Ocio, adolescentes y autocrítica bibliotecaria

Justo el mismo día que publicaba la entrada Cómo crear una zona para jóvenes en la biblioteca sobre mi experiencia en Laboratorios bibliotecarios se presentaba un nuevo Informe sobre nuevas tecnologías y su relación con el ocio de adolescentes.

Pues bien, en este post me dispongo a hacer un resumen de ese Informe y agrupar otras reflexiones sobre jóvenes y bibliotecas que me han parecido interesantes. ¿Por qué? Porque podría afirmar que cuando pregunto en mis cursos sobre el problema o reto que les gustaría abordar en su biblioteca, el 90% tienen que ver con los jóvenes: «Atraer a los adolescentes a la biblioteca», «que los jóvenes dejen de ver la biblioteca como una sala de estudio exclusivamente», «que los jóvenes cumplan las normas de convivencia», «conectar con los niños que empiezan secundaria», «que la biblioteca esté más vinculada con los institutos», «conseguir que los jóvenes que estudian convivan con otros lectores», «interacción en el espacio de la biblioteca entre público juvenil y público adulto», «atraer usuarios adolescentes a nuestros espacios». Y esto como una pequeña muestra de esta inquietud que se repite en todas y cada una de las bibliotecas que visito.

En todos esos casos, y antes de definir un objetivo más concreto y comenzar un proceso de ideación, siempre desde el pensamiento lúdico, hago una serie de preguntas como una forma de análisis y reflexión, porque no es una tarea fácil y muchas veces hay que asumir que no podemos hacerlo si no nos vemos capaces. No se trata de rellenar un calendario de actividades que creemos que son «trendy» o funcionan en otras bibliotecas, hay que tener un plan bien diseñado, adaptado a las necesidades de nuestra comunidad, con personas entusiastas e implicadas que conozcan el contexto. Se trata de una carrera de fondo que no se puede hacer en solitario; como decíamos en Laboratorios Bibliotecarios, hay que estar dispuestas a hacer cosas increíbles en colaboración con otras personas que crean que merece la pena intentarlo.

Preguntas para reflexionar antes de abordar un proyecto para jóvenes en la biblioteca

  • ¿Tienes algo que ofrecerles? ¿Conoces sus intereses?
  • ¿Te gusta tratar con ellos/ellas? Porque si no te gusta, tú tampoco les vas a gustar.
  • Estás dispuesta a cambiar algunas normas.
  • Ves viable que se puedan modificar los espacios.
  • ¿Eres capaz de ponerte en su lugar y hacer una pregunta en positivo? ¿Cuál?
  • ¿Estás dispuesta a escucharles de forma activa y generar un diálogo continuo que permita su participación?
  • ¿Has generado una relación de confianza o has buscado alianzas que te lo permitan?
  • ¿Si menciono la palabra videojuego la primera en la que piensas es Fortnite? (Esta pregunta me da pie a hablar de esta forma de contar historias que crea tanto rechazo y que es parte fundamental del ocio de los jóvenes y no tan jóvenes).

También se podrían añadir las preguntas que hace Irene Blanco en su post Justicia restaurativa en bibliotecas de Nueva York:

  • ¿Estás a favor de que los jóvenes tengan un espacio donde encontrarse y reflejen sus necesidades, identidades y experiencias?
  • ¿Qué tipo de cultura experimentan los niños y jóvenes cuando van a la biblioteca? ¿Es una cultura de la libertad o una cultura del control?
  • ¿Cómo te acercarías más hacia la figura de mentor o facilitador que a la de controlador?

Cómo fidelizar usuarios jóvenes en las bibliotecas públicas

Este es el título de una infografía elaborada por realizada por Júlia Baena, una bibliotecaria escolar, infantil y juvenil, y coordinadora del grupo de trabajo Biblioteques escolars del COBDC que sigue planteando preguntas:

  1. ¿Eres útil a los institutos? Ofrecer materiales y formación adecuada a sus necesidades.
  2. ¿Les has preguntado? Pregunta qué opinan, quieren y necesitan.
  3. ¿Has fomentado el vínculo con ellos? Más allá de pedirles silencio.
  4. ¿Tienes servicios y actividades para ellos? Lístalos.
  5. ¿Tienen un espacio propio? Piensa en el uso que podrían darle al espacio.
  6. ¿Les destinas recursos? Anima a hacer sugerencias de compra.
  7. ¿Están bien atendidos? Saber prescribir y tratar al público juvenil.
  8. ¿La calidad y variedad del fondo está garantizada? Selección profesional.
  9. ¿El fondo es accesible? Fácil de encontrar.
  10. ¿Y los menos lectores? Inclusivas.

