Venturas y desventuras del Fondo Kati de Tombuctú - BiblogTecarios

Venturas y desventuras de la Biblioteca Andalusí de Tombuctú

Manuscritos del Fondo KatiHabitualmente suele decirse que las bibliotecas albergan el testimonio de las generaciones pretéritas. Pero algunas de estas colecciones bibliográficas cuentan con una peripecia propia, generalmente ligada al riesgo —en ocasiones lamentablemente cumplido— de su destrucción: Alejandría o Sarajevo son acaso los hitos más conocidos de una constante de nuestra historia. Lo que tal vez no esperábamos era que, huyendo del peligro de su desaparición en manos fanáticas, regresase a España una colección bibliográfica tan singular como el Fondo Kati, la Biblioteca Andalusí en Tombuctú, la principal ciudad del Sahel maliense.

Aún faltaban varios lustros para que finalizase la Reconquista cuando Toledo, la Ciudad de las Tres Culturas, fue sacudida por violentos enfrentamientos entre conversos y cristianos viejos relacionados con las luchas intestinas en la Castilla de Enrique IV, lo que forzó la marcha de muchos de sus habitantes musulmanes. Entre los exiliados se encontrará Alí ben Ziyad, un acomodado jurista descendiente del rey Witiza. Su familia había adoptado las creencias islámicas, pero todos reconocían su origen godo, hasta el punto de emplear el apelativo al-Quti para denominar aquella estirpe. En su marcha, Ali cruzó el Estrecho, atravesó el desierto y continuó hacia el Sur hasta establecerse en la cuenca del Níger. Es muy posible que las riquezas que logró llevar consigo fueran apreciadas en la corte sunní de Songhai como prueba de su nobleza de sangre. Pero de todos, el tesoro más valioso era su biblioteca, un conjunto de manuscritos en árabe, hebreo y aljamiado cuyo volumen fue incrementando durante el viaje. Era la suya una pasión heredada; no en vano a su familia pertenecieron el historiador y filólogo Muhammed Ibn al-Qutiya, el traductor de los Salmos Hafs ben Albar al-Quti o el médico Suleymán ben Harit al-Quti, autor de un tratado de oftalmología.

Llegado al que fue su destino, Ali emparentó con la familia real de Songhai al casarse con Kadiya bint Abubakr Sylla, sobrina del rey y hermana mayor de su sucesor. De aquel matrimonio nació Mahmud Kati (deformación del apelativo familiar), que llegaría a ser gobernador en el oeste, ministro de finanzas y finalmente juez supremo en Tindirma, segunda capital del imperio, donde estableció la biblioteca familiar y la enriqueció considerablemente. A la muerte de éste, la decadencia del imperio shongai recibió su golpe definitivo al ser derrotado por las tropas del eunuco Judar Pasha, un hispano renegado —Diego de Guevara— a las órdenes del sultán saadí Áhmad al-Mansur. Su nieto Ibrahim, hombre adinerado, reagrupó la biblioteca y continuó enriqueciéndola, pero el fondo volvió a dispersarse cuando falleció. Nuevamente la recopiló su descendiente Muhammad Abana, jurista, historiador y médico, autor de diversos tratados sobre al-Andalus; pero con su muerte la biblioteca sufrió una nueva dispersión. Sería el poeta e historiador Ismael Diadië Haidara, el último eslabón (por ahora) de la saga al-Kati, quien lograra conformar la gran biblioteca andalusí del África negra, radicada en Tombuctú.

Letrero en la sede de la Biblioteca Andalusí de TombuctúTras estudiar filosofía en Mali, en 1988 Ismael obtuvo sendas becas de la AECID para permanecer en Madrid durante algo más de un año, lo que le permitió dar a conocer a las autoridades españolas la colección familiar, compuesta por unos 3.000 manuscritos. Comparada por investigadores como el profesor de la Northwestern University John Hunwick con los archifamosos rollos del Mar Muerto —opinión contradicha por otros especialistas—, la Biblioteca Andalusí o Fondo Kati contó con el favor de la AECID y posteriormente de la Junta de Andalucía, que sufragó la construcción de nuevas instalaciones en la Ciudad de los 333 Santos, antaño hito de la cultura islámica en el África subsahariana. Allí se reunieron nuevamente centenares de manuscritos, copias y comentarios de autores hispano-musulmanes, renegados cristianos y comerciantes judíos referidos a todios los campos del saber, de la religión a la filosofía, del derecho a la historia, de la medicina a las matemáticas… muchos de ellos con anotaciones marginales que han permitido conocer sus vicisitudes.

Sin embargo, el conflicto desatado en el país africano forzó nuevamente la dispersión del Fondo Kati. Los nacionalistas tuareg del norte se alzaron contra el poder constituido y en abril de 2012 combatientes del Movimiento Nacional de Liberación del Azawad (MNLA) ocuparon la capital. Pero la gran amenaza llegó pocos días después de la mano de los yihadistas de Ansar Dine, reforzado por milicianos de Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI), empeñados en destruir cualquier vestigio cultural diferente de su forma de ivir el Islam. Que arrasaran el Ahmed Baba Institute of Higher Learning and Islamic Research fue toda una señal: había que salvar el Fondo Kati, el principal testimonio andalusí de los manuscritos de Tombuctú. Ismael Diadié y su familia abandonaron entonces la ciudad, llevándose consigo una parte de este importante legado, mientras el resto era de nuevo discretamente dispersado para ponerlo a salvo. Durante casi dos años estos papeles han permanecido a salvo, escondidos en diferentes lugares de Mali dentro de baúles con plantas y hojas de tabaco que ahuyentan a las termitas, protegidos así de los riesgos que aún correrían en Tombuctú, a pesar de la intervención de las tropas francesas en la región. Según las últimas noticias, parece que ahora el apoyo institucional y privado permitirá que al menos la parte más valiosa del Fondo Kati viaje a España para su digitalización, una tarea que Diadié tuvo que iniciar en solitario cuando la Junta de Andalucía decidió no cumplir el compromiso asumido en su día. Tarifa, Jerez y Toledo serán las localidades a las que lleguen estos manuscritos que algún día regresarán a Tombuctú, después de que su memoria y contenido queden preservados gracias a la tecnología.

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Como inmigrante digital, en ocasiones siento cierto vértigo ante las aportaciones de los colegas que se hallan a años luz de mi experiencia (y de otros muchos bibliotecarios) en el ámbito de las nuevas TIC. Creo que será bueno tomar, de vez en cuando, algún respiro y poner los pies en el suelo, proporcionando un toque de la realidad cotidiana de muchos de nosotros a las valiosísimas aportaciones de nuestros inquietos y afortunados compañeros. Será nuestro grano de arena para luchar contra la creciente brecha digital que se está abriendo entre los bibliotecarios.

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