Pensar bibliotecas inclusivas: el caso de las personas sin hogar

Nuestra Firma Invitada de hoy es muy especial, desde Francia, Alizé Dinh nos contará cómo las bibliotecas pueden ser más inclusivas con las personas sin hogar. Esperamos que lo disfrutéis.

Las bibliotecas públicas son uno de los escasos espacios abiertos para todo el mundo. El personal bibliotecario realiza un trabajo tremendo para acercarse a las personas alejadas de las instituciones culturales, saliendo de las fronteras de la biblioteca para ir a escuelas, hospitales, prisiones o refugios para personas en situación de calle, entre otros lugares. Este tipo de programas en colaboración con organizaciones sociales y educativas, ya ha demostrado su relevancia y sus beneficios para las comunidades destinatarias. Al mismo tiempo, las bibliotecas públicas acogen entre sus muros a usuarios con perfiles cada vez más diverso, incluidos algunos que pertenecen a colectivos vulnerables, como es el caso de las personas sin hogar. Este fenómeno, ampliamente percibido como positivo por la profesión, plantea también preguntas profundas sobre el papel de las bibliotecas, sus valores y principios, y la manera de cumplirlos.

Este artículo propone pautas de reflexión para pensar las bibliotecas como lugares inclusivos haciendo hincapié en la acogida de las personas en situación de calle.

Suprimir las barreras

Para poder incluir a todo el mundo, es necesario identificar y eliminar los obstáculos que se presentan ante determinados públicos a las bibliotecas. Las barreras con las que tropiezan las personas sin hogar pueden ser diversas.

En primer lugar, existen límites materiales y financieros que pueden disuadir a las personas en situación de calle. El precio y las exigencias administrativas para pedir un carné en algunas bibliotecas son unas de ellas. Ciertas personas también pueden renunciar a ir a las bibliotecas si no tienen un lugar dónde dejar sus pertenencias personales o sus animales. De manera general, hay que tomar en cuenta las condiciones materiales en las que viven estos públicos y encontrar soluciones como una inscripción simplificada y gratuita o la puesta disposición de taquillas en la entrada. En Francia, la Biblioteca Pública de Información (Biblioteca del Centro Pompidou también llamada Bpi), situada en el centro de París, es un buen ejemplo de biblioteca inclusiva. Allí, cada uno puede venir y disfrutar de todos los servicios sin inscripción previa. La biblioteca ofrece un libre acceso integral a las colecciones proponiendo únicamente la consulta de los documentos in situ. Esta apertura (así como su ubicación y sus servicios) hace de la biblioteca una de las más frecuentadas por personas sin hogar a nivel nacional.

Studying at the Center Pompidou Library [Estudiando en la biblioteca del Centro Pompidou], Rich Pompetti, 16 de diciembre de 2006, Flickr (Studying at the Centre Pompidou Library | Rich Pompetti | Flickr)

 

Otro límite reside en el hecho de que las personas en situación de calle pueden sentirse juzgadas por otros usuarios o por el personal de las bibliotecas, debido a una apariencia o una actitud que no corresponde a los códigos explícitos o implícitos de la institución. Este sentimiento es fortalecido por la idea de que algunos usos de las bibliotecas son más legítimos que otros. Así, una persona que viene a la biblioteca para ver los deportes en el ordenador, sería considerada menos legítima que una que viene para estudiar. Combatir estos prejuicios implica que los bibliotecarios sean formados por actores sociales capaces de transmitir sus conocimientos adquiridos al contacto de personas sin hogar.

Por último, hay personas en situación de calle que no se sienten cómodas en las bibliotecas debido a su asimilación a las instituciones culturales y educativas a menudo percibidas como símbolos de exclusión. Este fenómeno es probablemente aquello contra lo cual el personal bibliotecario tiene menos medios para actuar. Sin embargo, las acciones extramuros en colaboración con organizaciones sociales, pueden ser una manera de establecer un primer contacto con las personas sin hogar y de hacer conocer mejor los servicios de la biblioteca. Por ejemplo, hace unos años, la Mediateca musical de París organizó una serie de acciones con un centro de acogida y reinserción social (CHRS) en el sur de la capital: encuentro con un autor, proyección de película, desayuno musical sobre la nueva escena francesa femenina, visita de la biblioteca, etc.

Aceptar y regular los conflictos

En abril pasado, un webinar organizado por la Bpi volvía sobre el caso de la mediateca Louis Aragon en Choisy-Le-Roi (Francia) que tuvo que cerrar durante varias semanas debido a violencias, amenazas y tráfico perpetrados en y frente a la biblioteca. Raphaële Gilbert y Marion Moulin –la antigua directora y la antigua responsable de la cooperación y del desarrollo de los públicos de las mediatecas, respectivamente– de Choisy-Le-Roi, decían que una de las cosas que habían aprendido de esta experiencia era que la verdadera diversidad social no existía sin conflictos. En este caso particular, los conflictos no venían de la convivencia con personas sin hogar, sino de grupos de adolescentes del barrio. Sin embargo, la conclusión puede ser extendida a cada biblioteca que pretende promover el convivir. Definirse como un espacio inclusivo implica aceptar que lo que ocurre fuera de los muros de la biblioteca ocurra dentro. Así, las bibliotecas son el escenario de conflictos que pre-existen en su barrio, su territorio o en la sociedad.