Jóvenes y ocio: nuevos retos, nuevas propuestas

Llegados a este punto, lo que tenemos que tener claro es que el ocio ocupa un lugar central en la forma en que la juventud entiende la vida y el mundo. El Informe “Jóvenes, ocio y TIC. Una mirada a la estructura vital de la juventud desde los referentes del tiempo libre y las tecnologías” pretende entender ese ocio juvenil, recogiendo sus voces, a través de un cuestionario online y grupos focales de chicas y chicos de 15 a 29 años, con una mirada particular sobre las tecnologías de la información y la comunicación.

Los talleres participativos con jóvenes son fundamentales para debatir los temas planteados: rondas de debate, preselección de jóvenes que dinamizan en su entorno y por su cuenta otros grupos y talleres para volver a debatir y extraer conclusiones de la información recopilada. Como nos hicieron ver en Laboratorios bibliotecarios, en esta fase es fundamental grabar las sesiones.

Las conclusiones del estudio reflejan 3 actividades de ocio principales (más de un 50% contestó bastante/mucha frecuencia) son chatear y/o navegar por Internet, ver series y/o películas en streaming o televisión a la carta y estar con las/los amigos. Seguidos por hacer compras online o mirar catálogos online y jugar con videojuegos.

El grupo de ocio más eminentemente cultural se refiere a la lectura de libros, revistas o cómics, visitar museos o exposiciones, practicar hobbies, juegos de mesa o ir al cine, teatro u otros espectáculos. Me desconcierta que en la tabla 2.4 «grupos de actividades según modelo factorial (2012-2019)» se agrupen videojuegos y apuestas y los videojuegos no se incluyan en el ocio cultural.

Si dejamos que el consumo de videojuegos se haga sin el acompañamiento que si hace en el recorrido lector, se perderá la mirada crítica de los jugadores hacía esa otra forma de contar historias y conseguiremos que la juventud se pliegue a las leyes del mercado. Los profesionales de las bibliotecas deberían formarse para hacer una buena y variada selección de videojuegos, y contar con formación o ayuda a la hora de acompañar a estos nuevos jugadores/lectores para que construyan su propio criterio al consumir este producto cultural.

En el Informe se ven diferencias socio demográficas: las mujeres están más presentes en el ocio tecnológico pero la práctica de videojuegos y apuestas está más masculinizado. También en la franja de edad: 15 a 19 años.

En la evolución del ocio joven en España 2000-2019 la tecnología ha impactado con el descenso en las salidas nocturnas y apuntan a un ocio relacional y cada vez más casero. El ocio digital facilita capacidad de relación porque se utiliza para divertirse y entrar en contacto con los demás. Destacar la importancia de «estar con amigos».

Incógnitas ¿Qué nuevos aprendizajes van a aparecer para desenvolverse en la vida? ¿Cómo va a influir el ocio casero en la vida juvenil? Luciano Lutereau derriba el mito del adolescente embotado, o aislado, que está todo el tiempo conectado con el móvil. Un aislamiento que utilizan para establecer relaciones a través de la tecnología y que forma parte de su crecimiento.

Construye comunidad y resuelve conflictos

En el ya mencionado post de Irene Blanco también se recogen los consejos que las bibliotecarias de la NYPL que trabajan con jóvenes ofrecen para construir comunidad desde las bibliotecas, y cómo se responden a los diferentes conflictos que surgen o al comportamiento desafiante en sus espacios públicos:

