Las humanidades como armas de construcción masiva

En una sociedad con una mentalidad utilitarista orientada a la obtención de beneficio y resultados a corto plazo las humanidades ven cuestionada su importancia constantemente.  Poco a poco no sólo han ido despareciendo de los planes de estudios sino también del imaginario colectivo pues se valoran más los conocimientos técnicos. Casi nadie ve su potencial transformador y su condición de pilar fundamental para entender la complejidad del mundo que nos rodea. Son una herramienta para  interrogarnos sobre el sentido y el valor de lo que hacemos y para comprendernos a nosotros mismos,  a la sociedad a la que pertenecemos y la historia que nos precede y conforma.

Nos dotan de claridad al aportarnos conocimiento y perspectiva, por un lado; por otro, al hacernos reflexionar facilitan el desarrollo de una actitud crítica ante lo que está ocurriendo y permiten cambiar actitudes, pensamientos y comportamientos ante esas situaciones.

Frente a la diversidad que ofrece la cultura, las ciencias y la tecnología son homogeneizadoras. Su desarrollo y avance implica el nacimiento de problemas morales, filosóficos y sociales de carácter complejo y multidisciplinar. Ante esta situación no valdrá “saber” o no valdrá “saber hacer”, sino que será necesario “saber ser”. La filósofa y catedrática Adela Cortina señala que es necesario contar con ciudadanos que “reflexionen y tomen decisiones, que tengan la capacidad de optar no solo por lo que les interesa o por la corazonada de un momento determinado, sino por lo que piensan es mejor para el bien común”.

El filólogo, académico y catedrático Carlos García Gual se queja de que los jóvenes de hoy en día solo se preocupan de lo que es obligatorio, por la búsqueda del rédito. Su afán es estudiar aquello que les proporcione un buen trabajo y en ese empeño dejan de lado todo lo demás y como resultado, no leen nada o muy poco.

La filósofa norteamericana Martha Nussbaum alertó en 2016 sobre la erradicación de las humanidades y las artes en prácticamente todas las naciones. Señaló que en Estados Unidos habían perdido un gran número de licenciados. De hecho, en Harvard ya se da el caso de que los matriculados en Ciencia y Tecnología son superiores a los matriculados en Arte y Humanidades. En el caso de Europa muchos grados de estas disciplinas se están cerrando por no ser “rentables”.

Sin embargo, según el UCL Centre for  Digital Humanities en 2012 el 34% de los CEOs de las principales multinacionales habían estudiado una carrera de Humanidades. Por ejemplo, el fundador de Paypal, Peter Thiel, es filósofo y Frederic Mazzella, de BlaBlaCar, es músico.

Además, muchos otros forman parte de tecnológicas como Facebook, Samsung, Google y Microsoft. En 2014 Google contrató a un filósofo especialista en Ética de la Información del Instituto de Internet de Oxford para decidir qué era aceptable y qué no para borrar los datos que pudieran ser dañinos para sus usuarios cuando el Tribunal de Justicia de la Unión Europea dictó sentencia sobre “el derecho al olvido”.

En España el trabajo conjunto en equipos multidisciplinares de  científicos, ingenieros y humanistas está comenzando todavía. En 2014, la UNED creó el Laboratorio de Innovación de Humanidades Digitales reivindicando así las humanidades en la economía digital y mostrando que el mundo no se divide en ciencias y letras sino que su simbiosis es la clave para el continuo desarrollo de la humanidad. Las humanidades necesitan tecnología y viceversa.

El profesor asociado de Educación y Economía en Harvard David J. Deming descubrió que, en Estados Unidos, los trabajos en los que se usan tanto las soft skills (competencias sociales) como las competencias en comunicación, de liderazgo o de pensamiento crítico han aumentado más rápidamente y suremuneración ha sido mayor en los últimos treinta años.

Por ello cada vez se buscan más perfiles con ganas de trabajar en áreas inexploradas, con habilidades analíticas que construyan argumentos sólidos, con experiencia en toma de decisiones y una visión global que permita dirigir gente diferente o de distintas culturas; así como,  empatía para interpretar a la gente y ser persuasivo.

En este contexto las bibliotecas también tienen que tener un papel crucial en no acentuar la división entre ciencias y letras, en facilitar espacios creativos en que se conjuguen actividades que aúnen ambos territorios fomentando no solo la creatividad sino también la interdisciplinariedad. En esta línea de pensamiento podemos encontrar en España el Medialab-Prad, el Medialab-USAL o el iArtHis_Lab. Otra iniciativa interesante es el  proyecto Teach the Future Library.

 

Inma Herrero

Documentalista, lectora voraz, curiosa empedernida. Intento aprender algo nuevo cada día y me encantan los retos. Mis áreas de interés crecen porque no hay nada que me guste más que el mundo en el que habito.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *