Bibliotecas, coronavirus y despoblación

Desde la publicación de la primera parte de este post, en enero de 2020, la idea de que la cultura es un elemento de reconstrucción y, por ende, de obligada presencia en todas las estrategias y medidas que se adopten a favor de la repoblación ha ido concretándose de forma institucional, a partir de tres hitos fundamentales:

Asimismo, la especial situación de confinamiento doméstico, que Covid-19 está obligando a guardar en la mayor parte de los hogares españoles, está suponiendo la posibilidad de experimentar en propia carne sensaciones semejantes a lo que es la vida cotidiana en los territorios despoblados.

Es cierto que estos días la biblioteca está poniendo de manifiesto que es el servicio cultural más cercano, capaz, polivalente, constante y simbólico para la atención de las personas enclaustradas, con medidas como las que recoge el excelente post de Felicidad Campal. Sin embargo, los actuales servicios virtuales en los que se vuelcan la mayor parte de las iniciativas bibliotecarias aumentan considerablemente la brecha digital, pues dejan de lado a los 4.350.000 de personas que nunca han utilizado Internet. Toda esta población no internauta reside en su mayor parte en el medio rural, y también engrosan el grupo los mayores de 65, que a su vez, como veremos al final, también se encuentran mayoriamente fuera de las ciudades. (Encuesta Hootsuite y We Are Social Digital, 2020).

No olvidemos que, si la biblioteca pública es un servicio social y cultura básico, en estas fechas no está atendiendo a los más vulnerables, que lo son más, si cabe, en los períodos de crisis como el actual. La biblioteca no está siendo considerada, ni se está comportando, como una actividad esencial, aunque ya haya demostrado sobradamente su capacidad y su necesidad para cubrir urgencias humanitarias.

No es casualidad que las zonas aquejadas por la despoblación coinciden en buena medida con las de menor incidencia con Internet, ni con las que presentan un mayor envejecimiento poblacional.

A mayores, es desgraciadamente en estos territorios de baja densidad donde menos bibliotecas existen, lo que queda patente con un solo vistazo de comparación entre el mapa de la densidad poblacional en España de EpData, con el de geolocalización de las bibliotecas españolas de Ángel Obregón (@angelobregons), recientemente comentado por Julián Marquina.

Despoblación y bibliobuses
Mapa de la despoblación (izquierda) y mapa de las bibliotecas españolas (derecha)

Siguiendo las estadísticas del Ministerio de Cultura y Deporte para 2017 (y sin descender a que obvian las unidades elementales de poblamiento, de especial significado en las zonas despobladas), en España existe aún 1.498.840 personas sin servicios bibliotecarios, de los que el 89% (1.346.270) residen en municipios de hasta 5.000 habitantes.

El caso es más preocupante todavía puesto que 604.900 habitantes pertenecen a los municipios no superiores a los 1.000 habitantes, mientras que las 741.370 personas restantes se reparten entre los municipios comprendidos en el intervalo de los 1.000 a 5.000 habitantes.

Los municipios inferiores a 1.000 habitantes sin servicio bibliotecario son 2.183 (47%), frente a los 2.324 (53%) que sí lo tienen, de los cuales casi el 70% cuentan con el bibliobús como la fórmula más común para recibir prestaciones bibliotecarias.

Las bibliotecas se configuran como el agente cultural más experimentado, sostenible, rentable, constante, cercano, flexible y simbólico contra la despoblación.

Los servicios bibliotecarios públicos son lo suficientemente flexibles y múltiples como para posibilitar la aplicación de diferentes soluciones según los casos, puesto que la realidad puede ser muy desigual: por ejemplo, no cuenta con las mismas posibilidades de financiación ni gestión una localidad que no llega a los 1.000 habitantes que otra que supera los 3.000.

De entre los municipios sin ningún tipo de servicio bibliotecario, el caso más grave, no sólo por su mayor debilidad, sino por la dispersión poblacional que conlleva, lo constituyen los municipios que no alcanzan el millar de habitantes, dado que son 2.671 frente a los 376 municipios que se distribuyen en el rango de los 1.000 a los 5.000 habitantes.

Dadas las características de los municipios inferiores a los 1.000 habitantes, la solución bibliotecaria profesional y de calidad más sostenible sería el empleo de bibliobuses, como ya hemos visto que es la opción más utilizada. Siguiendo las Pautas Básicas de Funcionamiento para Bibliobuses del Ministerio de Cultura, la población ideal atendida por un bibliobús no superaría las 15.000 personas, de lo que se desprende que, para la atención de los 604.900 habitantes, necesitaríamos 40 bibliobuses, una inversión valorada en torno a los 17 millones de euros (vehículo de siete metros, instalaciones compartidas, colecciones, personal –bibliotecario profesional con funciones de conductor-, equipamientos, actividades y mantenimiento).

En el caso de los 376 municipios entre los 1.000 y los 5.000 habitantes, las soluciones pueden ser múltiples, atendiendo a factores variados como los recursos o la dispersión poblacional dentro del término municipal, es decir, el número, cualidad y localización de pedanías, que provocarán la adopción de bibliotecas fijas o móviles, o ambas en el mismo término, como solución.

Lo cierto es que nos encontramos en el momento de tomar decisiones, y de conseguir que sean acertadas, puesto que estamos viviendo la prórroga de esta crónica de una muerte anunciada hace ya más de cuarenta años. Hemos gastado todos los comodines, no hay vuelta atrás con cifras como éstas: el 70% del territorio sólo está ocupado por el 12% de la población, dispersa entre el 84% de los municipios españoles; el 49 % de los municipios de nuestro país están en riesgo de desaparición, es decir, tienen una densidad poblacional inferior al 12,5 hab./km2; y los 9 millones de personas mayores de 65 años residen mayoritariamente con las zonas despobladas.

La biblioteca pública está preparada, y con sobrada experiencia, para contribuir en la lucha contra la despoblación con su amplio, sostenible, rico y flexible abanico de prestaciones. No hay otro servicio cultural más óptimo y rentable para ello.

Roberto Soto

Colaborador en Biblogtecarios. Jefe de Bibliotecas en la Diputación de León y Presidente de la Asociación de Profesionales de Bibliotecas Móviles de España (ACLEBIM). Convencido de la Biblioteca Pública e incondicional de los Bibliobuses.

4 Comentarios a “Bibliotecas, coronavirus y despoblación

  1. Roberto
    Saludos desde Sudamerica Chile y su capital. Tu análisis es similar en varios aspectos, al panorama de mi país, pero España tiene la ventaja de tener una industria editorial y cultural a años luz de mi ciudad natal. Y algo que no abordaste con precisión es el bajo eco cultural que los profesionales del área asumen en levantar programas e irse a trabajar a dichas zonas. Esto es recurrente en mis colegas. Son abandonados los municipios que no brillan. Y esta realidad es hermana gemela de los índices de abandono escolar y marginalidad social que en mi país es un escándalo, según censo poblacional (2012) unos 5 millones de ciudadanos no terminaron el colegio.

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