Eso no va a volver a ocurrir

“Los nazis estaban muy bien organizados y que la gente les tenía mucho miedo. El comportamiento del resto de los alemanes es un misterio: por qué no intentaron detenerlo, por qué dijeron lo que dijeron. No sabemos el porqué.”

Un profesor proyecta un documental sobre lo acaecido en los campos de concentración alemanes durante la segunda guerra mundial. Los alumnos perplejos no paran de preguntarle cómo pudo suceder, cómo nadie lo paró o no se dio cuenta. Ellos no hubieran permitido algo así y se habrían rebelado contra los déspotas. Les parece imposible y el profesor no sabe dar una respuesta clara a todas sus preguntas.

Al día siguiente decide iniciar una actividad de clase que explique por sí misma como la presión de grupo potencia el surgimiento de ciertos movimientos sociales.

“A algunos les impresionaba su energía, dedicación y creatividad. Decían que había sabido insuflar un nuevo aire a las clases, aprovechando cada tema para enseñar los aspectos prácticos y más relevantes de la Historia. Si quería hablar del sistema electoral, dividía a la clase en partidos políticos. Para hablar de un juicio famoso, asignaba a unos alumnos la defensa, a otros la acusación y a otros las funciones de jurado”.

Busca lemas y un símbolo, introduce normas de conducta y  un saludo identificativo, da nombre al grupo, asigna funciones y recomienda que el proyecto se extienda al resto del instituto.

 “Pertenecer a una comunidad es sentir que formas parte de algo más importante que tú mismo”.

A los cinco días el experimento se ha ido de las manos. Hay intimidaciones a los alumnos que no se quieren unir o plantean objeciones. Por un lado están los alumnos  a los que ha dado un propósito, una herramienta para conseguir sus objetivos o un sentimiento de formar parte de un grupo y ser especiales e incluso superiores. Por otro, están los que lo ven como una tontería que se está desmadrando un poco o los que están asustados ante los comportamientos de los que antes eran sus amigos.

“Laurie seguía pensando que no era más que una moda de la que la gente acabaría cansándose, por muy organizada que estuviese. Lo que le daba miedo era lo que podrían llegar a hacer antes de que eso sucediese”.

Sobre el libro

Es un relato ficticio que describe el experimento que se realizó en la clase de Historia de un instituto californiano en 1960 para ayudarles a comprender el auge del nazismo en Alemania. Es un relato simple, sin circunloquios o florituras, con pocas descripciones y mucho diálogo. La descripción de los personajes no es muy profunda, casi son arquetipos, pero todos tienen su importancia, función y peso en el relato. Es muy ameno y expone crudamente cómo se puede cambiar la actitud, el comportamiento y la manera de pensar de un grupo. La misma sencillez del relato enfatiza la facilidad con la que se produce todo el proceso de cohesión y asimilación de las doctrinas y consignas.

“… habréis aprendido que todos somos responsables de nuestras acciones, y que tenemos que cuestionarnos qué estamos haciendo en lugar de seguir a nadie a ciegas, y nunca jamás la voluntad  de un grupo anulará vuestros derechos”.

Es estupendo para transmitir la idea de que no hay más ciego que el que no quiere ver, que no hay que dejar que la voluntad del grupo anule tu capacidad de pensar por uno mismo, evaluar y contrastar lo que estás escuchando, no dejarte llevar, no minimizar las situaciones y no dejarte guiar ciegamente por alguien, por muy carismático que sea o te parezca.

“Solo digo que porque todo el mundo haga algo, no quiere decir que sea lo correcto”.

El contexto

Morton Rhue o Todd Strasser es un autor de literatura infantil y juvenil. Le gusta tratar temas controvertidos como el acoso escolar, las personas sin hogar, el nazismo, la violencia en las aulas,… El experimento que narra junto con los de Milgram y el de la cárcel de Stanford son utilizados para intentar explicar la disposición de las personas “normales” para obedecer las órdenes dictadas por una autoridad cuando estas entran directamente en conflicto con sus valores éticos o morales. Los tres demuestran que la presión de grupo y la férrea autoridad subyuga los valores de individualidad y los imperativos morales. Nada nos libra de que no vuelva a ocurrir si se reproducen las circunstancias y se da el entorno propicio.

“No eres idiota, David. Eres un idealista. Quiero decir que La Ola también tenía sus cosas buenas. No podía ser todo horrible, porque nadie se hubiese unido. Pero no ven todo lo que tiene de malo. Piensan que ahora todos son iguales, no se dan cuenta de que les han robado su identidad”.

Para más información

Strasser, Tod. La ola. Barcelona: Blackie Books, 2021. ISBN: 978-84-18733-03-1

Para más detalles dirígete aquí.

Inma Herrero

Documentalista, lectora voraz, curiosa empedernida. Intento aprender algo nuevo cada día y me encantan los retos. Mis áreas de interés crecen porque no hay nada que me guste más que el mundo en el que habito.

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