En las bibliotecas que acogen a personas sin hogar, a menudo surgen conflictos relacionados con la convivencia de los usuarios. Pueden ser vinculados a usuarios que se quejan de la higiene o de la actitud de ciertas personas en situación de calle, a fenómenos de confiscación de los espacios por algunos (especialmente zonas de la biblioteca donde las mujeres no se atreven ir), o a personas con problemas psicológicos o de adicción.

En su libro Pourquoi brûle-t-on des bibliothèques ? [¿Por qué se queman bibliotecas?], el sociólogo Denis Merklen, define el espacio público como un espacio que puede ser usado por todos con la condición de que no esté apropiado por ninguno. Aquí, el papel de los bibliotecarios es ambiguo ya que deben garantizar que nadie se siente excluido de las bibliotecas sin poner en peligro el equilibrio que hay que encontrar para que cada uno pueda disfrutar de sus servicios. Para conseguirlo, el reglamento y la comunicación sobre lo que es aceptado y lo que no lo es, es fundamental. Prever momentos de intercambio en equipo sobre los problemas encontrados y determinar procesos en caso de conflicto es un primer paso hacia su regulación, pero también sirve para mejorar la calidad de vida en el trabajo y prevenir los riesgos laborales. Es necesario formar al personal para que sepan cómo interactuar con personas necesitadas y conozcan las organizaciones sociales a los que dirigir las personas que lo necesiten. Por último, varias bibliotecas recurren a mediadores (sean empleados o voluntarios) para mejorar la gestión de los conflictos.

Acoger sin estigmatizar 

Para personas aisladas o acostumbradas a tener un contacto con los servicios sociales que inmediatamente les identifica como “pobres”, ir a la biblioteca puede ser una manera de existir como ciudadano sin ser estigmatizado. Como lo destacaban Serge Paugam y Camila Giorgetti en su estudio Des pauvres à la bibliothèque [Pobres en la biblioteca], las personas en situación de calle a menudo quieren ser anónimas y tratadas como cualquier usuario.

En respuesta a esta exigencia, algunos consideran que lo mejor que se puede hacer es acoger a todos de la misma manera. Sin embargo, esta idea no favorece la equidad entre los usuarios y puede conducir a discriminaciones, de hecho. Como se ha indicado anteriormente, las personas sin hogar se enfrentan con límites específicos que hay que tener en cuenta para facilitar su acceso a la biblioteca. 

Una de las maneras de evitar la estigmatización sin cerrar los ojos a las problemáticas que pueden encontrar las personas sin hogar es volver a centrarse en la misión propia de la biblioteca. Una biblioteca no tiene vocación a desempeñar los papeles de otras organizaciones. No se puede sustituir a los servicios de búsqueda de empleo o de ayuda de emergencia, por ejemplo. Primero, porque probablemente no lo hará mejor que personas que han sido formadas especialmente para ello, y segundo, por la razón ya mencionada de que las personas en situación de calle no vienen a buscar este tipo de servicios en las bibliotecas.

Las bibliotecas son ante todo lugares que favorecen el aprendizaje, el acceso a la información y a la cultura a través de una multiplicidad de recursos y de competencias específicas. Cabe insistir en que las personas en situación de calle son usuarios que, como los demás, utilizan los recursos de la biblioteca tales como la conexión a internet, los ordenadores, la prensa, los recursos para autoformarse o las colecciones de ocio.

Incluir más que integrar

Podemos aprender de los estudios sobre los colectivos con discapacidad que ponen el énfasis en la diferencia entre integración e inclusión. La integración significa que una biblioteca debe hacer un esfuerzo específico para adaptarse a públicos diferentes de lo que se define como la normalidad. Por su lado, la inclusión implica que no tener un hogar no es una característica que aísla como una categoría de subusuario.

Comparison of Cultural Ideologies [Comparación de ideologías culturales], Cograng, 1 de enero de 2020, Wikimedia Commons (File:Comparison of Cultural Ideologies.jpg – Wikimedia Commons)

 

Lo que importa es tomar en consideración a los usuarios y sus diferencias en todas las etapas de concepción de los servicios para permitir a cada uno de disfrutar de la biblioteca como mejor le parezca. Ser inclusivo no quiere decir pensar en servicios específicos para las personas sin hogar sino pensar todos los servicios a través de su punto de vista.

 

Bibliografía

VAISMAN, J.-B., 2021. Bibliogrill : Jeunes, violence et bibliothèque [Jóvenes, violencia y biblioteca] [seminario en línea]. Paris: [Consulta: 25 mayo 2021]. Disponible en: https://pro.bpi.fr/bibliogrill-jeunes-violence-et-bibliotheque-13-avril-11h/

MERKLEN, D., 2013. Pourquoi brûle-t-on des bibliothèques ? [¿Por qué se queman bibliotecas?] Villeurbanne: Presses de l’ENSSIB. Papiers. ISBN 979-10-91281-14-0. 021

PAUGAM, S., GIORGETTI, C., ROULLIN, B., BEJARANO, I., FERREYROLLES, J. y PAUGAM, L., 2014. Des pauvres à la bibliothèque : enquête au Centre Pompidou. [Pobres en la biblioteca: investigación en el Centro Pompidou] Paris: Éditions de la Bibliothèque publique d’information. ISBN 978-2-84246-174-4. 305.569


Alizé Dinh es alumna de la Escuela Nacional Superior de Ciencias de Información y de las Bibliotecas (Enssib) en Francia. Ha trabajado en una organización cultural en París durante 3 años. En 2020 aprobó la oposición conservadora de las Bibliotecas del Estado. Actualmente, se está formando para tomar posesión de su primer cargo en una biblioteca estatal en 2022.

 

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