Hace unos años, un amigo me contaba que cuando se inventó el tren, la gente que montaba para realizar un viaje, se mareaba y vomitaba por las ventanas, debido a la extraordinaria (hasta entonces) velocidad de 30 km/h que alcanzaba la nueva tecnología. Ahora, sin embargo, conducimos a 140 km/h, o nos lanzamos en picado en