Alberto Soler: «Aprender a leer es aprender a hacerle preguntas a un libro»

 

Hablar de los Premios Mandarache Hache es hablar de una iniciativa de Educación Lectora de largo recorrido, que ha logrado un gran reconocimiento en el mundo del libro y de la educación e innovación dentro y fuera de España. En 2014 recibió el Premio Nacional al Fomento de la Lectura y goza de una buena salud inmejorable, en estos momentos se está celebrando su 15ª edición bajo el lema “Vuelve a las palabras” convirtiendo, un año más, a Cartagena en la capital de la lectura, donde autores, jóvenes y mayores siguen una actividad efervescente en torno al libro.

Roberto Soto ya escribió un suculento post sobre los Premios Mandarache Hache con la versión oficial y la versión Mandarache, que os recomiendo releer. Pero antes, nos toca conocer la versión de Alberto Soler, coordinador del proyecto desde sus inicios.

Alberto Soler (Cartagena, España, 1980) es Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Murcia y Máster en Juventud y Sociedad por la Fundación UNED. Técnico de Juventud, poeta, agitador cultural, lector voraz, derrocha un sentido del humor y sensibilidad que ya podemos comenzar a intuir si le leemos el poemario Los tigres devoran poetas por amor y si le seguimos en Twitter (a él o al bot dadaísta que ha creado, @todoesbienBot).

 

Cartagena, 28 de febrero de 2020.

Es viernes y hace calor. Me encuentro con Alberto Soler en el Centro de Recursos Juveniles que tantas veces visité en mi adolescencia, para desvirtualizarnos, charlar de Mandarache y tomar un café al solecico murciano que brilla radiante y que tanto echo de menos. 

Mi excusa para este encuentro no es pequeña, como cartagenera y BiblogTecaria, siento que tengo una gran deuda de dedicarle un post a este certamen literario que arrasa entre los más jóvenes y del que me enorgullezco desde la distancia y desde la cercanía de las redes. Llevo un listado de preguntas que consolidé con mis compañeras de BiblogTecarios pero me salto un poco el guión y dejo que este encuentro, que sabe cotidiano, a Mar de Músicas y a marineras, vaya tomando forma de charla intensamente distendida sobre libros, jóvenes, participación, bibliotecas, barrios e institutos que os voy a intentar resumir en este post.

Cómo surge Mandarache

Mandarache nace en la cabeza de Patricio Hernández, el que era coordinador de Juventud en ese otoño de 2004, inspirándose en algunos premios literarios que tenían el acento en los jóvenes, como el Premio Arzobispo Juan de San Clemente, el Premio Napoli o el Premio Goncourt des Lycéens. A diferencia de estos certámenes, desde el principio el proyecto Mandarache se acogió a la arriesgada premisa de trabajar la educación lectora con jóvenes sin centrarse en la literatura juvenil, intentando servir de puente hacia la literatura contemporánea, algo que la educación formal o reglada, no suele llegar por lo cargado del currículum. 

No se puede fomentar la lectura desde la obligatoriedad

.Como dato, en la edición cero se esperaba una participación de unos 150-200 jóvenes y tuvieron más de 714 inscritos de seis institutos de Cartagena, para la sorpresa de los organizadores. No sólo no se han desinflado las estadísticas en ninguna edición, sino que hace años que las cifras no bajan de los 6000 participantes. Obviamente, la participación es siempre voluntaria.

A los tres años de rodaje, por petición popular y como evolución orgánica del certamen, se abrió la participación a personas mayores de 30 años, aunque no pueden votar en la elección del ganador. Me cuenta Alberto que la participación de señoras mayores es muy llamativa y a mi no me queda otra que asentir, pues mi abuela Marisa es fiel lectora de Mandarache; ella y sus vecinas se leen cada año, a través de su Asociación de Mujeres «Amanecer» y de la Universidad Popular, todos los libros seleccionados, disfrutan de cada uno de los eventos de Mandarache y se sienten parte del certamen.  Aquí las tenéis:

Esta circunstancia de mezclar a los jóvenes con los más mayores crea un entorno lector intergeneracional que les hacen preguntas sobre el mundo, que da pie a debatir y que, desde mi punto de vista, es una maravilla.

