Sin malos no hay cuento

Por lo que últimamente se escribe, se habla y debate en torno a la literatura infantil y juvenil pareciera que se han disparado las alarmas alertando de que los villanos y villanas pudieran estar en peligro de extinción, de que en las tramas de las historias que se ofrecen a niños y niñas se evitaran los conflictos, de que los argumentos que las nutren estuvieran en exceso descafeinados, de que tal vez se nos estuviera yendo la mano al desaguar el bacalao, valga el símil.

Es lógico que, cuando menos, ante estos avisos nos hagamos algunas preguntas: ¿Es esto cierto?, ¿cuánta verdad hay en todo ello? ¿Y qué razón tendría? ¿Por qué, para qué, con qué consecuencias?  

Toda una nube de interrogantes se cierne sobre nosotros, que en absoluto vamos a pretender responder aquí y ahora, pero a las que podemos dar algo de luz haciendo un repaso -somero y nada exhaustivo, advierto-, a determinadas voces y opiniones, expresadas en algunos textos, manifestadas en algún que otro evento o escuchadas en determinada onda, pongamos por caso.

Vamos, pues, a asomarnos a distintas puertas y a fisgar por algunas ventanas para ver qué se dice y comenta al respecto. La intención de este rastreo no es otra que indagar en ello, esclarecer si estos personajes villanos, antagonistas, los malos de toda la vida, siguen campando libremente por las historias que se escriben dirigidas a niños/as y jóvenes o si, por el contrario, están acosados entre líneas y su presencia realmente está en declive. En el caso de que las alertas tengan base cierta, nos preguntaremos las razones, los porqués, a qué obedece este proceso de degradación o de exterminación de los personajes antagonistas y las posibles ganancias o pérdidas que ello conlleva, tanto en las propias lecturas como en los lectores y lectoras.

Empecemos a hurgar en distintas fuentes identificadas que hincan el diente a este asunto en un tiempo reciente a ver qué encontramos.

Pero bueno, ¿de qué estamos hablando?

Para dejar clara desde el principio la relevancia y reconocimiento de los personajes malvados, echamos mano del escritor y crítico Francisco Morales Lomas, quien en su obra Modelos infames en literatura infantil sostiene que la infamia o el malditismo en la literatura infantil es un concepto inherente a su gestación: “Los infames o malditos adquieren tanto o más protagonismo que los triunfadores o bondadosos, verdaderos referentes inmorales del individuo-lector, y alcanzan autonomía propia, siendo los triunfadores no éticos del proceso de construcción de las historias. Sin ellos las invenciones pierden su validez no ya sólo ética sino su consistencia literaria y su intensidad inmediata.”

En el mismo sentido, la profesora Gemma Lluch responde a un periodista que la entrevista y le pregunta si está superada la interpretación psicoanalítica del cuento de hadas de Bruno Bettelheim, a lo que ella contesta de forma clara y firme: «No. Viene a decir que los niños a veces odian a la madre y en la realidad no la pueden matar, pero en un cuento sí. Está bien tener cuentos con personajes así. Pero la literatura infantil actual ha matado a los malos, con todo el rollo de lo políticamente correcto. A los niños les gustan las películas de miedo porque necesitan unos personajes que había en la literatura tradicional y que ahora no existen. Por eso han tenido éxito [J. K.] Rowling [autora de Harry Potter] o El señor de los anillos, porque el mal existe y los nanos lo saben. Durante un tiempo el mal ha desaparecido, se ha ocultado. Y el mal está dentro de uno mismo como dicen estos libros o La guerra de las galaxias, donde el protagonista pasa al lado oscuro. En realidad esto es la Biblia. La historia de la humanidad.»

