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Las bibliotecas continúan en peligro

La contundente entrada que ayer publicó nuestra compañera Mercedes Carrascosa en este mismo espacio, señalando la necesidad de entendimiento entre los responsables técnicos y los políticos para que las bibliotecas puedan ejercer con éxito su función, me viene al pelo para insistir hoy en algo que viene preocupándome de largo: las decisiones irresponsables de algunos representantes políticos en materia de servicios bibliotecarios públicos. Podíamos pensar —si es que así nos lo hemos dejado hacer creer— que la crisis económica era la responsable de la reducción presupuestaria, la merma de plantillas y la supresión de servicios. Pero cuando parece que los nubarrones que cubren nuestros cielos son ligeramente menos oscuros, cuando comienzan a publicarse —aunque sea con cuentagotas— algunas convocatorias para selección de personal, cuando creíamos que el cerco a las bibliotecas —que han superado como buenamente han podido las dificultades y, lo que es mejor, han servido de anclaje social y refugio para los ciudadanos más débiles— se debilitaría al fin, surgen aquí y allá noticias desesperanzadoras, aires nuevos que en realidad son más vientos cargados de aromas putrefactos.

Bibliobús de GandíaAl comenzar el presente mes —este abril nacido en una primavera plagada de tormentas— tuvimos conocimiento del cese de actividad del bibliobús de Gandía. Como ha recordado nuestro compañero Roberto Soto, fue puesto en servicio en 2005 y muy pronto se granjeó las felicitaciones de sus usuarios, en especial los vecinos de Marenys o Marxuquera. Tal fue su éxito que llegó a alcanzar el tercer puesto en el ranking de las bibliotecas municipales gandienses, y tan pronto como en 2007 mereció el Premio ACLEBIM de Bibliotecas Móviles. Pero parece que, hecha la foto, se acabó el interés de los responsables políticos por el bibliobús y comenzó a sufrir “graves carencias profesionales y documentales que paulatinamente fueron aniquilando su operatividad”, hasta el punto que sólo la movilización vecinal logró impedir su desaparición. La renovación del equipo municipal tras las últimas elecciones locales auguraba un cambio de orientación en este asunto. Pero no sólo no ha sido así, sino que el bibliobús ha pagado los platos rotos de las dificultades económicas que atraviesa el Ayuntamiento de Gandía y ha dejado de prestar servicio, una decisión que se ha justificado en pos de un pírrico ahorro que priva a los vecinos más vulnerables de un servicio social y cultural básico, tomada por algunos que parecían defensores de lo público.

Mientras esto ocurre en el Levante español, la Cabeza de Castilla también padece la miopía presupuestaria de sus gestores políticos. El complejo sistema urbano de bibliotecas municipales de Burgos, que se ha ido consolidando en los últimos veinte años pese a las dificultades, es todo un referente nacional. En 2013 se registraron un total de 867.391 visitas y 334.354 préstamos, lo que situó a este sistema en el primer lugar entre las capitales de Castilla y León en plena crisis. Apenas tres años antes, la Biblioteca Municipal de Burgos mereció el Premio de Fomento a la Lectura para Bibliotecas abiertas al Público:

Los miembros del Jurado han destacado el gran valor de la oferta cultural que esta biblioteca proporciona a los ciudadanos a través de su red de cuatro centros y la diversidad de propuestas que abarca la actuación en recintos hospitalarios, la formación, las exposiciones, el multilingüismo, los espectáculos y el trabajo con pre-lectores, entre otras. El jurado ha acordado felicitar al equipo de la Biblioteca Municipal  por la creatividad de las propuestas de fomento de la lectura que desarrolla esta red bibliotecaria, dada la utilidad de la innovación en el campo de incentivo al hecho lector.

Asimismo, el Jurado ha destacado el encomiable esfuerzo realizado desde una Administración Municipal en una ciudad que ya ha venido contando con un buen servicio bibliotecario prestado desde la Biblioteca Pública del Estado, mostrándose nuevamente la importancia del compromiso de las bibliotecas municipales con el fomento de la lectura.