Cómo es la dinámica del Premio Mandarache

La fórmula que sigue el Premio Mandarache es la de jurado masivo compuesto por jóvenes de 15 a 30 años, que falla un premio literario. Lo mismo con el Premio Hache de Literatura Juvenil, pero con jóvenes de 12 a 14 años. Los tres autores que optan al Premio de cada categoría son seleccionados previamente por un comité, el llamado Grupo Promotor.

Lo más genial del Mandarache es la transformación lectora de los que participamos en la organización del proyecto, por la intensidad lectora a la que nos ha sometido y los criterios que se han de aplicar a la hora de seleccionar los libros.

Éste Grupo Promotor es un órgano diverso, formado por unas 60 personas relacionadas con el mundo del libro y de la educación de Cartagena que participan, también de manera voluntaria, en la toma de decisiones y en la gestión del proyecto. Se podría decir que son en un 85% profesores de secundaria, libreros (destacar a Ana Escarabajal, matrona del proyecto), bibliotecarios municipales y escolares, animadores y técnicos de Juventud.

Es algo hermoso porque, aunque el proyecto lo impulsa y coordina técnicamente la Concejalía de Juventud del Ayuntamiento de Cartagena, este Grupo Promotor tiene mucho peso en las decisiones que dan forma al Premio Mandarache, no sólo en las lecturas seleccionadas. En palabras de Alberto Soler, “simboliza una nueva relación de la ciudadanía con la administración mucho más líquida, donde la ciudadanía implicada es la que decide cómo se implementa.”

Un proyecto como Mandarache Hache exige muchas horas de trabajo, se reúnen alrededor de 15 veces al año, leen más de 160 títulos al año. No es de extrañar que Alberto se refiera al Grupo Promotor como “la Nasa de la Educación Lectora”.

Cómo es la relación con institutos y profesorado

La LOMCE dice que los alumnos tienen que realizar tres lecturas dentro del currículum académico y está en la mano del profesor el incorporar las seleccionadas por Mandarache como itinerario lector. El profesor es quien decide si se incorporan en su plan de estudios o si se adhieren como un contenido extra porque, como nos recuerda Alberto Soler, no todo el profesorado es de Lengua y Literatura, también hay profesores de música, de filosofía, de historia o hasta de Educación Física. Aquí cabe recordar que la responsabilidad del fomento de la lectura no se debe de depositar en la clase de Lengua y Literatura, cuando es algo transversal que atañe a todas las materias, ¿recordáis al profe que os inculcó el gusanillo lector?

Mandarache ofrece al profe de secundaria un marco institucional, que tiene reflejo en lo académico, para trabajar en la literatura contemporánea con unos textos seleccionados por órgano plural y complementado con actividades donde los jóvenes son protagonistas (encuentros con autores, jams de escritura creativa, entre otras que podéis investigar aquí). Dicho de otro modo, ofrece un contexto de Ciudad Lectora, en el que hay 6000 estudiantes de 23 institutos y clubs de lectura de Cartagena participando como jurado en un premio literario, tomando decisiones, enfrentándose a diferentes lecturas y contrastando sus realidades y pensamientos. Un caramelo.

Cómo es la relación con autores

Encontrar a autores que cumplan con todas las condiciones no es tarea fácil. Recordemos que en la selección de textos que realiza el Grupo Promotor, se aúnan criterios artísticos, didácticos (que sean representativos de una línea del panorama narrativo de la literatura contemporánea); que el autor esté vivo y dispuesto a venir a Cartagena, que exista un equilibrio entre los tres títulos; que sea una selección plural y diversa, que incluyan títulos de latinoamérica y traducidos de idiomas oficiales de España, como el catalán o el gallego.

El Premio Mandarache es muy rock & roll

Por los Mandarache Hache han desfilado grandes autores, como Rosa Montero o Javier Cercas. La relación con los mismos es muy positiva, suelen estar muy a favor de Mandarache Hache y les tiene que ir la marcha. Los encuentros Mandarache tienen una organización peculiar que desafía las normas establecidas y pone el acento en la persona mediadora del Grupo Promotor que introduce brevemente al escritor y se va directamente al turno de preguntas de los jóvenes y demás participantes. Dar tanto peso a la participación lo hace muy especial, se han vivido escenas muy inspiradoras donde los mismos jóvenes acaban debatiendo entre sí sobre las cuestiones que plantea el autor.

