Animación, formación y alfabetización: ¿las distinguimos?

En no pocas ocasiones hemos reivindicado el papel del bibliotecario como educador. Muchos compañeros se han ocupado de este asunto en este lugar. Yo mismo escribí hace ya unos cuantos años —aviso para navegantes: el tiempo pasa para todos— sobre El papel formador del bibliotecario (post en el que, por cierto se enlaza al final una interesante y actualizada bibliografía). No puede ser de otra manera, porque el bibliotecario se ocupa —y se preocupa— de bastantes más tareas que el mero mantenimiento de una colección y la prestación de unos servicios más o menos normalizados, cuando no estereotipados, relacionados con ella. Pero ocurre que esas tareas más estrictamente formativas en ocasiones se solapan —por el público al que se destinan, por las fórmulas empleadas o por los materiales usados— de tal manera que llegan a confundirse, especialmente en las bibliotecas públicas. Esa relación tan estrecha no es en sí perjudicial, siempre y cuando sea resultado de un propósito que conjugue objetivos sin alterarlos.

¿Qué tal si repasamos algunos de estos conceptos?Alfabetización

Animación a la Lectura [AL]

A estas alturas no vamos a descubrir que la biblioteca está íntimamente ligada a la lectura. Concebida «la lectura como una herramienta básica para el desarrollo de la personalidad y también como instrumento para la socialización, imprescindible en una sociedad moderna e integrada por ciudadanos libres» —así se manifiesta en el Preámbulo de la Ley 10/2007, de 22 de junio, de la lectura, del libro y de las bibliotecas—, resulta imprescindible que la biblioteca pública dedique parte de sus esfuerzos a la Animación a la Lectura, cuyo propósito es inculcar y sedimentar el gusto y afición por la lectura, estimulando el hábito lector hasta lograr una relación cotidiana con la lectura.

Habitualmente orientada a menores, no debe perderse de vista a otros grupos de población que por las razones que sea no practican ni disfrutan la lectura, puesto que la Animación a la Lectura potencia determinadas capacidades, muy útiles para el desarrollo personal y el desenvolvimiento en la vida diaria. Obviamente, la primera de dichas capacidades es la de lectoescritura pero, dado que la lectura no se limita al dominio de la lengua, también potencia las capacidades lógico-matemáticas, tan necesarias para la adquisición de información y resolución de problemas. Estimulando el hábito lector desde el placer, resulta más sencillo favorecer las capacidades de comprensión lectora, estrechamente relacionadas con las de descripción y análisis, así como la capacidad crítica para la evaluación de la información adquirida y estimular el contraste de pareceres, lo que convierte finalmente la lectura así entendida como un acto social que nutre también las capacidades colaborativas.

Formación de Usuarios [FU]

Aunque el fomento del hábito lector indudablemente facilita cualquier otra tarea, es muy diferente de la Formación de Usuarios, definida por Milagros del Corral como «cualquier tipo de esfuerzo tendente a facilitar la orientación al usuario, individual o colectivamente, a fin de lograr una utilización más eficaz de los recursos y servicios que la biblioteca ofrece». Esta formación busca que el usuario sepa qué es una biblioteca y para qué sirve, conozca y obtenga provecho de sus diferentes servicios, proporcionándole la capacidad de iniciativa y autonomía suficiente para satisfacer sus necesidades informativas, formativas y de ocio.

Esta formación pretende que el usuario aprenda a utilizar de la mejor manera los recursos de una biblioteca dada —su biblioteca—, con la seguridad de que así se le facilita enormemente el camino para el uso de los recursos de otras muchas bibliotecas. Como ya sabemos, la Formación de Usuarios se realiza de múltiples maneras: desde la instrucción puntual e individual al diseño de programas de actividades colectivas que orienten sobre los espacios en que se distribuye el edificio, ilustren sobre la utilización de los instrumentos de la biblioteca y capaciten en el uso de las diferentes tecnologías de la información y de la comunicación.

Alfabetización Informacional [ALFIN]

En definitiva, se trata de proporcionar a los usuarios aptitudes para el acceso y el uso de la información; es decir, las competencias necesarias para reconocer una necesidad informativa; para encontrar, evaluar, usar y comunicar información necesaria que satisfaga esa necesidad o permita la resolución de problemas.

