Recuperar el placer de la lectura

Ya no leo tanto como leía antes.  Y no me refiero a la época estudiantil, que fui voraz y ávida lectora, sino que ya no leo tanto como en 2019 (año que remonté a lo grande una larga época de sequía). En un tiempo en el que muchos han encontrado el momento para recuperar o descubrir el placer de la lectura, yo lo he perdido.  Sigo siendo una gran recomendadora de libros pero empiezo a indicar libros que no he leído pero de los que tengo muy buenas referencias y que creo que se pueden adaptar a la persona que me solicita consejo. También se repite cada vez más la frase ¡uy, ese lo tengo pendiente! Cada vez más mi biblioteca se acerca más a la de Umberto Eco (¡la de libros que me quedan por leer!).

Antes los libros tenían que hacerse un hueco entre la rutina, las aficiones y la vida social. Ahora sufren la falta de concentración y de ganas. Antes se hacían largos trayectos en transporte público y ahora se distribuyen por toda la casa y van de una a otra habitación, por si el movimiento o su visión despiertan el interés. Sueño en cuanto lees el primer párrafo, leer y releer la primera página sin enterarte de nada, comenzar y dejar un libro tras otro,… Son todo síntomas de que se te hace cuesta arriba.

No me he marcado como objetivo de 2021 leer más.  Normalmente, si me he dicho algo, ha sido referente al tipo de lecturas: más cómics, más ciencia, más no ficción,…  Sin embargo, lo echo mucho, mucho, mucho de menos. Leer siempre ha sido una pulsión, un placer, un hábito y una necesidad. Así que me he dedicado a leer e investigar sobre por qué no leo y cómo puedo recuperar esos buenos ratos que me dan los libros.

Primero he redescubierto  los problemas de atención.  No somos multitarea pero si recibimos múltiples estímulos.  Cada vez más tengo encima de la mesa el ordenador encendido, una revista, un libro, el libro electrónico, el móvil y música puesta. Voy leyendo y me pongo a buscar en el móvil o en el ordenador una ciudad o un plato o un personaje que aparecen en el texto. Así que no es sólo es que se me vaya la mente, es que termino haciendo otra cosa. Por ello, la primera solución que me he dado es el sillón, el té o agua, el libro y yo. Fuera dispositivos de la habitación en la que me ponga a leer. Da igual si va a ser una lectura superficial, de entretenimiento o de estudio, aplica a todo.

Segundo, no hay que obsesionarse con el silencio. Si he podido leer en hora punta del metro en un andén atestado, puedo leer en cualquier parte. Donde estés y como estés, si puedes, lee.

Tercero, el tiempo no importa. Antes me decía que si no iba a estar al menos media hora no merecía la pena comenzar. Es verdad que cada vez me costaba más tiempo entrar en los libros pero la mente se habitúa y si tienes diez minutos no los pierde.

Cuarto, el hábito hace al monje. Me he marcado tiempos de lectura. He elegido distintas horas del día, no lo tengo que hacer en todas pero si al menos en alguna de ellas ni todos los días pero sí no dejar pasar más de tres días.

Quinto, si un libro no te engancha, abandónalo. Es lo que más me cuesta pero se puede y conviene hacerlo. También es recomendable tener varios libros comenzados de diferentes estilos y temáticas. Dependiendo de las energías, la apetencia o el tiempo disponible se elige una de las alternativas y así no te encuentras luchando con un libro interesante pero denso un día que estás especialmente espesa. Comenzar con lecturas cortas y entretenidas y de tus géneros o autores favoritos es un gran aliciente para conseguir retomar el hábito. Si no se te ocurre nada, déjate aconsejar (un amigo, un compañero de trabajo, tu librero de confianza). Si aun así no te llaman, siempre nos quedarán los clásicos, nunca fallan, o releer aquellos libros con los que disfrutaste en el pasado (no sólo puedes recuperar las emociones que te generaron sino también descubrir nuevos aspectos en ellos, no siempre estamos en las mismas circunstancias y nuestras vivencias posibilitan otras relecturas).

Sexto, haz listas de las lecturas que vas culminando. Descubres que lees más de lo que piensas, tienes a mano los títulos por si no recuerdas alguno en un determinado momento y tu cerebro entra en una especie de competición consigo mismo y cada vez quiere anotar más. No te dejes llevar por acumular lecturas, se trata de recuperar el placer, no de agobiarse por aumentar el número. Además puede ser engañoso, ya no sólo por el número de páginas de cada volumen sino por la dificultad que plantea cada uno. Si quieres ir un poco más lejos puedes llevar un cuaderno en el que anotar lo que te gusta o las impresiones que te está produciendo el libro.

Séptimo. Los audiolibros son una buena opción. Yo me resistía pero después de acostumbrarme a escuchar podcasts mientras hago las tareas de la casa o me lavo los dientes han sido un paso natural. Son un placer distinto, los buenos narradores son una delicia. Negaré haber disfrutado como una niña escuchando a Stephen Fry narrando el primer volumen de Harry Potter pero los libros infantiles y juveniles en otros idiomas son excelentes para hacer oído.

Octavo, evita dramas y no te obsesiones con que tienen que ser lecturas productivas o sesudas. Necesitamos sonrisas, relajación y tranquilidad. No pasa nada por una época de lecturas ligeras o de evasión. Si siempre quisiste leer poesía o física cuántica, igual no es el mejor momento. Déjalas reservadas para cuando hayas recuperado el hábito. Lo que no quiere decir que no experimentes con nuevos géneros, la novedad puede ser de gran ayuda, pero que sean territorios medianamente fáciles y no arenas movedizas.

Nueve, informa a tu entorno. No sólo para que respeten tus espacios y tiempos de lectura sino para que se animen contigo o te comenten qué están leyendo ellos. Incluso podáis leer lo mismo y debatir qué os sugiere.

Diez, lee para otras personas. Una de las iniciativas más bonitas que han surgido en 2020 es el número de personas que han empezado a leer en voz alta para desconocidos como modo de ayudarles a mitigar la soledad o iniciar conversaciones con personas con las que a priori tienes poco en común. Busca por internet o en tu biblioteca iniciativas de este estilo. O bien, lee para tu familia. Es un buen método para mantener la concentración y recuperar una habilidad que muchos tenemos abandonada.

Once, lleva siempre un libro contigo.  Volverás a tener momentos impagables. Volverás a sentir esa pérdida o indefensión que se produce cuando acabas un libro que te ha gustado mucho. Ganarás nuevas herramientas para conocer el mundo.

Inma Herrero

Documentalista, lectora voraz, curiosa empedernida. Intento aprender algo nuevo cada día y me encantan los retos. Mis áreas de interés crecen porque no hay nada que me guste más que el mundo en el que habito.

4 Comentarios a “Recuperar el placer de la lectura

  1. Buenos días, Inma!
    Me parece muy bueno el análisis que haces sobre la lectura en estos tiempos.
    En lo personal, me identifico con el Octavo postulado que presentas: no consigo concentrarme en libros muy profundos, con temáticas para el análisis o la reflexión, entonces leo novelas de suspenso (no de terror, sí de suspenso, intriga) que me entretienen, me hacen olvidar problemas personales y no me exigen tanta concentración. Pero empecé a sentirme «culpable» por ello. Tu artículo que acabo de leer, me ha ayudado mucho. ¡Gracias!

    1. De nada. Me alegro de que sirvan de ayuda o de guía mis reflexiones en voz alta. El sentido de hacer algo útil y productivo nos persigue a todos. Obtener, conseguir, lograr, aprovechar el tiempo,… Vivimos en una sociedad en la que parar, reflexionar o descansar sin hacer nada no está bien visto. A mí me ha ayudado pensar que la desconexión y la paz mental que te deja la lectura, sea cual sea, es también muy importante. Además hay lecturas ligeras que están muy bien escritas y en las que aprendes sin casi enterarte sociología, psicología, geografía,antropología,… Y compartimos gusto por el tipo de lectura para desconectar. Tenemos inmensidad de novelas policiacas o de suspense fabulosas pasar buenos ratos.Sigue disfrutando.

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