Errar es útil

“Lo intentaste. Fracasaste. Da igual. Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor”

Samuel Beckett

El libro

Sigo con mis reseñas de este verano sobre lo que es útil y lo que no. En este caso se trata del libro «Errar es útil: Cuando equivocarse es acertar» (Ariel) del doctor en Neurociencia Henning Beck. “Si lo recordamos todo no entenderemos nada. Imagina que estás en una biblioteca inmensa con muchos libros. Si tienes 10.000 ejemplares, es muy difícil encontrar el adecuado, porque hay que buscar mucho. Lo mismo pasa con la memoria. Si todo estuviera almacenado sería difícil dar con el recuerdo preciso. El cerebro hace un equilibrio entre recordar y olvidar lo que es o no práctico para el futuro, así eres más rápido a la hora de encontrar un recuerdo” …“Si la consumo constantemente [la información], el cerebro entra en modo de sobrecarga y no es capaz de digerir y de quedarse con lo interesante. Pero después de eso, hay otra cosa importante: hablar con otras personas para tener nuevas perspectivas. Así es como la información se convierte en conocimiento”, dice en una entrevista  el autor del libro sobre el que va el post de hoy,  en el que afirma (y defiende) que equivocarse no es tan malo como parece.

Se trata de un ensayo inteligente, divertido y práctico, en el que Henning Beck explica por qué las supuestas debilidades del cerebro son su arma secreta, por qué el mayor potencial de nuestro pensamiento a menudo radica en el error y cómo utilizar esta auténtica capacidad cerebral para pensar de una forma más creativa y eficaz. Por eso errar es útil. Por eso nos desconcentramos con facilidad. Por eso nos aburrimos. Estos tres aspectos entendidos como una metáfora de nuestra imperfección son en realidad estados que necesita asumir el cerebro para crear pensamiento. Errar es útil no es solo el título de este libro, sino que, tras la lectura del mismo, se acaba convirtiendo en una idea o concepto imprescindible. Somos distraídos, imprecisos y olvidadizos, cometemos errores de cálculo y solemos organizar mal nuestro tiempo. Pero son justamente estos errores los que nos permiten tener nuevas ideas y tomar las decisiones acertadas. Cuanto más imperfecto seas, dice el resumen, cuanto menos rutinario sea tu día a día, cuanto más te equivoques y cuanto más asumas y entiendas que todo esto es necesario para tu supervivencia y evolución, más flexible, adaptable y creativo te volverás.

Las debilidades

Henning Beck considera que las supuestas debilidades del cerebro, son en realidad su arma secreta, y que el mayor potencial de nuestro pensamiento está precisamente en la capacidad de equivocarse, de aprender del error, claro, y de utilizar esa capacidad cerebral para pensar de una forma más creativa y eficaz. El doctor en neurociencias explica cuáles son algunos de los errores más comunes de nuestra mente que nos resultan más útiles:

  • Los olvidos. La gente no debería tener miedo de olvidarse de cosas de vez en cuando, es algo normal. De hecho, a las personas inteligentes se les da muy bien olvidar las cosas que tienen que olvidar, si nunca olvidásemos tendríamos que recordarlo todo y esto sería agotador, estaríamos sobrecargados de información. La clave está en recordar que has olvidado algo, cuando olvidas el olvido es cuando llega el verdadero problema. Es cierto que las personas creativas tienden más a distraerse, a tener despistes y olvidos, porque siempre están pensando más allá.
  • La toma de decisiones. Existe un falso mito de que las decisiones son actuaciones racionales, cuando en realidad el comportamiento emocional es mucho más importante. No hay ninguna decisión que tome el cerebro que sea totalmente racional, todas las decisiones comienzan desde el punto de vista emocional. La clave está en que cada decisión se toma con cierto nivel de incertidumbre, por lo que no siempre se puede hacer un cálculo exacto del resultado, y sólo asumimos la responsabilidad de las consecuencias cuando nos comprometemos emocionalmente con nuestra decisión. Así, si bien pensamos que tomar decisiones basadas en parámetros nos dejará menor margen de error, la realidad es que basarlas en nuestras ideas personales seguramente nos hará vivir mejor con ellas, hayan sido o no las más acertadas.
  • Es importante aprender a educar el error. Enseñamos a los niños a que equivocarse es malo, cuando a veces el error puede ser la clave de su aprendizaje. No pasa nada si cometes un error, si aprendes de él. El error del pasado a veces puede ser la forma de acertar en el futuro, si nos enseñan como aprender de los mismos.