Pero, en realidad, actualmente se busca que la capacitación del usuario llegue más allá del mero uso de las fuentes o de las tecnologías de la información, alcanzando —a partir de aquellas capacidades a las que hacíamos referencia al hablar de AL— al desarrollo de habilidades de pensamiento y al desarrollo del discurso. Por eso en la actualidad se prefiere hablar de un concepto aún más amplio que el de la formación de usuarios: la Alfabetización Informacional.

Recientemente, el Information Literacy Group [ILG] del Chartered Institute of Library and Information Professionals [CILIP] del Reino Unido ha redefinido la Alfabetización Informacional como «la capacidad de pensar de forma crítica y emitir opiniones razonadas sobre cualquier información que encontremos y utilicemos. Nos empodera, como ciudadanos y ciudadanas, para alcanzar y expresar puntos de vista informados y comprometernos plenamente con la sociedad.» Obviamente, ALFIN es mucho más que un paso lógico en la evolución de la instrucción en el manejo de las bibliotecas, pues su objetivo es capacitar para encontrar, evaluar y usar información eficazmente para resolver problemas o tomar decisiones, usando o —y aquí está la sutil pero importante diferencia— sin usar una biblioteca.

Esta Alfabetización Informacional, que se relaciona y se solapa con la Alfabetización Digital y la Alfabetización Mediática, entre otras, asume cuatro tipos de conocimientos y habilidades:

  • Para identificar una necesidad o definir un problema: habilidades de identificación y razonamiento.
  • Para encontrar información: habilidades de localización y recuperación documental, y habilidades de manejo de equipos tecnológicos.
  • Para usar información: habilidades de pensamiento, habilidades de estudio e investigación y habilidades de producción y de presentación.
  • Para compartir y actuar éticamente respecto a la información.

Parece evidente que, con tales conocimientos y habilidades, nos resultará más fácil enfrentarnos a las paparruchas o fake news, de las que ahora empezamos a tener especial conciencia.

Aunque la ALFIN trasciende los límites de la biblioteca y no es tarea exclusiva de los bibliotecarios, su participación como profesionales de la información parece ineludible.

Formación Continuada [FC]

Otro tanto ocurre en la enseñanza y la Formación Continuada. Entendida como Centro de Recursos de Alfabetización, la biblioteca pública debe facilitar el acceso a los instrumentos necesarios para satisfacer la demanda de los estudiantes de todas las edades, ya sea a través de su colección —en el más extenso sentido del término, cualesquiera que sean el soporte y el formato documental—, de equipamientos tecnológicos —la conexión a Internet es imprescindible para acceder a las plataformas de e-learning o simplemente para obtener información actualizada— o de espacio para estudiar en condiciones medioambientales adecuadas.

Extensión Cultural [EC]

Por último, debemos prestar atención a las actividades de Extensión Cultural, que a menudo se confunden con la Extensión Bibliotecaria —cuyo propósito es eliminar barreras para optimizar las relaciones entre usuario y biblioteca— y la Formación de Usuarios. La Extensión Cultural, se centra especialmente todo en proyectar la presencia de la biblioteca como centro de desarrollo cultural para la comunidad.

Estas actividades, indudablemente destinadas a enriquecer al conjunto de la comunidad en que la biblioteca pública presta sus servicios, pueden ser tan variadas como lo permita nuestra imaginación. Pero debemos tener bien presente que, aunque estas actividades se realicen en torno a un libro, nunca deben confundirse con aquellas otras destinadas a la Animación a la Lectura. Efectivamente, podrán estimular la curiosidad de los asistentes o espectadores para acercarse a la lectura o a la biblioteca, o proporcionarles ciertos conocimientos, pero las actividades de Extensión Cultural tienen como objetivo la divulgación cultural en colaboración o en lugar de aquellas instituciones y entidades que tienen este fin como propósito fundamental.

Rafael Ibáñez Hernández

Colaborador en BiblogTecarios Bibliotecario en la Biblioteca Municipal. Curioso de las nuevas tecnologías (aunque ya no sean tan nuevas), pero empeñado en mantener los pies sobre el suelo.

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