En una entrada previa presentábamos la Guía práctica para el uso reflexivo y análisis de herramientas de Inteligencia Artificial en bibliotecas públicas y comunitarias, publicada recientemente por Iberbibliotecas. En ella se exponían los fundamentos teóricos de la IA y se mostraba cómo las diferentes aplicaciones no son neutras, pues en función de cómo hayan sido entrenadas incorporan determinados sesgos que son un fiel reflejo de las sociedades en las que se desarrollan. En este post, continuaremos con el análisis de la Guía y del contenido recogido en el resto de los capítulos, relacionado más directamente con el papel que puede desempeñar la IA en el ámbito bibliotecario.
Capítulo 3. Herramientas de IA para bibliotecas: búsqueda, uso y reflexión crítica
En este capítulo, los autores alertan de que, antes de elegir cualquier herramienta de IA para incorporarla en las bibliotecas, es preciso detenerse y reflexionar. La elección de una aplicación u otra conlleva la aceptación o no de ciertos postulados, pues «toda decisión tecnológica implica impactos éticos, culturales y ambientales que deben analizarse y deliberarse de manera colectiva» (p. 41). Esto es así porque, como ya se dijo en la entrada anterior, las empresas que desarrollan estas herramientas las han entrenado con una serie de datos que replican y perpetúan los rasgos –sesgos– de las sociedades en las que se insertan.
Ante esta situación, es preciso no solo aprender a usar las herramientas de IA, sino también construir criterios que nos permitan seleccionarlas en función de nuestras necesidades, evaluarlas y decidir sobre su uso y limitaciones. Con este objetivo, el capítulo se centra en cómo identificar estas aplicaciones y cómo evaluarlas.
En primer lugar, los autores proponen el uso de diferentes directorios especializados como es el caso, por ejemplo, de Aplicaciones.AI o AI Findy, además de otros recursos especializados como foros y comunidades en línea (redes sociales, grupos bibliotecarios, Reddit, Stack Overflow, etc.). A partir de estas fuentes, recopilan hasta 10 herramientas de IA (algunas de ellas son Napkin, POE, Notebook LM, ChatGPT, Gemini o Perplexity), incluyendo aspectos como el nombre de la aplicación, sus principales funcionalidades, los posibles usos en al ámbito bibliotecario y el enlace a través del cual se accede a la herramienta.

Herramientas de IA. Fuente: Guía
En segundo lugar, para evaluar las diferentes herramientas, los autores proponen cinco pasos que guían la reflexión sobre la adopción de estas aplicaciones, pues su uso debería responder a las necesidades de las bibliotecas y estar alineado con sus valores. Concretamente, estos pasos son:
- Investigación del origen y la intención de la tecnología.
- Rechazo y descarte.
- Direccionamiento y consagración.
- Manejo consciente y práctica.
- Evaluación continua y servicio comunal «sostener la armonía».

