El peso de las Bibliotecas rurales

No es casualidad que el Día de las Bibliotecas de este 2020 haya tenido una dedicatoria tan especial y emotiva, pues por una parte se ha centrado en destacar las acciones bibliotecarias emprendidas contra los efectos del covid-19 en la sociedad, mientras que por otra ha servido para el reconocimiento explícito de las Bibliotecas rurales, de los Bibliobuses, y de aquellas otras orientadas al servicio de colectividades especiales, generalmente recluidas, como las de los hospitales, residencias o prisiones.

Este año, la campaña del Ministerio de Cultura y Deporte ha querido reconocer y visibilizar la labor más humana de esas Bibliotecas que tienen a gala su estrecha relación con los ciudadanos, con sus vecinos, con los que diariamente y de forma callada, más que servir, comparten sus servicios con ellos. No por eso son Bibliotecas exóticas ni minoritarias, más bien todo lo contrario, pues se trata de las Bibliotecas rurales, que son una mayoría abrumadora dentro del Sistema Bibliotecario Español.

Siguiendo los últimos datos del Ministerio de Cultura y Deporte, en 2018 las Bibliotecas municipales englobaban al 97,68% de las Bibliotecas españolas, un total de 4.470 sobre las 4.576 existentes. De ellas, 3.610 se encuentran sirviendo los territorios con menos de 20.000 habitantes, es decir, el medio rural. Las Bibliotecas rurales suponen pues el 80,77% de las de titularidad municipal y el 78,88% del total de las Bibliotecas públicas españolas.

bibliotecas rurales españolas 218 por tramos de población

Por su parte, los Bibliobuses en España atienden a algo más de once millones de personas, la cuarta parte de los usuarios de Biblioteca pública, y son la Biblioteca del 70% de las poblaciones inferiores a los 1.000 habitantes.

Azucena Cester, bibliotecaria municipal de Muniesa (Teruel), en el vídeo del final de este post afirma orgullosa que “En las Bibliotecas de los pueblos se merienda mucho”, se ayuda mucho, se comparte mucho y se convive mucho. La cercanía, la proximidad, la vecindad son almas intrínsecas a este tipo de Bibliotecas. Sin ellas no podrían entenderse ni su funcionamiento ni su éxito entre la comunidad.

Y qué decir de este aspecto en el caso de los Bibliobuses, donde la cercanía es confianza, y la colaboración, complicidad. Mª Antonia Carro, bibliotecaria del Bibliobús 5 del Bierzo (León) se refiere a sus usuarios como “La familia del Bibliobús”, en cada regreso de sus vacaciones no puede contener recibirlos con un beso.

En la misma línea de familiaridad, Rosa Celma, la bibliotecaria municipal de Torre del Compte (Teruel), lo tiene muy claro: “Soy como la mamá del pueblo”.

El distanciamiento social impuesto para prevenir el covid-19 ha despojado a la mayor parte de nuestras Bibliotecas de su valor más preciado, el contacto entre las personas, la presencialidad, el trato de amigo, la ocasión de compartir espacio público, un espacio concebido para la unión, la identificación colectiva y el fortalecimiento de lazos entre los integrantes de la comunidad. El propio lema del Día de las Bibliotecas reconocía su trascendencia: “Siempre a tu lado”.

La mayor parte de las Bibliotecas españolas se han quedado, pues, sin su mejor recurso de atracción y operatividad. Ahora tienen cercenada su facultad de concentrar, de ser el polo de atracción y reunión de sus vecinos.

La vida de nuestros pueblos está más libre de los agobios, las rigideces y las limitaciones temporales que sufrimos en las ciudades, todo es más relativo como fruto de una vida colectiva más plena, donde siempre hay alguien a quien recurrir, y alguien pendiente de nosotros y de los nuestros. Azucena Cester nos da pistas de cómo en ello también se incluye a la Biblioteca: “Ser Bibliotecaria en un pueblo es entregarte en cuerpo y alma las veinticuatro horas del día”. Leticia Méndez, usuaria de la Biblioteca Municipal de Betancuria (Fuerteventura. Las Palmas) alaba de su bibliotecaria, María Isabel Díaz Mendoza, cómo “siempre que la llamamos, aunque esté en la casa, viene para lo que necesitemos, aunque sean las doce de la noche”.

La Biblioteca rural sufre con sus vecinos los principales problemas de la comunidad, y se adapta en lo posible para ser parte de su solución, problemas que a veces atentan directamente contra la propia existencia de los pueblos y de su forma de vida, como la despoblación, el envejecimiento y la dispersión geográfica, todos ellos diferentes caras de una misma moneda. Facilitar, fomentar, forzar incluso la vida social hace de la Biblioteca rural un buen antídoto contra la soledad, el aislamiento, el desamparo, el desarraigo y el olvido.

La brecha digital también es un obstáculo rotundo al desarrollo de nuestros pueblos que suele ir de la mano del retroceso poblacional y de la falta de jóvenes. La Biblioteca de nuevo se convierte en el centro de recursos físicos, de red, de capacitación y de conocimientos que palía una situación tan desfavorable para el crecimiento personal y colectivo de sus vecinos.

Los usuarios del Bibliobús suelen calificar cada una de sus visitas como una fiesta, pero la vuelta al servicio en terreno después del confinamiento ha sido algo más, ha sido todo un acontecimiento de esperanza. Entre sus usuarios, esa sensación de pertenencia, de inclusión, de contar para alguien a quien aprecias y en quien llevas confiando media vida no tiene parangón con nada.

Aparte de las medidas preventivas, la reapertura efectiva de las Bibliotecas rurales, fijas o móviles, ha de venir marcada por la flexibilidad, por la adaptación imaginativa y valiente de las normas a las necesidades reales de sus vecinos, y por sobrepasar nuestra zona de confort para lograr situaciones seguras sin menoscabo de los servicios, como única forma de llegar a los que cuentan incondicionalmente con nosotros, contribuyendo a crear así matices más amables para una “nueva normalidad” menos gravosa.

Sobradamente demostrado durante el confinamiento, la cultura es un servicio de primera necesidad, y la Biblioteca es su agente más extendido, dinámico, directo, constante y accesible. Bien lo saben las personas del medio rural, para las que, sin duda, la Biblioteca es una parte imprescindible de la solución a sus más graves problemas. Basten estas pocas líneas para homenajear a todos aquellos profesionales que lo siguen haciendo posible cada día en nuestros pueblos, como los casos ejemplares de las bibliotecarias que protagonizan el siguiente vídeo.

Roberto Soto

Colaborador en Biblogtecarios. Jefe de Bibliotecas en la Diputación de León y Presidente de la Asociación de Profesionales de Bibliotecas Móviles de España (ACLEBIM). Convencido de la Biblioteca Pública e incondicional de los Bibliobuses.

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