  • Examina las normas existentes y los procedimientos de la biblioteca. Es importante interrogar las normas del mismo modo que lo hacen los niños, y estar preparado para responder con respeto y escucha activa, cuando los niños pregunten por qué existe o ha de cumplir una norma.
  • No decir «no» si realmente esa respuesta negativa no es necesaria. No ejecutar el control si no hay daños o peligros reales.
  • Celebra las ideas y las sugerencias de los niños.
  • Crea plataformas y canales para que los niños se expresen.
  • Considera el feedback con respeto y mente abierta.
  • Demuestra aprecio ante las habilidades, talento y experiencia de los niños en la biblioteca. Consúltales su opinión cuando tengas la oportunidad
  • Apréndete y usa sus nombres.
  • Saluda a cada uno cuando lleguen.
  • Fomenta la implicación y la participación en el espacio.
  • Involucra a los jóvenes en formas de participación relevantes para la biblioteca.
  • Genera ‘engagement‘ invitándoles a crear carteles, señales, liderar ciertas actividades (ejemplo: reunir a otros niños para asistir a la hora del cuento), cuidar de las plantas, enseñar a otros a cómo hacer algo.
  • Ten conversaciones con niños y jóvenes. Pregúntales cosas y ten en cuenta su opinión.

Una biblioteca prohibida a los adultos

Por último comento un artículo sobre la biblioteca Biblo Toyen, para niños y niñas de 10 a 15 años, donde los adultos están prohibidos. En el barrio de Oslo donde se encuentra la biblioteca residen muchas familias con problemas económicos, por tanto la biblioteca les ofrece ese lugar de encuentro seguro y cómodo para cuando salen del colegio y no saben donde acudir con sus amigos. En la biblioteca pueden cocinar, realizar espectáculos, ver películas, jugar a videojuegos, fabricar objetos y por supuesto leer.

Para el diseño del espacio han contado con una psicóloga que al preguntarles por sus preferencias averiguaron cosas como que les gustaba sentarse en espacios recogidos, por eso hay rincones para refugiarse y hablar. En 2017 recibieron el premio de biblioteca del año y de Salud Pública por contribuir a la calidad de vida de sus habitantes.

Después de leer esta propuesta y ver que ocurre en otras ciudades nórdicas ¿esto es lo que hay que hacer para que los jóvenes vayan a la biblioteca? No tiene por qué ser así. Cada experiencia depende de las personas que la viven y la mochila con la que lleguen. Un dialogo abierto y honesto con las personas para las que vamos a diseñar espacios o servicios seguro que nos responderá a muchas de nuestras preguntas.

Conclusiones

Hagamos por tanto todo lo posible para que las propuestas al público adolescente no se queden en meras acciones puntuales. Trabajemos de forma conjunta para invitar a los jóvenes a espacios bibliotecarios vivos, seguros, con propuestas que les parezcan interesantes y que cumplan sus expectativas. Formémonos de forma continua para estar al día en un mundo que cambia constantemente y hagamos lo imposible frente a una administración que no avanza al mismo ritmo. Y sobre todo mimemos la atención y experiencia de esas personas, la mejor forma de crear vínculos que sirvan para ganarnos poco a poco su respeto y confianza.

Ana Ordás

Colaboradora en BiblogTecarios. Con amplia experiencia en gestión de proyectos de transformación digital en bibliotecas, es una constante exploradora de mundos que aplicar a las Bibliotecas para darles visibilidad, lo que le ha llevado al marketing digital, los juegos y la gamificación.

2 Comentarios a “Ocio, adolescentes y autocrítica bibliotecaria

  1. Creo que una buena opción sería, no solo pensar y armar espacios para los adolescentes sino construirlos con ellos y darles parte de la responsabilidad en el desarrollo e innovación constante del lugar. Que formen parte del uso pero también, de alguna manera, que formen parte de decisiones como qué libros tener más a mano, qué juegos son los más buscados actualmente, escuchar y dar curso (en la medida de lo posible) a nuevas ideas, etc. Desde mi punto de vista, en el ocio y el entretenimiento está el mayor espacio de libertad para que nazca la creatividad. Y en esa explosión que trae una nueva idea es dónde la biblioteca puede estar lista para dar el contexto necesario a ese jóven entusiasta.

    1. Gracias por el mensaje Ariel. Por supuesto, si hablamos de adolescentes, su participación debe ser fundamental. Deben sentir que participan de verdad en la toma de decisiones sobre sus espacios para que los sientan suyos. Muchas veces nos centramos en que vayan a la biblioteca a leer y lo que hay que conseguir es que tengan el hábito de ir a la biblioteca como un lugar común que le ofrezca lo que en cada momento de su vida necesitan más: espacio seguro, concentración, conexión, conocimiento individual y colectivo, inpiración, creación……. Y esto lo ampliaría a todo tipo de personas sin importar la edad.

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