El experto considera que aprender del error, no se trata de desarrollar de tal manera las técnicas del aprendizaje más actuales para que podamos recordar más cosas. Es mucho más importante mejorar la capacidad de comprensión y de pensamiento conceptual, para lo cual debemos de empezar a valorar también un poco más de nuestra parte emocional. Al final el cerebro es más sabio de lo que parece y no comete errores al azar, sino que selecciona la información que nos es más útil, y no lo hace según estadísticas, sino según las emociones que más valora. Por ello si nos hemos olvidado de algo, quizás es que no era tan grave, ya que solo recordamos lo que nos ha llegado a emocionar, y en eso pocas veces nos equivocamos. “Las emociones son como un turbo, aceleran nuestro aprendizaje, porque las áreas de la memoria están muy conectadas con las que controlan los sentimientos. Por eso, es muy importante transmitir una buena emoción cuando se enseña algo”. “Los mejores profesores que yo tuve en la escuela no fueron los que me daban respuestas, sino los que me hacían las preguntas adecuadas, los que me hicieron ser curioso. Porque si puedes resolver esas preguntas, ¡qué sensación tan maravillosa! A todo el mundo le gusta cuando comprende algo nuevo por primera vez”, afirma Beck vinculando la emoción y la enseñanza.

Las imperfecciones

Para Juan Carlos Cubeiro, la tesis de Beck, demostrada científicamente, es que el cerebro humano es altamente imperfecto y eso es precisamente lo que lo hace único. ¿Imperfecto en qué? En:

  1. Olvidar. Sólo retenemos lo que consideramos importante. Tenemos un probador para los recuerdos (por ejemplo, el Logo de Apple: sólo 1 de cada 85 personas lo recuerda con todos los detalles). El verdadero punto fuerte del cerebro es recordar lo que quiere (marcapáginas mental). Olvidamos para retener.
  2. Aprender. Se nos da mal aprender de memoria; lo que queremos es comprender el mundo. Tenemos una orquesta de neuronas … sin director. “La música es a la orquesta lo que el pensamiento es al cerebro”. La red neuronal es arquitectura y conexiones. Entrenando aprendemos mejor (y peor, porque el aprendizaje es emocional y los hechos, sólo los hechos, aburren). “Massivelearning” (aprendizaje masivo) y principio lasaña: las interrupciones son las que permiten el aprendizaje. Nuestro cerebro no trata de aprender, sino de comprender (deepunderstanding). De ahí la importancia del pensamiento conceptual (y de tener una educación generalista).
  3. Memorizar. Es mejor tener un falso recuerdo que ninguno. La vulnerabilidad de nuestra memoria (es escasa, imperfecta, se falsea). Un recuerdo artificial también puede ser real. Sí, la memoria es una basura considerable desde el punto de vista de la exactitud, pero “aunque no sea cierta, es coherente”.
  4. Quedarse en blanco. Fracasamos bajo presión y sentimos miedo escénico. Son las trampas del “paso a paso”, de “no pensar en un conejo de peluche rojo”, de la distracción, de la sobreexcitación. Si el control es bueno, la confianza es mejor. Para superar el miedo a hablar en público, reconocerlo y entrenar (“cualquier inseguridad acaba de inmediato en un fiasco”).
  5. Calcular el tiempo. Siempre nos equivocamos al valorarlo y por ello creamos recuerdos importantes. El tiempo causa problemas; caemos en la trampa de la planificación porque no tenemos consciencia temporal. Con la edad, el tiempo pasa volando. Sufrimos distracciones cronológicas (lo que es una ventaja) porque el cerebro odia a muerte esperar.
  6. Aburrirnos. No podemos desconectar jamás y del sueño diurno (daydreaming) surge la ociosidad. Al cerebro no hacer nada (el dolcefarniente) no se le da bien. La impresión fuerte es menos irritante. ¿Te aburres? Haz algo. Como el cerebro es incapaz de desconectar, el sueño diurno es media ganancia (ocio creativo). Alternar tensión y distensión es un arte (“los instantes de ocio incorporados con esmero no deberían estar mal vistos en nuestra sociedad”).
  7. Distraernos. Es sencillo distraerse y las distracciones nos hacen más creativos. Tenemos en el cerebro un “filtro contra el correo basura (Spam)” y una antecámara: el tálamo del diencéfalo. Es un filtro desbordado. Beck pone como ejemplo el experimento del gorila (que conté en su día en este Blog). Ceguera en la atención, engaños en la distracción. Distracciones productivas, inspiradoras y dieta cognitiva (“Que un hecho nos distraiga o estimule la creatividad dependerá del tipo de planteamiento y del entorno”) .
  8. Numerar (Matemáticas). Nuestro cerebro funciona mejor sin números. Para el cerebro, los números no tienen valor, aunque tienen buena fama porque se consideran objetivos y concretos. El cerebro prefiere los patrones en lugar de números. El lenguaje del cerebro no es hacer cálculos sino el pensamiento abstracto.
  9. Decidir. Arriesgamos demasiado y, aún así, tomamos decisiones inteligentes. Nuestras decisiones no son aritmética, sino pálpito, porque: el afecto establece la dirección, integramos sentimientos y hechos, motivamos a la acción. Mantenemos el criterio del jugador, con aversión al riesgo (la media descarga genera un ánimo negativo). El mundo es de los valientes, y “una vez visto todo el mundo es listo”. Somos mucho más que un mero autómata biológico.
  10. Elegir. Decidir es un suplicio y a pesar de todo elegimos lo correcto. Tenemos fuerza de decisión y debilidad de elegir (de llevarlo a la acción). Es nuestro talón de Aquiles (más vale reducir opciones). También en el cerebro hay “presión de costes”. Para evitar en lo posible el suplicio de elegir, hemos de: concretar el objetivo, sentirnos satisfechos, decidir cosas importantes por intuición, combatir la diversidad (exceso de opciones), ponernos un poco bajo presión. “La emoción lo es todo para el cerebro”.
  11. Patronizar (Patrones mentales). Los prejucios nos ayudan, si bien hay trampas de estereotipos. Ante el exceso de información, utilizamos los patrones mentales. Sentimos “abucheos mentales” (como si un monologuista llevara la bufanda del equipo rival) y “juntamos lo que no va junto”. ¿Prejuicios? Más bien post-juicios. La opinión social nos afecta y nos dejamos engañar por los estereotipos (para evitarlo, hemos de ser conscientes de ello).
  12. Motivarnos. Nos frena la pereza y necesitamos motivarnos. Nos sentimos motivados cuando deseamos una gran recompensa. En el cerebro, el núcleo accumbens se encarga de la anticipación del placer, de la expectativa: sentimos un impulso inherente. No funciona “cuando nosotros no nos importamos” (autoestima). Cuidado con el “zángano interior”, con la recompensa inmediata (Walter Mischel, test de las chuches, 1970). Sistemas frente a la desmotivación: individual en vez de grupal, que la recompensa dependa del rendimiento, recompensar por las actividades intelectuales. 3 potenciales de motivación: “las personas quieren ser mejores”, “las personas quieren ser autónomas”, “las personas buscan el reconocimiento social” (Propósito, Autonomía y Maestría de Daniel Pink). “Lo último en recompensas es el respeto de los demás”.
  13. Crear (Creatividad). No funcionamos a golpe de tecla; tenemos pensamientos creativos. Es la disciplina reina del cerebro humano. Inteligencia (medida por el CI) frente a Creatividad (nuevas respuestas). Al pensar el doble retenemos mejor. El estrés es un regulador de los contrastes en el cerebro y la noradrenalina nos sirve de “anteojeras bioquímicas”. El buen humor provoca mejores ideas; el precio a pagar por ser originales es la crítica social. Para encender la bombilla hemos de agitar las ideas. “La creatividad absoluta no existe, y menos aún el camino óptimo para alcanzarla”.
  14. Caer en el perfeccionismo. Necesitamos equivocarnos para mejorar. Sí, el ordenador nos gana al ajedrez (Kasparov contra Deep Blue, mayo de 1996), pero nunca aprenderá como los seres humanos. Hemos de seguir cometiendo errores, “¡Adelante, siempre adelante!”.

Lo destacado

14 imperfecciones o errores en los que divide capítulos en los que divide el título. Si bien la lectura de todo el ensayo es altamente recomendable (y asequible por el lenguaje ameno y divulgativo que usa), personalmente y en lo que se refiere a nuestra profesión, destaco los capítulos (y frases textuales) que dedica al aprendizaje, al aburrimiento, a la motivación y a la creatividad y coincido con los aspectos del libro que destaca Adelaida Del Campo: Hay que hacer sitio; ¿Cómo aprender?; La importancia de la memoria y el paso del tiempo; El cerebro nunca se aburrre; Motivar a las personas y ¿Dónde está la creatividad?.

HAY QUE HACER SITIO

“Hacer sitio” es olvidar detalles concretos para almacenar nuevos conocimientos. Según dijo el psiquiatra Sigmund Freud, “Recordar es el mejor modo de olvidar”, pero el neurocientífico afirma lo contrario: “Los recuerdos no son estáticos, no son algo que el cerebro haya almacenado de una vez por todas para después acceder de nuevo a ello.

«Los recuerdos están vivos y no paran de modificarse. Solo de esta manera el cerebro tiene la posibilidad de construir conocimiento nuevo”.

Las minucias que a veces recordamos, no se sabe muy bien por qué, para el autor no hacen sino crear confusión, por lo que olvidarlas es bueno, porque en este caso “olvidar es un medio para lograr un fin”.

Aunque no lo parezca, el cerebro es ahorrador en la gestión de los recuerdos, se queda sólo con lo más importante y todo lo demás se desecha.

Así se entiende por qué olvidamos tantas cosas: “Bien porque son tan monótonas que el propio filtro cerebral las descarta o bien porque son tan importantes que primero aguardan desordenadas en el subconsciente en estado latente para combinarse más adelante con otra información». «En sentido estricto no ha olvidado esas cosas, simplemente no las recuerda en este momento”.

¿CÓMO APRENDER?

Para Henning Beck, no se trata de acumular hechos y datos sin ton ni son, sino que es mucho más importante mejorar “la capacidad de comprensión y de pensamiento conceptual». «El cerebro no es un almacén de datos, sino un organizador de conocimiento y despliega todo su saber cuándo no se le trata estúpidamente».

Nuestro cerebro tiene la batalla perdida frente a los programas informáticos y la inteligencia artificial, que son veloces, precisos y eficaces.

“Por tanto, es mucho más importante recordar nuestros puntos débiles, perdón, fuertes, es decir, asumir conocimientos que a veces son inútiles a primera vista, con ganas y descansos».

«Asignaturas como la Historia, las Ciencias Naturales, la Lengua o la Filosofía, es decir, una buena educación general básica, es lo que nos permite formar conceptos y contextos más amplios”, opina Beck en el libro.

LA IMPORTANCIA DE LA MEMORIA Y EL PASO DEL TIEMPO

«Los recuerdos cumplen dos funciones para nosotros: nos permiten crear una identidad propia a partir del pasado y aprender mejor de nuestras experiencias para encarar el futuro. Ambas propiedades no necesitan una memoria estática, sino una memoria flexible y también vulnerable».

«Cuanto más recordamos algo, cuanto más embellecemos nuestras ideas, más distorsionamos nuestro recuerdo” y “solo porque aceptamos los fallos de memoria somos capaces de crear nuevas ideas”.

Además, la sensación que tiene nuestro cerebro del paso del tiempo casi siempre es incorrecta porque es subjetiva, considera. Es cierto que el tiempo pasa volando en vacaciones o en situaciones placenteras, mientras que la rutina de la vida diaria a veces se hace eterna y también que cuando más mayores nos hacemos más se nos escapa el tiempo entre las manos, al contrario de los largos años de nuestra niñez.

“Por suerte, el cerebro se autoengaña y procura que todo aquello que es variado y emocionante, o que simplemente le hace feliz, se perciba más adelante como algo muy duradero» –asegura el neurocientífico.

«Los recuerdos cumplen dos funciones para nosotros: nos permiten crear una identidad propia a partir del pasado y aprender mejor de nuestras experiencias para encarar el futuro. Ambas propiedades no necesitan una memoria estática, sino una memoria flexible y también vulnerable», según Beck.

EL CEREBRO NUNCA SE ABURRRE

«El cerebro es capaz de muchas cosas, pero no hacer nada no se le da bien. O pensamos o no pensamos y, en tal caso, estamos muertos. En principio, no existe ningún estado del cerebro en que de verdad no tenga pensamientos».

«Ni siquiera mientras dormimos el cerebro no se tumba a holgazanear sobre nuestra meninge, sino que está siempre activo”.

