Cuarto milenio: Salvar Sant Jordi

Buenos días, desde Biblogtecarios queremos felicitar a tod@s y cada un@ de nuestr@s lector@s el día de Sant Jordi. Por eso y manteniendo la tradición, os invitamos a leer una historia creada por nosotr@s. Esperemos que os guste.

¡Por fin es viernes! – Pensó Sofía al llegar ante la escalinata de aquella majestuosa biblioteca. Llevaba justo un mes trabajando como alumna en prácticas en la Biblioteca Nacional de Madrid. El personal era muy amable, se notaba que les encantaba trabajar entre aquellas colecciones tan especiales. Cada una de ellas conformaban una parte importante del conjunto, ninguna era más especial que otra, todas tenían su público en particular; de ahí que hubiera tanto movimiento en las salas de consulta de diferentes tipos de materiales y épocas: música impresa, manuscritos, grabados, etc. Hoy tocaba el turno de tarde, eso significaba que dedicaría un ratito a pasear por los silenciosos pasillos y entre las estanterías para cerciorarse de que no quedaba ningún despistado por allí antes de echar el cierre. La tarde se pasó tranquila, aunque con mucho movimiento en la parte de consultas, pero todo fue tan escalonado que el tiempo se le pasó volando y; en un abrir y cerrar de ojos, ya estaba haciendo aquel paseo tan relajante y peculiar. Todo iba bien hasta que una extraña luz purpúrea emanó de debajo de una de las puertas cerradas bajo llave, ¿qué sería aquello, una lámpara encendida en medio de la sala de partituras? …

Además, en la reunión que mantuvo con “los Visitantes”, se especificó que el aterrizaje se llevase a cabo fuera de las instalaciones de la biblioteca, en un sitio poco concurrido para no levantar sospechas. Desde luego -pensó Rodríguez-, el encargado del acceso a usuarios, que se le heló la sangre al escuchar a Almudena, la compañera de seguridad, explicarle a un compañero que Sofía, la nueva, había visto una luz extraña en el cuarto de escobas de la sala de partituras. Le sentó fatal eso de que “los Visitantes” no le avisaran de la hora exacta del aterrizaje. Desde luego, le estaban dando mucho trabajo.

– «¡Por Dios!, de todos los rincones increíbles de la biblioteca, ¿tenían que haber ido a parar al del cuarto de escobas de la sala de partituras? Tela, tela, menudo estreno en nuestro planeta, pensaba que eran más avanzados. Con lo grande que es la Vía Láctea, ¿y nos van a tener que visitar los tontos de la Galaxia? ¿Y ahora qué hago? Tendré que avisar al contacto de la CISCongregación Intergaláctica de Sabios de la nueva hora de llegada. ¡Nadie les esperaba hasta dentro de tres horas!» – Y siguió murmurando Rodríguez pasando justo por delante de la mesa donde Sofía se encontraba agazapada.

Sofía, al escuchar las críticas de Rodríguez, se apresuró a seguir cautelosamente a Rodríguez, estaba muy interesada en la reunión entre «los Visitantes» y los miembros del CIS. Al llegar a los Depósitos del servicio de Cartografía, oyó risas y frases sueltas pronunciadas en un castellano antiguo, así como un haz de luz al lado de los rotativos donde se guardaban las postales cartográficas. Desconcertada, se dirigió hacia esas voces y, para su sorpresa, vio al cartógrafo Tomás López (uno de los primeros cartógrafos españoles de la historia, que en el siglo XVIII realizó multitud de mapas y planos) hablando con Carmen Líter Mayayo (anterior Jefa del servicio de Cartografía) y con Carmen García Calatayud (actual Jefa del servicio de Cartografía) de la BNE. A pesar de que su objetivo era otro, Sofía se quedó hipnotizada entre las estanterías escuchando la extraña conversación entre dos bibliotecarias y un fantasma … Ya se preocuparía más tarde del otro encuentro porque los misterios se acumulaban en aquella biblioteca. De repente, lo vio, vio una de las cajoneras que contenían los mapas de grandes dimensiones abierto; y que cada uno de ellos llevaba unos mapas enrollados en las manos. Pese a la incomprensión del momento, Sofía por fin pudo escuchar el malvado plan, lo cierto era que todos estaban compinchados…  ¡Querían saquear la biblioteca y dejarla sin sus valiosos fondos! La intención era sustituir los documentos originales por copias y enviarlos a un nuevo planeta… todo parecía muy surrealista. Pese a la sorpresa, Sofía empezó a hilar hechos, personas y consecuencias y, mientras sus pensamientos tomaban forma, todo se desencadenaba de una forma muy rápida. De repente, «los Visitantes” aparecieron en escena y, por arte de magia, se multiplicaron; esto les permitió vaciar las estanterías rápidamente. Por su parte, Sofía, que estaba viendo el suceso, se dio cuenta que su cuerpo no respondía, así como su voz; de la tensión del momento, empezó a sentir sudores fríos por la cara y por la espalda, algo no iba bien…

Sintió un espasmo y recobró el sentido en los Depósitos, estaba en el suelo y no había nadie alrededor. No sabía cuánto tiempo había permanecido en el suelo, lo que sí sabía era que todo estaba en su sitio, nada hacía presagiar que algo estaba ocurriendo o, ¿ya había ocurrido? Se quedó en silencio buscando captar algún ruido o alguna señal para ir tras aquellos ladrones… Después de unos minutos ya no oía nada. Así que decidió incorporarse, aunque estaba un poco mareada, logró levantarse y revisó los depósitos sin encontrar nada raro, también revisó la sala de partituras comprobando que el lugar estaba desértico. Era inquietante lo que había sucedido, y no sabía a quién recurrir y en el intento de buscar a alguien, vio la hora del reloj de la pared, faltaban cinco minutos para cerrar la biblioteca. Recogió sus cosas y se dirigió hasta el hall con la extraña sensación de no saber muy bien cómo afrontar aquel extraño episodio y pensando que quizá había sido un sueño o una bajada de tensión.

No estaba loca, antes de desplomarse, había escuchado las palabras: “cuarta dimensión”, “plano tridimensional”, “viraje en el tiempo”. Si fuera cierto que había un portal dimensional, querría decir que el viaje a través del espacio-tiempo era posible. ¿Existía un portal dimensional que permitía el acceso a la BNE? E inmersa en esos pensamientos, Sofía se dirigió hacia aquella majestuosa escalinata, sin percibir la extraña luz purpúrea que se colaba por debajo de la puerta del fondo del pasillo…

 

Este texto ha sido elaborado por los Biblogtecarios: Ester Angulo, Beatriz Somavilla, Marta García, Eva Jiménez y Belén Benito. Además, desde Biblogtecarios os animamos a compartir vuestra foto del Día del Libro con la última lectura que tengáis actualmente entre manos con el hashtag #Biblogtecariosleeencasa .

 

Compartiremos en nuestras redes las fotos con el hashtag. Gracias a tod@s y ¡Feliz Día del Libro!

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