Por eso dicen que más que un premio literario, el Mandarache es un concierto de rock. Los autores se dan un baño de lectores, enfrentándose a unas 1000 personas, en menos de 48 horas, en esta poderosa campaña educativa. Me imagino que es todo un desafío el que tu obra sea leída por un público tan exigente y puro como los más jóvenes, esos que supuestamente “no leen”.

Cómo es la relación con los jóvenes

Los alumnos se inscriben y organizan en comités de lectura de seis personas, en el insti o en clubs de lectura. Al inicio del curso reciben las tres obras seleccionadas gratuitamente y tienen siempre un papel activo durante todo el proceso del Mandarache Hache. En palabras de Alberto:

“Aprender a leer es aprender a hacer preguntas a un libro, por eso la fórmula perfecta del club de la lectura es tan potente, porque rompes las paredes como lector y “lo lees dos veces” a través de los ojos de otros lectores. El proyecto está diseñado para “tener en cuenta al lector como un artista, para intentar educar a lectores exigentes, esos que a veces se nos olvidan en la cadena editorial. Sin un lector que exija la excelencia en las obras maestras de nuestros días y que tense la cuerda literaria, el mercado se puede relajar y convertirse en el libro del verano y lecturas degradadas, por razones perversas. 

Mandarache se posiciona en la batalla entre la cultura como evasión y entretenimiento (lectura de turismo, de vacaciones de navidad) o la cultura como una herramienta antropológica para hacernos preguntas, mejorarnos a nosotros mismos, conocer la otredad”.

Por eso, el manoseado argumento de “lo importante es que lean, que lean lo que sean, que lean narrativa de ficción” aquí no funciona. Los libros que se escogen en Mandarache tienen un poquito de veneno, intentan ofrecer a los jóvenes ficciones diferentes a las que están habituados, enfrentarles a dilemas morales, llevarle hacia los sitios donde la literatura nos cuestiona. ¡Emocionante!

Cómo es la relación con el denominado «Fomento de la Lectura»

Bajo el sintagma de «Fomento de la Lectura» se meten muchas iniciativas, a veces contradictorias, como ya venimos intuyendo en esta conversación.

«Nosotros empezamos haciendo y después de evaluarnos, nos dimos cuenta que no era un proyecto de Fomento de la Lectura sino de Formación Lectora, intentar que la gente lea de un modo más diverso y se desarrolle a sí mismo dentro de la lectura. Ahora nos hemos dado cuenta que somos educadores. Tenemos un papel institucional en la responsabilidad de que los jóvenes sigan leyendo cuando entran a la edad adulta».

Bibliotecas para jóvenes, ¿sí o no?

Si sólo leen ciertas lecturas LIJ, les hemos perdido como lectores adultos.

Llegados a este punto, teníamos que acabar con esta pregunta que tanto preocupa a muchos autores de este blog, ¿cómo enfocar el área joven de la biblioteca?. “Si ese espacio joven puede servir para enganchar a los más jóvenes, estupendo, pero siempre que no aglutine todas las actividades para jóvenes. Puedes trabajar la literatura con jóvenes sin LIJ”.  Por ello, más que el sentido o no del área joven en la biblioteca, Alberto me habla de la necesidad de generar los llamados Itinerarios de Madurez Lectora dentro de las bibliotecas, de potenciar la educación lectora intentando ofrecer lecturas diversas acorde a los diferentes lectores de la comunidad. 

«Pensamos que los jóvenes no leen cuando es todo lo contrario, son las jóvenes de este país las que levantan las estadísticas de lectura. El problema es que vivimos en una sociedad que no lee, es un problema sistémico».

Coincido en lo simbólico que resulta leer obras de adultos en el tránsito hacia la madurez, de ese momento en el que tener un carné de adultos en la biblioteca te da poderes y te lees un libro “para mayores”. Así que acabo abriendo este debate en redes y en los comentarios de este post.

Gracias, Alberto, por tu tiempo y por ese trabajo precioso que hacéis en Cartagena. Larga vida al Mandarache Hache.

 

 

Irene Blanco

Analítica Web y Coordinación Web en BiblogTecarios. Documentalista, apasionada de Internet y del marketing online. En BiblogTecarios reflexiono sobre gestión cultural, las nuevas profesiones digitales, el marketing y las bibliotecas.

Un comentario a “Alberto Soler: «Aprender a leer es aprender a hacerle preguntas a un libro»”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *