#bookporn, #bookcase, #bookstore, #bookstagrammers, #booklovers y otros postureos con libros…o no…

Hasta ahora, las videoconferencias parecían algo del entorno profesional, para evitar desplazamientos y ahorrar costes. Sin embargo, durante el periodo de confinamiento ha habido un gran aumento del uso de las videollamadas y directos en Instagram para usos de ocio con amigos y familiares. No solo se han disparado las llamadas hechas por internet, ya que el 97% de la población ha realizado llamadas a través de la red, sino que, además, el 66% de los españoles afirma haber utilizado con mayor frecuencia el formato de videollamada, según un estudio realizado por IPSOS para Samsung Electronics.

En estos meses se han visto en las televisiones más libros que en los últimos sesenta años. Las librerías son el fondo de armario de los fondos de videollamadas , pero por domésticas que sean, si se quiere dar credibilidad, no se pueden improvisan. Las librerías con su atrezzo, su fondo blanco, una buena iluminación, lucecitas y velas alrededor de los libros y una bonita taza de café, tienen que dar una imagen clásica, previsible, juiciosa. Las estanterías llenas de libros hacen de escudo para esconder escenarios más personales (cuadros cutres, un armario desordenado, un recalo en la pared) y aportan un cierto estatus: «Yo leo».

Pero en esto de las bibliotecas y de las librerías no todo vale. A veces dan credibilidad a la persona que las usa de fondo y a veces arruinan lo que dicen. Esto es lo que observa y analiza, con ojo satírico, Bookcase Credibility. Esta institución, con sede en Twitter, examina las imágenes de las estanterías de libros que aparecen de fondo en las entrevistas por videollamada en televisión. Pues, a su juicio, «lo que dices no es tan importante como la librería que hay detrás de ti».

Memes, bulos y postureo

La librería más famosa, una de cartón que puede que hayáis visto en periódicos, en redes, prensa, etc. un fondo de cartón que reproduce una librería ha corrido como la pólvora en los últimos días por internet. Una solución fácil, rápida, y que no ocupa prácticamente espacio y cuesta 150 euros. Pero vamos a profundizar en esta historia en la que se mezclan memes, bulos y postureo a partes iguales y con ella comprobamos como la realidad siempre superará a la ficción por absurdas que sean una y otra…

La noticia que, como dice Mireya Marrón, a simple vista podría ser de El Mundo Today, ha sido replicada por cientos de usuarios de Twitter y comentada en diversos programas de televisión, dándola como cierta. Pero no es real, tal y como ha desvelado su autor, Eduardo Berazaluce, sacando los colores a muchos periodistas, y poniendo en evidencia la tendencia en los medios estos días por creernos cualquier cosa, por absurda que parezca, y la velocidad de propagación de bulos sin que nadie se detenga a verificarlos. Berazaluce, fotógrafo e ilustrador freelance, narró en Twitter cómo su meme ficticio terminó convirtiéndose en noticia y en un producto de venta real. El dibujante explica que en ningún momento indicaba que la falsa librería se vendiera en Amazon, pero el montaje con el supuesto precio de la misma (150 euros) era tan realista que no invitaba a la duda.

La noticia, por surrealista que pareciera, caló entre sus seguidores. Comprensible, teniendo en cuenta que cada vez son más los personajes que usan sus librerías reales como fondo en las entrevistas para televisión desde sus casas. “La maquinaria de Twitter y Whatsapp se puso en funcionamiento, se duplica, se transforma, se contagia”, cuenta. Hasta que su meme llega “a manos de personajes famosos como el analista político Pablo Simón que lo tuitean, sin ningún robo ni mala intención por supuesto”, matiza. Conclusión: “Se hace viral con 12.000 retuits”.

El autor del meme no salía de su asombro cuando día tras día, rastreando en la red, veía “cómo tuiteros muy reconocidos también lo compartían”, escribe agradeciéndoles que citaran la fuente. Algunos ya intuían que era humor, “una coña”, pero muchos , “en tiempos de postureo”, lo dan como real, en programas de televisión, y “muchos lo buscan en Amazón, para ver si se vende”. Pero “el surrealismo de la historia alcanza su cota máxima”, cuenta Berazaluce, cuando sigue buceando en la viralización de su meme, “por pura diversión”, y descubre una web de decoración que habla del «cartón» y anuncia su venta. “Pincho en el link y… esperpéntica sorpresa”, escribe. Como bien define el autor involuntario del bulo más absurdo de esta cuarentena, “esta es la historia de cómo un sencillo meme llega a ser un producto de venta en este mundo loco, loco, loco. Ea, ya podéis tener un cartón gigante a precio de tinta de impresora. Gracias y abrazos a todos por vuestro buen humor”, concluye.

Según la teoría del Psicoanálisis, el libro es un objeto transicional, una posesión querida, que ha generado un vínculo y que dota de seguridad a las personas que los consumen. Y nos referimos tanto a leerlos como al mero hecho de poseerlos. ¿Cuántas mesillas de noche están cubiertas por libros que no leemos pero nos gusta tener cerca?.

#Bookporn y postureo

Antes de todo esto, hace ya tres años que Jorge Carrión nos habló del postureo con libros en su artículo “Una breve historia del ‘bookporn’”. Carrión escribía que “Si el selfi es el gran tic del siglo XXI, las fotos de libros son su compensación mínima, inconsciente. Pon un poco de cultura impresa en tu imagen digital para contrapesar tanto exceso de yo, yo, yo. Aunque es cierto que ya se ha popularizado el bookselfie, porque toda tesis tiene su antítesis, pero son las síntesis las que nos hacen realmente humanos” . En este artículo nos presentó el término “#Bookporn. Fotos de libros, de gente leyendo (al lado de un gato), de muebles hechos con libros, de anaqueles, de libros raros, de esculturas y pinturas librescas, de subrayados, de libros envueltos con papel de regalo o de gente leyendo (con los pies descalzos). Bookporn, decía entonces, todavía no es una palabra: no tiene definición, no existe como entrada en Wikipedia (y así sigue). Es un concepto vaporoso pero reconocible: una etiqueta. Como en todos los conceptos, convive en él una dimensión antigua y otra nueva.

¿Pero, enseñar librerías, biblioteca y libros es solo postureo?

No lo parece, ya que las cifras de hábitos de lectura confirman que leer es una opción asentada entre los españoles y que por tanto responde a una realidad. Los españoles ya valoraban los beneficios de la lectura anteriormente, ya que el Barómetro de 2019 de la Federación de Gremios de Editores de España muestra que el 67,2% de los españoles leían con regularidad y pensaban que leer se percibe como una «actividad que ayuda a comprender el mundo que nos rodea» y que contribuye a tener una «actitud más abierta y tolerante». Los clubes de lectura florecen y leer de una a dos veces a la semana es algo habitual para el 40% de los ciudadanos. Y el libro electrónico entra con fuerza, pero no es competencia del libro en papel. De hecho, los consumidores habituales de e-books tienen más libros físicos en su casa que los que solo leen papel (269 vs. 230 ejemplares).

De forma un poco más detallada, según Cedro, citando el estudio La lectura en tiempos de COVID-19, desarrollado por la consultora Conecta Research & Consulting, empresa que también elabora el Barómetro de Hábitos de Lectura, el índice de lectura de los españoles se ha incrementado durante el confinamiento. La lectura, junto a la televisión y hablar por teléfono, es una de las actividades que más ha ayudado a los ciudadanos a sobrellevar la cuarentena. Según los resultados de esta encuesta, desde que se decretó el estado de cuarentena se ha incrementado en un 4 por ciento el índice de lectura, situándose esta actividad entre las más realizadas durante este periodo de confinamiento.

Aunque el aumento se ha producido en todas las generaciones, la mayor diferencia se ha percibido en la población adulta de menor edad. «Si el Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros 2019, presentado el pasado mes de febrero, se situaba en el 50 por ciento de la población mayor de 18 años, durante el confinamiento se ha elevado al 54», explica en un comunicado la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE).

Además, y como se refleja en el informe, se ha producido un «impacto significativo» en el tiempo dedicado a leer: frente a los 47 minutos de media al día en una situación de normalidad, este tiempo se ha incrementado hasta los 71 minutos. Aunque el estudio muestra que el libro en papel continúa siendo el soporte principal de lectura en todos los grupos de edad, también constata que la lectura en soporte digital, mediante el libro electrónico, los teléfonos, las tabletas o los ordenadores, ha experimentado cierto incremento: «Frente al 29,1 que reflejaba el Barómetro de Hábitos de Lectura del año pasado, ahora, un 39 por ciento han reconocido haber leído algún libro en este formato», asegura la FGEE.

La situación de pandemia por coronavirus, con millones de personas confinadas en sus hogares, ha disparado el entretenimiento digital, convirtiéndose en la mayor parte de los casos en la única opción posible. Por esa razón, el libro electrónico ha alcanzado algunos datos históricos desde su aparición, con incrementos del 50% en la venta de ‘ebooks’ y una subida del 30% en el tiempo que los lectores pasan en plataformas especializadas.

