“Los niños se hacen lectores en el regazo de sus padres”, afirma de una forma precisa y gráfica la escritora norteamericana Emilie Buchwald. Ciertamente, es el hogar el espacio ideal para despertar el gusto por las palabras, donde encandilar al niño con su sonoridad, con nombres, adjetivos y verbos teñidos de afecto que arrullan y