RFID para bibliotecas: un mundo de posibilidades

RFID en bibliotecasLa identificación por radiofrecuencia (Radio Frequency Identification – RFID) utiliza el rango de acción de la radiofrecuencia para identificar y rastrear información. El objetivo de la tecnología RFID es la identificación o lectura de datos mediante el uso de etiquetas y lectores, así como su almacenamiento, sin necesidad de un contacto directo o línea de visión entre el lector y el objeto (requisito indispensable para otras tecnologías como la lectura láser de código de barras). Sus componentes principales son:

  1. Etiqueta o Tag. Transporta los datos que identifican el objeto. se compone de un chip, un transductor de radio y una antena, todo ello laminado en un soporte que puede acoplarse a la superficie del ejemplar de forma adhesiva. Son flexibles y resistentes. Sobre el soporte adhesivo de papel podemos imprimir el código de barras o cualquier otro texto (p. ej. el logo de la biblioteca). El chip almacena los datos sobre el objeto, el transductor los emite o recibe vía radiofrecuencia y la antena hace posible la comunicación con un lector RFID o transceptor y, en consecuencia, con todo el sistema de procesamiento informático de datos que gestiona la biblioteca.
  2. Antena+lector: funciona como transmisor y receptor.  Dispositivo encargado de la lectura y grabación de la información del chip. Los dos componentes están integrados en un solo dispositivo y es de tamaño reducido.

Existen tres bandas o frecuencias de RFID: LHF (corta distancia, 1 ó 2 cm), HF (hasta 20 cm) y UHF (larga distancia), que es la que se aplica para su uso en bibliotecas.

Sus ventajas para los servicios bibliotecarios son numerosas, lo cual ha extendido su uso, especialmente en aquellas con colecciones muy grandes o con mucha circulación. Veámoslas:

Para los profesionales:

  • Gestión de préstamos: podemos prestar todos los materiales a la vez, no es necesario pasar el código de barras por cada uno de los materiales.
  • Inventarios: para hacer inventario es suficiente con pasar el lector portátil por las estanterías.
  • Identificación inequívoca de cada ejemplar: este sistema facilita el control sobre cada ítem de la colección.
  • Sistemas antihurto: gracias al uso de los pórticos, si algún material no está prestado, el sistema lo detecta y hace saltar la alarma.
  • Seguimiento de accesos mediante contador de personas.
  • Control geoespacial de la biblioteca, que permite conocer la ubicación de cada colección dentro del edificio.
  • Control de registros deslocalizados: permite localizar registros no colocados en sus estanterías.
  • Inventarios instantáneos: mediante la colocación de antenas en las baldas, se puede conocer en el momento qué materiales faltan, los que no están correctamente colocados, etc.
  • Posibilidades de personalización, ya que la flexibilidad de esta tecnología permite su adecuación a las necesidades de cada biblioteca.

Para los usuarios:

  • Búsqueda geoespacial de ejemplares.
  • Puntos interactivos de información.
  • Identificación de acceso.
  • Posibilidad de disponer de sistemas de autopréstamo, con el consiguiente ahorro de tiempo.

Mi compañera Sofía Moller ya se hacía eco en este post de los cambios que RFID podía suponer para los flujos tradicionales de trabajo en las bibliotecas  A día de hoy está considerada una de las tecnologías con mayor proyección para servicios de información.

El mayor inconveniente reside en sus costes de implementación, que la hacen accesible solo a bibliotecas grandes que puedan aspirar a rentabilizar la inversión. Un estudio en una Universidad chilena cifraba el coste del cambio en cerca de 44.000€, al cambio de divisa (podéis consultarlo aquí). Cada biblioteca es un mundo, y conviene tener claras cuáles sus necesidades y prioridades a la hora de afrontar el cambio. Lo que no puede negarse es que abre un mundo de posibilidades en cuanto a gestión, control y mejora de los servicios que hubiera sido impensable hace solo unos años.

