Prohibido nacer

Me topé con Prohibido nacer en un artículo de periódico promocional. Leí la reseña con curiosidad pero con dudas acerca de su interés. Un cómico de un late night show estadounidense me quedaba lejano y no me parecía que fuera a tener unas vivencias personales interesantes pero fue leer un extracto del libro y quedarme impactada. No es un libro sesudo, no investiga ni revisa el apartheid. Sin embargo, con un estilo ágil, cercano a un monólogo de humor continuado y una narración que atrapa y no te suelta te lleva de la mano por la infancia de un niño que forma parte de una familia interracial en un país hostil con segregación racial y enormes desigualdades sociales determinadas por la raza y de una enorme violencia fomentada por una represión política que otorgaba derechos y libertades dependiendo de la tribu a la que pertenecieras y, por tanto, dividía y enfrentaba a la población negra.

Aunque el libro es una historia de amor a una madre extraordinaria y excepcional que sólo quería la libertad  para su retoño y que defendía la posibilidad de pudiera ser lo que quisiera ser muestra la absurdidad de la legislación existente en Sudáfrica durante el apartheid.

Describe un mundo liderado por mujeres. En su caso por la imposibilidad de estar con su padre porque era blanco y su cercanía suponía un peligro para él y para toda la familia. En el del resto porque los hombres estaban trabajando en las minas y sólo volvían los días de permiso, o estaban encarcelados o en el exilio por luchar por sus derechos civiles. Eran las mujeres las que mantenían la comunidad unida.

El título hace referencia a que su nacimiento suponía una grave infracción y su mera existencia una afrenta a toda la sociedad. Al ser un niño negro con piel muy clara no podía ir por la misma acera que su padre ni en brazos o de la mano de su madre, quién contrataba a una mujer para que llevara al niño de paseo. No jugaba con otros niños que no fueran sus primos y aprendió pronto el arte del camuflaje para ser aceptado en todos los ambientes a través del uso del idioma de la contraparte para ser aceptado y no ser el “diferente”, el “otro”.

Este método de resiliencia sirve para que podamos conocer la diversidad lingüística y cultural de Sudáfrica, conozcamos cómo  un régimen político y social impuesto por una minoría blanca que suponía el 20% de la población gobernase sobre esa multiculturalidad. Además, aunque el tema de la violencia doméstica se trate puntual y tangencialmente en tres ocasiones vemos lo que supone la violencia dentro y fuera de casa.

La obra se estructura en tres partes que abarcan cronológicamente la niñez y juventud del autor. En ellas a través de anécdotas hilarantes (muchas de ellas tragicómicas) observamos el estupor de un niño que por su color de piel (demasiado blanca para la población negra y símbolo del quebrantamiento de una ley para las sociedad blanca) no termina de encajar en ninguno de los dos mundos. Es un niño negro criado con las expectativas y sueños de un niño blanco en un entorno de enorme religiosidad y en una sociedad muy acostumbrada a la brujería.

También nos permite descubrir la complejidad de la vida que se desarrolla en los barrios marginales de Johannesburgo a finales de la década de los 80 y principio de los 90 del siglo pasado. Una época no tan lejana en el tiempo pero sí en nuestra mente y sociedad actual.

Es una lectura recomendable para todos aquellos que quieran disfrutar de una historia de superación personal y acercarse a un tema no tan lejano pero ya no tan cercano del apartheid de una manera poco académica pero muy amena.

Inma Herrero

Documentalista, lectora voraz, curiosa empedernida. Intento aprender algo nuevo cada día y me encantan los retos. Mis áreas de interés crecen porque no hay nada que me guste más que el mundo en el que habito.

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