El backlash anti-LGTBIQ+ llega a las bibliotecas

Estamos viviendo momentos agitados últimamente. Pasamos de llorar por no haber tenido nuestro Heartstopper en la adolescencia a leer las críticas por un beso entre dos mujeres en Lightyear. Un mes nos inundan las banderas arco iris y al mes siguiente han desaparecido por arte de magia. Un día puedes abortar y al día siguiente es un crimen.

Si a ti también te preocupa este vaivén que existe entre ganar derechos sociales y el backlash –o retroceso- conservador que le sigue, este post es para ti. Si piensas que las bibliotecas han de ser espacios que garanticen los valores democráticos y, por ende, que celebren, representen y no discriminen a la comunidad LGBTQ+ los doce meses del año, también.

Se viene un resumen con algunas de las últimas -y aterradoras- noticias acontencidas en EEUU en lo que va de 2022, cómo está impactando en las bibliotecas -públicas y escolares- y cómo está siendo la respuesta de la comunidad librarian a este lado del charco. 


En enero calentaba motores la candidata republicana Heidi St. John con sus declaraciones sobre cómo bibliotecas eran organizaciones demoníacas, que adoctrinan a la juventud para volverse LGTBIQ+. Ya la cité aquí como una causa más de “la Gran Resignación” del personal bibliotecario. Si a ti también te fascina su obsesión en contra las bibliotecas, no te pierdas su podcast especial libraries, the war on children.

En el mes de marzo DeSantis, gobernador de Florida, firmó la ley ‘Don’t say gay’ que, básicamente, prohíbe el contenido LGBTIQ+ en las aulas. Aquí podemos leer cómo han diseñado esta ley para permitir que los padres determinen cuándo y de qué manera introducir temas LGBTQ a sus hijos (lo que viene a ser un pin parental versión republicana-estadounidense), así como demandar a un distrito escolar si se viola esta ley. Esto no es nuevo, ya en 2007 en otros estados como Tennessee se intentó sin éxito pasar esta misma ley, aquí puedes leer la respuesta que publicó la IFLA en ese momento.

Las consecuencias a todo este odio son inmediatas. De hecho, en este artículo podéis leer el ejemplo de cómo estudiantes de Tennessee han vandalizado los carteles del Orgullo en su instituto; cómo el profesorado se saltaba los temas LGBTiQ+ en los libros de texto de clase o cómo los padres han pedido que se eliminen los libros sobre orientación sexual e identidad de género del plan de estudios de primaria y de las bibliotecas del condado. 

Ante la censura de libros de temática LGTBIQ+, en las bibliotecas de Nueva York pusieron disposición de las personas jóvenes de cualquier estado su catálogo digital, de manera gratuita, dentro de la campaña “Books for all”.

 

En la Conferencia Nacional de la Asociación de Bibliotecas Públicas (PLA Conference), que se celebró en Portland el pasado mes de marzo, también hubo polémica. Un grupúsculo conservador se escandalizó ante la ponencia “Queering the Library: creación estratégica de espacio para la comunidad LGBTQ+” de las maravillosas bibliotecarias Rebecca Oxley y Teresa Miller, y no tardó en alarmar a los padres de que «su biblioteca local ya no era segura para sus hijos, que en estaba adoctrinando a los niños.»

Y ya acercándonos al mes de junio tampoco han faltado ataques organizados a bibliotecas públicas, para celebrar el Orgullo. Muy terrorífico me ha parecido el caso de las hordas de padres y madres cogiendo prestados los libros de temática LGTBIQ+ de las bibliotecas para bloquearlos y así «proteger a la infancia y juventud» de su lectura.

La comunidad bibliotecaria de Twitter, sabia y valiente, recomendaba algunos tips ante esta situación:

1. Mantén los expositores de libros LGTBIQ+ durante todo el año y no sólo durante el mes del Orgullo.

2. Recuerda al usuario que los libros que se prestan muy habitualmente se vuelven a comprar para que estén disponibles. ¡Es muy bueno ver una gran demanda de estos títulos!

 

Por supuesto, también han aprovechado esta ola ultraconservadora los grupos neofascistas como los Proud Boys para atacar el Drag Queen Story Time – la fantasía de cuentacuentos con drag queens, que nunca estuvo libre de polémicas o quejas.

Bessie Sullivan, la directora ejecutiva de la Biblioteca Pública de Orillia, Canadá, respondió así ante las  quejas sobre Drag Queen Story Time: «Me cabrearon. Entonces, en realidad, lo que hicimos, a medida que aumentaba, añadí una segunda hora de cuentos.»

¿Qué hacemos cuando todo esto llegue a España? 

Si es que no ha llegado ya… 

No es mi intención desmoralizar o que pensemos que todo está perdido. Las bibliotecas están haciendo esfuerzos enormes para permanecer pro-democracia y pro-derechos humanos y así deben de seguir, con valentía, respeto y amor por su comunidad.

  • Sigue programando talleres, cuentacuentos, exposiciones, etc.  Celebra al staff LGBTIQ, escúchale y agradece sus propuestas, seas usuarix o compañerx.
  • Deja la bandera arcoiris los doce meses del año. Ahora más que nunca es necesario que la comunidad LGTBIQ+ sepa que son lugares inclusivos y seguros.
  • Establece protocolos de actuación si ocurren quejas, escenas de violencia, LGBTIQfobia, ataques a la programación o a la colección.
  • Hagamos que ocurran estas cosas:

Comparte estas experiencias. No tengas miedo a denunciar agresiones y haz comunidad con otras bibliotecas y con personal afín a ti. Pide ayuda si lo necesitas.

Irene Blanco

Irene Blanco es documentalista, especialista en transformación digital y activista bibliotecaria. Escribe desde 2010 en Biblogtecarios sobre bibliotecas, comunidades e Internet. Además, es responsable de la Analítica y Coordinación Web en BiblogTecarios.

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