También la especialista Ana Garralón dedicó recientemente una de sus cartas periódicas a este tema, en la que manifiesta que “Personalmente amo los personajes malvados: son arquetipos que hacen temblar una historia apacible, producen rodeos y confusión, y funcionan como contrapunto de los héroes que deben someterlos para llegar al final. Estos personajes nos ponen a merced de una narración en la que nos sentimos como en un laberinto gracias a las capas que se consiguen. Son un recuerdo de que el mal está presente en sus múltiples dimensiones, y prometen figuras ambivalentes, transgresoras, que abren interrogantes.”

¿Los personajes malvados están en peligro de extinción, sí o no?

En el artículo antes mencionado, Ana Garralón deja clara su opinión al respecto y responde a este interrogante con una rotunda afirmación: “Sí, la maldad está en extinción en la LIJ. La falsedad, la inmoralidad, la crueldad y, por lo tanto, la ambigüedad, la oscuridad y la complejidad, están desapareciendo del reino de las lecturas infantiles.”

Afirmación que ilustra desde la experiencia personal como lectora, lamentándose de que «En los últimos días he estado leyendo libros que tenía pendientes. Han sido días memorables. Patos a los que no les gusta el agua, pero superan el miedo; piratas buenos; dragones cagones; papás monstruos que se tiran pedetes; abuelos y abuelas a cual más ñoño, como si solo fueran enfermos, difuntos o simpáticos compañeros; lobos románticos; conejos que se hacen amigos de erizos; tigres que se pueden domesticar; bisontes que encuentran osos y quieren hibernar; un elefante con gafas que resbala y queda boca arriba: solamente un ratón podrá ayudarle.»

Esta completa ausencia de maldad en los libros leídos y en muchos otros que podemos encontrar en la oferta de lecturas para niños/as y jóvenes es calificada por esta reconocida crítica como inquietante.

Igualmente, en la literatura reciente sobre el tema, encontramos otros posicionamientos claros y meridianos, como el del profesor de literatura Vincent Jouve, que defiende sin ambages que “Sin un villano, no habría nada que contar”. A este especialista francés lo cita Garralón en su post en relación con un artículo de su autoría publicado en la prestigiosa revista La Revue des Livres pour Enfants, que dedica uno de sus últimos monográficos a los personajes malvados y en el que se pregunta también por su presencia a la baja en la LIJ: Les méchants, une espéce menacée?

En dicha publicación, Jouve destaca la importancia de la figura del villano y antagonista, que en palabras de Ana Garralón “Desglosa de manera magistral cómo estos personajes representan una fuerza perturbadora que conecta con los deseos del protagonista (y de los lectores), haciéndole saber que, sin esa realidad, será imposible conseguirlos. Jouve incide en la importancia que estos personajes tienen tanto en la trama como en las emociones de los lectores: la sorpresa, el suspense y la curiosidad funcionan como resortes para llevarlos a lugares extraordinarios. El reconocimiento de todas estas emociones y la identificación con algunos personajes convierte la lectura en un debate interior donde se dan cita las diferentes dimensiones personales.”

Para que no quepa ningún género de dudas, la profesora Marta Larragueta nos aporta cifras de esta reducción de los villanos en la LIJ en un artículo en el que se pregunta ¿Dónde está el lobo feroz?, en el que expone que “Varios estudios han mostrado que la presencia de adversarios en las obras destinadas a la infancia o a la juventud quedaba reducida a poco más de un tercio de las obras; así sucedía, por ejemplo, en el análisis de 150 obras premiadas o recomendadas entre 1977 y 1990, o en la actualización del mismo estudio con obras publicadas entre 2003 y 2013, así como en una investigación centrada en 100 obras de literatura infantil y juvenil catalanas publicadas entre 2002 y 2006.”

La propia investigadora, Marta Larragueta, centró su tesis en el lado oscuro con objeto de explorar Las varias caras del villano en el álbum ilustrado contemporáneo (2022). En su investigación, la profesora Larragueta constató la misma tendencia de reducción de la presencia de estos personajes malvados en los álbumes infantiles objeto de estudio; concretamente determina que solo aparecía un personaje antagonista en un cuarto de los más de cien títulos analizados de las obras de este tipo que fueron premiadas entre los años 2000 y 2019.   