Este es, según Beck, el punto débil de nuestra mente: “Al no poder desconectar, es responsable de darle vueltas a la cabeza y de cometer errores de concentración. El aburrimiento refuerza esta tendencia y, por eso, sufre rechazo social, pues se considera un defecto”.

“El aburrimiento es la hermana pequeña y odiosa de esa Grande Dame que es la incubación de ideas: esa musa que ya en la antigüedad era venerada por su potencial creativo e incluso fue deificada por los griegos«.«Y con razón, porque, como sabemos gracias a la neurociencia, es una actitud mediterránea ante el trabajo que se encuentra en retroceso, un ingrediente relevante que permite pensar mucho mejor».

«La ociosidad puede ser la madre de todos los vicios, pero al mismo tiempo el ocio es el principio de toda creatividad”, explica. Esos momentos de ocio o de distracción son los que permiten que el tálamo aprenda a priorizar, a ponderar la información y a prestar atención a varias cosas distintas.

“Las personas creativas se distraen con mayor facilidad, porque sus mecanismos de filtrado no funcionan tan bien como los de las personas menos creativas”. Las pequeñas distracciones pueden por tanto ser inspiradoras”.

MOTIVAR A LAS PERSONAS

“En principio, siempre estamos en esencia motivados. Queremos mostrar lo que sabemos hacer, queremos que nos valoren, queremos mejorar. Nadie quiere estar tirado en el sofá para siempre, sino que quiere un objetivo con el que entusiasmarse».

«Esta es la actitud básica con la que llegamos al mundo, con la voluntad de continuar desarrollándonos”, dice Beck, para preguntarse a continuación cuál es la mejor manera de motivar a las personas y él mismo contesta que de ninguna manera, porque esa es una misión imposible.

“La motivación es lo que se activa cuando uno está esperando ser confirmado por los demás como sujeto y por su rendimiento. En ese caso lo único que tiene que hacer es esperar hasta que la motivación aparezca por sí misma”.

¿DÓNDE ESTÁ LA CREATIVIDAD?

“Creatividad no significa que todo se hace bien. Las ideas creativas siempre tienen algo de incorrectas, confusas o raras, porque en cada idea nueva también se esconde la ruptura con un hábito de pensamiento», afirma. «Nuestro cerebro ha de superar este conflicto interior: debe fantasear y hacer locuras y, a la vez, tiene que ser eficiente y productivo”.

De manera que las buenas ideas no surgen de un área concreta del cerebro, sino que “se desarrollan al dividir un problema en partes, componer equipos flexibles y distintas redes para buscar soluciones, y dejar trabajar con la máxima libertad posible”.

Por tanto, las ideas definitivas no pueden planificarse porque surgen en un proceso dinámico que sigue, en principio, los pasos internos del cerebro: alterna entre concentración y distracción.

En definitiva, para el neurocientífico no son precisamente las personas satisfechas las que transforman el mundo, “pues cuando se está satisfecho, no hay nada que cambiar”. El truco, afirma es “estar insatisfecho con optimismo”.

Y además dice con contundencia que “cuando se trata de aprender algo nuevo, un error es, de entrada, una buena señal. Atreverse a cometer errores solo es el primer paso. Hasta el mayor de los genios comete errores, y es muy probable que por eso haya llegado a ser un genio”.

Así que cuando cometamos algún error, en vez de sentirnos enfadados hay que estar contentos “de ser así de libres para cometer errores y no castigarnos o castigar a otros cuando ocurra algún lapsus. El pensamiento humano se caracteriza justamente por no ser preciso, exacto ni impecable».

«Solo el error de pensamiento nos hace superiores a una máquina sin creatividad. En el fondo, todos nuestros puntos débiles son, de hecho, nuestras armas mentales secretas”, añade.

Cometer errores es mucho más útil de lo que parece y Henning Beck nos da un consejo final: “Sigue siendo imperfecto, pero único”… Así que como dijo la poeta maldita Alejandra Pizarnik; “Soy un buen error, cométeme».

Felicidad Campal

Colaboradora en BiblogTecarios Bibliotecaria que apuesta por el poder formativo, social, integrador e igualador de las bibliotecas. Eterna aprendiz y en fase beta en constante renovación. Coordinadora del Grupo de Trabajo “Banco de recursos ALFIN/AMI” del CCBiblio.

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