Biblioteca «Miguel de Cervantes» (Burgos)No pareció muy acertado el Jurado en la última de sus apreciaciones. Cuando ningún responsable político se dignó acompañar al director de la biblioteca para recoger el galardón, pareció marcarse un punto de inflexión. Los siguientes años, claro está, no fueron fáciles. Los recortes también afectaron a estos servicios bibliotecarios, pero a pesar de todo se mantuvo un más que discreto nivel de inversión en la adquisición de fondos bibliográficos.

Al contrario que en Gandía, tras las elecciones locales la corporación continuó en manos de la misma formación política, con la misma persona ostentando la alcaldía, si bien es cierto que en esta ocasión el equipo de gobierno no cuenta con mayoría absoluta. Este detalle ha dificultado la aprobación en plazo debido de los presupuestos para el ejercicio 2016, que han debido ser consensuados con parte de la oposición. Y aquí ha saltado la gran sorpresa, al reducirse la partida de adquisiciones para el fondo bibliográfico de las cuatro bibliotecas directamente gestionadas por la administración municipal —el Instituto Municipal de Cultura y Turismo del Ayuntamiento de Burgos— en un 40% en relación con lo presupuestado el año anterior, pasando de 250.000 a únicamente 150.000 euros. ¿De verdad le resultan al Ayuntamiento de Burgos tan imprescindibles esos 100.000 euros de diferencia para cuadrar sus cuentas? ¿Cómo es posible que tamaño despropósito no haya merecido la atención de los medios de comunicación? Así las cosas, cabe sospechar que esto no es sino el primer paso de una operación de mayor calado. Si no es posible renovar debidamente la colección, evidentemente el servicio verá dañada su calidad y el número de visitas a sus instalaciones se reducirá. ¿Es eso, acaso, lo que se está buscando para —más pronto que tarde— justificar de esta manera decisiones como la tomada por los regidores municipales de Gandía?

No nos engañemos, esto no ocurre únicamente en esta España de nuestras miserias. En un lugar de acendrada tradición bibliotecaria como el Reino Unido también cuecen habas. Fijémonos, por ejemplo, en el municipio londinense de Lambeth, donde pretenden cerrar algunas bibliotecas para reconvertir sus instalaciones en gimnasios con algunos libros  —pero sin bibliotecarios— eufemísticamente denominados “healthy living centres” (“centros de vida sana”). Se ve que sus gobernantes confían más en el músculo que en el cerebro, en la fuerza que en los sentimientos. Sólo que allí se han encontrado con la resistencia frontal de los vecinos, movilizados con el propósito de impedir semejante dislate. Mientras tanto, ¿qué ha sido de la marea amarilla?

Defended the Ten

Pese a todo, alguna responsabilidad tendremos los bibliotecarios si no contamos con el apoyo incondicional de los responsables políticos, cualquiera que sea su color. Tal vez, enfrascados en la gestión diaria, atentos a sortear dificultades y sortear tropiezos, no somos lo suficientemente diligentes a la hora de informar a los políticos de los recursos con que cuenta y de los que carece nuestra biblioteca, o de evitar que los servicios bibliotecarios sufran las consecuencias de las disputas y enfrentamientos políticos, en los que indefectiblemente son los usuarios los más perjudicados. Y eso que, como se afirma en el informe sobre El valor de las bibliotecas que se presentó ayer:

Las bibliotecas se presentan como una excelente inversión. No solamente si se comparan en términos económicos sus costes y sus beneficios, también si se examina su impacto positivo en el bienestar de las personas y de la sociedad.

No paramos de decirlo en este foro: #lasbibliotecasmolan. Pero no parece suficiente. Habrá que aplicar el espíritu olímpico y decirlo más rápido (porque es cuestión urgente), más alto (para que se nos oiga bien), más fuerte (para que no quede duda de la importancia del mensaje).

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Como inmigrante digital, en ocasiones siento cierto vértigo ante las aportaciones de los colegas que se hallan a años luz de mi experiencia (y de otros muchos bibliotecarios) en el ámbito de las nuevas TIC. Creo que será bueno tomar, de vez en cuando, algún respiro y poner los pies en el suelo, proporcionando un toque de la realidad cotidiana de muchos de nosotros a las valiosísimas aportaciones de nuestros inquietos y afortunados compañeros. Será nuestro grano de arena para luchar contra la creciente brecha digital que se está abriendo entre los bibliotecarios.

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