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Transmedia vs crossmedia

Ordenador y tableta para crossmediaEn realidad, no son tan novedosos como podemos pensar en un primer momento, pero es cierto que en los últimos años parece que asistimos a una eclosión de documentos interconectados que completan o enriquecen nuestra experiencia informativa. Desde los albores de la Humanidad hemos transmitido información mediante diferentes canales de manera correlativa o simultánea, ya fueran argumentos formalmente lógicos o relatos. Al lenguaje gestual y sonoro pronto añadimos el pictográfico para indicar al clan dónde localizar piezas de caza y posiblemente luego  narrar las heroicidades de los cazadores. La escritura facilitó enormemente la transmisión de los mensajes, pero no por ello se renunció de modo absoluto a la imagen: los relieves en las iglesias, las escenas de los romances de ciego…

Sin embargo, es cierto que la universalización de lo que en su día dimos en denominar nuevas tecnologías ha facilitado la comunicación multimodal, el uso de medios híbridos y hasta la creación de universos transmediales en los que la imaginación se mueve sin problema a través de diferentes canales. De éstas, la tendencia más común y popular es la transmedia, explotada ya hace siglos por la literatura —relatos dramatizados, piezas teatrales enriquecidas con música, novelizaciones…— y aprovechada ad nauseam por el cine y más recientemente por el cómic, aunque sean razones crematísticas las principales impulsoras de dicha tendencia, más próxima a la mercadotecnia que a la narrativa.

La narrativa transmedia supone una expansión una expansión múltiple del contenido original, multiplicando los detalles y profundizando en ellos, de modo que las subtramas se transforman en tramas principales con un enorme grado de autonomía respecto de la original. Esta inmersión en el relato hacen del lector no sólo un sujeto paciente, sino que su componente lúdico —aquí está la gamificación—lo convierten cuando menos en un prosumidor que incluye su aportación personal a la construcción del universo narrativo, compuesto así por relatos interrelacionados con independencia narrativa y sentido completo en sí mismos. Son muchos os ejemplos que podríamos señalar, aunque por ser de los más recientes, enseguida nos viene a la memoria el caso de El Ministerio del Tiempo, la célebre serie de televisión que ha dado pie a un complejo conjunto de libros, podcasts, intranet con documentos web, fan-arts… Las bibliotecas están llenas de documentos pertenecientes a este tipo de narrativa. Fijaros, por ejemplo, en la cantidad de documentos relacionados con Las tres mellizas que podéis encontrar en vuestras colecciones: DVDs con los episodios de la serie original y los de sus spin-offs (La bruja aburrida, Érase una vez las tres mellizas y Las tres mellizas bebés), diferentes documentales y largometrajes, los discos con sus canciones, las inevitables colecciones de libros (La gran biblioteca de las tres mellizas, Los cuentos contados/inglés fácil, En la cocina con las tres mellizas)…

Más allá de esta narrativa, la bibliodiversidad tecnológica nos ha permitido descubrir un concepto que, desde nuestro punto de vista, resulta conexo pero diferente: crossmedia. Se trata de una producción integrada cuyos contenidos se distribuye a través de diferentes medios y dispositivos, apoyándose entre sí de tal modo que a falta de alguno de estos elementos es imposible comprender el relato completo. La difusión de los aún escasos productos crossmedia existentes —tal vez el caso más popular sea el de Plot 28, promocionado como un producto “transmedia de ficción total”— no ha hecho más que empezar, pero en nuestras bibliotecas ya existían cuando todavía el concepto no había sido concretado por Boumans o Scolari. Pensad, si no me creéis, en esos complejos métodos de idiomas que tantos quebraderos de cabeza provocaron a los catalogadores en los que los “libros del alumno” incluían cuestionarios sobre los contenidos de las grabaciones sonoras, con vídeos anejos que prolongaban los relatos iniciados en el manual y cuestionarios web cuya resolución era imprescindible para ascender de nivel…

Aunque se trate de conceptos muy relacionados, transmedia y crossmedia no deben confundirse. Mientras el primero construye un universo mediante el libre ensamblaje de diferentes documentos, cada uno en su propio soporte y con sus características propias, e segundo es por sí mismo un mundo único cuyo contenido se sustenta en diferentes soportes. Lo que traducido al ámbito práctico de la descripción bibliográfica significa que, mientras un relato transmedial se recoge en diversas descripciones más o menos conexas —las RDA vienen en nuestra ayuda—, la descripción de uno crossmedial debería ser única, por compleja que resulte. Todo un reto.

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Como inmigrante digital, en ocasiones siento cierto vértigo ante las aportaciones de los colegas que se hallan a años luz de mi experiencia (y de otros muchos bibliotecarios) en el ámbito de las nuevas TIC. Creo que será bueno tomar, de vez en cuando, algún respiro y poner los pies en el suelo, proporcionando un toque de la realidad cotidiana de muchos de nosotros a las valiosísimas aportaciones de nuestros inquietos y afortunados compañeros. Será nuestro grano de arena para luchar contra la creciente brecha digital que se está abriendo entre los bibliotecarios.

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