Habilidades para bibliotecarios inmigrantes (digitales) - BiblogTecarios

Habilidades para bibliotecarios inmigrantes (digitales)

Tarde de domingo en Biblioteca etsit via FlickrLas habilidades informáticas con las que debe contar un bibliotecario, si no quiere alejarse de sus usuarios, son al menos las mismas que los adolescentes españoles tienen oportuniodad de adquirir en la Enseñanza secundaria Obligatoria. Un valor y un esfuerzo añadidos, desde luego, a nuestras capacidades y conocimientos, y que además deben enriquecerse día a día.

Aunque el progreso de los tiempos siempre parece correr en beneficio de los jóvenes, no es menos cierto que la edad proporciona una perspectiva en ocasiones necesaria para comprender lo que ocurre y hasta lo que está por venir. Pero no han pasado tantos años como parece desde que comencé a trabajar en este apasionante mundo de la documentación, contando como toda herramienta moderna con una pequeña máquina de escribir. Eran años en que la sala de catálogos de la Biblioteca Nacional albergaba inmensos ficheros de madera y en la literatura profesional se hablaba de que en Estados Unidos existían bibliotecas en las que los datos del catálogo eran accesibles a través de terminales informáticos. Poco después, pude contar con un gran avance, una máquina de escribir electrónica que facilitaba “enormemente” el duplicado de las fichas…

Afortunadamente, durante las dos últimas décadas he podido asistir desde mi puesto de trabajo a la revolución de las nuevas tecnologías de la información (espero poder gozar de este privilegio durante mucho mas tiempo, sospecho que incluso más de lo deseado) y, con mayor o menor fortuna, participar de sus beneficios: hace casi dieciocho años (que no son tantos) que cuento con un SIGB; después llegaron los CD-ROM, que pronto fueron desbancados por Internet; ahora ando explorando las redes sociales…

La adaptación a estos cambios ha exigido no pocos esfuerzos, tanto personales (afortunadamente, los más gratificantes) como institucionales. Pero en ocasiones echo la vista atrás y veo cómo algunos compañeros de profesión, que se van quedando rezagados en esta carrera por carecer del apoyo, la comprensión y el estímulo precisos de la institución para la que trabajan, se sienten agobiados ante la presión de lo novedoso. Hace ya mucho tiempo que lograron aprender a programar el magnetoscopio para grabar un programa de televisión y ahora no tienen ánimos para afrontar los retos que las nuevas tecnologías de la información nos plantean cada día.

Lo cierto es que me siento un privilegiado, lo confieso, a pesar de mis muchas limitaciones. Me subí al carro tecnológico en marcha y soy (como otros muchos bibliotecarios) un inmigrante digital que intenta aprender de sus compañeros más avezados para salvar la brecha digital que me separa de los usuarios más jóvenes, aquellos que confío continúen utilizando los servicios de la biblioteca en que trabajo dentro de otros tantos años. Hoy manejamos en nuestro trabajo diario conceptos, conocimientos y herramientas apenas vislumbrados hace una generación, y lo hacemos no sin esfuerzo pero sí con naturalidad. Aprendemos sobre la marcha, para no quedarnos atrás, impulsados en ocasiones por las ganas de mejorar o estimulados por los éxitos que vamos alcanzando. Pero las nuevas generaciones de usuarios no sólo son ya en su mayoría nativos digitales (no conciben un mundo sin Internet, pongo por caso), sino que los propios planes de estudios pretenden proporcionarles las habilidades mínimas necesarias para desenvolverse en el nuevo ecosistema digital.

Tener hijos en edad escolar tiene esas ventajas: además de recordar cómo se resuelven logaritmos, redescubrir el reino protista o conocer la existencia de nuevos elementos de la tabla periódica, puedes acceder más fácilmente a los contenidos de asignaturas que ni siquiera existían en tus tiempos. A la vista de un manual de la asignatura de Informática que se imparte en 4º de Enseñanza Secundaria Obligatoria, descubres que un adolescente español que obtenga el Graduado Escolar (la titulación académica de menor rango) habrá tenido la oportunidad de adquirir conocimientos sobre sistemas operativos, estructura lógica, particiones del disco duro y hasta la instalación compartida de Windows y la distribución Ubuntu de Linux en un mismo ordenador personal. También será capaz de distinguir los diferentes tipos de redes informáticas según su cobertura, medio o topología, conocerá sus posibilidades y hasta sabrá configurar una red. Por supuesto, un graduado en ESO habrá recibido nociones en el manejo de las aplicaciones ofimáticas más comunes, en especial de herramientas para la presentación de contenidos como OpenOffice.org Impress, familiarizándose con características como plantillas, diapositivas, efectos, transiciones, hipervínculos e interactividad.