PARA SABER MÁS:

Gómez-Gómez, A., Ena-Rodríguez, B. y Priore, P. (2007). RFID en la gestión y mantenimiento de bibliotecas. El Profesional de la Información, 16(4): 319-328. Disponible a texto completo aquí.

Laura Novelle

Documentalista, consultora, formadora e investigadora. Licenciada en Historia y Especialista en Gestión documental. He ejercido como docente en universidad pública y como documentalista (tanto en centros públicos como privados). Nací con discapacidad, por eso en este blog encontraréis aspectos relacionados con la accesibilidad, pero también sobre el libro y las bibliotecas, el proceso de edición, las fuentes de información y en general, sobre todas las implicaciones sociales de esta maravillosa profesión.

7 Comentarios a “RFID para bibliotecas: un mundo de posibilidades

  1. Los costes que tiene lo van a convertir de momento como conjunto, en mi opinión, en algo de biblioteconomía-ficción, aunque es verdad que algunos aspectos sueltos, como el conteo de usuarios o el autopréstamo sí se hayan incorporado y hace tiempo a muchas bibliotecas

    1. Hola Felix:

      Gracias por el aporte. Es cierto que implementar RFID es caro y no todas las bibliotecas pueden necesitarlo, pero está bien explorar posibilidades. Hace unas cuantas décadas también los OPAC’s podían parecer sacados de la ciencia ficción y hoy en día resultan imprescindibles. Nunca se sabe…

  2. Independientemente del coste, la gran pega del RFID, hoy por hoy, es la seguridad. No es lo mismo camuflar una tira magnética antihurto en el interior del libro que pegarle en la cubierta una gran etiqueta de radiofrecuencia, que necesariamente se queda a la vista de los amantes de lo ajeno. Por ello algunas bibliotecas han optado por sistemas híbridos, implantando las RFID para facilitar el control de la colección y los inventarios, pero siguen poniendo cintas magnéticas antihurto para reforzar la seguridad. Claro que ello duplica el coste, lo que no todas las instituciones pueden permitirse.
    El problema es que la etiqueta RFID nació para mercancías de carácter general, no está diseñada expresamente para libros, como las cintas magnéticas.
    La única solución es que algún día se invente una etiqueta RFID con la forma de las actuales cintas antihurto. Ello permitirá ofrecer las ventajas complementarias de la radiofrecuencia añadidas a un formato cinta, integrable en el libro y que no quede a la vista. Esperemos que pronto se le ocurra a alguno de los proveedores de esta tecnología.

    1. Gracias por tu comentario Antonio! Muy cierto todo lo que comentas, aunque, como hemos dicho, los costes de implementación son la principal desventaja de RFID. Realmente está al alcance de pocas bibliotecas.

    2. Yo creo que ya existen esas cintas, incluso más pequeñas y finas que las tradicionales, son hilos de aluminio de no más de 10 cms. de largo.

      Lo que habrá que ver es si superan en seguridad a su “hermana” mayor HF pq es cierto que algunas bibliotecas están usando RFID HF pero para la seguridad han tenido que recurrir a las tiras de 3M (R.I.P.)

  3. Muy interesante el artículo!
    Creo que el mayor inconveniente por el que todavía no se está aplicando (UHF) RFID en las bibliotecas, es el desconocimiento general de la tecnología. Además, creo que el coste de 44.000 € es un poco exagerado, pero siempre dependerá del número de libros a identificar, puntos de lectura (fijos o portables) y la aplicabilidad que se le quiera dar.

    1. Gracias por tu aporte! Obviamente, ese coste es una referencia para el lector. He querido ofrecer algún estudio donde figurasen los costes, y no hay muchos que ofrezcan ese dato. Eso no quiere decir que sea el precio mínimo ni nada por el estilo. Implantar RFID depende de muchas variables. En la biblioteca donde trabajo actualmente estamos en proceso de aplicar etiquetas RFID a nuestros fondos y creo que es un gran avance para las tareas bibliotecarias.

      Un saludo.

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