Celebrando los 15 años de BiblogTecarios
Hace unas semanas, recibí una llamada bastante curiosa en la biblioteca donde trabajo. Una mujer se presentó como parte de un programa de radio y me pidió que participara en su emisión de esa misma tarde. Buscaban a una bibliotecaria (o bibliotecario) para que compartiera anécdotas divertidas que hubieran ocurrido en nuestra biblioteca. Al mostrar mi sorpresa, me explicó el motivo de la llamada: recientemente se había publicado la historia de una biblioteca que había recibido un libro prestado… ¡más de 50 años después! (Puedes leer la noticia aquí).
El objetivo de la llamada era conocer más historias curiosas como esa, y aunque al principio me quedé en blanco, después de hablar con mis compañeras de trabajo, empezamos a recordar algunas anécdotas recientes. Y, sin pensarlo demasiado, comencé a contarle a la periodista las historias que nos habían sucedido.
Las anécdotas

Curiosamente, no mucho antes de la llamada, recibimos un paquete de correos en la biblioteca. Lo único que coincidía con nuestra dirección era el código postal. Le comentamos al repartidor que no era para nosotros, ya que no estaba dirigido específicamente a la biblioteca, pero, al ver que parecía ser un libro, insistió para que nos lo quedáramos. Así que iniciamos una pequeña investigación en la biblioteca: buscamos los nombres del remitente y destinatario en el paquete, y después de unos intentos, dimos con la persona a través de LinkedIn. Nos confirmó que el paquete era suyo, pero no entendía cómo había llegado a nuestra biblioteca. Una semana después, el repartidor nos informó que otros paquetes del mismo remitente habían llegado erróneamente a diversos lugares.
Por si os queda la duda, sí, el paquete llegó finalmente a su destinatario, quien nos agradeció el esfuerzo.
Tengo una compañera que lleva un par de años trabajando en la biblioteca, aunque, como historiadora, ya conocía bien el mundo de los libros. Lo que le sorprende constantemente son las tareas de investigación que realizamos para localizar libros perdidos, resolver casos de préstamos que los usuarios aseguran no haber realizado, y corregir errores diversos. De forma medio en broma, me dice que podríamos montar una agencia de detectives privados.
Una anécdota realmente sorprendente ocurrió hace algunos años, cuando trabajaba en otra biblioteca. En esa ocasión, la policía se presentó solicitando acceso a nuestras cámaras de seguridad. Estaban investigando a un sospechoso y tenían indicios de que había pasado por delante de la biblioteca. Pasaron toda la tarde en el mostrador de préstamo revisando las grabaciones.
Es evidente que el trabajo en bibliotecas no siempre es como la gente imagina: un lugar tranquilo y aburrido donde el personal pasa el día leyendo y en completo silencio.
Hace unos meses, en una biblioteca de la ciudad de L’Hospitalet, se hizo viral una publicación en sus redes sociales. Habían recibido un libro después de su fecha de vencimiento, aunque no tantos años después, como en el caso que mencioné antes. El libro venía acompañado de una nota escrita por una niña, quien se sentía avergonzada por no haberlo devuelto a tiempo. Este tipo de situaciones no es tan común, ya que la mayoría de los usuarios devuelven los libros a tiempo o con unos días de retraso. Si no lo hacen, generalmente no regresan a esa biblioteca… (Puedes leer la historia completa aquí: La Vanguardia).
Reflexión final
Después de contarle todas estas anécdotas a la periodista, estuvo un buen rato riendo con las historias que le expliqué. Sin embargo, al final me comentó que lo que realmente buscaban eran títulos de libros que la gente hubiera devuelto mucho después de la fecha de préstamo, o que nunca habían sido devueltos. Esto me hizo preguntarme: ¿realmente hay títulos específicos que la gente nunca devuelve? ¿Os habéis encontrado con alguna situación parecida?
Finalmente, no participé en el programa que se emitía esa misma tarde. El motivo por el que habría aceptado la invitación sería para dar visibilidad a las bibliotecas y a nuestra labor, romper los prejuicios y estereotipos que existen sobre nuestra profesión. Quizás sea en otra ocasión. Por ahora, me quedo con las risas de la periodista y con algunas historias más para añadir al saco de anécdotas de la biblioteca.