Pero las tesis de Marta Larragueta no se quedan en el papel y llegan hasta las ondas de Radio Clásica incluso; concretamente, pudimos escuchar sus argumentos en el programa Longitud de onda en el que intervino y que rescatamos en este podcast que os invitamos a escuchar: Cada vez menos malos en los cuentos. Se trata de una breve entrevista en la que Fernando Blázquez y Yolanda Criado se hacen eco de la extinción de los malvados y malvadas y con la ayuda de la profesora Larragueta, Ver lo que todo el mundo ha visto y pensar lo que nadie ha pensado, en este caso en torno a los villanos… Y de paso, disfrutar de la música de Churchill, Tchaikovsky, Humperdinck, Rimski-Korsakov, anonima y Brahms, que nunca esta de más.

¿Qué está en juego?

En el artículo anteriormente citado, Marta Larragueta se pregunta si esta tendencia a eliminar a los malos de las historias para niños y jóvenes obedece a que queremos mostrar un mundo feliz a los lectores y lectoras, ante lo cual enfatiza que “Es necesario preguntarnos qué tipo de imaginario queremos que las generaciones más jóvenes habiten: uno edulcorado, libre de cualquier peligro o dificultad, o uno que plantee situaciones adversas a las que se debe hacer frente, quizás más cercano a la realidad que nos circunda.”

Los villanos en la literatura infantil y juvenil, al cabo, desempeñan un papel crucial en el desarrollo de las historias y en la formación de los lectores jóvenes. Aunque a primera vista puedan parecer antagonistas simples y malignos, su presencia y características tienen un propósito más profundo en la narrativa. Los villanos proporcionan un contraste necesario con los héroes y heroínas, lo que resalta sus virtudes y valores. Además, representan los desafíos y obstáculos que los protagonistas deben superar, lo que genera tensión y emoción en la trama.

Los personajes malvados también ofrecen a los jóvenes lectores la oportunidad de explorar temas complejos como la moralidad, la justicia y la empatía. Al enfrentarse a las acciones de los villanos y sus motivaciones, los niños y adolescentes pueden reflexionar sobre actitudes, comportamientos y toma de decisiones, su lógica, su ética, así como sobre las consecuencias de dichas acciones. Esta exploración les ayuda a desarrollar un sentido crítico y una comprensión más profunda del mundo que los rodea.

Además, los villanos en la literatura infantil y juvenil pueden ser representaciones simbólicas de los miedos y desafíos que los jóvenes enfrentan en su vida cotidiana. Al enfrentarse a estos personajes en el mundo ficticio, los lectores pueden encontrar formas de lidiar con sus propios temores y conflictos internos. Asimismo, la derrota del villano y el triunfo del héroe pueden transmitir un mensaje poderoso de esperanza y resiliencia, mostrando a los jóvenes que es posible superar incluso los desafíos más difíciles.

En resumen, los villanos en la literatura infantil y juvenil son mucho más que simples personajes malvados. Su presencia enriquece las historias, fomenta el desarrollo moral y emocional de los lectores jóvenes, y les ofrece la oportunidad de explorar temas complejos de una manera accesible y estimulante. Por lo tanto, son un elemento fundamental en el universo literario de los niños y adolescentes, que contribuye a su crecimiento y desarrollo como lectores y como personas.

¿Qué papel tenemos como mediadores en este asunto?

Afirma también Marta Larragueta en uno de sus textos que “Es posible que no sea el público infantil quien más miedo tenga a desafiar a brujas malvadas o terribles fieras, sino los adultos que quizás desconfiamos de nuestra capacidad de guiarlos y acompañarlos en semejantes lances.”

