Un premio mayor que la lotería: trabajar en una biblioteca

Quizás, y solo quizás, a estas alturas de la mañana muchas personas en España estarán dando saltos de alegría, descorchando botellas de sidra y gritando en plena calle porque la suerte ha llamado a sus casas. Cada 22 de diciembre se celebra uno de los acontecimientos más esperados por millones de españoles: el Sorteo Extraordinario de Navidad, denominado comúnmente como Lotería de Navidad, con la intervención de los Niños de San Ildefonso. Para los agraciados, el denominado “pellizco” supone paliar algunos agujeros, hacer frente a deudas que condicionan sus vidas y, por supuesto, pensar en cómo gastarlo para continuar alimentando la máxima de que hay que consumir hasta morir.

Dinero, dinero, dinero. ¿En eso consiste la felicidad?

Nunca juego a la lotería, pero hace muchos años que me saqué el Gordo: trabajar en una biblioteca. Puede que más de uno esté ahora mismo riéndose al pensar qué me aporta esto frente a una cantidad de miles de euros cargados de esa supuesta felicidad, pero, al mismo tiempo, yo estoy haciendo lo propio porque el vil metal, aunque necesario para hacer frente a determinadas cosas, solo conduce a un bienestar efímero y deshumaniza a las personas, todo lo contrario que la cultura y el oxígeno que se respira en el interior de los espacios bibliotecarios.

Arauca
Una biblioteca es un lugar perenne al tiempo y a la cultura (Imagen reproducida de la web de la Red Departamental de Bibliotecas Públicas de Arauca, en Colombia)

Por eso, en una fecha tan señalada como esta quiero compartir contigo seis características de las muchas que justifican lo que podríamos denominar el “Gordo Bibliotecario” y cuáles son las bases que contribuyen a buscar nuevos alicientes en nuestra profesión con el fin de seguir creciendo como personas, a la vez que prestamos unos servicios de calidad y eficacia, con lo cual dignificamos todo lo que hacemos y el motivo real de ello.

  • Confianza y amistad

Que un usuario se te acerque tímidamente y deposite su confianza poco a poco, generando una relación que no quede únicamente circunscrita al préstamo de un determinado documento o al asesoramiento correspondiente para satisfacer sus necesidades, constituye uno de los elementos claves en el comportamiento humano que garantizan la reciprocidad emocional. Sí: los que trabajamos en una biblioteca somos fuente confianza, tanto dentro como fuera de nuestros recintos de trabajo, y el mismo respeto y cariño que recibimos lo entregamos en una cantidad mucho mayor.

  • No te quejas por los horarios, aunque a veces te pagan mal o, simplemente, no te pagan

Nuestra profesión nos obliga a estar al pie del cañón hasta más de trece horas diarias, aunque en algunos lugares determinadas bibliotecas ni siquiera distinguen el día de la noche porque nunca cierran. Las necesidades de información no tienen horarios y crecen las demandas de los usuarios para que las bibliotecas organicen más actividades culturales acordes con la realidad cambiante. Nosotros afrontamos esos retos, a veces con esos obstáculos de la problemática del director de nuestro centro, las condiciones que te ponen los políticos del partido de turno que gobierna en tu localidad o que ni si quiera te paguen tu salario porque tu puesto de trabajo está gestionado por una empresa privada dentro de un servicio que es municipal.

Aún así, damos ejemplo y seguimos luchando hasta el punto que algunos trabajamos en turnos rotativos y no te importa porque la vida se contempla con el máximo de aprovechamiento posible. No piensas como algún que otro funcionario atrapado detrás de una mesa, siempre pendiente de desgranar las horas con tedio. Nosotros convivimos con el ciudadano de a pie, que visita la biblioteca a todas horas y comprendes y entiendes su rutina, sus horarios ajetreados y sus necesidades porque también son las tuyas cuando estás ahí fuera.

  • Cooperación bibliotecaria

El dinero te ciega hasta el punto de hacerte pensar que la vida no tiene sentido sin él y que es el motor de todo lo que hacemos. Entonces, ¿dónde queda la ayuda entre las personas?. Esta negatividad la erradicamos nosotros, el heterogéneo gremio de los profesionales de las bibliotecas que impulsamos la cooperación con otras bibliotecas e instituciones públicas y privadas en aras de potenciar el papel que juegan todas como focos de proyección de la cultura y de la socialización, a la vez que formamos un amplio tejido de actividades y creatividad que está en constante ebullición. La responsabilidad es máxima, pero uno se siente orgullo de responder a las demandas de los usuarios, que te lo agradecen con su sonrisa o con un “gracias” lleno de sinceridad y respeto. No somos dioses ni pretendemos que nuestra figura se mitifique, sino que seamos referentes por nuestro compromiso con las distintas generaciones y grupos sociales, para los cuales las bibliotecas son un puente hacia un mundo por descubrir o un refugio temporal en el que buscar respuestas a tus necesidades.

