Bibliotecas y competencias digitales: ¿estamos a nada de serlo todo?

Por esta manía mía de ponerle música a todo o a casi todo, voy a empezar este post con un fragmento de la letra de la canción “Lo que pudo ser” de Vilma y los Señores: “Lo que pudo ser, lo que nunca fue, lo que no será y lo que vendrá… Si tú pides tanto, nunca tendrás nada, mil voces te hablan, no las quieres escuchar…”

Y yo, que creo que sí soy de escuchar y leer las voces que hablan, voy a intentar encontrar un punto de conexión entre algunos documentos de reciente publicación sobre hábitos de consumo digital por parte de la ciudadanía, sobre lo que esta es capaz de hacer con (o sin) competencias digitales, sobre estas y sobre cual es el papel de nuestras actuales bibliotecas en todo esto.

Lo que es…

La semana pasada la Fundación BBVA presentó su estudio “Actitudes ante la Tecnología y Usos de las TIC en la Sociedad Española en el marco del Covid-19”, cuyo objeto es examinar un amplio conjunto de comportamientos de la sociedad española en Internet y de valoraciones sobre usos de la tecnología, con especial atención al marco temporal del Covid-19. Algunos de los datos más significativos que arroja este informe son:

  • En 2008 solo el 18% de los españoles consideraba que internet era “esencial” en su vida, en 2020 este porcentaje ha llegado al 60%. De hecho, el 90% usa internet a diario y un tercio afirma estar conectado casi todo el día, reflejando cómo la web ha penetrado prácticamente en todas las esferas de la actividad cotidiana y ocupa un espacio central en nuestras vidas.
  • El móvil es considerado esencial en nuestras vidas por un 57% de los españoles, aunque ya partía de resultados altos en 2008, cuando lo afirmaba un 46%.
  • La visión sobre las tecnologías es positiva en general, con un alto consenso sobre que sus beneficios están por encima de sus perjuicios y que nos hacen la vida más fácil y cómoda.
  • 8 sobre 10 ciudadanos consideran que usar internet supone un problema en términos de privacidad, seguridad, veracidad, posible acoso y exceso de publicidad. Esta percepción se ha incrementado sustancialmente desde 2008, sobre todo en cuanto a la privacidad, que ha crecido dos puntos sobre 10.
  • Otra faceta indeseada podría ser la excesiva dependencia de internet, que se ha convertido en un recurso de elección cuando la persona se siente aburrida.
  • En el plano personal, seguramente por el grado de confianza y privacidad que implica la interacción, los españoles declaran mayoritariamente su preferencia por el contacto cara a cara, no mediado por la tecnología digital, tanto para conocer amigos como pareja.
  • En lo que se refiere a internet como espacio y herramienta de participación en la esfera política, su desarrollo está, en el presente, acotado a una minoría de la población, en contraste con los usos de naturaleza privada que abarcan a la gran mayoría de la sociedad.
  • El teletrabajo, se ha casi duplicado en España a partir del confinamiento de 2020, pasando del 16% al 30%, si bien ese porcentaje se concentra en perfiles profesionales y puestos vinculados con una mayor cualificación y se limita mucho entre los trabajadores manuales.
  • Se han generalizado la videollamada con compañeros de trabajo, clientes o proveedores (la utilizaron un 92% entre quienes han teletrabajado).
  • El 75% de los ciudadanos ha buscado información sobre el Covid-19 en internet y en condiciones de acceso libre y gratuito, han recurrido a los medios de comunicación convencionales: ediciones digitales de periódicos, diarios digitales, radio y televisión.
  • A pesar de que se ha multiplicado por 14 desde 2008, las redes sociales sólo son utilizadas como medio de información por un 40% de los españoles y ocupan el último lugar en la consideración de fuente fiable.
  • Los organismos vinculados a la ciencia y la medicina encabezan la lista de fuentes de información veraz, seguidos por diarios en versión digital o digitales y radios.
  • No deja de sorprender que las televisiones (pública y privada), el Gobierno central y las redes sociales no alcanzan el 5 en una escala de 0 a 10 en la confianza que inspiran como fuentes de información sobre el coronavirus. ¿Quizá estemos desarrollando nuestro pensamiento más crítico?

En el ámbito de las competencias, es necesario aportar otro dato importante, el que nos proporciona el “Índice de la Economía y la Sociedad Digitales (DESI) 2020”, que dice que España ocupa el puesto número 16 en la UE en cuanto a competencias digitales, al menos de nivel básico, y ha subido en la clasificación desde el año anterior. Los niveles de competencias digitales básicas siguen siendo ligeramente inferiores a la media de la UE. El 43 % de las personas entre 16 y 74 años carecen de competencias digitales básicas (frente a la media europea del 42 %). El porcentaje de especialistas en TIC en el empleo total aumentó y ahora se aproxima a la media de la UE (un 3,2 % frente a una media del 3,9 % en la UE). El porcentaje de titulados en TIC de España también aumentó y actualmente representa el 4 % de todos los titulados. El porcentaje de mujeres especialistas en TIC sigue estancado en un mero 1,1 % del empleo femenino total.

La vigencia en el futuro de algunas de las prácticas antes mencionadas y el consumo por canales estrictamente digitales vendrá condicionada por la experiencia y la formación, es decir por la competencia que la ciudadanía tenga, por la capacidad de organizaciones y empresas de adaptarse a este nuevo marco y por los límites que los propios trabajadores quieran poner en función de sus preferencias personales, de la confianza requerida en la interacción y de la protección de la privacidad.

Lo que será…

Hablando de competencias, el presidente del gobierno de España, Pedro Sánchez, presentó en julio del 2020 la Agenda España Digital 2025. Con ella se pretende impulsar el proceso de transformación digital del país de forma acorde con la estrategia digital definida por la Unión Europea.

En lo concerniente a la mejora de la competencia digital de la población se pretende actuar conforme a tres líneas de acción:

  • Educa en digital es un programa que quiere apoyar la Transformación Digital del sistema educativo con la dotación de dispositivos, recursos educativos digitales y la adecuación de la competencia digital del cuerpo docente.
  • Plan Nacional de Competencias Digitales es un plan integral que pretende mejorar el nivel de competencias digitales de la población, atendiendo tanto a colectivos vulnerables, así como personas con elevada formación.
  • Plan Uni-Digital centrado en impulsar la digitalización en la Educación Superior.

Sin embargo la parte más ambiciosa es el Plan Nacional de Competencias Digitales, un plan integral que pretende mejorar el nivel de competencias digitales de toda la población, incluyendo a los trabajadores y a los especialistas digitales. Este Plan, contempla actuaciones de todos los departamentos ministeriales en el ámbito de las competencias digitales para conseguir que:

  • Se incremente sustancialmente el nivel de competencias digitales básicas, especialmente entre los colectivos peor situados: mayores, mujeres, personas con bajo nivel de ingresos y de estudios y población de áreas rurales.
  • El alumnado que finalice la educación secundaria disponga de competencias digitales avanzadas.
  • Los trabajadores estén formados y cuenten con los conocimientos digitales necesarios para sus actuales y futuros puestos de trabajo, aumentando su productividad y fomentando además el teletrabajo.
  • Se satisfaga la demanda de especialistas digitales generalistas y avanzados que precisa la economía española.
  • Se reduzcan las brechas digitales de género existentes, especialmente en el acceso de las mujeres a titulaciones TIC.

Lo que pudo ser…

Hace unos días, los compañeros José-Antonio Gómez-Hernández y Miguel-Ángel Vera-Baceta publicaban en Iwetel el post: “Las bibliotecas públicas españolas ante los fondos de recuperación y el Plan Nacional de competencias digitales: España Puede, las bibliotecas pueden”, en el que tras una documentada presentación del Plan Nacional de Competencias Digitales y una excelente contextualización del posible y deseable papel de las bibliotecas en dicho plan, planteaban algunas cuestiones y temas para la reflexión que por su indudable interés comparto por aquí para que continuemos con el debate.

Las bibliotecas brillan por su ausencia en el plan, pero Gómez y Vera exponen de forma más que acertada, las debilidades y fortalezas de las bibliotecas públicas para implicarse como agentes del Plan Nacional de Educación Digital. Consideran que «el conjunto de los y las profesionales de la información tienen mucho que decir en las distintas líneas de actuación y medidas del Plan, que puede ser una fuente de empleo, utilidad social y visibilidad».

Entre los argumentos a favor, que hacen conveniente y factible el desarrollo de servicios bibliotecarios relacionados con la educación digital desde las bibliotecas públicas, con los que coincido absolutamente, mencionan:

  • La positiva percepción social de las bibliotecas públicas, cuyos profesionales son reconocidos como profesionales de confianza, expertos en la información, con vocación de servicio público, equidad en el acceso, neutralidad ideológica y compromiso con la libertad de información como derecho y como factor de calidad democrática de las administraciones públicas.
  • La profesión bibliotecaria valora la alfabetización informacional y digital como una labor fundamental por la importancia creciente del aprendizaje a lo largo de la vida y como elemento de inclusión tanto social como específicamente digital
  • Las bibliotecas tienen una dilatada experiencia en servicios educativos, de formación de hábitos lectores, de apoyo a la red de bibliotecas escolares, y de programas de formación de usuarios y de alfabetización informacional y digital
  • La diversidad de los colectivos destinatarios -desde las personas mayores a los grupos vulnerables, con necesidades específicas y de diversa naturaleza, hace que estructuras ya definidas como los mencionados centros de Formación Profesional y otros de educación reglada o de formación para el empleo no sean las más idóneas. Frente a ello, las bibliotecas públicas pueden desempeñar con estos colectivos un papel protagonista, porque constituyen una red permanente y de fácil acceso, que alcanza incluso la España vaciada, y que cuenta con una larga trayectoria en la atención de algunos de los principales grupos identificados.
  • Por las características de sus profesionales y servicios, las bibliotecas públicas tienen un especial potencial para formar e integrar a otros colectivos vulnerables de la mano de entidades del Tercer Sector dedicadas a la acción social y los servicios sociales.
  • Integrar las bibliotecas en este Plan puede resultar una oportunidad para incrementar la financiación de las bibliotecas, lo que conduciría a mejorar sus instalaciones y la renovación de sus recursos y sus colecciones, lo que las pondría en condiciones de dar en general mejores servicios permanentes a la ciudadanía, adquiriendo una mayor visibilidad y un mayor protagonismo social.

Como ya se ha comentado, no obvian una realidad palpable como la ausencia de referencia directa a las bibliotecas en el Plan, ya que puede ser entendida como un indicador de que los responsables del impulso de las políticas en pro de la sociedad de la información y la transformación digital, al igual que parte de la ciudadanía, no cuentan o desconocen algunas de las funciones que pueden desempeñar.

Resulta de interés este análisis de algunas dificultades o debilidades que pueden tener las bibliotecas públicas para potenciar su acción educativa ante el reto que se presenta, apasionante, pero de una gran escala:

  • En primer lugar, el parón sufrido por las bibliotecas públicas tras la crisis económica, que supuso un estancamiento o un retroceso: aunque mantuvieron un alto compromiso con la información ciudadana y su función social hacia el conjunto de la ciudadanía, sufrieron envejecimiento de las colecciones y de las tecnologías disponibles, así como escasez y agotamiento de un personal enormemente vocacional pero que tiene muchas dificultades para atender las distintas necesidades. En general se produjo un incremento de la desigualdad interautonómica, por los distintos grados de apoyo y financiación de las administraciones regionales y locales, principales responsables de sus sistemas bibliotecarios, y que ha afectado sobre todo a las bibliotecas de los municipios menores (Arroyo-Vázquez, Hernández-Sánchez, & Gómez-Hernández, 2019).
  • En segundo lugar, y quizás vinculado con lo anterior, que no se han consolidado los servicios de educación informacional y digital, como habría sido deseable, en los últimos años. Si en la Prospectiva 2020 (Consejo de Cooperación Bibliotecaria, 2013), se afirmaba que “la educación, el aprendizaje y las habilidades serán la clave de la misión de las bibliotecas”, al hacer recientemente un balance sobre lo ocurrido hasta ahora (Consejo de Cooperación Bibliotecaria, 2020) se señalaba que se había avanzado en cuanto a sensibilización, pero que “la presencia de programas específicos sobre esta función en la planificación de las bibliotecas ya no es tan evidente y, desde luego, es muy desigual”. E identificaba claramente un problema: “al mismo tiempo que los profesionales bibliotecarios se empeñan en la alfabetización informacional y en iniciativas de apoyo a la formación no reglada, las bibliotecas mantienen una imagen difusa como centros formativos, no solo de cara a la sociedad sino incluso ante las propias administraciones que las financian. Sorprende que, a pesar de su voluntad por afirmarse como espacios para el aprendizaje permanente y para el acceso universal a la información, las bibliotecas queden al margen de muchos programas formativos y campañas informativas dirigidas a la ciudadanía e impulsadas por los servicios públicos”.

Insuficiente financiación y visibilidad social, continúan diciendo Gómez y Vera, son problemas graves, pero precisamente un Plan masivo y estable de educación digital a través de las bibliotecas puede ser un medio para superarlos. Las bibliotecas son un servicio permanente, desde el cual mantener programas formativos continuados, que es precisamente lo que requiere el contexto digital. Este se caracteriza por la rápida evolución y el cambio permanente, y no se trata de contratar actuaciones formativas puntuales, sino de consolidar servicios que se adapten al carácter contextual, crítico, evolutivo y gradual de la competencia digital. La competencia informacional y digital requiere una actualización constante y de confianza, y creemos que ello pone de manifiesto la necesidad de contar con infraestructuras públicas como las bibliotecas: permanentes, accesibles, dinámicas y participativas. Más allá de los distintos currículos y planes de formación específicos, permiten la actualización continua de la ciudadanía.

El que los programas de educación digital se lleven a cabo en un espacio de ciudadanía como las bibliotecas tiene, creemos, un valor añadido: favorecen los intercambios, la interculturalidad, el encuentro de las diferentes personas de un barrio o una comunidad con sus distintas circunstancias y como consecuencia de ello la inclusión y la cohesión social. Usar como espacio formativo las bibliotecas supone el beneficio añadido de fomentar esa participación ciudadana más allá de las dimensiones prácticas de una formación meramente instrumental.

En su post de Gómez y Vera, también dicen recuerdan que “La educación o alfabetización informacional y digital es un servicio muy alineado con los objetivos del Plan Estratégico de Bibliotecas 2019-2023 ‘Bibliotecas en Igualdad’ del Consejo de Cooperación Bibliotecaria (en adelante CCB) (2019), así como con al menos dos de sus actuales grupos de trabajo: el de Bibliotecas y Agenda 2030, y el Plan de Especial Atención al Mundo Rural

Y con muy buen acierto ponen de manifiesto que “para la visibilización del rol de las bibliotecas en este plan, es necesaria la cooperación de todas las administraciones públicas implicadas en el Sistema Español de Bibliotecas, tanto ministeriales como autonómicas y locales, que debe ser impulsada desde órganos como el Consejo de Cooperación Bibliotecaria y la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP), junto con la actuación decidida de las organizaciones de bibliotecarios/as como FESABID

Desde FESABID (y por alusiones como dicen los famosos) contestan en el post de IWETEL que “el pasado mes de octubre celebramos un foro de reflexión, con la participación de profesionales, representantes de las asociaciones profesionales y responsables en las administraciones del estado de archivos, bibliotecas y museos. La idea era compartir algunos temas que nos preocupan y sobre los que queríamos reflexionar de forma conjunta y representativa para intentar concretarlos en acciones  claras y compartidas. De los tres temas que propusimos, uno era, exactamente, el que planteáis en esta nota, la reivindicación del acceso a la información, la cultura y el conocimiento como servicio esencial y ser parte de la solución para el desarrollo, la atención y reducción de brechas. De hecho, para este 2021 en el plan de acción de FESABID están incluidas:

  • Reivindicar y trabajar de una forma más activa y coordinada en todas las líneas que puedan estar abiertas en lo que se refiere al mundo rural y a los planes especiales de modernización, recuperación o de atención que puedan surgir, pero desde una óptica más amplia de todo el sector, no sólo focalizándonos en las bibliotecas.
  • Desarrollar el compromiso alcanzado con la FEMP,  cuando realizamos la presentación del estudio “Las bibliotecas públicas en España: diagnóstico tras la crisis económica”, para la reivindicación de la inversión y apuesta en estos servicios, para colaboración y trabajo conjunto encaminado a conseguir la reformulación y el desarrollo de las políticas bibliotecarias, reactivando y reforzando los mecanismos de cooperación y el incremento de la financiación, como base en la apuesta por estos servicios.

Desde FESABID creen que estas acciones, responden a la definición de «actuación decidida por parte de las organizaciones de bibliotecarias/os» con la que nos identificamos plenamente y nos comprometemos. Recuerdan que, para ello, necesitamos colegios y asociaciones profesionales fuertes y activos, apoyados por todos los y las profesionales. Que sean (seamos) vistos como mucho más que «proveedores» de servicios para los y las profesionales (formación, organizadores de encuentros y actividades…); también como entidades de representación, conexión y defensa profesional, que den visibilidad, ejerzan influencia, que consigan provocar cambios en nuestro sector.

A nivel personal, Alicia Sellés, como miembro de FESABID creyó necesario añadir dos cuestiones, desde la perspectiva del trabajo que está realizando, con diferentes colaboradores/as, en el marco de la Agenda 2030 en los diferentes foros, en los que participa.  Desde el grupo de trabajo, Bibliotecas y Agenda 2030, se presentó al pleno del CCB hace dos años la Estrategia Nacional de Información y Bibliotecas con la que se planteaba a todas las instituciones responsables de bibliotecas en España la necesidad de visibilizar las bibliotecas en la estrategia de desarrollo nacional y regional puesto que son un servicio fundamental para garantizar el acceso significativo a la información  a toda la ciudadanía y además, propusieron cuatro líneas de acción, dirigidas, lógicamente, a tomadores de decisiones y «hacedores de políticas» con competencias en materia bibliotecaria , pero que también están pensadas para su localización y transversalización por parte de las asociaciones profesionales y el personal de las bibliotecas. En concreto, en la línea 3, proponían, de forma explícita (página 26) cuestiones tan importantes como sobre las que se reflexiona. Copio esa parte del documento que ella cita: “D. Alfabetización como actividad clave y prioritaria de los servicios de bibliotecarios. En la Agenda 2030 se sueña con un mundo donde la alfabetización es universal. Independientemente del grado de desarrollo de la educación reglada en los países, se demuestra la necesidad de seguir formándonos y aprendiendo cuestiones básicas que nos permitan seguir viviendo y ejerciendo nuestros derechos y obligaciones de forma autónoma. Las bibliotecas en este campo han desarrollado y desarrollan una labor fundamental, que consideramos debe ascender al nivel de prioridad máximo de los servicios bibliotecarios junto con el acceso a la lectura y a la cultura. Las actividades y servicios de las bibliotecas tienen que trabajar activamente, como hemos visto ya a lo largo de esta propuesta, en el acceso significativo (adaptado, reduciendo brechas, modalidades no presenciales, etc.) y sobre todo, en la alfabetización informacional (acceso, uso y evaluación de la información) y en la alfabetización digital (acceso, uso, etc. de información utilizando tecnología digital. Incluimos y recomendamos en esta línea de trabajo los recursos recopilados por el Grupo de Trabajo «Banco de Recursos ALFIN/AMI». Se trata de visibilizar a las bibliotecas como agentes clave en el aprendizaje a lo largo de la vida, tanto en la formación reglada como en la no reglada y la necesidad de que estas cuenten con los perfiles profesionales y las capacidades necesarias para ello.”

Sigue diciendo Alicia Sellés, “Insisto en que, la necesidad de focalizar, generar políticas y fortalecer los servicios bibliotecarios en la formación a lo largo de la vida y la alfabetización, ya la propusimos en febrero de 2019, pero me comprometo a que, desde el grupo, con este nuevo marco, volveremos a insistir en ello. Necesitamos que esta línea sea asumida verdaderamente tanto por la Subdirección de Coordinación Bibliotecaria como por los representantes de todos los sistemas de bibliotecas en el pleno del CCB y para que, cada uno desde nuestra posición, trabajemos para proponer y liderar proyectos que este nuevo plan de recuperación. Es muy importante, además, que podamos generar la interacción y sinergias con la sociedad civil, agentes del tercer sector o del sector privado, como bien proponéis”.

Lo que fue y sigue siendo…

Para reivindicar el papel de las bibliotecas como apoyo a las competencias, y hablando del CCB, sería justo recordar para que no caiga en el ostracismo, que en sus 10 años de vida, desde su creación en 2007 y hasta su cierre en 2017, el Grupo de Trabajo de Alfabetización Informacional, tuvo la meta de que más allá de las consideraciones teóricas, de facto las bibliotecas fueran un pilar básico y un apoyo imprescindible para ayudar a la ciudadanía a adquirir de esas competencias digitales e informacionales sobre las que gira este post. Como bien definían sus objetivos:

  • Definir contenidos sobre Alfabetización Informacional (ALFIN).
  • Establecer las bases de las competencias informacionales en las distintas etapas educativas en colaboración con las bibliotecas escolares y universitarias.
  • Crear la Agenda Española de ALFIN.
  • Proporcionar a través de ALFARED un foro para todos los sectores de la profesión que fomente el debate y permita el intercambio de conocimientos en todos los aspectos y ámbitos de la ALFIN.
  • Recabar recursos para el desarrollo de ALFIN.
  • Destacar, promover y establecer buenas prácticas.
  • Alentar la publicación de artículos para compartir nuevas ideas, iniciativas y experiencias sobre ALFIN.
  • Difundir información sobre las iniciativas ALFIN a nivel local, nacional e internacional.
  • Fomentar el desarrollo ALFIN en todos los ámbitos de la profesión y colaborar con otros sectores y organizaciones pertinentes.

Y así queda recogido en sus informes anuales y en los documentos que generaron, entre los que destaca el de “Integración de las competencias ALFIN/AMI en el sistema educativo”. El trabajo de este grupo fue continuado de 2017 a 2018 por el que menciona Alicia Sellés en su comentario, el  de “Banco de Recursos ALFIN/AMI”.

Hay que recordar todo el trabajo que desde hace años viene desarrollando REBIUN, y su adaptación al “Marco común europeo de Competencia Digital”. El grupo de trabajo CI de la Línea 2 de REBIUN, se plantea la necesidad de adaptación del modelo establecido en Decálogo CI2 y su desarrollo competencial al modelo de competencias digitales, en consonancia con el DIGCOMP: Marco para el desarrollo y comprensión de la competencia digital en Europa. Para la adaptación al nuevo modelo de Competencias Digitales el grupo ha tomado como referente el documento «Marco Común de Competencia Digital Docente v.2.0​«en el que se  incluyen descriptores bajo una perspectiva docente, que se ajusta a la concepción del modelo anterior, estableciendo unos contenidos formativos mínimos que sirvan de marco referencial al conjunto de las universidades españolas”.

Y no olvidar los esfuerzos de las bibliotecas escolares para apoyar la adquisición de las competencias digitales en el sistema educativo, como magistralmente están haciendo desde la Red de Bibliotecas Escolares de Galicia o desde el Proyecto Libro Abierto de la Junta de Andalucía, o proyectos como Biblioteca Escolar desarrollado por Gloria Durban.

