La locura de la lectura

La lectura es mi enajenación mental favorita.

Así es como he pensado que es mejor comenzar este post, con una confesión que deja en evidencia hasta dónde puede llegar un texto que leamos o que nos lean, qué es lo que puede provocar en nosotros. Hace tiempo que vengo pensando en escribir sobre la locura de la lectura y en estas estamos.

En mi familia (y por desgracia), se ha tenido que lidiar con trastornos mentales y problemas emocionales que han marcado de una u otra manera las rutinas diarias y otro tipo de decisiones más trascendentales, quizás por eso la inquietud personal de escribir sobre ello.

Me pregunto cuántos de quienes estáis leyendo este texto os consideráis, lo que se dice, cuerdos. Si es así, perdonadme que piense que sois unos atrevidos. ¡Locos son aquellos que se consideran cuerdos! Creo que, tal y como están las cosas actualmente, cualquier persona está más cerca de acabar en un centro de salud mental que en un centro penitenciario.

Si buscáis en cualquier navegador terminologías del tipo: lecturas que curan, biblioterapia, bibliosalud, bibliomecum, farmacia literaria, lecturas de cuidado, lecturas saludables, recetas literarias, etc., encontrareis una batería de recursos, tanto bibliográficos, como de dinámicas e iniciativas que procuran una mejora del bienestar de personas con problemas de salud mental a través de la lectura.

El término biblioterapia no existe como tal en el Diccionario de la Real Academia Española (RAE), pero para andar por casa, podríamos definirla como el uso de la lectura con fines terapéuticos. El proyecto Biblioterapia. Lecturas saludables, que depende del Servizo Galego de Saúde y en el que colabora la Red de Bibliotecas de Galicia, expone que:

tener el acceso a los libros recomendados puede ayudar a pacientes y familiares a entender mejor y afrontar los problemas de salud, así como a mejorar su bienestar.”

Creo que es importante tener en cuenta que trastorno mental y discapacidad no son términos que vayan siempre de la mano, pero sí que hay casos en los que sabemos que estos problemas pueden ser incapacitantes y afectar en gran media al desarrollo de la vida diaria, laboral o social.

En lo que a nuestro trabajo se refiere, la atención a personas usuarias de bibliotecas con discapacidad psiquiátrica o psicológica requiere un enfoque inclusivo basado en la accesibilidad cognitiva, la empatía y la no estigmatización. Las personas que padecen trastornos mentales son tratadas muchas veces como víctimas y culpables a la vez, e incluso estar consideradas como violentas cuando esto se da en el menor de los casos. Por lo tanto, es fundamental concienciarnos y tratar de liberarnos de ciertos esquemas o estigmas que pueden entorpecer nuestro trato y prestación de servicios hacia ellas.

Como profesionales de bibliotecas, puede generarnos cierta inseguridad atender a estas personas. En el año 2008, el Consejo de Cooperación Bibliotecaria (CCB) redactó una serie de consejos sobre cómo recibir en la biblioteca a personas con algún tipo de discapacidad y, en el punto 4 de este documento recomienda no tratarlos con condescendencia, compasión ni sobreprotección. Relacionarnos con ellas de forma natural, amable y respetuosa. Conviene un enfoque inclusivo basado en la accesibilidad cognitiva, la empatía y la no estigmatización.

En este sentido, Mariela Ferrada Cubillos en su artículo “Usuarios de bibliotecas con discapacidad psiquiátrica” apunta que es necesario convertir la biblioteca en un espacio seguro y de apoyo, eliminando barreras sociales para las personas con trastornos mentales. En su estudio, también nos da pautas específicas sobre la manera más adecuada de comunicarnos con personas con trastornos mentales o discapacidades psiquiátricas. No viene mal traer estos consejos a colación. 

A finales del año 2024, dentro del programa del X Encuentro Cultura y Ciudadanía celebrado en Santiago de Compostela, asistí a una visita guiada al monumental Hospital Psiquiátrico de Conxo, inaugurado en 1885. Además de aprender sobre su historia y patrimonio, también nos explicaron que a principios del S.XX el llamado manicomio era publicitado como estancia de lujo y relax, y a él acudían familias adineradas de toda Europa. En la otra cara de la moneda, además de tratar a personas con trastornos mentales (divididas según la clase social), en este hospital también “escondían” a mujeres solteras embarazadas, personas alcohólicas o jóvenes contestatarias (cabe puntualizar, que ser contestataria en aquel momento podía ser querer usar pantalón en vez de falda).

Pues en este contexto de sobrecogimiento, se organizó una actividad comisariada por la Fundación Uxío Novoneyra. Una lectura pública en la imponente escalinata principal del hospital, en concreto, un recital poético donde tuvimos el privilegio de escuchar a Chus Pato, Yolanda Castaño (dos gallegas con el Premio Nacional de Poesía, digámoslo) y el tan querido Manolo Rivas. Entre quienes estábamos allí había también pacientes del hospital. No os negaré que incluso estando familiarizada con trastornos como la esquizofrenia (y quizás también por eso), tuve cierto recelo.

Desde fuera, todo se desarrolló con absoluta normalidad, pero en mi interior se agolparon infinidad emociones, cada cual más contradictoria que la anterior, que nada tenían que ver con algo ordinario. Diría que la que más se apoderó de mí fue la vergüenza, vergüenza por haber estigmatizado injustificadamente a los pacientes del hospital.

Escalinata del Hospital Psiquiátrico de Conxo ambientada para la lectura pública
Escalinata del Hospital Psiquiátrico de Conxo ambientada para la lectura pública

La lectura en voz alta provocó atención, silencio, cobijo, y diría que paz y refugio para las mentes que estábamos allí. Pero por encima de todo, creó vínculos emocionales: sorpresa, risa, miradas cómplices entre el público, admiración, llanto… Y para mayor apogeo emocional, en este hospital también se organizan sesiones en las que se utiliza la lectura como herramienta de transformación y acompañamiento. Se denomina Lecturas de coidado y es iniciativa de la ya antes mencionada Fundación Uxío Novoneyra.

Desde luego, no cabe duda de que la lectura es una prodigiosa enajenación mental.

Dijo Concepción Arenal que “para la sociedad, lo que importa no es que haya locos, es que no los vean”, así que ojalá esta publicación sirva para todo lo contrario, para sensibilizar a quien no lo esté sobre cómo desde la biblioteca podemos ofrecerles herramientas, servicios, espacio y toda la visibilidad que necesiten. Y como consecuencia, estimular una mejora psicosocial en las personas con problemas de salud mental. ¡Podemos mejorar su calidad de vida acercando y fomentando el uso de nuestros servicios!

Para terminar, y un poco a modo de colofón os dejo un fragmento del poema Un loco, de Antonio Machado:

No fue por una trágica amargura

esta alma errante, desgajada y rota;

purga un pecado ajeno: la cordura,

la terrible cordura del idiota.

Fátima Canosa

Colaboradora en BiblogTecarios. Diplomada en Biblioteconomía y Licenciada en Documentación por la Universidade da Coruña (UDC). Desde el año 2016 coordino el servicio de bibliotecas municipales de Narón. He trabajado en bibliotecas públicas y de centros educativos desde hace casi 20 años. También en bibliotecas especializadas de museos y como digitalizadora.

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