Durante mucho se consideró al tebeo —al cómic, a la publicación de historietas gráficas— un producto editorial infraliterario, carente de interés cultural alguno. Afortunadamente esta misérrima valoración se ha ido arrinconando para dar paso a otras consideraciones más positivas. El indiscutible apoyo prestado por la imagen al discurso narrativo proporcionó a estas publicaciones la consideración