La biblioteca no biblioteca

La agencia creativa Sra.Rushmore ha creado una campaña de publicidad para un conocido banco, que incluía spots en televisión e internet, que mostraban un paralelismo entre conceptos que se diferencian de sus modelos clásicos. El anunciante se compara a sí mismo como “el banco no banco” (frente a la banca virtal), mostrando otros conceptos en esta misma línea, como el cine no cine (frente a las plataformas de televisión), el deporte no deporte (frente a los e-sports) , el templo no templo (frente un estadio de fútbol), la música no música (frente a las plataformas de música en streaming), el arte no arte, el viejo no viejo, la joya no joya, la poesía no poesía o el grito que no es grito, como ocurre con las manifestaciones pacíficas, entre otras comparaciones. Y acaban diciendo: “Cuando piensas que lleva más de veinte años cumpliendo lo que promete con honestidad y transparencia, que tiene las mejores condiciones para todos, que es el banco más querido por sus clientes…piensas: ¿Es solo un banco? ¿no será que es un Banco no Banco?”.

Y todas estas comparaciones me parecían adecuadas para aplicarlas a las bibliotecas no bibliotecas y a los bibliotecarios no bibliotecarios (frente a los gestores culturales, como muy bien define Vicente Funes en Infobibliotecas). Me refiero a bibliotecas que ya no son bibliotecas o que cada vez lo son menos, porque podemos hablar de las bibliotecas como lugar de encuentro donde se debate y se ríe muy lejos del templo de sacro santo silencio; de las bibliotecas virtuales sin un solo libro, de las bibliotecas en las que no se va a estudiar o a prestar o no solo se va eso, sino que se va a hablar, a hacer y a crear…

¿Es solo una biblioteca? ¿no será que es una biblioteca no biblioteca?

Con tantas nuevas necesidades y realidades, es fácil perder de vista el sentido común a la hora de concretar qué debe definir a las bibliotecas. Aquí expongo algunas características que hacen de la biblioteca un espacio acogedor y amable, en vez de un lugar aburrido e insufrible:

Sostenible

Como ya se ha comentado en este y otros espacios en varias ocasiones, las bibliotecas son un actor clave para lograr los Objetivos de Desarrollo Sostenible, ya que:

  • Cuentan con una presencia en el territorio muy articulada por lo que un gran número de personas las frecuentan, no solo para llevarse libros en préstamo sino también para utilizar sus servicios y actividades que organiza.
  • Facilitan el acceso a la información, formación y cultura, contribuyendo a mitigar la desigualdad determinada por la diferencia de ingresos, permitiendo a todas las personas informarse y acceder a servicios esenciales para su formación como Internet, cursos, etc.
  • Facilitan la compresión de fenómenos complejos de globalización, desigualdad, conflictos y otros factores cuyas consecuencias afectan a las personas en su día a día, como el terrorismo, racismo, etc.

En la línea de lo anterior, Beatriz Ovejero comentaba en su post “Green libraries” o bibliotecas sostenibles en este mismo blog, que estas bibliotecas verdes son las que se engloban dentro de un movimiento mayor de arquitectura o construcción “verde”, es decir, ecológica y sostenible. Y para ser “verdes”  deben tenerse en cuenta cinco categorías: la localización del edificio, la conservación del agua, la eficiencia energética, los materiales, la calidad del aire en el interior y una categoría “extra” para la innovación y el diseño.

Móvil

A la hora del diseño de la biblioteca deben elaborarse planos de planta flexibles que sean versátiles y se adapten a distintas necesidades y que evolucionen fácilmente Es necesario crear espacios en los que la gente se sienta cómoda y bienvenida. Una buena biblioteca también facilita el libre movimiento de sus usuarios. Cuanto más fácil es moverse en la biblioteca, más vida se nota en ella. Una biblioteca transitable es una biblioteca que funciona.