Arantza Larrauri, la directora de Libranda, piensa que esta situación tan dramática que hemos vivido está cambiando el panorama en varios aspectos. Por un lado, los lectores están descubriendo una nueva forma de consumir el libro. Por otro, se está produciendo un enorme impacto en la industria, y muchas editoriales pequeñas que todavía no habían dado el paso quieren empezar a digitalizar su catálogo, así como muchas librerías o cadenas (sobre todo en Latinoamérica) que se han dado cuenta del mercado que se abre en este nuevo panorama en tiempos de confinamiento.

Mucha gente, recuerda Larrauri, no conocía que las bibliotecas públicas tienen préstamos digitales (el proyecto de mayor impacto en este sentido es eBiblio, iniciativa del Ministerio de Cultura y Deporte). En esta categoría, se aumentó un 34% con respecto al año anterior, y sigue aumentando estos días.

Consecuentemente, según Libranda, la lectura digital ha registrado datos muy destacables en estas últimas semanas con incrementos de más del 50% en la venta de ebooks, el aumento del préstamo bibliotecario digital y una subida del 30% en el tiempo que los lectores pasan en   plataformas de suscripción de libros digitales.

Replicando los datos aportados por Elisa Yuste, de la encuesta sobre hábitos lectores durante el confinamiento provocado por la COVID-19, realizada por la ERI Lectura,  una estructura de investigación creada en la Universidad de Valencia con la colaboración de la Universidad de Salamanca, la lectura de ocio (novelas, cómic, revistas o blogs) se incrementó en las dos primeras semanas en un 45.3% de los encuestados. En las semanas 1ª y 2ª la media de lectura fue de 1 h 14 min/día. En las semanas 3ª y 4ª, de 1 h 21 min/día. Por género, el incremento fue mayor en las mujeres. Y, según la edad, el aumento mayor fue entre  los más jóvenes. También ha crecido la lectura social (Instagram, Facebook o WhatsApp) en un 46.1% de la población. Si antes del confinamiento se situaba en 1 h 3 min/día. En las semanas 1ª y 2ª fue de 1 h 31 min/día. Y en las semanas 3ª y 4ª bajó a 1 h 28 min/día. Por género, el incremento fue mayor en las mujeres. Los jóvenes son los que más tiempo han dedicado a la lectura por estudio o trabajo y a la lectura social. Sin bien, conforme pasaron las semanas de confinamiento, aumentó la primera práctica frente a la segunda. Por tanto, los resultados de la muestra indican que los españoles cambiaron sus hábitos lectores durante el confinamiento, y de nuevo se confirma que se ha leído más. La evolución de las diferentes tipologías de lectura siguió patrones diferentes a medida que avanzó el confinamiento.

Todos los encuestados en el estudio «La lectura en tiempos de COVID-19″, han reconocido el valor y los beneficios que la lectura les ha ofrecido durante el periodo de confinamiento: «Después de ver la tele y atender llamadas telefónicas consideran que es la tercera actividad que más les ha estado ayudando a sobrellevar esta situación».  ¿Y a vosotros?

Felicidad Campal

Colaboradora en BiblogTecarios Bibliotecaria que apuesta por el poder formativo, social, integrador e igualador de las bibliotecas. Eterna aprendiz y en fase beta en constante renovación. Coordiné desde su creación en el 2001 el Grupo de Trabajo de Alfabetización Informacional, hasta su reconversión en el 2017 en el Grupo de Trabajo “Banco de recursos ALFIN/AMI” del CCBiblio.

2 Comentarios a “#bookporn, #bookcase, #bookstore, #bookstagrammers, #booklovers y otros postureos con libros…o no…

    1. Gracias Ana!!

      Pues a mi al principio me costaba concentrarme, pero luego es lo que más he hecho, leer, leer, leer, ah y caminar, es decir, al más puro estilo de los filósofos peripatéticos, leía y caminaba o caminaba leyendo, la casa me la tenía más que controlada, jejeje. Así he hecho muchos kms (a falta de poder correr…), pero sobretodo lo que he vuelto a descubrir ha sido el poder sanador y curador de la lectura, el poder de olvidar por un rato lo que estaba pasando y disfrutar con las historias que otros han escrito para nosotros… Como decía Borges, ´»Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mí me enorgullecen las que he leído».
      Un saludo
      Feli

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