Dada la intensidad y el vértigo de nuestro actual ritmo de vida —incluso en Burgos, una ciudad desde luego más apacible que las grandes urbes—, cada vez añoro con más fuerza aquellos momentos —horas, en ocasiones— de tranquilidad en que podía disfrutar de una lectura reposada. Sentarse en la butaca —tu butaca, esa que ya