En la línea de lo anterior, otra obviedad, una buena señalización comunica mucho. El lenguaje verbal de nuestras bibliotecas influye en el carácter de la misma. Las señalética nos proporciona caminos para adentrarnos y movernos por la biblioteca sin necesidad de preguntar nada. Nos ayudan a leer la biblioteca, y un espacio legible se abre ante nosotros como las buenas historias, como los buenos libros.

Y por supuesto si hablamos de movilidad, tenemos que hablar de las bibliotecas móviles, de los bibliobuses, esos servicios cultures, públicos y gratuitos que hacen y dan tanto con tan poco y que llegan donde casi nadie más lo hace en un intento claro de luchar contra la despoblación de esta España vaciada.

Pública

Aunque es difícil cuantificarlo con estadísticas, se sabe que la calidad de los espacios públicos de una ciudad influye en la felicidad de sus habitantes. En una época en la que cada centímetro de suelo se aprovecha para fines privados y comerciales, se empiezan a apreciar las nefastas consecuencias de la desaparición del espacio público. Las ciudades pierden vida y sus habitantes se ahogan. La vida que surge desde algunos edificios, como las bibliotecas, forja la personalidad y el carisma de una ciudad. Es aquí, en la biblioteca donde la gente se puede reunir y conversar para convertirse en algo más grande que ellos mismos. Las sociedades avanzan cuando disponen de lugares fértiles para un intercambio diversificado. Debe haber suficiente espacio compartido dentro de la biblioteca, para que la gente se reúna y aflore un sentimiento de comunidad. Debe aprovecharse toda oportunidad, por pequeña que esta sea, para que la gente acuda a la biblioteca y participe, desde exposiciones de arte públicas permanentes hasta instalaciones temporales o la celebración de fiestas locales.

Humana

Los “libros humanos” son personas que cuentan sus historias de vida, al haber vivido experiencia de especial interés o relevancia. La biblioteca humana es una iniciativa de la ONG Stop the Violence, puesta en marcha originariamente en la ciudad de Copenhague en el año 2000. La intención era disminuir la discriminación en la sociedad danesa, dada la fuerte llegada de inmigrantes en aquel entonces. “Los usuarios que acceden a la biblioteca humana y consultan su catálogo en lugar de encontrar libros tradicionales hallarán personas con historias que contar y con las que se podrán sentar cara a cara durante media hora, no solo para escuchar sino para dialogar. Personas que en condiciones normales se vean excluidas de la comunidad por su condición social, económica, política o incluso física; personas que se hayan visto expuestas a la crítica o a los prejuicios de otras personas; que tengan algún tipo de discapacidad; que hayan sido desplazadas; o que se hayan visto sometidas a una situación de violencia; exalcohólicos o exdrogadictos; prostitutas” (Martínez Cañadas, 2016). Según el creador de la iniciativa en Dinamarca, Ronni Abergel “Siempre había pensado que las personas que pelean en una guerra no lo harían si se conociesen. Pensamos que podíamos aplicar esa idea, de manera que la gente se pudiera preguntar cualquier cosa. Usamos el concepto a los libros porque no hay un lugar en el mundo más neutral que una biblioteca“ (Sánchez Hidalgo, 2017).

La “humanidad” de las bibliotecas aparece también en una de las conclusiones del último, el 9º, Congreso Nacional de Bibliotecas Móviles, cuando dice que: “Las bibliotecas móviles son agentes muy activos en favor de la repoblación y la fidelización poblacional, por contar con unos servicios personalizados y un alto grado de humanización en su relación con el medio rural, en favor especialmente de espacios y comunidades sin otras opciones para un acceso cultural de calidad… Las prestaciones de las bibliotecas móviles en el medio rural trascienden las relacionadas con la lectura, constituyéndose en verdaderos centros de recursos y desarrollo para las comunidades, y de dinamización social, no sólo satisfaciendo las necesidades informativas, de formación a la largo de la vida, de entretenimiento, y de capacitación digital, sino también luchando contra la soledad de las personas, fomentando espacio público y ocasiones para la vida social, posibilitando la creación de conocimiento por los propios vecinos y, en suma, mejorando su nivel de vida.”