Y algunas buenas prácticas en bibliotecas públicas como la Biblioteca Pública de Salamanca con el programa “Tecnologías para la vida cotidiana: herramientas y habilidades”, con talleres en los que se enseña a los usuarios una serie de aplicaciones y recursos de Internet para ayudarles a adquirir unas competencias digitales, que sin duda les hacen más fácil su vida. O el caso de la Biblioteca de Caudete en Albacete que están trabajando en un proyeto Erasmus+ llamado “CROSSCreando Otros Entornos de Aprendizaje«, en la que participan un total de 7 instituciones (bibliotecas públicas europeas y entidades públicas y privadas activas en la educación no formal de adultos). El objetivo del proyecto es el intercambio de buenas prácticas en la educación no formal de adultos en entornos culturales como los ofrecidos por las bibliotecas públicas, así como el análisis de las posibles vías de cooperación entre estas instituciones y otros proveedores de educación de adultos, y todo ello en el actual contexto social de cambio demográfico, individualismo en el aprendizaje, digitalización y procesos migratorios.

Lo que puede y debe ser…

Como apunta José Antonio Merlo en el post de Gómez y Vera en Iwetel, idea con la que coincido plenamente:  “La transformación digital ya es un hecho en la vida cotidiana; por este motivo, la alfabetización en competencias digitales se convierte en un servicio prioritario en las bibliotecas públicas, que están incluyendo en su oferta formativa sesiones sobre tecnologías para la sociedad. A menudo, la formación que ofrecen las bibliotecas es la única vía para adquirir conocimientos tecnológicos. Los futuros planes de competencias digitales son la gran oportunidad para que el voluntarismo se sustituya por la planificación sobre los temas, procesos y medios necesarios para que nadie quede fuera de una vida apoyada en dispositivos, conexiones y recursos en línea. El mensaje de Gómez y Vera es una alerta para trabajar para que la biblioteca siga siendo el centro de referencia de la formación en competencias digitales”.

Como ya se ha dicho, necesitamos pensar a lo grande, desde las más altas estancias políticas, para que las bibliotecas participen por derecho propio en el desarrollo de las competencias digitales de la ciudadanía. Eso requiere en primer lugar la ACTITUD de que así sea, tanto por parte de quienes diseñan estos planes, como por parte de los responsables de las bibliotecas, como evidentemente de los profesionales, que son los que al final lo van a tener que convertir toda esa teoría en práctica. Y  después de la actitud, las ganas y el convencimiento para ello, necesitamos APTITUD, aprender a hacerlo, formarnos para poder llevarlo a cabo de manera adecuada, así como recursos para ello.

Algunos, tanto a nivel individual como oficial, llevamos muchos años proclamando esta necesidad, que ahora es más vital que nunca. Ahora, en medio de todo este “caos” sanitario y social en el que estamos, quizá sea el momento de parar para reflexionar y para volver a comenzar de nuevo, intentando contestar a esta pregunta tan insultantemente básica y simple como difícil “¿Qué es una biblioteca?, cuál es nuestra misión, cual es por tanto nuestro trabajo en este nuevo mundo, es esta nueva sociedad post pandémica. Decía Cortázar que “Nada está perdido si se tiene por fin el valor de proclamar que todo está perdido y que hay que empezar de nuevo”. ¿Estamos dispuestos a recomenzar de nuevo sobre este y otros muchos temas que la “nueva normalidad” nos ha puesto sobre la mesa”? Creo que serán necesarias aún muchas lunas para pensar sobre ello, con la calma y la distancia que este vendaval requiere y sobre todo para poder plantear vías y soluciones reales a lo que la desde las bibliotecas podemos (y debemos) hacer y a lo que sociedad pide y espera de nosotros. Esto ya ha sido motivo de muchas reuniones virtuales, videoconferencias, artículos, posts, reflexiones… y no ha hecho más que comenzar… ¿Seguimos pensando, seguimos avanzando?…

 

Felicidad Campal

Colaboradora en BiblogTecarios Bibliotecaria que apuesta por el poder formativo, social, integrador e igualador de las bibliotecas. Eterna aprendiz y en fase beta en constante renovación. Coordiné desde su creación en el 2001 el Grupo de Trabajo de Alfabetización Informacional, hasta su reconversión en el 2017 en el Grupo de Trabajo “Banco de recursos ALFIN/AMI” del CCBiblio.

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