectar en tu autopercepción y en cómo te ven los demás. Es como si la sociedad te dijera constantemente: “No eres completamente uno de nosotros”. Esa falta de reconocimiento puede generar una sensación de no pertenencia, afectar a la autoestima y limitarte en tus opciones vitales porque, señoras y señores, si una persona no tiene DNI no puede acceder al trabajo en la administración pública española. Por eso son contados los médicos, policías, bomberos y tachán, tachán: bibliotecarias y biblitecarixs racializados o de orígenes diferentes.
“El 69% de los hijos de inmigrantes no acaban el bachillerato” – explicaba aquí la periodista y autora Lucía Mbomio.
“Personas con NIE, hijas de inmigrantes, pueden acabar siendo expulsadas a un país que no han visto nunca”. – explica aquí Safia El Aadam, autora del libro ‘España ¿Racista?’
La falta de referentes en bibliotecas y otros espacios públicos
Uno de los lugares donde esto se nota mucho es en las bibliotecas. Si piensas en las personas que trabajan allí —bibliotecarios, gestores culturales, organizadores de actividades—, ¿cuántas veces has visto a alguien de otra raza o de diferentes backgrounds? Probablemente muy pocas, si es que alguna vez.
Esto ocurre porque muchas personas nacidas en España, pero que no tienen la nacionalidad española, enfrentan dificultades para acceder a ciertos trabajos públicos. Además, aunque tengan la posibilidad legal, las barreras culturales y sociales también juegan un papel importante. Si desde pequeño no ves a nadie como tú en esos roles, es posible que ni siquiera consideres que podrías trabajar en una biblioteca o en otro espacio cultural.
Foto de Suad Kamardeen[/caption]
¿Por qué necesitamos bibliotecarios racializados?
Tener bibliotecarios y trabajadores culturales de distintos orígenes no es solo una cuestión de diversidad por diversidad. Es algo que tiene un impacto muy real en la comunidad. Cuando los niños y adolescentes ven a personas con historias similares a las suyas en posiciones de liderazgo o en trabajos importantes, se sienten inspirados. Ven que ellos también pueden soñar con esos roles.
Además, como ya sabemos los asiduos a este blog, los bibliotecarios no solo organizan libros: también crean espacios seguros para el aprendizaje, ayudan a descubrir historias y fomentan el pensamiento crítico. Si todas las personas que trabajan en bibliotecas provienen de un mismo contexto, es posible que las bibliotecas pierdan oportunidades para conectar con comunidades diversas y para ofrecer programas que realmente reflejen las necesidades y experiencias de todos, todas y todes.
La identidad y el sentimiento de pertenencia
Crecer en un país donde constantemente se te recuerda que “no eres de aquí” puede afectar profundamente tu identidad. Los hijos de inmigrantes en España a menudo se encuentran en una situación complicada: no se sienten completamente parte del país de sus padres, pero tampoco se sienten totalmente aceptados en España. Esto puede llevar a una sensación de “no tener un lugar”.
Las bibliotecas podrían ser ese lugar seguro, donde cualquier persona, sin importar su origen, se sienta bienvenida y representada. Pero para que eso ocurra, es fundamental que también reflejen la diversidad de la sociedad en su personal y en las actividades que ofrecen.
¿Qué podemos hacer para cambiar esto?
- Cambiar las leyes: Exigir revisar las leyes de nacionalidad para hacer que sea más fácil para los hijos de inmigrantes obtener la ciudadanía española.
- Fomentar la contratación inclusiva: Asegurar que las bibliotecas y otros espacios culturales busquen activamente contratar a personas de orígenes diversos.
- Crear programas para la comunidad: Diseñar actividades que celebren la diversidad cultural y fomenten el diálogo entre distintas comunidades.
- Visibilizar referentes: Dar visibilidad a profesionales racializados que ya trabajan en bibliotecas y espacios culturales para inspirar a otros.
- Seguir indagando sobre este tema y comentándolo con tu gente. Dar la chapa es importante también.
Acabo el post con esta idea: a pertenecer también se aprende. Y a veces basta con encontrar a alguien que se parezca a ti para empezar a pensar: yo también puedo estar aquí.
Gracias por haber llegado hasta aquí. Déjame un comentario contándome tu opinión o reflexión al respecto.