Antigua y moderna

Las primeras bibliotecas contemporáneas nacieron después de las revoluciones francesa y americana bajo principios democráticos y la voluntad de hacer accesible la cultura y la educación para todos. Pese a todo, este deseo de acercar la cultura a toda la sociedad no consiguió hacerse realidad hasta mediados del siglo XIX, con la aparición en el mundo anglosajón de la biblioteca pública (public library). A finales del siglo XX aparecen las bibliotecas digitales. Con el desarrollo de los lectores digitales surgen los libros «electrónicos» y con ellos las bibliotecas digitales y electrónicas. Y hoy tenemos ejemplos de bibliotecas sin libros como la de la Florida Polytechnic University o BiblioTech, la biblioteca pública de San Antonio, Texas.

Las bibliotecas son depósitos de cultura social histórica con capas que evolucionan constantemente. Cuantas más capas visibles haya, más fascinantes se nos presentan. Las bibliotecas, sin duda, ayudan a preservar el pasado, pero también es importante dejar espacio para contar historias de futuro. Con la rapidez con la que evolucionan las bibliotecas, es fundamental mantener una tensión racional entre lo antiguo y lo moderno. Para ello debe existir un sano debate en torno a las bibliotecas para que nos permitan seguir contando la historia y adaptarse al futuro.

Entonces, ¿queremos bibliotecas bibliotecas o bibliotecas no bibliotecas? Seguimos debatiendo, seguimos evolucionando, seguimos creciendo…

 

Felicidad Campal

Colaboradora en BiblogTecarios Bibliotecaria que apuesta por el poder formativo, social, integrador e igualador de las bibliotecas. Eterna aprendiz y en fase beta en constante renovación. Coordinadora del Grupo de Trabajo “Banco de recursos ALFIN/AMI” del CCBiblio.

4 Comentarios a “La biblioteca no biblioteca

  1. Enhorabuena por el post no post Felicidad. Y muchas gracias por la mención. Está claro que para ‘vender’ la idea de biblioteca que tenemos los profesionales actualmente la nomenclatura nos condiciona mucho. Cambiar de una vez la percepción que la sociedad no usuaria, e incluso la usuaria en el caso de los que las usan como simples salas de estudio: es una labor de pico y pala. Nosotros, los profesionales, lo tenemos claro ahora falta que consigamos superar las limitaciones que nos imponen en muchos casos los medios. Si lo de ‘marco incomparable’ ya penaliza en cualquier artículo la verborrea periodística cada vez que hablan de bibliotecas sigue fielmente los lugares comunes de hace medio siglo por lo menos. En fin. Pero en ello estamos, y post como el tuyo, son un paso más en una toma de conciencia que, poco a poco, vamos a conseguir!!! Un abrazo.

  2. ¡¡Enhorabuena por el post no post Felicidad!!! Y muchas gracias por la mención. Cada vez somos más lo que reflexionamos en torno a cómo transmitir esa biblioteca del siglo XXI en la que muchos profesionales vivimos (aunque sea mentalmente) y que los medios, y el público no usuario (e incluso el usuario en el caso de los estudiantes): no termina de asimilar. Será cuestión de cambiar nomenclaturas, de disfrazarlo de novedad (aunque para nosotros sea algo más que amortizado) o no sé qué otra estrategia: pero más allá de reinventar me temo que también se trata de ‘revender’ nuestra oferta. Muchas veces es sorprendente descubrir lo poco que saben muchas personas sobre lo que les pueden ofrecer las bibliotecas. A ver si así poco a poco va calando esa nueva idea que tenemos en torno a las bibliotecas entre el ciudadano de a pie. Un abrazo.

  3. Me falta mucho por aprender . .. cada vez más asombrada , como una niña que descubre el mundo a cada paso…con mis 53 años a cuesta …me encuentro estudiando la tecnicatura en bibliotecología.. primer año…no se si voy bien…lo intento…cuesta..Soy argentina.. ciudad de Necochea..

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