También la escritora y editora Ellen Duthie apela siempre a ponernos en modo interrogativo, a no buscar respuestas ni pretender darlas, sino a abrirnos a la conversación, al compartir lecturas, a comentarlas y hablar en torno a ellas. Se trata de no dar lecciones sino de favorecer el diálogo y el crecimiento a través de él, del autoreconocimiento y de la exploración del mundo, con todas sus caras. Es la recomendación que expresa en una jugosa entrada de su blog titulada ¿En qué piensan cuando leen? Intenciones, atenciones y contagio en la literatura infantil, que cierra con este texto: “Como autores y como prescriptores podemos crear y seleccionar un tipo de literatura que permita respirar al lector, le permita ir a donde le apetezca ir, desde donde le apetezca. Una literatura que abra caminos, sin pretender controlar las posibilidades y los movimientos del lector. Que abrace la incertidumbre de lo que puede pasar en la mente del lector. Que le deje espacio para pensar, para maniobrar, para poder irse por las ramas y pensar en otra cosa o incluso en “esa” cosa, que deje espacio para abrir, en lugar de cerrar. Incluso que deje espacio para ponerse a crear.”

La presión del adulto, en efecto, siempre está presente en lo tocante a las lecturas para niños y jóvenes; sirva esta anécdota de ejemplo, una anécdota que escuché en boca de una librera y que sin duda en términos similares podríamos contar desde las bibliotecas:

“Una señora me pidió la recomendación de un libro para una niña de 9 años, y a cada título que le aconsejaba, le ponía un pero; este no, que sale una familia y sus padres están separados. Este tampoco porque son dos hermanos y ella es hija única. Tampoco este porque presenta un conflicto y la niña es muy sensible, ni este porque es de misterio y es un poco miedosa… Finalmente se llevó un libro, pero no recuerdo cuál era. Una pena porque sería curioso saber cuál fue…”

Sin duda, esta labor de orientar y recomendar lecturas se ha vuelto un tanto complicada, al menos con los adultos de por medio…

Los malos también cuentan

Nos hacemos eco finalmente de un evento celebrado a finales del pasado año que justamente estuvo protagonizado por los personajes malos y villanos, el IV Salón del Libro Infantil y Juvenil de Salamanca, que en su última edición se desarrolló bajo el título Los malos también cuentan.

En la página web dele vento podéis haceros una idea de lo que fue, encontrar un amplio reportaje fotográfico y una interesante Guía de Lectura del IV Salón de la LIJ, en cuyo preámbulo se destaca, al igual que nos han ido diciendo las anteriores voces que hemos rescatado, que “Para que una historia nos emocione, nos mantenga en vilo, nos invite a pasar las páginas… tiene que existir un conflicto, un problema, un enfrentamiento o una huida. En las narraciones infantiles los personajes malvados ofrecen al héroe la posibilidad de ponerse a prueba, de retar al mal, de mostrar sus habilidades para asegurar un final feliz. La literatura infantil actual ofrece, más allá de los malos villanos de la tradición (ogros, brujas, lobos, dragones, piratas) infinitas historias en las que el mal hace su aparición: en la familia, en la sociedad, en la escuela. No queda otro remedio más que encararlo. Lo interesante no está en ocultarlo, sino en vencerlo. Leer, dice Graciela Montes, es también huir de ser devorado, es tomar las riendas y experimentar en carne propia, la ocasión de salir victoriosos, aunque seamos pequeños y parezcamos inocentes.”

Una selección de más de 130 libros que pueden ser un buen punto de partida para desarrollar en nuestras bibliotecas infantiles y juveniles, públicas y escolares, también en casa, nuestras propias Campañas de protección y rescate de los personajes en peligro de extinción, y reforzar así nuestro compromiso con los lectores, con la literatura, sin desvirtuar ni descafeinar.

Y como guinda, os dejamos con el vídeo resumen de Los malos también cuentan:

Luis Miguel Cencerrado

Coordinador de reseñas en BiblogTecarios Bibliotecario, formador, asesor y apptekario navegando en los mares de la lectura analógica y digital, su promoción, las bibliotecas públicas, infantiles y escolares.

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