Paso para reflexionar sobre la adopción de herramientas de IA. Fuente: Guía
Por último, en este capítulo los autores recopilan algunos pros y contras de la integración de la IA en las bibliotecas, aspecto que se desarrolla más detalladamente en el capítulo 5. Entre las ventajas destacan la ganancia en la eficacia de los procesos rutinarios, la mejora en el acceso al conocimiento o la renovación de la vida cultura. Entre los riesgos mencionan la posible deshumanización del trabajo bibliotecario, los riesgos culturales y sociales derivados de la dependencia de estas herramientas, la brecha digital o los problemas relacionadas con la sostenibilidad.
Capítulo 4. Interacción con la IA: pensamiento algorítmico e ingeniería de instrucciones
En este capítulo, los autores exploran el funcionamiento de los modelos de lenguaje y las estrategias que se pueden utilizar para dialogar con ellos a través de la ingeniería de instrucciones (prompt engineering). Todo ello con el fin de integrar estas herramientas en las prácticas bibliotecarias. En este sentido, parten de la premisa de que las herramientas de IA
Aunque a veces parezca que razonan o tienen opiniones, en realidad no comprenden el significado de lo que escriben ni sienten nada al respecto. Su habilidad consiste en haber leído millones de textos para aprender qué palabras suelen ir juntas. Básicamente, funcionan prediciendo, pieza por pieza, cuál es la palabra que mejor encaja a continuación de la anterior según lo que han visto en su entrenamiento, imitando patrones humanos sin entender realmente el mundo real detrás de esas palabras. (p. 57)
A partir de aquí, reconocen que hay una gran diversidad de estrategias para interactuar con las herramientas, pero los autores plantean una basada en la siguiente estructura: «quién», «qué» y «cómo» (p. 61):
- Quién: desde qué rol o mirada quieres que la IA hable (como bibliotecaria comunitaria, como promotora cultural, como docente rural).
- Qué: qué necesitas exactamente (una invitación, una actividad, una descripción breve).
- Cómo: con qué tono o estilo (en lenguaje claro, con tono motivador, en formato de lista corta).
Además de estas cuestiones, los autores recuerdan que es posible ayudar a la herramienta de IA para obtener respuestas que se adapten a nuestras necesidades. Para ello, podemos retroalimentar la conversación, incorporar nueva información o adjuntar documentos, etc. Asimismo, para obtener mejores respuestas, podemos dividir una tarea compleja en otras mucho más pequeñas, lo que permite obtener resultados más precisos.
Por último, cabe destacar que todo el contenido de este capítulo tiene un carácter eminentemente práctico y está acompañado de numerosos ejemplos que ayudan al lector no solo a comprender los aspectos teóricos, sino también a mejorar la implementación de estas tecnologías a partir de los distintos casos prácticos recogidos.
Capítulo 5. Integración de la IA en los servicios bibliotecarios
Tras explicar cómo interactuar con las herramientas de IA en el capítulo anterior, los autores proponen un recorrido práctico y reflexivo por sus usos, límites y posibilidades en las bibliotecas. Para ello, distinguen entre los usos de la IA orientados al funcionamiento interno de la institución y aquellos que están pensados en la prestación de servicios a las personas usuarias.
Ámbito interno
Entre las aplicaciones de la IA para procesos internos, los autores proponen algunos usos como los siguientes: la indexación de documentos, la detección y eliminación de duplicados en los catálogos y las bases de datos, la catalogación automatizada, la identificación de documentos con una mayor demanda, el análisis de franjas horarias con mayor asistencia, el diseño de actividades, la planificación de adquisiciones, etc. No obstante, defienden que nunca hay que perder de vista el componente humano, que es el único capaz de corregir posibles errores.
Ámbito público
En cuanto al ámbito público, es decir, aquellas acciones que permiten prestar servicios a nuestras personas usuarias, plantean la creación de asistentes virtuales o chatbots, la recomendación personalizada de nuevas lecturas, la mejora en las búsquedas o la creación de experiencias culturales como exposiciones virtuales o clubes de lectura asistidos por IA. Asimismo, recuerdan que estas herramientas pueden contribuir a mejorar la accesibilidad en las bibliotecas, ya que permiten, por ejemplo, realizar transcripciones automáticas o generar lectura en voz alta.
Una vez presentadas estas propuestas, los autores recopilan algunas experiencias relacionadas con estas aplicaciones de la IA en diferentes bibliotecas de Iberoamérica (p. 89-91):

Algunos ejemplos de la aplicación de IA en bibliotecas. Fuente: Guía
Capítulo 6. Más allá de la IA: hacia un uso crítico y responsable de la tecnología
Por último, en el capítulo final los autores reflexionan sobre el uso que podemos hacer de esta tecnología. Para ello, insisten en situar siempre a las personas en el centro del debate, defendiendo que la IA es solo una herramienta más, pero que hay que saberla utilizar con criterio y sentido crítico. Es decir, proponen un uso consciente y con sentido común de ella. En este sentido, las bibliotecas son un espacio para garantizar esta realidad, pues
no solo brindan acceso a la información, sino que siguen siendo espacios insustituibles de encuentro humano, conversación y cuidado. (p. 94)
En definitiva, la Guía es documento imprescindible, no solo para aquellos que quieren introducirse en la integración de las aplicaciones de la IA en sus bibliotecas, sino también para aquellos que ya lo hacen. Como bien alertan los autores, en muchas ocasiones la propia presión tecnológica y los continuos avances nos inducen a utilizar la tecnología sin ningún tipo de reflexión previa, con todos los riesgos que ello conlleva. Frente esta lógica de velocidad y aceleración, proponen calma y sosiego en el uso de la IA: hay que pensar para qué se va a utilizar y conocer sus implicaciones. En resumen, como bien indican los autores,
En nuestras bibliotecas, la relación con la Inteligencia Artificial no puede quedarse en el asombro ni en el miedo: hay que entender de qué está hecha, cómo funciona y qué efectos tiene en la vida cotidiana. Las bibliotecas públicas y comunitarias pueden ser lugares donde la gente aprenda a mirar la tecnología sin reverencia, pero también sin desconfianza ciega. Para eso, necesitamos comprender las herramientas de IA desde sus conceptos básicos, saber usarlas con criterio y reconocer los riesgos que traen, junto con las estrategias para enfrentarlos. No se trata de competir con las máquinas, sino de usarlas para fortalecer lo que ya sabemos hacer bien como comunidades: compartir conocimiento, resolver problemas, cuidar lo común. El reto no es solo técnico, sino político y ético: que la IA no se convierta en una nueva forma de dependencia, sino en una herramienta al servicio de la autonomía, la cooperación y la dignidad de las personas. Esta guía busca ser un aporte para eso. (p. 27)
