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Los gatos, los otros bibliotecarios

Aunque la domesticación de los gatos se generalizó en tiempos del Imperio antiguo Egipto a partir del 3000 a.c., lo cierto es que existen evidencias en enterramientos encontrados recientemente que señalarían una domesticación anterior (hacia el 7000 a.c.). Sin embargo, fue en Egipto en donde el gato pasó a ser considerado un animal de compañía, no solo valorado por su elegancia sino principalmente por sus dotes como cazador de pequeños roedores tan perjudiciales para la agricultura, principal fuente de alimento y comercialización en las orillas del Nilo de la época.

Esta relación tan especial entre los gatos y los hombres se ha mantenido a lo largo de los siglos, pasando incluso de ser un animal de gran utilidad para proteger el hogar, y no solo las cosechas, ayudando a controlar brotes de enfermedades infecciosas trasmitidas por pequeños mamíferos o reodores, por lo que ha llegado a formar estrechas relaciones de amistad (que no de sumisión) con los hombres aportando paz y sosiego en sus hogares.

Además, los gatos también han sido los animales preferidos en el terreno de las letras debido principalmente a su espíritu tranquilo a la vez que enigmático. Y no solo han contado con fervientes admiradores entre los más ilustres creadores de todos los tiempos (Mark Twain, Víctor Hugo, Alejandro Dumas, fueron algunos de ellos), sino que también han sido grandes protectores del acervo bibliotecario, siempre persiguiendo a aquellos peligrosos roedores capaces de acabar con valiosas obras en numerosas bibliotecas a lo largo de la historia.

Ya señalaba Carlos García Santa Cecilia en este post publicado en 2013 algunas anécdotas en las que se refleja la importancia de los gatos para la protección de las colecciones y la limpieza de los edificios contra plagas no deseadas.

Pero lo cierto es que esta apasionante relación gato-bibliotecario no es exclusiva del pasado ya que en la actualidad existen multitud de bibliotecas que albergan gatos en su interior, si bien es cierto que en la mayoría de los casos no viven allí por las razones que se esgrimían en siglos pasados. Un claro ejemplo es la historia de este gato llamado Kuzya nombrado asistente de la biblioteca de la ciudad de Novorossiysk en Rusia, que según cuentan en la noticia ayuda a vigilar la sala de lectura.

Aunque pueda parecer una broma, lo cierto es que existe hasta una web específica en donde quedan recogidos estos curiosos compañeros bibliotecarios a lo largo del mundo. Lamentablemente, no hay recogido ningún caso acreditado de gato que viva en biblioteca española alguna (aunque si conocéis algún caso, este es el canal y el momento adecuado para compartirlo).

En este post también podemos conocer de cerca a 10 gatos que viven en algunas afortunadas bibliotecas de Estados Unidos en las que disfrutan de la protección y de la tranquila compañía de estos felinos mientras se dedican a la lectura o al estudio.

De momento, y a falta de que en alguna biblioteca en España se decida a adoptar algún gato y pueda visitarla, me tendré que conformar con disfrutar de las mías en mi casa.

Saba y Nubia

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Victor Villapalos

Director Gerente at SEDIC
Mi bitácora pretende ser un punto de encuentro para estudiantes y profesionales del sector y, por supuesto, para todos aquellos interesados en este ámbito del conocimiento. Desde esta pequeña ventana asomarán pensamientos y reflexiones sobre todos aquellos temas que, relacionados con la Biblioteconomía y la Documentación, merezcan una buena pincelada de bits. Estáis invitados a participar activamente en él con vuestros comentarios y/o sugerencias. Podéis conocer más sobre mi en www.victorvillapalos.es

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