En una sociedad en la que el mensaje gráfico tiene un papel tan importante, los estudiantes más jóvenes aprenden a distinguir diferentes dispositivos de captura de imágenes (tipos de cámaras compactas, bridge o réflex, escáneres…) y omprenden los conceptos más básicos de entre las características de la fotografía digital (color, resolución, tamaño, peso, formato), familiarizándose con herramientas de tratamiento como GIMP. Otro tanto ocurre con el vídeo digital, siendo capaces de manejar características como proporcionalidad, resolución, flujo de bits, fotogramas por segundo o formato mediante herramientas como Pinnacle Studio o Windows Movie Maker. Con Inkscape se han introducido en el diseño de gráficos vectoriales y el manejo de Audacity les ha permitido manipular las diferentes características del sonido digital (frecuencia de muestreo, canal, tamaño, formato), con lo que podrán finalmente crear su propia radio on-line mediante aplicaciones flash como VDS Radio.

Lógicamente, antes de dar ese paso el adolescente español recibe nociones sobre lenguajes de programación HTML, PHP, ASP.NET y Java, organización de elementos y creación de un site mediante herramientas para el manejo del protocolo FTP como FileZilla o NicoFTP, o a través de gestores de contenidos, y servicios gratuitos de alojamiento como iEspaña. Más allá de ilustrarles sobre la existencia de diferentes protocolos aparte del mencionado (IP, TCP o UDP), los conocimientos sobre Internet que forman parte del temario de esta asignatura son sumamente amplios. En el manual que describo se presta especial atención (como no podía ser menos) a las comunidades virtuales y sus numerosas vías de comunicación y colaboración, como foros, bitácoras, wikis y (por supuesto) redes sociales, sin olvidar numerosas herramientas de chat (X-Chat, ChatZilla, miRC) y mensajería instantánea como Microsoft Messenger (ahora Windows Live Messenger), Yahoo Messenger, Google Talk e ICQ, o la posibilidad de manejar documentos de manera colaborativa a través de Google Docs.

La seguridad informática es otro capítulo sobre el que nuestros jóvenes reciben formación antes de poder abandonar la enseñanza básica, desde el manejo de contraseñas y la compresión de archivos hasta los programas anti malware, la firma digital y el DNI electrónico. No se obvian en el diseño de este curriculum ni la tecnología streaming (señalando las posibilidades de compartir vídeos con YouTube, Google Videos o Metacafe y hasta de crear canales de televisión a través de WorldTV, blogTV o Mogulus, ahora LiveStream) ni la mención de sites de almacenamiento remoto (IDrive, Myfabrik, MyDataBus…) y gestores o aceleradores de descarga directa (FlashGet, Free Download Manager, Orbit Downloader, Download Accelerator Plus [DAP]). Incluso se les introduce en el mundo de la informática distribuida, formándolos en las tecnologías Grid y peer-to-peer, para lo que se les mencionan los clientes BitTorrent, Ares y Pando, y hasta se les enseña a configurar un cliente Emule (supongo que con autorización de las autoridades pertinentes).

Es cierto que el nivel de exigencia para la obtención del grado en ESO o los medios reales con los que cuentan nuestros centros educativos no garantizan la excelencia en estos conocimientos que acabo de enumerar. Pero creo que este simple listado nos da una idea de lo que pueden exigirnos nuestros usuarios a nosotros y a nuestras instituciones en lo que a tecnologías de la información se refiere. Los jóvenes adolescentes terminan su periodo de escolarización obligatoria con unas habilidades que muchos de nosotros estamos “pillando al vuelo”, un vuelo que cada vez va más rápido.

Nota bene. Todos los programas y herramientas mencionados en este post lo son igualmente en el libro de texto manejado. Afortunadamente, la gran mayoría son gratuitos y/o de libre acceso.

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Como inmigrante digital, en ocasiones siento cierto vértigo ante las aportaciones de los colegas que se hallan a años luz de mi experiencia (y de otros muchos bibliotecarios) en el ámbito de las nuevas TIC. Creo que será bueno tomar, de vez en cuando, algún respiro y poner los pies en el suelo, proporcionando un toque de la realidad cotidiana de muchos de nosotros a las valiosísimas aportaciones de nuestros inquietos y afortunados compañeros. Será nuestro grano de arena para luchar contra la creciente brecha digital que se está abriendo entre los bibliotecarios.

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