Cómo mantener la atención en un texto

Casi nadie pone en duda que el folio en blanco es una pesadilla. Sin embargo, poco se habla de la desazón que te embarga cuando después de emborronar unas cuantas cuartillas sientes que el relato hace aguas o no termina de encajar, o que está bien pero no tiene vida. Si no te llama o convence a ti, va a ser difícil que guste a los demás.

Entonces es momento de buscar otras líneas o formas de pensamiento que transformen el texto o buscar contextos o herramientas para validar las ideas que quieres transmitir.

Cuestiones generales a considerar durante el proceso creativo de escribir:

  • Haz un esquema de lo que quieres contar: idea central, objetivo perseguido y enfoque con el que se va a tratar. A mí me encanta comenzar a escribir y dejarme llevar. Eso parece al menos. La verdad es que normalmente ya llevo dando vueltas al tema un tiempo largo y lo que quiero decir inconscientemente ya está fijado. Lo que se queda para el momento es el tono, ya que influye mucho el modo en el que me encuentro o para qué, quién y dónde estoy escribiendo.
  • Mantén un cuaderno de notas. Pensamientos, fragmentos de conversaciones, lecturas, imágenes, olores, sabores, sensaciones. Anota lo que te sorprende o llama la atención. Es un bonito cajón de sastre por si puedes encontrar algo que añadir a tus ensayos. Además es una buena manera de fomentar la observación, practicar la escritura y mantener el interés por el mundo que te rodea y que está haciendo ser quien eres. Se recuerda mucho mejor lo que causa impresión así que si en un momento dado lo hizo en nosotros es muy probable que lo haga en nuestros lectores.
  • Escribe regularmente. A poder ser todos los días. A mí me gusta atesorar lo bueno que me ocurre cada día, por chiquito que sea. Si todavía no eres capaz de verlo, recoge historias que oigas en el transporte público, te cuenten o le hayan pasado a desconocidos. Obsérvalas desde distintos puntos de vista o busca significados subyacentes. De primeras valen recetas o trucos para quitar manchas. La cuestión es escribir más de dos líneas y analizar o sintetizar como hábito.
  • Lee. Y vuelve a leer. Y continúa leyendo. Novela, ensayo, blogs o el prospecto de los medicamentos. Cuánto más ecléctico mejor. Cambia de estilos, autores, temas y formatos.
  • Cuenta historias. Practica la narración en reuniones familiares o con amigos. Con absolutos y completos desconocidos, aún mejor. Es el modo principal de saber si tu estilo narrativo engancha y de poner en práctica distintas técnicas o evaluar los contenidos que consideras interesantes. Como dirían los informáticos: testear, testear y testear.
  • Asocia ideas a eventos, anécdotas o ejemplos. Enriquecen la lectura y mejoran la capacidad asociativa del lector. Además, aportan cierta familiaridad que ayuda a que se identifique y se involucre en el tema que se está tratando.
  • Lee en voz alta. Permite reconocer y notar el ritmo de las frases. No sólo lo que estás escribiendo si no lo que han escrito otros. Lo hacemos cada vez menos y es muy gratificante.
  • Prueba a hacer escritura colectiva. Es una forma estupenda de ver cómo otros escriben, mejoran o retocan desde otro punto de vista tus escritos y viceversa. Es enriquecedor e instructivo.
  • Reescribe. Está fenomenal soltar todo en un folio pero después hay revisar, eliminar, poner, cambiar,… No hay que dejar nada que no tenga sentido o chirríe.
  • La perfección no existe. En algún momento hay que poner fin.
  • Evita que el contenido sea escaneable o de lectura en diagonal. Si resulta muy ligero y fácil de leer va a pasar sin pena ni gloria por la memoria del lector. No hay que darle los temas mascados, su mente tiene que trabajar.
  • Cuando uno escribe está solo y teme que su voz sea tan personal que no interese. En cambio, el estilo personal es lo que nos va a distinguir y, a la vez, atrapar al lector.
  • Conoce el tema sobre el que estás escribiendo. Ayuda a no divagar o quedarse en la superficie por temor a meter la pata. Cuanto más cómodo se está con un tema, más fluyen las ideas y mejor se enlazan. Además es más fácil saber qué se puede aportar que atraiga al lector y permite hacer lo complejo más accesible y lo confuso más sencillo.
  • Sé el primer interesado en el tema. Si escribes porque piensas que va a atraer a los demás pero a ti no te llama la atención, te va a costar y se va a notar.
  • Si algo se atasca o parece aburrido, mejor descártalo o retómalo en otro momento. Si se está encallado no hay que obcecarse en terminar.
  • Trabaja por bloques. Resulta más fácil ir trabajando y puliendo las ideas secundarias o temas. Es verdad que muchas veces implica cambiar la estructura y revisar detenidamente el conjunto pero ayuda a ir perfilando y construyendo el texto.

En cuanto al estilo ten en cuenta:

  • Una buena introducción es primordial. No se puede prometer algo que no se va a cumplir. En ella va la idea principal y se puede dejar caer algo de las conclusiones.
  • Es importante dar el mismo espacio a cada punto que se quiere tratar para que el texto no quede desequilibrado. Da cohesión y estructura a lo que se quiere contar.
  • Frases cortas. Una pena que gane el lenguaje marketiniano pero nuestra atención se ha vuelto volátil y es mejor facilitar la concentración de los lectores. Es aconsejable mezclar frases largas y cortas, da ritmo y musicalidad.
  • Viva los verbos. Dan movimiento y acción. Mantienen atento y despierto al lector.
  • Pocos adjetivos pero certeros. No os puedo mentir: me encantan los adjetivos. No obstante, me he dado cuenta de que distraen, vuelven farragoso el texto y difuminan al sustantivo. Incluso convierten en irrelevante el contenido porque parece que tiene más importancia la forma. Además estás contando una historia, no mostrando la riqueza de tu vocabulario.
  • No usar palabras demasiado largas, extrañas o complicadas. Aunque si son las precisas a todo el mundo le viene bien aprender alguna palabra nueva de vez en cuando.
  • Nada de comparaciones, aclaraciones, historias o metáforas innecesarias.

¡Hala! A escribir. Este momento es tan bueno como cualquier otro. Y ya tienes algunas directrices.

Inma Herrero

Documentalista, lectora voraz, curiosa empedernida. Intento aprender algo nuevo cada día y me encantan los retos. Mis áreas de interés crecen porque no hay nada que me guste más que el mundo en el que habito.

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