  • Donde tú vayas, allí estaremos

Nuestra profesión no se desarrolla únicamente dentro de un recinto acotado, sino que se inserta en otra serie de actividades culturales y lúdicas que dan a conocer nuestra profesión y que garantizan otra forma de acercamiento al trabajo que hacemos. Los que vivimos en Canarias tenemos la suerte de tener el océano Atlántico como guía en muchas de las cosas que hacemos y una de ellas son las biblioplayas, una forma más amena y relajada de llevar la biblioteca a los ámbitos costeros porque la cultura nunca descansa, lo mismo que el sol nos alumbra un día sí y al otro también.

En algunos lugares de la Península existen pueblos que se quedan casi asilados por culpa de las nevadas y, previendo este hándicap, el personal de algunas bibliotecas lleva libros a algunos hogares que los demandan para “abastecerlos” ante el temporal que se les avecina. Normalmente, son personas mayores, con ciertas dificultades para desplazarse o familias que se ven limitados en temas de transporte; nada de eso importa o, mejor dicho, nada detiene al trabajador de una biblioteca que encuentra en los obstáculos del camino un nuevo aliciente que superar para cumplir con su cometido más allá de la mesa de su oficina.

  • Somos privilegiados, sin presumir de ello

Sí, lo somos, y no hay nada malo en gritarlo a los cuatro vientos porque tenemos acceso a toda una variedad de documentos que para otras personas son imposibles, ya que no tienen los medios económicos para adquirirlos o sufren la lacra del analfabetismo, entre otros factores. Pero es un privilegio del que hemos aprendido a desprendernos para buscar los mecanismos necesarios con el fin de acercarlos a la sociedad. Miramos, comparamos, analizamos y pensamos qué es lo prioritario en la información para los usuarios y, sin darnos cuenta, por nuestras manos van pasando muchos de esos documentos, que amplían nuestros conocimientos y nos dan una perspectiva distinta hasta enriquecernos intelectualmente. Esa misma riqueza la queremos compartir, entregarla para que tenga la misma efectividad en otros, todo lo contrario al dinero, que se guarda en el banco y fomenta el capitalismo.

  • Nuevo rol: docentes en información

Muchos aspiran a que sus hijos ingresen en centros privados para tener una educación de mayor calidad que en las escuelas públicas o para que formen parte de las elites que nos gobernarán. Evidentemente, hay fallos en ese sistema educativo público, algo que tampoco se solucionará si dejamos que los políticos sigan actuando a su antojo. En cambio, en las bibliotecas hemos asumido el rol de docentes en alfabetización informacional, algo fundamenta en un contexto en el que las nuevas tecnologías han facilitado las comunicaciones y las relaciones entre las personas, garantizando un continuo intercambio de información y su aprovechamiento intensivo, pero también es cierto que estamos viviendo una fase donde pervive la brecha digital, esa que provoca que determinadas personas no accedan de una manera dinámica y eficaz a las herramientas que conducen a aquella.

Nosotros, como miembros de la propia sociedad, no creamos grupos heterogéneos, sino que ofrecemos nuestros servicios con la misma intensidad y profesionalidad a todos los ciudadanos; por eso, participamos activamente para ayudarlos a a través de procesos formativos en nuestros propios ámbitos de trabajo, con lo cual reducimos la bolsa marginal de quienes se están viendo relegados a un segundo plano en este marco de la sobreinformación y los cambios tecnológicos.

¿Compartimos el “Gordo Bibliotecario”?

Seguramente, ahí fuera habrá alguna que otra persona que piense como yo, armada con otros cientos de argumentos más que justifican la razón de ser de nuestro trabajo y de la felicidad que eso produce, más allá de los días buenos y malos que siempre están presentes. Abrir la puerta de una biblioteca cada día conlleva una tremenda responsabilidad sobre nuestros hombros y exige una empatía con cada ciudadano que la cruza porque no solo es un reto para nuestra labor, sino una forma de agradecer que estemos ahí como referentes en el mundo de la cultura.

Por eso, ya sabes que mi biblioteca es tu casa y que nunca te pondré impedimentos por cuestiones de sexo, raza, religión y pensamiento para prohibirte tu entrada. En los bancos y cajas de ahorro tu acceso está condicionado al dinero; en mi trabajo, sigues siendo libre cuando cruzas la puerta y eso nos enriquece en relaciones y emociones a todos.

Francisco Javier León Álvarez

Colaborador en BiblogTecarios Rodeado de libros en la B. P. M. de La Orotava (Tenerife). Gestiono Ediciones La Gárgola Despierta y me interesan los aspectos sociales y culturales relacionados con los países del tercer mundo.

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