Reflexiones de una documentalista audiovisual: entre licencias y presupuestos

Hoy traigo un post que es un collage de experiencias compartidas y propias dentro de las tareas como documentalista audiovisual, film researcher, archive producer o cualquier denominación que se refiera a esto que hacemos en el sector audiovisual, visual, publicitario, etc. Ya sabéis lo que quiero decir, ¿no?

Vaya por delante que me encanta lo que hago y muchas de las personas que conozco y hacen este tipo de trabajo están muy contentas de poder pasar las horas haciéndolo. En general nos sentimos muy afortunadas de poder pagar las facturas con este trabajo. Sin embargo, no todo es tan bonito como lo pintan o como la gente se imagina desde fuera. Como en todos los trabajos, pensaréis, y sólo puedo afirmar con vosotras, al unísono.

Foto: Foto de Ricardo Loaiza en Unsplash

No son pocas las veces que alguien de otro departamento dentro de la producción nos dice: “me gustaría hacer vuestro trabajo, es tan bonito, apasionante, retador…” No le falta ni un ápice de razón porque yo también lo pienso. Sin embargo, cuando llega el momento de gestionar todos los permisos que conlleva el uso de determinados materiales de archivo… ¡tachán! la cosa se pone cuesta arriba y si a eso le sumamos la gestión de presupuestos entramos en la alta montaña. Y ahí, los mismos compañeros que te “envidiaban” (entiéndase el entrecomillado) te dicen: “no sé porqué te gusta lo que haces”. Son muchos los motivos que lo hacen atrayente y compensan con creces, pero… ¡Touché! Ésta es una de las partes más desagradables y, últimamente, en nuestro pequeño círculo reconocemos que cada vez se está poniendo más y más complicado.

Por un lado, está el tema del presupuesto. En el que, dado el aumento de demanda de materiales de archivo, las tarifas han ido aumentando. En algunos casos inexplicablemente y de manera poco racional. Siempre he justificado que mantener y gestionar un archivo de lo-que-sea es muy importante y costoso, que requiere de medios técnicos y humanos (sobre todo). Sin embargo, en algunos casos, los precios se convierten en impagables para según qué producciones. Además, a menudo, resulta complicado hacer una previsión de costes demasiado fiable, porque nunca sabes dónde vas a encontrar esa pieza de archivo imprescindible que antes costaba equis, poco o nada y ahora cuesta un potosí y conlleva esfuerzos y negociaciones.

Por otro lado, están las licencias de uso, pero para esto voy a intentar ejemplificar algunos casos generalizados:

Derechos de imagen en revistas que se siguen publicando a día hoy, pero su historia se remonta a mediados del siglo XX, donde todo lo relativo a los derechos de imagen, era distinto por no decir inexistente. Y en 2024 te piden que pidas autorización a la persona “X” que aparece en la foto, el artículo, la portada o la entrevista. ¡Pero si falleció en 2003! Pues pide esa autorización a la familia…

Los derechos al honor, a la intimidad y a la imagen son inalienables, ¿pero si se basa en algo que se publicó con el consentimiento de esa persona?

Imágenes de televisión o audios de radio: noticiarios en los que aparecen personas, más o menos (re)conocidas, haciendo declaraciones públicas o programas con intervenciones polémicas en las que la cadena o las personas participantes pueden perder prestigio o reavivar situaciones que ya habían caído en el olvido, pero siguen vigentes.
En estos casos, suelen quedar al margen las figuras públicas: políticas, miembros de la casa real, etc. pero no siempre.

Derechos de autor en los artículos de prensa escrita: si lo que quieres es una portada, no hay demasiados problemas. Aunque se suele pedir que esté dentro del contexto en el que se va a usar. Aún así, a menudo nos encontramos con que nos piden destacar un artículo, un párrafo, un autor en concreto y surgen trabas porque, precisamente, éstos están protegidos por derechos de autor. ¡¿Pero?! Hay cosas que se nos escapan… Lo veremos más adelante.

Bloqueos en la reproducción de determinados materiales: esto suele pasar con archivos públicos, que solicitan a la productora una autorización de la persona jurídica o física que tenga los derechos de ese material que quieres. 

Si el fin de la reproducción es la investigación es más sencillo, pero si el uso que queremos darle es público y comercial, no será fácil conseguir esa reproducción por esta vía.

Casi siempre hay caminos, pero son más largos y no siempre válidos como: requiere investigar para intentar llegar a los propietarios o que los departamentos legales de las productoras asuman que llegue una posterior reclamación.

Lo que suele ocurrir en estos y en otros casos es que si la gestión se complica, porque las partes no llegan a un acuerdo, porque el permiso no llegue, porque los diferentes departamentos legales no lo ven al 100% claro, el material se cae del montaje.

Esta eliminación del archivo, a veces no afecta, pero otras veces deja de mostrar una parte de la historia, que en caso contrario, podría ampliar la visión de alguna anécdota, de algún hecho histórico, más o menos, relevante. Por lo tanto, podría llegar a tener algunas consecuencias que entran en conflicto con otra parte del derecho: el derecho a la información o a casos amparados por la ley de memoria histórica, por poner un par de ejemplos.

Por último, quiero dejar unas pinceladas de las bases del derecho en las que se amparan la mayor parte de los casos anteriormente expuestos:

  • Derecho al honor, la intimidad y la propia imagen, que está recogido en el artículo 18 de la Constitución Española: estos son derechos inalienables, imprescriptibles e irrenunciables. Son derechos fundamentales que no pueden negarse, no se extinguen con el paso del tiempo y son imposibles de transmitir a otra persona, pues son intrínsecos a cada uno de nosotros.
    También hace referencia a estos derechos la Ley Orgánica 1/1982, estos derechos no están protegidos si se da alguna de estas excepciones: la libertad de expresión y el derecho a la información. Limitadas éstas en los casos en los que se cae en el menosprecio personal, la vejación injustificada y el insulto.
  • Derechos de autor sobre trabajos periodísticos: este es un caso complejo, el periodista es tan autor como pueda serlo el pintor, el músico o el novelista. La cuestión radica en que la obra periodística es muy variada y se mueve entre la mera información objetiva y aséptica, las «noticias del día» cuya creatividad es prácticamente nula, hasta los artículos de opinión o reportajes, de cuidada elaboración -sin duda susceptible de protección como objeto de propiedad intelectual- pasando por las meras fotografías. Por lo tanto no todos páginas de un periódico están cubiertas por este derechos sobre la propiedad intelectual, pero algunas cabeceras se reservan esa posibilidad ante cualquier petición, que se lleva a estudio detallado caso a caso.

La ley de Propiedad Intelectual es compleja y ya hablé de ella hace tiempo aquí.  

Para finalizar, señalar que en ocasiones, se antepone el derecho a la información a cualquiera de los derechos anteriores y otros. Siendo un derecho fundamental reconocido a nivel internacional que protege la libre difusión y acceso a información veraz que tienen los ciudadanos respecto a hechos de relevancia pública. Para que eso ocurra hay que correr con algunos riesgos que proporcionen historias cargadas de verdad (si es que podemos asegurar que la verdad existe).

En algunos países, como EEUU, se aplica el fair use / uso justo sobre el copyright que permite un uso limitado de material protegido por derechos de autor, sin la necesidad de obtener el permiso de los titulares de tal derecho. Este uso limitado atañe a cualquiera que no posea los derechos sobre el material, y comprende una licencia de uso restringida a fines didácticos o de revisión (review) de material, donde incluyen este tipo de usos, donde lo importante es el contexto en el que se usan y con qué fin. Como podéis imaginar en España no está muy extendido, ni aceptado ese tipo de prácticas.

Con esto acabo lo que iban a ser unas pinceladas de algunos inconvenientes de trabajar con documentación de orígenes muy variados, para contar historias. Al final, se me ha ido de las manos, a pesar de no ser experta.

Rebeca Hernández

Codirectora en BiblogTecarios Documentalista especializada en audiovisual, fotografía y fuentes históricas. Además me interesa la edición, la gestión cultural, las iniciativas digitales y las acciones colaborativas.

4 respuestas a «Reflexiones de una documentalista audiovisual: entre licencias y presupuestos»

  1. Muy buen artículo, Rebeca. Refleja perfectamente la dificultad de documentar un trabajo audiovisual. Cada vez surgen más trabas para incluir archivo en dichas producciones. Por no hablar de la dilatación en los permisos por la intervención de los diferentes departamentos jurídicos. En cualquier caso, sigues siendo una gran profesional en este «arte» de la documentación.

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